La razón populista contra el racionalismo liberal-burgués

podemos

Escribo este artículo a colación del recientemente publicado ¿Qué es realmente el populismo? del compañero Albert Borras. Aprovecho así también para publicar mi primer artículo sobre el nuevo movimiento con capacidad de generar brechas definitivas en el régimen.

Si Albert ha escogido una perspectiva analítica, descriptiva y explicativa del concepto de populismo, yo escogeré una perspectiva política del mismo.

Muy en boga en los medios de comunicación masivos y en las elites políticas y empresariales de nuestro país para intentar desprestigiar a Podemos, el denostado populismo parece volver a la orden del día. Se ha hablado mucho del populismo de extrema derecha en Europa y ahora parece que los vientos políticos del populismo de izquierdas de América Latina soplan con fuerza en nuestro territorio.

¿Por qué se critica tanto al populismo? Como bien explica Albert, se le suele equiparar a la demagogia (=ganarse apoyos políticos a través de favores al pueblo) pero tiene, evidentemente, un componente muy distinto. Hay algo común a los populismos de extrema derecha y de extrema izquierda que suele pasarse por alto: ambos nacen de las pasiones políticas del “pueblo”. ¿A qué se ha opuesto tradicionalmente las pasiones? A la razón, y, más concretamente, a la razón científica y burguesa nacida de la Iluminación francesa. El debate de pasión/razón o racionalidad versus irracionalidad hace tiempo que fue superado pero todavía sufrimos sus impactos. Si se critica tanto al populismo desde las elites financieras y políticas de nuestro país es por una estructura de pensamiento que viene de lejos: las pasiones serían lo “más bajo” del ser humano y la razón sería lo más elevado, casi la esencia misma de la condición humana, aquello que nos distinguiría de las “bestias”, de los animales. Para mí, uno de los ensayos más abyectos que refleja con claridad este pensamiento es Psicología de masas de Le Bon. Las masas siempre se han asimilado a la irracionalidad y a las pasiones políticas bajas. A ello siempre se ha opuesto una elite de privilegiados, una elite de personas que se posicionarán por encima de la muchedumbre y que se creerán los poseedores de la Verdad y de la Razón, siempre alejados y forzosamente independientes de las multitudes. Y que, por ello, se erigen como nuestros soberanos y como nuestros gobernantes (y yo añado, para controlarnos).

Cuando leemos e interpretamos la sociedad siguiendo el esquema clásico y moderno de un pueblo inculto, pasional, bajo contra/opuesto a una elite racional, “meritocrática” y separada de las multitudes nos encontremos con el núcleo duro del debate que ahora mismo tenemos en torno a los populismos. Es el esquema mismo de la soberanía moderna que también encontremos en los análisis de nuestra propia psique (la voluntad de que nuestra “conciencia”, nuestra conciencia “racional” sea soberana sobre el cuerpo, sobre nuestras decisiones, sobre nuestros “instintos” a los que se opondría).

¿Qué tiene de fascinante el Frente Nacional? ¿Por qué tiene tanta fuerza entre las clases trabajadoras francesas? La argumentación convencional para explicar estos fenómenos es: “a problemas complejos se ofrecen soluciones sencillas y milagrosas”. Tenemos que rehuir de este tipo de explicaciones por dos razones que, en mi opinión, refuerzan la estructura de dominación vigente.

Primera razón: Al afirmar que se convence a la gente con cosas sencillas frente a problemas complejos se está afirmando, implícitamente, que la gente es imbécil y que no es capaz, por si sola, de comprender este mundo y lo que ella misma sufre. Es decir, estás diciendo que tú, como buen iluminado, eres más listo que el resto y que deberíamos dejar el espacio de decisiones políticas a tecnócratas que sí que comprenderían la complejidad de nuestro mundo. Esto es un paternalismo de derechas muy clásico, que se utilizó como argumento para prohibir votar a pobres, afroamericanos, mujeres y niños durante los siglos XIX, XX y XXI

Segunda razón: Cuando la sabiduría convencional afirma que “a problemas complicados, soluciones sencillas” está afirmando más su propio marco de análisis que no la idea que está transmitiendo. Este marco sigue siendo el de la racionalidad burguesa: hago una observación de la realidad, yo siendo un elemento externo a ella, y puedo clasificar, describir, ciertos problemas. Se reproduce así la ilusoria posición del observador que observa sin influir en el propio proceso (idea que la física cuántica ya desmintió).

Las personas sufrimos en nuestras carnes los efectos y las opresiones de este sistema. Nadie tiene que venir a decirnos como o cuanto de oprimidos estamos, es una cosa que ya sabemos. Si el Frente Nacional ha ganado unas elecciones no es porque ofrezca soluciones, tiene que ver con una racionalidad política distinta que parte del propio demos, de la propia gente, aunque en este caso tenga un carácter de descomposición social. Marine Le Pen hace una cosa a la que no nos tienen acostumbrados el resto de políticos: habla con pasión. Habla como muchos hablamos en nuestras calles y barrios. Es agresiva. Muchas personas de las clases populares se pueden sentir identificadas con ella pues utiliza las mismas expresiones, la misma fuerza pasional que ya existe en las calles. Esto no es ni malo ni bueno per se, tiene un componente muy trasgresor, que es el de combatir el racionalismo burgués, ese falso juego de intereses y personas universitarias y bien domesticadas que se sentarían alrededor de una mesa a debatir sobre los males de mundo mientras dan sorbos a sus tacitas de café o té caliente.

