Podemos y el 15M nunca fueron pareja, pese a compartir habitación

Artículo publicado en Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/blogs/fundaciondeloscomunes/podemos-y-15m-nunca-fueron-pareja-pese-compartir-habitacion.html

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Podemos: ¿Política de movimiento o movimiento reconvertido en forma-partido?

El artefacto Podemos no nació de una evolución natural o de una apuesta institucional del 15M. De hecho, jamás Podemos ha reclamado ser la expresión político-partidista del 15M. Como, de hecho, jamás en las asambleas del 15M se apostó por impulsar un partido o una candidatura que concurriera a unas elecciones de ningún tipo. La relación entre Podemos, los movimientos y la política del movimiento es compleja pero no intercambiable ni de sustitución. Aunque Podemos sea una modalidad más de ese gran terremoto que hizo que nada volviera a ser como antes, es deseable ydebemos celebrar que Podemos y el 15M nunca hayan sido lo mismo ni hayan perseguido lo mismo al tiempo que ambos forman parte de un mismo proceso de empoderamiento colectivo.

Podemos nació con la voluntad de transformar las movilizaciones sociales del ciclo 2010-2014 en mayorías políticas nuevas que permitan ese cambio por el que tanto llevamos luchando. Podemos no es un movimiento popular y ciudadano y habría que celebrar, parcialmente, que esto sea así. Podemos es un ariete que golpea con fuerza para derribar las puertas blindadas de las instituciones. Es un instrumento al servicio de la gente que busca asaltar al Estado por arriba mediante el uso de las reglas y procedimientos establecidos. Es decir, Podemos no es un fin para sí ni un movimiento hecho partido, sino que se introduce en las dinámicas institucionales y en campo de juego contrario para que el Estado y sus mecanismos se pongan a funcionar de manera y con efectos positivos para la vida cotidiana de la gente. Que se intervenga materialmente desde el Estado y sus instrumentos para producir efectos democráticos en nuestro país. Podemos hace política institucional a partir de las demandas de movimiento y eso conlleva sus riesgos y desventajas y sus aciertos y posibles victorias.

El 15M fue acontecimiento, primero irrupción y después movimiento popular masivo, desde abajo, que impugnó desde fuera y al mismo tiempo en sus entrañas, al régimen del 78. Plaza del Sol, Plaça Catalunya, son palancas multitudinarias de un proceso destituyente, de una profunda ruptura con la gramática política clásica y con las formas de funcionamiento en la política convencional. El 15M era irreductible e irrepresentable, su propio movimiento expansivo, abierto, no permitía el secuestro, ni la captura, ni el liderazgo a través de las estructuras clásicas, de partido y/o de sindicato. El 15M huía y se escapaba de cualquier intento de burocratización o institucionalización. No seguía una cadena de mando jerarquizada, anteponía y antepone el rizoma al árbol de Porfirio. Todas estas virtudes y elementos hacían del 15M un sujeto de vida propia, producción propia y no subsumible bajo otros dispositivos de control y encauzamiento o capitalización de tipo institucional o derivados (aquellos que buscan la acción institucional como los partidos).

Era un breve éxodo, una interrupción, una locomotora de la historia que ha sido detenida para reflexionar y generar un nuevo sentido común, un nuevo relato, una nueva concienciación. Multitudes atravesadas de contradicciones recuperaron espacios comunes generando una institucionalidad propia, al tiempo que se producía un gran proceso deliberativo colectivo. El emblema o consigna más simbólica del 15M fue el “no nos representan”. Es decir, se toca el punto más sensible de legitimación de un régimen liberal-democrático. La representación no sirve, se nos presenta como una impostura. Escisión y apertura y distanciamiento cada vez mayor y difícilmente recuperable entre la gente y las instituciones.

A raíz del 15M, hubo multitud de resignificaciones, redefiniciones, recombinaciones y modalidades, mutaciones y expresividades distintas del mismo movimiento popular, ciudadano, hacia adelante. La PAH, las mareas, las marchas de la dignidad, Gamonal, Can Vies e incluso la movilización soberanista en Catalunya son distintas reformulaciones, expresiones, intensidades y rearticulaciones de un movimiento profundo que estaba y está zarandeando al sistema de arriba abajo. Todas ellas apuntando a un mismo objetivo desde diferentes frentes. Si bien los movimientos sociales y los movimientos autónomos y populares suelen nacer siempre a raíz de una resistencia, a consecuencia de una agresión que exige de una respuesta defensiva y de autodefensa, las características en las que se suelen constituir –el apoyo mutuo, la solidaridad, la producción de relaciones sociales nuevas, de afectos, de espacios de encuentro afuera del dispositivo del mercado y de la institución estatal- permiten que, más adelante, se produzca siempre un movimiento propositivo productivo y constituyente.

El ejemplo más paradigmático de esto es la PAH y su maravillosa obra social la PAH(las acciones de ocupación de bloques nuevos en manos de bancos para realojo de familias desahuciadas). La PAH nace como víctima, afectada –lo lleva en su nombre- es decir, como resistencia a un poder abusivo y como mecanismo de defensa y protesta. Aun siendo constituida por los efectos de los poderes establecidos, la composición del movimiento, como tantos otros, permite siempre pasar de las acciones defensivas a las acciones productivas y que generan institucionalidad alternativa. Allí donde no llegaban los mecanismos de oferta y demanda de bienes inmuebles regulados bajo el dispositivo mercado y allí donde no llega la acción de las instituciones públicas para garantizar una vivienda digna, llega la PAH y la gente, un movimiento social con autonomía y autogestión para garantizar esa vivienda. Si todos los movimientos sociales y autónomos fueran capaces de generar esta institucionalidad alternativa de forma segura, consistente, estable y con capacidad de mantenerse en el tiempo, no haría falta ni Podemos ni el asalto institucional por arriba.