Sea cual fuere la procedencia social de Marine Le Pen es indiferente, se enuncia y habla como se habla en las clases populares, al tiempo que genera un nuevo marco de opresión. Y por ello es un peligro, por ello tiene fuerza y por esas razones en Francia van a tener un enorme problema. Pocas personas, y menos aún en el ámbito político, parecen reconocerle a Le Pen que tiene el mérito de haber creado un lazo aterrador con las clases populares, medias y altas de Francia. Siempre se la ataca desde una posición de elitismo liberal en vez de reconocerla como una adversaria, como un partido y unas ideas que van de igual a igual. No debemos ponernos jerárquicamente o intelectualmente por encima de Marine, porque volvemos a caer en el juego y en el terreno del parlamentarismo liberal, debemos combatirla desde las clases populares y oprimidas. Es una amenaza real, una amenaza que reside en las pasiones tristes (en el sentido spinozista) de la multitud.

Podemos, por su lado, va mucho más allá que eso. No hace una exaltación pasional de los trapos y de un odio hacia las minorías sociales. Podemos crea y se realiza mediante una racionalidad populista, una racionalidad que surge del demos, de las multitudes. Si el Frente Nacional se queda en el populismo del pueblo moderno -de UN pueblo, con UNA idea, que toma UNA decisión, que está cerrado y limitado en sí mismo, que crea una separación entre su pueblo y el resto de pueblos- Podemos abre al pueblo para que devenga multitud, para que no haya repliegues soberanos, para que se tomen muchas decisiones y surjan muchas racionalidades. Además de ello, refuerza las pasiones alegres, generando composición social y aumento de potencia colectiva.

El populismo del Frente Nacional aspira a volver a hacer de los muchos una unidad estatal primera, pre-conflictual (pre-lucha de clases constitutiva del orden capitalista). En cambio, como asegura Paolo Virno en Gramática de la multitud:  “la multitud está surcada por antagonismos, no puede ser nunca una unidad. Los muchos subsisten como muchos sin aspirar a la unidad estatal”.

Canalizar e intentar recluir las pasiones de las multitudes hacia un juego de intereses liberal y burocrático es un burdo intento de las elites para poder gestionar y subyugarnos con el subterfugio de la Razón burguesa (cartesiana, iluminista, elitista). Para que todo pueda volverse identificable y se pueda fijar, para que todo entre en sus reglas, para que sean ellos los que determinan esas reglas y para los que puedan utilizarlas sin cambiarlas los que sigan decidiendo desde arriba como gobernarnos. Es una actualización de la Idea platónica. Razón y pasión están siempre encadenadas y yuxtapuestas. El problema no es nunca qué es racional o qué es irracional sino quién determina lo que es racional o irracional y en vistas a qué objetivos o en vistas a justificar qué estructura social.

Nosotros, los ciudadanos, las multitudes, generamos razón política desde abajo, una nueva “razón” alejada de los habituales mecanismos de represión libidinal. Nos separamos de los viejos ejes: razón/pasión, racional/irracional, izquierda/derecha. Queremos constituir un nuevo mundo de los comunes y por ello también realizamos y continuamos la pertinente crítica a aquellas estructuras que arbitrariamente se erigen por encima de nosotros, sean reyes y monarquías absolutas que se realizaban por razón divina, o sea por un posicionamiento jerárquico de un tipo determinado de Razón, de razón pura que impone una falsa dicotomía entre razón y pasión pero que en verdad sigue siendo su razón burguesa contra nuestra razón del pueblo, de las multitudes.

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Estado de excepción y revolución democrática

El pasado jueves 11 de julio, el PP le rindió su particular homenaje a Giorgio Agamben convalidando el decreto ómnibus que modifica de un plumazo 26 leyes en vigor.  Al aprobar esta Ley, el PP se ha ahorrado el debate sectorializado en las Cortes de cada una de las modificaciones propuestas y efectuadas. Este singular hecho unido a la Ley Mordaza recientemente aprobada (la ley que criminaliza y castiga a toda manfiestación democrática, hasta el hecho de hacer fotos a policías que estuvieran excediéndose en sus labores represivas podrá ser considerado delito) nos confirman que vivimos en un estado de excepción permanente.

Agamben

Giorgio Agamben

Recogiendo la idea lanzada por Walter Benjamin en Para una crítica de la violencia, Agamben asegura que la figura del Estado de exepción es el nomos del estado moderno y que éste estado de excepción siempre acaba siendo la regla. Agamben argumenta que las medidas de excepción suelen permanecer una vez pasada la denominada arbitrariamente situación de exepción. En su ensayo Homo Sacer II: El Estado de excepción, Agamben recopila todas aquellas veces en que los distintos estados de occidente han declarado el Estado de excepción y como los decretos que se iban aprobando durante el transcurso de los mismos se iban manteniendo a lo largo del tiempo. La forma de gobernar cuando se declara el Estado de excepción es siempre el decreto-ley. Siempre ha sido sorprendente como un Estado de Derecho se guarda para sí la posibilidad de suspender el Derecho -en nombre del propio Derecho- para poder aplicar y desplegar toda aquella medida y toda creación jurídica que escape a la normativa vigente. Agamben recuerda siempre -y es un hecho notorio que no podemos olvidar- que Hitler nunca rompió con la república de weimar. Técnicamente, el estado nazi fue un Estado de excepción que duró 12 años. Todas las leyes que el partido nacional-socialista fue aplicando se amparaban en la constitución de Weimar, siempre bajo el paraguas de las medidas excepcionales, de la aplicación extensiva e intensiva del estado de excepción.

El estado de excepción es siempre el resultado de una situación contradictoria: tenemos una exclusión integrada que genera un nuevo espacio que no existía en la normalidad. La norma se desustancializa.  Es interesante el reflexionar sobre esta noción de estado de excepción (muy pocas veces lo hacemos) y como el actual gobierno del PP gobierna en base al mismo. Habitualmente, el estado de excepción se declara cuando el Estado teme por su propia supervivencia, sea por una amenaza exterior (la guerra, el terrorismo) o sea por una amenaza interior (insurrección armada). La figura del estado de excpeción es muy contradictoria pues es muy complicado el saber determinar cuando un estado está realmente amenazado y cuando no lo está. La declaración de la urgencia, estado de sitio o estado de excepción siempre se debe a una contingencia y a una valoración de la misma realizada por el gobierno en cuestión, siempre de forma política y subjetiva. Y lo que pasa siempre es que nos encontramos ante un juez que al mismo tiempo es parte. Pues quién declara el Estado de excepción es aquel que lo va a aplicar (el gobierno). Las consecuencias no son irrisorias: no olvidemos que el estado de excepción suspende la legalidad, los derechos y las libertades civiles vigentes para desplegar todo un arsenal jurídico y político completamente arbitrario propio de cualquier dictadura. Estamos acostumbrados a que se declaren estados de excepción durante las guerras (primera guerra mundial, segunda guerra mundial, guerra de Argelia en Francia…) aunque actualmente el terrorismo es la mejor excusa para declararlo. La patrioct Act norteamericana eternaliza el estado de excepción: ante un enemigo invencible, difuso, que está por todas partes y que nunca podrá ser vencido siempre podremos mantener las medidas excepcionales que la patriot act estableció en el año 2001.

¿Qué suele ocurrir cuando entramos en guerra con otro estado y se declara un estado de sitio, de urgencia, de alarma o de excepción? Pues que todos los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) se repliegan hacia el gobierno que puede utilizarlos libremente. Se suspende toda la legalidad y el estado se desnuda ante nosotros: no somos más que nuda vida ante él. Estamos a su disposición, no detentamos ningún derecho y se militariza a toda la sociedad. Se movilizan recursos (aumento de impuestos) y se gobierna en base al decreto ley. Ya no eres ciudadano, estás en una zona de indeterminación absoluta, que es la misma zona en la que se despliega el estado de excepción. Ya no hay exterior ni interior al Derecho. El Estado nos muestra su esencia, su naturaleza: aparato y máquina de guerra absolutas.

En la crisis que estamos viviendo y que no nos va a abandonar encontramos, aunque no se haya declarado públicamente, todas las características del estado de excepción. Recordemos que las medidas que se suelen aplicar y desplegar durante un estado de excepción dejan de ser excepción para devenir regla. Lo primero que hizo el gobierno de Zapatero para justificar sus medidas de recortes en el año 2010 fue la situación de excepcionalidad debido a la crisis. Fue la primera piedra que empezó a edificar el actual estado de excepción en el que nos encontramos ahora. La primera rueda de prensa del gobierno de Rajoy en el año 2012 nos anunciaba, escudados también en la excepcionalidad de la situación de nuestro país, medidas “temporales” y “excepcionales” para justificar subidas de impuestos y, más tarde, para justificar toda la sangría de recortes sociales.

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Imagen de cuerpos militares en el aeropuerto de Barajas, diciembre 2010. Durante 15 días, el gobierno del PSOE decretaba el Estado de Alarma por la huelga de controladores aéreos. Un ejemplo paradigmático de como se despliega de forma concreta un estado de excepción de baja intensidad, esta vez para parar una luchar laboral (aunque fuera compleja pues suscitó muchísimas animadversiones entre viajeros de clase trabajadores y media que no veían con buenos ojos que supuestos privilegiados como los controladores aéreos protestaran por sus derechos laborales). De todas maneras, puede que buen ensayo para futuras declaraciones de estados de alarma, urgencia o sitio si se quieren parar huelgas.

El estado de excepción se puede identificar de distintas maneras: una es la proliferación de los decreto-ley, dos y a consecuencia de esta primera es la confusión generalizada entre los tres poderes que fundan el estado moderno: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Cuando se legisla y se gobierna a base de decretazos ya no hay frontera posible entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Siempre que se declara un estado de excepción se produce un ensanchamiento del Estado, ensanchamiento que se suele tornar visible con subidas de impuestos continuadas.

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La valla de melilla y el asesinato de las personas que quieren acceder al territorio es también un ejemplo de esas zonas de indeterminación en las cuales ya no hay ningún derecho aplicable a la persona. La frontera intenta delimitar un adentro y un afuera pero ella misma es el punto ciego del estado moderno.