El movimiento del 15M -como tantos otros movimientos sociales y políticos- nunca aspiró a ocupar parcelas de poder institucional. En su impugnación y ruptura democrática radical iba aparejado el proyecto, aunque inconsciente, de constituir y desplegar en el cuerpo social todo lo necesario para poder producir esa institucionalidad que sobrepase y desborde a la institución establecida. No únicamente existía la voluntad explícita de presionar a las instituciones desde fuera para que éstas cambiaran, sino que hay la perspectiva de sustituirlas en el largo plazo.

Podemos no es un fin en sí mismo, como podría serlo o caer en ello el 15M y tantos otros movimientos populares interconectados y que siempre, para no ser esa agua estancada que siempre termina podrida, siguen fluyendo en continuas trayectorias, desplazándose y mutando. Podemos recoge la reflexión lanzada por el 15M y la traduce a nivel político-institucional, sin voluntad de suplantar ni de sustituir a éste. Podemos es una herramienta de asalto por arriba al Estado y se vale e introduce en las reglas para lograr conquistar un espacio de poder que nunca hemos tenido. Para poner a trabajar las instituciones para las mayorías sociales, es decir, para intervenir democráticamente desde el estado y, valiéndose de sus instrumentos hacia la sociedad y empoderarla en ese momento y a través de esos instrumentos. Aplicar e implementar una política del movimiento atreviéndose a salir a ganar y no a mantener una estructura de partido más.

Podemos supone la cristalización de lo que sería el ciclo de movilizaciones en una mayoría que actúa políticamente a través de las instituciones. Esto es producto de la falta de edificación sostenible de esa institucionalidad alternativa latente y que emergía del 15M y del resto de movimientos de este ciclo. Un agotamiento que provocaba efectos boomerang de frustración y bloqueo, con el peligro de descomposición social y encuentros que alimentan las pasiones tristes. Una terrible sensación de estar dándose de bruces contra un muro institucional infranqueable. Había que cambiar la estrategia popular sin perder todo lo conquistado en este periodo, que ya no daba más de sí. Y sin mancillarlo ni pretender subsumirlo o sustituirlo. Es en este contexto donde se siembra la estrategia populista de Mover Ficha.

La relación entre Podemos y los movimientos sociales debería responder a este doble esquema que responde a una doble estrategia. Desde abajo y desde arriba. El poder no está únicamente en el congreso, también está en la calle. El híbrido entre movimiento y partido dentro de Podemos adoptó la insuficiente forma del círculo, que carece de capacidad de decisión. Aunque la figura del círculo como punto de encuentro, deliberación y viralización es innovadora no acaba de contemplar ese espacio intermedio entre participar hacia afuera y el decidir en el adentro.

Sin embargo, a Podemos le falta todavía aprender algunas de las lecciones que se extrajeron del 15M y admitir que una máquina incorpórea es incapaz de luchar materialmente por un cambio profundo. Sofisticar y mejorar los mecanismos de participación y democracia sigue siendo necesario para ganar. La sed de democracia desde aquel 15 de mayo tiene repercusiones en todos los niveles, las personas también exigen que los partidos sean internamente democráticos. En el 15M había una fuerte crítica dirigida a toda la estructura de aparato de partido que generó amplios consensos y cuyo viento sopló con extremada fuerza en las sedes de los distintos partidos, que se quedaban acorralados e incrementaban su descrédito a pasos agigantados. Si se percibe desde fuera que hay verticalismo, el proyecto se daña. Y esto no tiene que ver con ser movimentista, ni con entender erróneamente como hacen ciertas corrientes internas que Podemos debe ser o es un movimiento asambleario reconvertido a partido político institucionalizado y parlamentario (como si fuese por “imperativo legal”). Ser un partido con mecanismos internos democráticos, garantistas y participativos es simplemente instalarse en la normalidad de funcionamiento institucional al que aspiramos, dentro de los límites de actuación que permite.

La brecha en el régimen sigue abierta. El ciclo de movilizaciones, intensas, duras, sacrificadas, trabajadas se va a cerrar el próximo 20D. El ciclo electoral ha cambiado la dinámica de las movilizaciones y mientras una aumenta la otra disminuye. Hubo un punto de intersección, durante las marchas de la dignidad en las que Podemos, ya como partido, formó parte activa. Tras eso, llegaron las europeas y la entrada de lleno en el ciclo de contiendas y movilización electorales.

Por la rendija de la otra ventana, asoman la mirada los soldados del IBEX y sus candidatos. Nos quedan pocos cartuchos y existe una amenaza real de fin de ciclo con un cierre de clase nacional-identitario pactado entre las elites catalanas y españolas. En este sentido, las posibles confluencias por las diferentes autonomías deben servir comoaire fresco y como síntesis y equilibrio para el encuentro entre más actores, más gente y más complicidades, trabajando la corporalidad democrática de la herramienta sin perder la eficacia y teniendo los objetivos y los medios bien definidos. Es la hora de recuperar la centralidad del tablero desde la ruptura democrática y la apertura de un proceso constituyente.

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Una aproximación crítica a la teoría del valor (III)

               Doble dimensión de la forma valor, una aproximación desde Rubin y Postone

Pudiera parecer, según todo lo expuesto hasta el momento, que la teoría marxista del valor es una prolongación de la teoría del valor-trabajo de Smith y de David Ricardo. En cierta manera, el marxismo ortodoxo siempre concentró sus esfuerzos en esos primeros capítulos de El Capital en los cuales la moneda es un equivalente universal y el  depositante del valor. Sin embargo, es el capítulo sobre el fetichismo de la mercancía el que nos puede dar la clave tanto para cuestionar que Marx cayera tan fácilmente en la teoría del valor-trabajo clásica como para poder empezar a dibujar esa crítica a la teoría del valor que nos sirva para analizar con mayor profundidad la formación de valor en el capitalismo contemporáneo, desplazando el análisis del contenido del valor hacia el misterio de la propia forma que adopta el valor en el capitalismo.