La tercera característica de los estados de excepción es la intensificación de los poderes de la policía. Se restringen las libertades públicas y se suspenden los derechos democráticos. No hay nada más evidente de este hecho que la recientemente aprobada Ley Mordaza. Se necesitan de estos mecanismos de militarización, seguimiento, control y policía para poder asegurar el despligue de la excepcionalidad. El debate no es tanto que estemos o no estemos en democracia, es saber hasta dónde llegará la intensificiación del estado de excepción que se está desplegando con una velocidad inaudita. Hemos naturalizado muchísimas formas de legitimar y justificar políticas anti-sociales y anti-populares (anti-democráticas, medidas que van en contra de lo que los ciudadanos quieren y sienten) que simplemente se resguardan bajo el paraguas de este estado de excepción. Estado de excepción cuyo paradigma son los campos de concentración y encierros, las zonas donde no hay legislación ni derechos, zonas en las que se  desvela este nomos de nuestros estados mal llamados democráticos (por ejemplo, las zonas de reclusión en los aeropuertos o los CIEs en España, auténticos campos dónde no eres ciudadano sino nuda vida ante los poderes establecidos).

En este largo camino en el que predomina la excepcionalidad, la ley ómnibus es un paso más para profundizar el estado de excepción. Gobernar a base de decretos leyes, de no debatir nada, de presentar la democracia representativa burguesa como lo que realmente es: un puro teatro, una ritualización.

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Y frente a esto ha emergido la política del movimiento. La profunda revolución democrática que está recorriendo el país desde hace 3 años (desde el 15m) y que ahora se expresa en su modalidad institucional con PODEMOS. Los círculos expansivos e inclusivos de podemos son la lucha y la reivindicación de una democracia radical, de una democracia que nos han robado y que siempre está suspendida por el estado de excepción (se ampare en cualquier acontecimiento en el que se quiera amparar…). Intentarán reabrir la excepcionalidad para pararlo pero ya no pueden. Los periódicos ya esconden las encuestas para intentar esconder algo ya inevitable: que la política de la modernidad y de la casta van a ser superadas. La persecución mediática y criminalización de Podemos no podrán parar la ilusión y las ganas de recuperación democrático-sociales que nos roban cada día. Deberemos ser inteligentes y seguir trabajando desde abajo, desde los barrios, desde la calle para reconfigurar y re-significar la institucionalidad democrática.

Cleptocràcia

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En els últims mesos han esclatat diversos casos de corrupció. Els tractes de Crespo amb la màfia russa, Bustos al ajuntament de Sabadell, el cas Pallerols que torna a la llum pública,la imputació de Oriol Pujol per el cas de les ITVs i l’escàndol Bárcenas vénen a sumar-se a una interminable llista (Urdangarín, Palau, Pretòria, EROs a la Junta..). Des de els mitjans i personalitats afins al règim es continua insistint en què tots aquests casos són l’excepció. Llàstima que cada setmana haguem de augmentar una miqueta més el marge del terme “excepció”, cada cop més proper al de “norma”.

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Els discursos contra la corrupció han estat monopolitzats tradicionalment per l’extrema dreta. I és normal, la dreta més moralista utilitza la corrupció com una eina, com un subterfugi per imposar el seu propi règim. És fa un discurs d’antipolítica típic dels feixismes. Hem se ser clars en aquest punt: nosaltres condemnem la corrupció però no perdem de vista l’origen d’aquesta i l’hem d’interpretar com un fenomen del capitalisme. En efecte, la corrupció no es més que una expressió més d’un règim que és caracteritza per robar als treballadors de forma sistemàtica, comença en el si de les empreses (plusvàlua) i termina en las privatitzacions de les empreses públiques que vàrem pagar entre totes.  Quan un polític fica directament la mà per emportar-se els diners dels ciutadans o una empresa fa generoses donacions a partits i polítics (per desprès obtenir privilegis, concessions…) simplement s’està estalviant els intermediaris.

Moltes de nosaltres tenim un esbiaix a l’hora de fer anàlisis sobre la corrupció: partim de la base de que vivim en una democràcia. Cada dia es fa més clara l’evidència de que vivim en un règim cleptocràtic, on la norma i la base del sistema és l’expoli i el robar als ciutadans. Un govern, un règim, de lladres que viuen en la impunitat. Des de la casa reial fins al govern espanyol passant per els governs de les autonomies, el poder judicial i la patronal estan salpicats per aquesta xacra. Institucionalment sembla ser que només és pot funcionar d’aquesta manera. Entrar i jugar en el seu joc implicarà contaminar-se.

Els alts càrrecs dels governs del PSOE i PP durant els anys noranta i principi dels 2000 són actualment assessors de les grans empreses públiques que van privatitzar. Avui en dia, l’anterior president de la patronal de les mútues catalanes –Boi Ruiz- és l’actual conseller de salut, a l’estat espanyol, executius de Goldan Sachs –De Guindos- són ministres d’economia. La porta giratòria entre sector públic i sector privat funciona de meravella. El capitalisme no vol democràcia, mai l’ha volgut i quan en la teva gènesis portes la corrupció i el robatori es normal que la seva traducció política –la cleptocràcia- operi de la mateixa forma.

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Resulta bastant ridícul escoltar als detractors de Hugo Chávez, Correa etcètera acusant-los de corruptes i no sentir-los parlar mai de que aquí, al paradís occidental, des de el president del govern i el cap d’estat fins als jutges estan corromputs fins a les tranques. No vull utilitzar la fal·làcia ad hominem, és cert que en aquells règims existeix la corrupció però no podem donar exemple de res. Aquí ni tan sols tenim separació de poders (una de les màximes del sistema liberal), la figura dels indults –més de 10 000 des del 2003- és il·lustrativa.