El siguiente pasaje de El Capital nos descubre que Marx fue más allá de la teoría del valor que parecería explicar en sus primeras secciones, desplazando el enigma del contenido de la formación del valor al enigma de la forma misma del valor:

“es indudable que la economía política ha analizado, aunque de manera incompleta, el valor y la magnitud de valor y descubierto el contenido oculto en esas formas. Solo que nunca llegó siquiera a plantear la pregunta de por qué ese contenido adopta dicha forma; de por qué, pues, el trabajo se representa en el valor, de a qué se debe que la medida del trabajo conforme a su duración se represente en la magnitud del valor alcanzada por el producto del trabajo. A formas que llevan escrita en la frente su pertenencia a una formación social donde el proceso de producción domina al hombre, en vez de dominar el hombre a ese proceso, la conciencia burguesa de esa economía las tiene por una necesidad natural tan manifiestamente evidente como el trabajo productivo mismo”.

Los economistas clásicos nunca se formularon la pregunta de por qué el trabajo aparece bajo la forma valor de su producto y qué clase de trabajo es el que puede aparecer de ese modo. Marx acierta y rompe con la clásica concepción del valor-trabajo al sacar a la luz el por qué bajo el capitalismo el trabajo y el valor se presentan bajo esa forma y no otra. Marx argumentará entonces que únicamente mediante la comprensión de la forma-valor se pueden entender las formas posteriores del dinero y el capital, haciendo de esta forma un giro epistémico en el cual el marco de la teoría del valor y el de la forma mercancía precede al resto.

Fue el economista ruso Isaak Rubin quién, en la década de 1920, puso en evidencia las limitaciones analíticas e intelectuales de los marxistas ortodoxos. Reabriendo el debate sobre la teoría del valor, Rubin (1974) arguyó que es la teoría del fetichismo per se la que sustenta todo el análisis crítico a la economía política en Marx y, en particular, su teoría del valor. Desplazando el punto nodal de la teoría marxista, un nuevo enfoque y un nuevo camino pudo ser empedrado. Una línea de investigación que nos permite escapar al circuito cerrado de la teoría del valor-trabajo clásica así como a las derivas marginalistas del valor de uso como teoría del valor en general. Rubin argumentó que el trabajo abstracto como contenido del valor no es “algo a lo cual la forma se adhiere desde afuera. Más bien, a través de su desarrollo, el contenido mismo da origen a la forma que ya estaba latente en el contenido”(Rubin, 1974: 53).

El valor es más bien una relación, un proceso que se despliega y se mantiene a través de diferentes formas, en un determinado momento como dinero y en otro como las mercancías que componen el proceso de trabajo, en el que se incluye la mercancía fuerza de trabajo. Tras ello, como el producto-mercancía y luego otra vez como dinero, integrando las dos dimensiones abstracto-concreto que forman parte de un mismo núcleo. El valor no es pues una encarnación del trabajo en el producto ni una sustancia inmóvil. Es una relación que domina a sus portadores, una sustancia que es al mismo tiempo sujeto y que es previo a ello. El valor preexiste y tiene prioridad sobre el trabajo.En palabras de Chris Arthur (1998, 14): “cierto, sin embargo, es que la ley del valor se impone a la gente a través de la efectividad de un sistema que tiene en como núcleo al capital; la finalidad de la valorización es un capital que subordina a la producción de mercancías y es el sujeto real (identificado como tal por Marx) al que nos enfrentamos”.

Este hecho y esta forma de interpretar la teoría en Marx es fundamental ya que implica que para Marx, la teoría del valor no es una teoría sobre la distribución de la riqueza social, sino más bien: “una teoría de la constitución de la totalidad social bajo las condiciones de la producción capitalista de mercancías” (Left Curve 31, 2007). Lo que los marxistas ortodoxos intentaban justificar con la teoría del valor-trabajo que supuestamente reproduciría Marx, era más bien una forma de producción de riqueza cuyo problema fundamental sería la distribución y que la dictadura del proletariado reestructuraría esa distribución con más justicia. Sustituyendo una clase por otra pero sin pretender superar la forma trabajo asalariado, riqueza y el propio modelo de producción.

Marx describe cómo el capital, en su impulso por aumentar el tiempo de trabajo excedente, reduce el tiempo de trabajo necesario al mínimo mediante la aplicación masiva de la ciencia y el conocimiento a la producción. Esto crea la posibilidad de apropiación por todos de ese sistema alienado de conocimiento, permitiendo así la reapropiación del tiempo de trabajo excedente como tiempo disponible. El comunismo se entiende, por tanto, no en términos de una nueva distribución de la misma clase de riqueza basada en el tiempo de trabajo, sino como basado en una nueva forma de riqueza medida en tiempo disponible El comunismo supone nada menos que una nueva relación con el tiempo, o incluso una forma diferente de tiempo.

Una aproximación crítica a la teoría del valor (II)

Una crítica a la teoría marginalista del valor y al marxismo ortodoxo

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A finales del siglo XIX con la llamada “revolución marginalista” y, sobre todo, a partir de la escuela austríaca, se empezó a concebir los precios como una expresión que dependía de la función de utilidad que los individuos asignan a los bienes y a los servicios. De esta forma, todo valor se reduce a su expresión de valor de uso y no a su valor de cambio, como ocurre con Smith y Marx. El problema que plantea el reducir todo valor a su valor de uso es que hay muchos bienes que únicamente se expresan en su valor de cambio. Bienes tan importantes como el aire o el oxígeno, que todavía siguen siendo bienes comunes, sólo pueden expresarse en su valor de cambio. El ejemplo paradigmático de esto sería la lucha contra la contaminación en un área delimitada, que exigiría del empleo de capital –máquinas- y del trabajo –fuerza de trabajo de las personas empleadas para purificar el aire de esa zona determinada- y cuyo valor creado únicamente podría ser medido a través del valor de cambio y no del valor de uso o de su función de utilidad. Por ello, las teorías sobre el valor surgidas de los marginalistas y de la escuela austríaca no acaban nunca de capturar la complejidad de la creación del valor y parecen destinadas más bien a naturalizar y justificar la creación de precios ya dados y existentes y no tanto a explicar los mecanismos de la creación de los mismos.

El hacer recaer sobre los individuos la totalidad de la teoría del valor, como una teoría subjetiva en la que en base a la escasez y otras consideraciones de tipo subjetivas provoca, al mismo tiempo, la consideración según la cual la totalidad de la sociedad humana es igual a la suma de sus partes que en última instancia es la que determina el valor de las cosas.

Los marginalistas obvian el hecho de que la mercancía es una forma de objetivación de las dos dimensiones del trabajo en el capital -del concreto y del abstracto- y que es su propia mediación social. La mercancía tiene un doble carácter: el valor y el valor de uso. En tanto que objeto, la mercancía disimula las relaciones sociales que fuera de ella no tienen otro modo de expresión.

Siguiendo a Postone, este doble carácter de la mercancía se exterioriza materialmente en la forma-valor: en tanto que dinero (forma fenoménica del valor) y en tanto que mercancía (forma fenoménica del valor de uso). Aunque la mercancía es una forma social que integra y lleva en sí tanto el valor de uso como el valor, el resultado de esta exteriorización es que la mercancía se nos aparece únicamente en su dimensión de valor de uso, como puramente material, como cosa. Los marginalistas principalmente, aunque también otras corrientes, caen constantemente en este fetiche y no logran escapar a él. Capturando la mercancía como algo puramente material, como cosa, analizan el valor cómo únicamente valor de uso y no logran entender la doble dimensión de la forma valor.

 El dinero aparece entonces como único depositante del valor, como manifestación del abstracto puro en lugar de la forma fenoménica de la dimensión-valor de la mercancía misma. Es en este nivel,  en la forma de las relaciones sociales objetivadas específica al capitalismo, que se nos aparece  la oposición entre el dinero -en tanto que abstracto-  y la naturaleza material en tanto que concreto. Oposición que funda muchas de las problemáticas que hoy nos encontramos: cuando ciertos economistas, incluso críticos, hacen apología de la industria o argumentan que el problema de la crisis que padecemos hoy es el resultado de haber desconectado el mundo financiero del mundo material “real”, industrial, estamos cayendo de lleno en el fetichismo de la mercancía. Estamos reproduciendo la forma en la que se nos aparece el dinero en tanto que abstracto y el producto, la cosa, la mercancía, en tanto que concreto. Es decir, el sistema financiero en tanto que abstracto y el sistema industrial en tanto que concreto, cuando ambos son parte de un mismo núcleo indivisible.

Encontramos en este punto uno de los aspectos más problemáticos del fetiche pues las relaciones sociales capitalistas se nos presentarán ante nosotros no como lo que son, sino de forma antinómica, como la oposición del abstracto y del concreto.

Marx partiría, en principio, de la base de que el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Este trabajo socialmente necesario se refiere al trabajo humano abstracto, es decir, al gasto de esfuerzo físico y mental humanos, independientemente de las características concretas del trabajo (alfarería, herrería, etc.) y que sirve al mismo tiempo como mediación social. Pero, como hemos comentado antes, la mercancía como producto del trabajo concreto y del trabajo abstracto no puede únicamente ser un objeto de uso en el que se objetiviza el trabajo concreto, sino que es, por consecuencia, una forma de relaciones sociales objetivada. Al ser la mercancía una forma de objetivación de las dos dimensiones del trabajo en el capital (del concreto y del abstracto) es su propia mediación social y tiene pues un doble carácter: el valor y el valor de uso.

Una aproximación crítica a la teoría del valor (I)

Inicio una serie de tres artículos que extraigo de un trabajo que realicé para la universidad criticando la teoría del valor tal como se formuló por la economía clásica y neoclásica y por ciertas corrientes del marxismo ortodoxo. Criticar la forma valor en el capitalismo contemporáneo es un eje fundamental para poder dotarnos de herramientas analíticas y teóricas que puedan servir para la emancipación social.

La moneda como condición de posibilidad para la existencia de los mercados

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La teoría económica clásica se formuló y matematizó para justificar el axioma que la fundaba, éste es, que el vector de precios siempre tiende hacia los precios de equilibrio. Una aproximación que siempre pareció fundamentarse en la hipótesis según la cual las fuerzas de mercado, liberadas de cualquier tipo de amarre, tendían naturalmente hacia unas posiciones de equilibrio en las cuales la tendencia de la oferta de un bien o servicio  siempre tiende a igualarse a la demanda de ese mismo bien o servicio. La mayoría de economistas clásicos y neoclásicos fue, aceptando ese primer supuesto, justificar porque el vector de precios tiende hacia esa convergencia de precios en el cual el precio de un bien es únicamente un depositante de información en un mercado dado. Una manera de encarar el problema más apologética que científica y que no ha permitido explicar cómo funcionan realmente los mercados. Equilibrio: asignación de bienes que son óptimas, todos los agentes están contentos, modelo de eficiencia de Pareto. Óptimo de Parteo: equilibrio general competitivo, criterio de eficiencia que es en realidad bastante absurdo, productores maximazaron ganancias y consumidores satisfechos, el óptimo sólo existe en el equilibrio general

En la teoría del equilibrio general, la economía es una economía de trueque Lo que nos cuentan los economistas sobre la creación del dinero es que al principio de los tiempos, en un momento indeterminado de nuestra historia, la economía funcionaba como un sistema de intercambio entre productores y consumidores en el que no mediaba nada más que las propias mercancías. Es decir, si yo produzco x cantidades de trigo y quiero y cantidades de hierro, intento calcular cuantas x cantidades de trigo equivalen a y cantidades de hierro. Es un sistema de trueque universal. Lo que sigue contando la fábula de la economía de trueque, es que para mejorar la eficiencia del intercambio, los humanos habríamos apartado una de las mercancías que sería la que serviría como unidad de valor para el resto de mercancías. Creando este elegante dispositivo, al que llamaríamos dinero/moneda, habríamos ahorrado muchos costes a la hora de llevar a buen término los intercambios.  La moneda es entonces un dispositivo neutro en la formación de precios.