Ara més que mai hem de lluitar contra el capitalisme i el seu apèndix cleptocràtic. Reivindicar i lluitar per la democràcia es lluitar contra el capitalisme i contra la seva expressió corrupte en la política. Sabent sempre que qualsevol règim autocràtic (com els del “socialisme real”) són corruptes per definició. Que mai més ens tergiversin, nosaltres volem més política i més democràcia..i per obtenir això hem d’acabar amb el capitalisme.

216 mil millones de ayudas directas a la banca

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A veces, la retórica queda completamente vacía de contenido frente a los datos. Hoy, 2 de diciembre, La Vanguardia ha realizado un informe que desvela todo el dinero público desembolsado para la banca desde que comenzó la crisis. Nada menos que la friolera de 216 000 millones de euros es la cantidad total que se ha destinado de forma directa a la banca. Esto representa el 21% del PIB español y, según el mismo reportaje, probablemente no podamos recuperar 120 000 millones. Para que nos hagamos una idea de lo que son estas cifras, cada año la partida total destinada en el conjunto del estado español (comunidades y estado central) a sanidad es de 80 mil millones de euros. Tendríamos prácticamente tres años gratis de sanidad (sin necesidad de recortes o incluso aumentando de los recursos destinados a la misma si se deseara) si no se hubiera destinado dinero público a la banca. Otro dato es el gasto público social en España por año (230 mil millones de euros), prácticamente equivalente.

Los economistas podrán argumentar lo que quieran, que si el Estado del bienestar es insostenible, que si hay que privatizar para mejorar la gestión pública o que únicamente podemos salir de la crisis recortando el gasto público. El hecho evidente, a la luz de estos datos, es que el gasto público se ha incrementado enormemente debido sólo al dinero enviado a la banca. El lema “se salvan bancos en vez de a personas” se hace más veraz que nunca y negarlo es pura demagogia. Miren los datos. Esto supone un doble problema, por un lado la necesidad de más ingresos (mermados por la propia crisis económica) para poder pagar los intereses de la deuda contraída para ese mismo desembolso (con los bancos a los que salvan por cierto) además del dinero que perderemos en sí (120 mil millones de euros) y, por el otro, la necesidad de recortar en el gasto público social y productivo (para poder pagar esas deudas) lo que no solo supone un retroceso social sino que además es económicamente suicida (se deja de invertir en sectores productivos).

Imaginemos por un momento que en vez de destinar 216 000 millones de euros a la banca los hubiéramos destinado a las familias con menos recursos. 5 millones de familias habrían podido disponer de aproximadamente 42 mil euros extra, cantitad que podría haber servido para pagar numerosas deudas contraídas con los bancos y para darles un respiro.

Muchos de los banqueros son los que luego defienden el libre mercado, por mucho que vivan del Estado. Algunos economistas ultraliberales son consecuentes con sus creencias y afirman rotundamente que no se debería haber salvado a ningún banco. El problema de sus posiciones es que se encuentran un poco cojas ya que no son capaces ni de leer  ni de interpretar el papel del Estado en un sistema capitalista. Es bastante evidente -y aquí tanto Marx como Lenin nos sirven estupendamente bien- que el Estado es una herramienta de la clase dominante para oprimir y subyugar al resto de clases sociales. El Estado está al servicio de las elites y no al contrario (como algunos economistas liberales han pretendido decirnos) y por eso no sorprenden demasiado estas escandalosas cifras.

Con más fuerza que nunca, tenemos que gritar que no debemos y que no pagamos su deuda. El aumento de nuestra deuda pública (del 37% del PIB en el año 2007 al casi 80% del PIB en este 2012) se debe casi exclusivamente a este desembolso de dinero público hacia una banca usurera (al menos en 21 puntos percentuales) cuyas prácticas matan centenares de ciudadanos al año y envían a la miseria material y personal a centenares de miles. Tenemos que recuperar y utilizar el concepto de deuda odiosa para no pagar esta deuda. Al menos 15 puntos percentuales de nuestra deuda deben ser condonados ya que no han servido para mejorar el bienestar de la ciudadanía (para el interés general), fue contraída de manera opaca, a espaldas de los ciudadanos, y con el consentimiento de los prestamistas. Además de ello, está el tema de los intereses. Este año 40 mil millones es la partida destinada a pagar intereses de esta deuda ilegítima (un 4% del PIB). En total, como mínimo, 20 puntos de nuestra deuda es ilegal e ilegítima.

Por cierto, es curioso el mensaje que se envía. Los culpables de esta crisis son, esencialmente, los bancos (confabulados con los regimenes políticos y las grandes empresas) y el premio por ello es darles más dinero. Socializando pérdidas, privatizando beneficios elevado al cuadrado.

Las condiciones del rescate y la democracia

Hace cosa de un mes, Rajoy anunció ante los ciudadanos españoles que el rescate financiero no era un rescate de país sino “una línea de crédito”.  Hoy, debemos plegarnos ante la evidencia y confirmar aquello sobre lo que ya sospechábamos: el dinero no es gratis y Europa nos exigiría una contrapartida. Podíamos aventurarnos en las medidas concretas que nos impondrían y no nos hemos alejado tanto de la realidad (la experiencia de Grecia, Irlanda y Portugal nos ha permitido ser buenos oráculos). Subida del IVA general del 18% al 21%, muchos bienes y servicios que estaban integrados en el IVA reducido (que tributa al 8%) pasarán al IVA general, suponiendo de esta forma un incremento de un 162,5% del IVA en los mismos, supresión de la paga extra de navidad de los funcionarios, reducción de las prestaciones de desempleo y aceleración del retraso de la edad de jubilación legal a los 67 años.