Es ilustrativo que, a este respecto, Marx escribiera que la relación de cambio engendraba la forma moneda argumentando que: “las mercancías sólo pueden manifestar su carácter de valor y la cantidad de éste si se colocan sobre una base de igualdad con una cantidad determinada de cualquier cosa útil, cuyo valor esté ya demostrado. Dos mercancías revelan su valor por su comparación con una tercera, cuya utilidad, ya reconocida, da consistencia al valor de las otras dos. Esta tercera mercancía se convierte en moneda, según hemos visto en el capítulo precedente” (Marx; 28, 2011).

El problema de plantear la cuestión del dinero y de la moneda en estos términos y en estas coordenadas, es que se ha hecho abstracción de la constitución histórica y realmente documentada  de la creación del dinero. El dinero tuvo una fecha de creación y no fue para resolver los problemas que planteaba el trueque, sino que se creó en la civilización de los sumerios bajo la forma del pagaré, de la deuda.

Tal como está presentado el dinero en la teoría clásica y neoclásica, como equivalente universal, la moneda se convierte en una mercancía que se desprende de entre otras para poder generar una unidad del valor. La teoría del equilibrio general y de los distintos modelos matemáticos que intentan justificarla hacen, ellos también, abstracción de la particularidad que tiene el dinero dentro del circuito económico, como si fuese una mercancía más entre otras que se incorpora a posteriori en el mismo pero sin cambiarlo sustancialmente, lo que hace de la teoría del equilibrio general una teoría del mercado de trueque.

Veendorp fue uno de los economistas que modelizó con matrices cómo funcionarían las transacciones a precio de equilibrio y demostró que los intercambios en los mercados de trueque no funcionan, pues las matrices con únicamente tres agentes económicos interactuando e intercambiando siempre acaban bloqueadas. En los mercados realmente existentes, con millones de agentes económicos interactuando, el resultado de un mercado del trueque se vuelve absolutamente impensable. La moneda no se inventó pues para solucionar el trueque sino que es condición de posibilidad para existan los mercados.

Cuando se analiza el modelo en base a la moneda como medio de cambio y no como reserva de valor muchísimos problemas surgen, tanto a la hora de explicar cómo funcionan realmente los mercados como en la forma en la que se crea el valor en una economía capitalista. En el momento que la teoría económica clásica y neoclásica excluye a la moneda como un dispositivo que funciona de manera parcial y con impacto real en el circuito económico, esa misma teoría o esos mismos teóricos tuvieron que reintroducir la moneda en los modelos ya que al expulsar la unidad de cuenta no tenían unidad de medida. Se construyó a posteriori, tras expulsión de la moneda, la teoría del valor para restituir el espacio de homogeneidad de los bienes dispares. Es en este momento en donde nace la teoría del valor como cantidad de trabajo incorporado en los bienes/cantidad de la utilidad que le dan a su poseedor.

Adam Smith y Quesnay fueron los que introdujeron la idea de que el valor de una economía no era ni la tesorería del rey ni la tesorería del Estado sino el producto nacional bruto, entendiendo a éste como el producto del trabajo aplicado a la tierra y al capital. Nace entonces, fruto de lo expuesto en las páginas precedentes, la teoría del valor-trabajo: Smith consideraba que el trabajo era la unidad exacta de medida del valor, aunque no el determinante de los precios de las mercancías. David Ricardo apuntaló esta corriente al afirmar que todos los costos de producción eran en realidad costos laborales que se podían pagar de forma directa o bajo la forma de acumulación del capital.

Pareciera que Marx nunca acabó de escapar a este paradigma clásico de la teoría del valor-trabajo, aunque lo sofisticara incorporando la dimensión abstracta y social, siguió afirmando que: “el tiempo de trabajo que determina el valor de un producto es el tiempo socialmente necesario para producirlo, mejor dicho, el tiempo necesario no en un caso particular, sino considerado como término medio” (Marx, 18). De esta manera, aunque pueda apuntar ciertas intuiciones a la hora de realizar una crítica a la formación del valor, se puede caer fácilmente en teorías del cálculo del valor-trabajo en base a posiciones de David Ricardo que justificarían las propias características del mercado laboral existente, impidiendo una crítica que pueda contemplar un ataque a la raíz del problema en lo que respecta a la extracción de riquezas por parte de una minoría y a la propia acumulación que se produce por parte de los capitalistas. Esta es la visión dominante que los economistas marxistas ortodoxos han ido imponiendo a lo largo del siglo XX para justificar los sistemas del socialismo real. Si el trabajo existe de forma natural en los productos, la explotación reside en el problema de distribución de ese producto del trabajo y la intervención política de la clase trabajadora consistiría en apropiarse de los instrumentos del Estado o de otros para que esa distribución de produzca en su favor. Con ello, se neutraliza una crítica a la forma de producción mercantil en su conjunto y el objetivo de la lucha política sería eliminar a una clase parasitaria.

Luchar contra el fanatismo islámico es luchar contra el Frente Nacional

Tras el criminal atentado perpetrado ayer contra los periodistas de Charlie Hebdo, el terrorismo de corte religioso vuelve a estar a la orden del día.

Se han escrito muchísimos artículos sobre este brutal asesinato. #JesuisCharlie era ayer Trending Topic nacional en Francia y en España. El grito de condena ha sido bastante unánime desde distintos sectores aunque el espíritu crítico también se ha dejado escuchar ante tanto postureo. Desde el #jenesuispascharlie (resumido en el cartel de un poco más abajo) hasta las polémicas pero acertadas declaraciones de Willy Toledo: “Occidente asesina diariamente y sin ruido”. Recomiendo también este artículo Yo no soy Charlie

jenesuispascharlieEl tema es delicado. El fanatismo religioso ha atentado contra la libertad, contra la libertad de satirizar y de prensa. De esto no cabe duda y es un hecho que hay que condenar sin tapujos ni complejos. El fanatismo mata y es enemigo de la libertad y de la democracia. Ahora bien, tampoco nos dejemos eclipsar por la sorprendente toma de partido por parte del establishment y de los medios masivos de comunicación en favor de la democracia y la libertad.

Libertad de expresión que condenaron y que censuraron cuando El Jueves en el año 2007 publicó una portada caricaturizando al actual rey de españa (La Razón, que tanto defiende ahora la libertad, llegó a escribir que “La monarquía no puede ser objeto de mofa y escarnio”). O la libertad que le siguen negando a Otegui, encarcelado en el año 2011 por sus ideas y que continúa en la prisión. Por no hablar de la poca repercusión mediática que ha tenido la aberrante condena hecha pública hoy contra Alfon, 4 años de prisión por un montaje policial contra una idea concreta (el antifascismo combativo). Tampoco hablaremos de la reciente imputación de Facu Díaz por un sketch satírico (semejante a las caricaturas de Mahoma pero contra el PP). Mucho cinismo es lo que tenemos.

No cabe duda de que este atentado está siendo y seguirá siendo instrumentalizado por la extrema derecha y por la sabiduría convencional para reivindicar una supuesta superioridad moral y cultural de Occidente contra el “salvaje y bárbaro musulmán, árabe, oriental.” No cabe duda de que la islamofobia se incrementará hasta límites insospechados.

Escribía ayer Jorge Moruno:  “Un asesinato criminal y un ataque brutal a la libertad de expresión, no se combate alimentando otro tipo de fanatismo. Quienes buscan construir esa idea pareciera que desean equiparar “árabe” con “fanático islámico”, tal y como otros quieren equiparar “occidental” como “hereje”; los dos culpan al otro por “ser”. Las dos caras de la moneda se retroalimentan, ambas parten de las mismas pasiones tristes del ser humano, porque los fanáticos alimentan a más fanáticos, pensar que la barbarie de esta gente justifica otra barbarie, es también propio de bárbaros. No se puede caer en eso, deja escuálidas a las sociedades, a la democracia y engorda a la reacción de la extrema derecha. Quien gana en esta lógica es el miedo, quien pierde es la democracia.”

Y da en el clavo, las dos caras de la moneda se retroalimentan. Hoy justamente leía a los siempre curiosos teóricos de la conspiración, complotistas y conspiranoicos. Siempre argumentan lo mismo:”esto es un auto-atentado provocado por el gobierno francés -o la masonería o los promotores del nuevo orden mundial- para justificar mayor represión, mayor control y monitoreo social, de cara adentro y para, de cara afuera, justificar intervenciones militares en oriente medio y forzar una guerra de culturas”.  Opino que los conspiranoicos aciertan, aunque por razones equivocadas (hay que aplicar la navaja de Occam)

No hace falta que haya ningún auto-atentado concebido desde altas esferas del poder. El Estado Islámico busca exactamente esto:  tensar la cuerda del conflicto étnico/religioso para que todo acabe estallando y la guerra santa se extienda por todo el mundo. Buscar esa acción / reacción.

El ISIS no atacó primero, el integrismo islámico es consecuencia directa de los proyectos estadounidenses de reventar el panarabismo de los años 60 y 70 (Nasser en Egipto como ejemplo notable aunque no único), socialista, para que todo se lleve hasta un terreno más propicio para fortalecer la propia hegemonía ideológica: desplazar el campo de resistencia anti-imperialista de lo político a lo religioso (donde las complicidades y afinidades no se pueden producir).

El ISIS  tiene su propio proyecto político y atacando una sede de humoristas que hicieron mofa de la religión musulmana apuntan hacia un objetivo claro: incrementar la conflictividad religiosa, generar trincheras, reclutar nuevos “yihadistas”, apelando directamente a la población musulmana francesa, marginada, humillada, hacinada en los guetos de las ciudades francesas. Señalando a un enemigo: el blanco católico de clase media francesa y europea. Del mismo modo, busca alimentar al fanatismo cristiano y nacionalista del Frente Nacional.

El Frente Nacional, por su lado, recoge la pelota lanzada por el ISIS pues es su mejor aliado para su particular agenda política. Ambos son grupos fascistas, uno vestido de azul, otro vestido de verde. Y ambos se necesitan el uno al otro. Marine Lepen ya ha pedido que se restituya la pena de muerte. El FN ya ha convocado manifestación para este sábado: “islamistas fuera de francia”. Entramos en la espiral del odio, que se retroalimenta. El FN está encantado con estos atentados como también lo está el ISIS. Ambos tienen un objetivo común: que la guerra religiosa, étnica y santa sea la prioridad política de nuestras sociedades.

Malos augurios para nuestra maltrecha democracia. No perdamos de vista quienes son nuestros enemigos: tanto el fanatismo islámico como el fanatismo nacional y cristiano son nuestros enemigos. No podemos erradicar el integrismo islámico sin erradicar la islamofobia.