El Partido Popular se opuso fervientemente a todas las medidas que hoy defiende, realizó una campaña agresiva en contra de la subida del IVA realizada por el gobierno de Zapatero, votó en contra y se opuso al retraso de la edad de jubilación y criticó la bajada de sueldo de los funcionarios. La hemeroteca no perdona. Cada  vez me inclino más a pensar que el PP ha utilizado una inteligente estrategia gramsciana para destrozar la democracia desde dentro. Visto que el golpe de estado de Tejero no dio los frutos esperados han sofisticado sus métodos y lo que hacen es utilizar los mecanismos democráticos existentes para deslegitimar y reducir la democracia a su más bajo nivel. De esta forma, no sorprende que les de absolutamente igual todo lo que hubieran dicho en el pasado, que ensalzan la menudencia del debate público (no es casualidad que Rajoy haya eliminado para este curso el  clásico debate sobre el estado de la nación), que repriman y condenen de forma automática todo canal de participación política (como puede ser la manifestación) y que, de manera más general, demuestren a la multitud la insignificancia de votar y la inocuidad de las opiniones díscolas. Envuelven todo esto con el odio social, de clase, del “que se jodan” de la niñita de papá Andrea Fabra.

En efecto y tristemente parece que nos encontramos ante la irrelevancia del sistema democrático. Llevamos un año denunciando de forma mayoritaria las carencias de nuestra famélica democracia, denunciamos que esta es inexistente y no nos falta parte de razón pero, al mismo tiempo, asistimos a un ataque mucho más sútil realizado desde dentro de la misma. Ese ataque consiste en desprestigiar a la democracia misma para que acabemos sintiendo un recelo insuperable y dudemos de esta forma de organización política. También utilizan mecanismos explícitos, como la reforma del poder judicial o el nombramiento del nuevo director de RTVE, además de gobernarn a base de decretazos. Por ello es importante reclamar más democracia y por ello es importante recuperar a la misma en el sentido más amplio del término.

Hecho este paréntesis, entraré de lleno en el aspecto económico del rescate. Primero me gustaría señalar una cosa que se suele pasar por alto y que refuerza la tesis de que estas medidas suponen un saqueo sin precedentes para la población española y un suicidio económico. Si tu economía está orientada a la exportación -como ocurre de forma mayoritaria en los países africanos y, en menor medida, en países como Alemania, China o Corea del Sur- puedes pasarte de todo lo que sea política económica interna, Es decir, si tuviéramos una economía exportadora todas estas medidas (aunque crueles y antisociales) podrían servirnos hasta un cierto punto ya que la demanda interna no tendría un papel importante que jugar. Pero en España, el 70% del PIB depende de la demanda interna. Es decir, nuestra economía depende del consumo y de la oferta interior. Aumentar un impuesto regresivo como el IVA es contraproducente en todos los sentidos, por un lado es injusto desde el punto de vista social (perjudica más a los que menos tienen) y por el otro contrae la demanda y, por ende, la oferta interna. Generará más desempleo ya que muchos negocios no podrán soportar la subida sin deshacerse de algunos empleados (además de la pérdida de poder adquisitivo del resto, que dejarán de comprar). Es una medida pro-cíclica, que alimenta la recesión.

La supresión de la paga extra de Navidad para los funcionarios sigue la misma línea, reducirá la demanda interna ya que  éstos dispondrán de menos dinero. El dinero que se recaudará tanto del IVA como del ahorro de la paga extra será destinado a un mercado financiero ineficiente (esto lo repito siempre porque es de enorme importancia recordarlo, clicar en el enlace, no lo digo sin fundamentos), para intentar salvar a la banca alemana y francesa, muy expuestas a los riesgos del país.

No es que el dinero recaudado lo vaya a despilfarrar un gobierno que intrínsicamente sería ineficaz  sino que se destinará al pago de la deuda pública y a la reducción del déficit, que a causa del mismo rescate que impone estas condiciones aumentarán enormemente (aunque aparentemente parezca que nos hayamos librado de pagar los intereses continuaremos siendo el aval, además estas condiciones agravarán la situación económica destrozando todavía más la estructura productiva del país y la demanda interna).

El círculo vicioso de recortes-recesión-recortes-recesión sigue sin tener remedio, llevamos ya 2 años con estas políticas (ahora se acentúan, como queriendo demostrar todavía más la ignominia de los gestores que las implementan, ya que cualquiera puede constatar que no han servido sino para empeorar la situación) y nadie parece tener la voluntad de pararlas. Asistimos al nacimiento de la cleptocracia. No pueden ser tan imbéciles, si hacen todo esto es por buenas razones: las empresas del IBEX-35 suben el sueldo a sus consejeros un 4,4% (noticia del 11 de julio del 2012).

Por cierto, hay un tema que suele aparecer de forma constante en los medios de izquierdas y entre las personas pertenecientes a dicha sensibilidad que consiste en afirmar que debemos aprovechar este momento de crisis para empezar a aplicar políticas partidarias del decrecimiento. Ya que se está reduciendo el PIB a causa de la crisis podemos seguir en la misma línea para salvar el planeta. Entiendo que el decrecimiento debería ser compartido de igual modo por todos y que,implícitamente, implica una redistribución de la riqueza y el trabajo (cosa con la que estoy de acuerdo). Aun así, no perdamos el oremus, no caigamos tan fácilmente en la trampa. El PIB es simplemente el conjunto de transacciones realizadas en una econoía dada, no nos dice absolutamente nada sobre el tipo de consumo que se realiza. Por ejemplo, en los últimos 10 años en EEUU , aunque el PIB haya crecido la cantidad de energía requerida para ese aumento del PIB disminuye cada año de un 2%. Y esto es fácil de comprender, ultimamente han aumentado mucho las empresas destinadas a ofrecer servicios que no contaminan en absoluto al medio ambiente aunque aumenten el PIB, tales como clases de yoga, empresas de asistencia psicológica y de forma más general, la atención al público (estos son solo algunos ejemplos para comprender este fenómeno).  No hace falta recurrir de forma automática al decrecimiento, simplemente se puede reorientar el crecimiento hacia trabajos y servicios más intelectuales, culturales o del mismo fomento de energías renovables. Internet y las nuevas tecnologías ofrecen el marco perfecto para profundizar en todo esto.

¿Qué modelo universitario queremos?

Hace dos meses, el ministro de educación, cultura y deportes Wert abrió la caja de pandora de los precios univesitarios ofreciendo la posibilidad de aumentar las tasas hasta un 66%. Cada comunidad autónoma podrá decidir el aumento final, anteriormente el máximo permitido era un 7,5%. El principal argumento esgrimido por el ministro es que el estudiante paga tan sólo un 15% del coste total de su matrícula (aproximadamente unos 1000 euros de media) y debería, como mínimo, pagar el 25%. Se ha repetido hasta la saciedad este dato pero carece completamente de evidencia científica. En efecto, numerosos y rigurosos informes(como el realizado por el observatori del sistema universitari, clicar aquí para acceder al mismo) demuestran que el alumno ya paga, de media, entre el 19 y el 20% de la matrícula, lo que además es enorme comparado con el resto de países europeos. Cataluña es la comunidad en la cual la matrícula es la más cara, el estudiante llega a pagar el 25% del coste total de la misma. Siguiendo la argumentación de Wert deberían rebajar las tasas.

De entrada, podemos cuestionar tanto el hecho de que pagamos “sólo un 12-15%” así como el hecho de que se deba pagar un 25%. Pero hay mucho más. El siguiente gráfico nos brinda la posibilidad de comparar el precio de nuestra matrícula comparada con el resto de países europeos:

Obsérvese que numerosos países tienen una Universidad Pública de verdad, con un coste 0, sin repagos como en tantos otros. Del mismo modo, es significativo que aquellos países que tienen un coste elevado de la matrícula suelen disponer, al mismo tiempo, de numerosas ayudas (becas, transferencias etc…) cosa que no ocurre en España. Para más inri, en España se ha realizado una reforma del sistema de becas y el año que viene se recortará el dinero destinado a las mismas en un 11%.

Por otra parte y para volver al hilo inicial de esta entrada, Cataluña ha sido innovadora y el aumento de tasas se hará en función de la renta. Esto puede parecer muy atractivo y es normal, intuitivamente todos pensamos que los ricos no pagan nada. Además, la universidad está siendo, efectivamente, financiada a través de los impuestos de todos -especialmente de los trabajadores, que somos los que más impuestos pagamos- y son, exlusivamente, los privilegiados los que acceden a la misma. La mayoría de estudiantes universitarios son hijos de las clases altas o medias-altas por multitud de factores. Únicamente el 12% de los hijos de las familias de clases trabajadoras llegan a la universidad. Nos podemos dejar llevar por la aparente justicia que presenta esta medida. Pero esto no es así.

El gobierno de CiU -y de neoliberales y neoconservadores en general- ha bajado impuestos a las clases altas para subir los impuestos regresivos. ¿Por qué ahora corrige su filosofía amparándose en la justicia social subyacente al aumento de tasas por renta? Precisamente para eso, para evitar una medida progresista y de justicia social verdadera.

Aumentar las tasas en función de la renta opera como un subterfugio para eludir entrar en debates de calado. ¡Es a través de los impuestos que se impone la justicia social y no en los copagos! Los ricos deben pagar muchos más impuestos que el resto y, al mismo tiempo, tener un libre acceso a la universidad, sin la necesidad de tener que pagar ni un euro (ya hubieran financiado su parte a través del pago de sus impuestos más elevados). La corrección de la distribución desigual de las rentas se tiene que realizar en el IRPF, no en unas tasas universitarias o de otra índole. En el fondo, al anunciar esta medida, el gobierno de CiU nos está diciendo de forma implícita que nuestro sistema fiscal es injusto.

El debate va en realidad más allá. La derecha y el mundo anglosajón conciben la educación superior de una determinada manera: que los ricos paguen -a no ser que sean excelentes- y que los pobres reciban becas por excelencia (ganadas a través de la meritocracia).No es, en ningún caso, una concepción universal del servicio educativo. La educación es, en esta perspectiva, exclusiva, elitista. Esto genera numerosos problemas al nivel social, las externalidades positivas de la educación son inmensas (más cohesión social, más preparación etc) y se renuncia a ellas. Del mismo modo, se crean una serie de castas y divisiones insuperables además de vulnerar la igualdad de oportunidaddes (ya comenté en otro post las diferencias entre clases a la hora de acceder a la educación superior). Los ricos siempre podrán pagarse la educación superior y los pobres, sólo si son excelentes, podrán acceder a la misma.