Algunas aclaraciones sobre la financiación de la Renta Básica II

La semana pasada escribí un primer artículo para aclarar algunas cosas sobre la financiación y conceptualización de la Renta Básica (click aquí), a la luz de los seminarios del economista Daniel Raventós. Para profundizar todavía más en los costes y en las reformas que habría que llevar a cabo para poder implementarla me he animado a escribir un segundo artículo.

imagesRecordatorio: La renta básica es una asignación monetaria universal, incondicional y exenta de impuestos. Esta asignación corresponde a aproximadamente 650 euros al mes (lindar de la pobreza según los baremos de la Generalitat de Catalunya).

Para que la medida pueda implementarse con éxito es imperativo la reforma integral del IRPF, acabar con la dualidad entre la renta del ahorro y la renta del trabajo e imponer un tipo fijo al 50%. Suprimir todas las deducciones, reducciones y tramos actualmente existentes en el mismo. En estos momentos, en Catalunya, el índice de Gini está en el 0,4104 (sobre renta bruta). Después de impuestos, el índice se reduce hasta el 0,365 (el impacto de los mismos es muy reducido). Con la Renta Básica, este índice se reduciría hasta el 0,25. Las desigualdades se reducirían, pues, enormemente.

Muchos economistas y muchas personas aseguran que la Renta Básica costaría aproximadamente 144 mil millones de euros al conjunto del Estado y que, por lo tanto, es imposible de aplicar (“¿De dónde saldría el dinero?”). El enfoque está mal planteado y por ello cae en el error. La Renta Básica supone una completa revolución en nuestra forma de concebir la fiscalidad y la redistribución de riquezas. Es a través del IRPF que se financiaría, con un constante flujo monetario que iría de arriba hacia abajo (de las rentas ricas hacia las rentas pobres).

Daniel Raventós y Jordi Arcarons realizaron un exhaustivo estudio con todos los datos disponibles del IRPF del año 2010 en Catalunya para proyectar y visualizar claramente de qué manera se financiaría la Renta Básica. En el año 2010 la cobertura de la población de Catalunya a través del IRPF era del 80% (queda pues un 20% de la población que está fuera del IRPF).

La primera parte de la propuesta de la Renta Básica es que a través de ese tipo fijo sobre las rentas fijado al 50% sería casi suficiente para poder financiar la totalidad de la misma según los datos disponibles (y haciendo una lucha efectiva contra el fraude fiscal en la declaración del IRPF, que, sin medidas demasiado revolucionarias, podría reducirse en 7 u 8 puntos percentuales sobre el PIB. Alcanzando, de esta manera, niveles de fraude fiscal equiparables a los de la media de la UE-15). No olvidemos que la renta básica es universal, todas las personas, todas, tendrán sus 650 euros al mes de Renta Básica (financiada a través de ese tipo fijo del 50% a todas las rentas declaradas).

Una vez hecho esto, debemos acordarnos de que un 20% de la población no está incluida en el IRPF. ¿De dónde vendría pues el dinero para financiar la Renta Básica de esa quinta parte de la población? Del ahorro del Estado en el resto de subsidios, becas, ayudas contra la exclusión social, vivienda y familia, que se suprimirían. En efecto, lo que hace la renta básica es romper con la lógica del Estado asistencialista y todos aquellos subsidios condicionados, becas -inferiores a 650 euros- ayudas etcétera,se suprimen, pues ya dispones de la Renta Básica.

Para el caso catalán, el ahorro es exactamente de 15 mil millones de euros al año (por ejemplo, de las prestaciones por desempleo inferiores a la renta básica nos ahorraríamos 3 mil millones de euros y de los gastos en administración unos 300 millones). El 20% de la población catalana no incluida en el IRPF es algo más de 1,6 millones de personas. Un rápido cálculo nos hará ver que el coste anual de la Renta Básica para esas personas sería de poco más de 11,3 mil millones de euros. Es decir, hasta tendríamos un remanente de más de 3 mil millones de euros, cubriendo el coste de la Renta Básica de las personas no incluidas en el IRPF, donde la financiación es directa.

Daniel Raventós y Jordi Arcarons han calculado que aún después de los ahorros y de la financiación directa vía IRPF faltarían, siempre para el caso catalán -pero que es extrapolable al resto del estado español- unos 7 mil millones de euros externos al sistema. De los 7 mil millones, 3,7 se cubren con el remanente de la diferencia entre el ahorro y el gasto anteriormente señalado y quedarían otros 3,3 mil millones de euros que se podrían sacar de otros impuestos sobre las riquezas (como el de sociedades o el de patrimonio).

Estos datos nos pueden ayuda a comprender que la Renta Básica no es un problema técnico, sino, como casi siempre en economía, un problema de voluntad política y relación de fuerzas. Los datos sí que son claros en relación a la financiación de la Renta Básica.

Pensad que de los 144 mil millones de euros extras -fuera reforma IRPF que han dicho los economistas pero que está mal calculado de entrada, es menos- que se necesitan para financiarla, aún así el Estado se ahorra aproximadamente entre 70 y 90 mil millones de euros de los actuales subsidios, prestaciones, becas etcétera que están por debajo de la Renta Básica, además de los ahorros en administración. En el caso catalán la cuestión es clara. Una lucha eficaz contra el fraude fiscal nos aportaría fácilmente entre 15 y 30 mil millones más y el resto que quedaría (entre 20 y 30 mil millones de euros, un 2% del PIB) de financiación externa vendría vía otros impuestos sobre las grandes riquezas (sociedades, patrimonio).

El gasto público tampoco descendería ya que las otra vías de financiación del Estado se mantienen, impuestos indirectos como el IVA. Por lo tanto, y reitero la idea, la Renta Básica no es un problema técnico sino político.

¡RENTA BÁSICA YA!

Algunas aclaraciones sobre la financiación y conceptualización de la Renta Básica I

Escribo este post a la luz de un seminario sobre Renta Básica que estoy siguiendo actualmente, dirigido por el economista Daniel Raventós.

Renta-Básica-logotxikia

Muchas cosas se han dicho y escrito sobre la propuesta estrella del programa económico de Podemos. Voy a intentar aclarar en este breve artículo muchos de los puntos que generan controversia o que no se han entendido del todo. Antes de nada es importante señalar que en economía siempre hay un grupo social que sale beneficiado y otro que sale perjudicado. No existe dentro de las coordenadas y de los parámetros establecidos por el sistema capitalista la posibilidad de que todo el mundo salga ganando, como si fuéramos un todo orgánico que persigue los mismos intereses. Una política económica siempre perjudica a un grupo social y beneficia a otro. Hace muchos años que las políticas nos perjudican a los trabajadores de rentas medias y bajas, parados y pobres. La Renta Básica se inscribe en la lógica de invertir y transformar esta tendencia y que sean las rentas altas las que se vean perjudicadas y las rentas bajas las que salgan beneficiadas.

La renta básica es una asignación monetaria universal, incondicional. Todo el mundo la recibe pero no todo el mundo gana. Hay que repetir esta idea, todo el mundo percibiría la cantidad monetaria establecida -650 euros al mes- sin discriminación de renta. ¿Esto significa que Amancio Ortega o Iker Casillas las recibirían? SÍ.

Estableciendo la universalidad de la asignación monetaria, eludimos la estigmatización de la pobreza así como al dedo acusador. Si una persona quisiera increparte o insultarte porque vives de la renta básica tú podrías contestarle: “pues sí, al igual que tú”. Al mismo tiempo, el Estado se ahorrará una cantidad ingente de dinero que se pierde en la administración y gestión de los subsidios. Pues, no lo olvidemos, una vez se implemente la renta básica desaparecerán todos los subsidios y ayudas sociales pecuniarias.

“Todo esto es muy bonito, pero, ¿Cómo se va a financiar tal cosa? ¿No es una utopía?” Estas preguntas apuntan al núcleo duro de la propuesta y se repiten mucho en los medios. La respuesta es sencilla, a través de una reforma fiscal profunda. ¿De qué manera o en qué dirección debe ir esa reforma fiscal? Pues acabando con la dualidad existente en el IRPF (renta del capital-renta del trabajo) y establecer un único impuesto con un tipo nominal fijo al 50%, eliminando todos los tramos que actualmente existen así como todas las deducciones. Esto puede sorprender a más de uno. Es contraintuitivo pensar que un tipo fijo pueda llegar a ser progresivo. Pero lo es y mucho, pues tenemos la renta básica. Os voy a dejar un cuadro para que se visualice mejor: (son cuadros a modo de ejemplo):

Base imponible Retención Total limpio
1000 10% 900
100000 45% 55000
 Base imponible Retención Renta Básica Total limpio
1000 50% 650 1150
100000 50% 650 50650

Cómo se puede observar a través de este cuadro, siendo la renta básica una asignación universal y exenta de impuestos, ésta siempre se suma a lo que se ha retenido de la base imponible. Así, por ejemplo, si actualmente en bruto estás cobrando 2000 euros al mes pues se te retendrían 1000 euros (50%, tipo fijo) pero se te sumarían los 650 euros de la renta básica, por lo que en limpio te quedarían 1650 euros.

La medida está calculada para que beneficia a todos los trabajadores pobres así como personas que realizan tareas y trabajos no remunerados. Es una redistribución de rentas, de las más altas hacia las más bajas (lo contrario de lo que ocurre actualmente). Y es completamente asumible por un Estado como el Estado español, si hubiera la voluntad para ello. Además de esta reforma fiscal profunda hay que luchar eficazmente contra el fraude fiscal. Pensemos que con el aumento de consumo de las clases populares aumentará la recaudación del Estado vía impuestos indirectos. Aunque ésta no es la cuestión a tratar en este breve artículo. Tan sólo hay que visualizar que todo esto es técnicamente posible, que no sería un despilfarro de dinero público como nos lo quieren pintar desde los mass media. Y, todavía más importante, se suprimen muchos gastos inútiles de la administración (en control de las personas que reciben subsidios etcétera). Además de ello, no podemos sino contraargumentar la falacia de los incentivos perversos. Actualmente, con ayudas condicionadas, hay una trampa de la pobreza ya que muchos subsidios están condicionados a tu condición de pobre. Si aceptas un trabajo de mierda pierdes el subsidio, los incentivos para seguir cobrando el subsidio en vez de aceptar el trabajo son muy elevados.

Algunos preguntarán, llegados a este punto, “Pero, aunque todo esto está muy bien, ¿No caeremos en una tendencia inflacionista imparable? La respuesta es no. No tan catastrófica como nos lo quieren hacer creer. No se está generando nueva masa monetaria, sino que se está redistribuyendo una riqueza que ya existe. En todo caso, aumentarán los precios de los productos/bienes de primera necesidad, que son los que mayormente consumimos las clases populares, lo que puede provocar, en esos mercados, leves tendencias inflacionistas. Pero muy lejos de cualquier tipo de hiperinflación apocalíptica.

Por último, la renta básica es esencial en una sociedad postindustrial en la cual los sindicatos de clase han perdido mucha fuerza. La renta básica es entonces nuestra mejor arma para poder negociar salarios dignos frente al empresario, que siempre busca pagarte lo menos posible. En el mismo orden de ideas, una existencia material garantizada y mínimamente digna es imprescindible para poder tener un mínimo de libertad política, además de que por nuestra condición de animales humanos debemos tener la posibilidad de vivir nuestra vida sin imposiciones estructurales que, además, están para el provecho y para el mantenimiento del privilegio de unos pocos.

¡RENTA BÁSICA YA!