La Universidad debe ser realmente pública, gratis, financiada a través de los impuestos de todos. Eliminar de esta forma las barreras económicas que impiden a las personas realizar sus proyectos personales de vida. Actualmente, sirve más como un puente hacia el mundo laboral, debe intentar buscar el justo equilibrio entre enseñar para que podamos desempeñar ciertas tareas laborales y hacer su papel de crítica, de vanguardia, de formación cívica, de lugar de encuentro y de fomento de las culturas.

A lo largo y ancho del planeta (Quebec, Chile, Australia..) se están realizando numerosas e importantes protestas en defensa de la educación pública, en todos los países se están adoptando las mismas medidas enmarcadas en la misma lógica. Es hora de luchar todxs juntxs por un modelo inclusivo y universal de uno de nuestros baluartes más importantes.

“Rescatados”, intervenidos

Hoy se ha hecho público, por fin hemos entrado en el selecto club de países “rescatados”, intervenidos.  Grecia, Irlanda, Portugal y ahora España. Se ha intentado edulcorar la nefasta noticia aduciendo que se trata de un rescate “financiero” (y no de país), aunque sea el mismo caso que el irlandés (también se ocultó la intervención al país a través del sector financiero). 100 000 millones para una banca incompetente y estafadora (casos clamorosos de CaixaBank y Bankia), el 10% de nuestro PIB.  El dinero no es gratis –en nuestro caso es Europa la que prestará 100 000 millones al Estado y éste deberá inyectarlos a través del FROB en las distintas entidades bancarias, seremos el aval de la banca–  y el Eurogrupo exigirá medidas específicas para aseguarse la devolución del mismo. Es simplemente escandoloso que tengamos que salvar a un sector que se ha estado lucrando a base de especulación (de cualquier tipo aunque sobre todo immobiliaria) y que nunca pensó en el ciudadano medio ni en sus propios clientes cuando la cosa le iba bien, un sector que se ha encargado de dilapidar al estado del bienestar y que ha atacado constantemente al pueblo y ahora exige que le saquemos del atolladero. Cuando deshaucian familias se escudan en “es lo que hay, te pasa por estirar más el brazo que la manga” o en las reglas del libre mercado capitalista. Cuando la cosa va mal tienen que ir a mendigar a papaíto Estado sin ningún tipo de pudor o vergüenza. Sin caer en la ingenuidad, tampoco sorprende que el Estado corporatista del siglo XXI acuda a la llamada de auxilio de sus coleguillas, los banqueros.

La semana que viene asistiremos a una humillante representación teatral en la cual aparecerán “nuestros” gobernantes (ahora más que nunca simples títeres o portavoces de los distintos organismos europeos e internacionales) diciéndonos que no es un rescate al país (sin embargo, será el Estado el que tendrá que devolver los 100 000 millones a Europa, nuestro nuevo acreedor, los intereses serán responsabilidad del estado, esto significa que si son del 3% cada año habrá que soltar 3 000 millones, lo que implica más deuda pública, se calcula que aumentará en 10 puntos, probablemente se traduzca en un déficit público más elevado) y que es estrictamente necesario, no hay alternativas. El prestar dinero público a los bancos es en sí mismo una gran estafa, ya que éstos, si lo devuelven, es al 1% mientras que el Estado ha tenido que financiarse para dar ese mismo dinero al banco a unos intereses del 6 y 7% en los mercados internacionales (por eso ha recurrido a Europa, pues no es tan caro). Ahora perderemos nuestra soberanía no solo materialmente, como ocurría antes, sino formalmente. Deberemos rendir cuentas ante Europa. ¿Qué significa esto?

Observando los antecedentes a nuestra intervención y a las exigencias de Angela Merkel lo que nos espera no es en absoluto alentador y está muy lejos de cualquier cosa denominada “rescate”. En efecto; subida del IVA del 18% actual hasta el 21%, recortes todavía más drásticos del gasto público (que incluirá, probablemente,  una reducción de sueldos a los funcionarios y puede que se abra la caja de Pandora con los despidos), prestaciones de desempleo (reducirlas y/o eliminarlas directamente) y pensiones (atrasar más la edad de jubilación y acelarar la reforma ya aprobada en el año 2011, además de congelarlas para este curso o incluso reducirlas). Tras 2 años de durísimos ajustes que no han servido más que para empeorar la ya delicada situación nos espera un negro futuro de más sacrificios. Todo ello sin parar el estremecedor círculo vicioso de recesión-recortes-recesión-recortes, no se ataca a la raíz del problema (se seguirá menguando el consumo de las clases medias y trabajadoras) y los de siempre pagamos los platos rotos de los culpables de esta crisis.

La evidencia del fracaso de las políticas de austeridad en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, Reino Unido y en nuestro propio país no serán óbice para que nos las sigan imponiendo. Es el proyecto de los poderes fácticos y de la derecha mediática (muchas veces confundidos), matar a la Europa social para que de sus cenizas pueda renacer una Europa neoliberal. Y esto se hará con la sangre y el sufrimiento de millones de europeos, suprimiendo las soberanías nacionales.

Es este un sistema en el cual se salvan bancos en vez de a personas. Bienvenida DEBTOCRACY.