Podemos y el 15M nunca fueron pareja, pese a compartir habitación

Artículo publicado en Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/blogs/fundaciondeloscomunes/podemos-y-15m-nunca-fueron-pareja-pese-compartir-habitacion.html

15m_indignadosbcn_1

Podemos: ¿Política de movimiento o movimiento reconvertido en forma-partido?

El artefacto Podemos no nació de una evolución natural o de una apuesta institucional del 15M. De hecho, jamás Podemos ha reclamado ser la expresión político-partidista del 15M. Como, de hecho, jamás en las asambleas del 15M se apostó por impulsar un partido o una candidatura que concurriera a unas elecciones de ningún tipo. La relación entre Podemos, los movimientos y la política del movimiento es compleja pero no intercambiable ni de sustitución. Aunque Podemos sea una modalidad más de ese gran terremoto que hizo que nada volviera a ser como antes, es deseable ydebemos celebrar que Podemos y el 15M nunca hayan sido lo mismo ni hayan perseguido lo mismo al tiempo que ambos forman parte de un mismo proceso de empoderamiento colectivo.

Podemos nació con la voluntad de transformar las movilizaciones sociales del ciclo 2010-2014 en mayorías políticas nuevas que permitan ese cambio por el que tanto llevamos luchando. Podemos no es un movimiento popular y ciudadano y habría que celebrar, parcialmente, que esto sea así. Podemos es un ariete que golpea con fuerza para derribar las puertas blindadas de las instituciones. Es un instrumento al servicio de la gente que busca asaltar al Estado por arriba mediante el uso de las reglas y procedimientos establecidos. Es decir, Podemos no es un fin para sí ni un movimiento hecho partido, sino que se introduce en las dinámicas institucionales y en campo de juego contrario para que el Estado y sus mecanismos se pongan a funcionar de manera y con efectos positivos para la vida cotidiana de la gente. Que se intervenga materialmente desde el Estado y sus instrumentos para producir efectos democráticos en nuestro país. Podemos hace política institucional a partir de las demandas de movimiento y eso conlleva sus riesgos y desventajas y sus aciertos y posibles victorias.

El 15M fue acontecimiento, primero irrupción y después movimiento popular masivo, desde abajo, que impugnó desde fuera y al mismo tiempo en sus entrañas, al régimen del 78. Plaza del Sol, Plaça Catalunya, son palancas multitudinarias de un proceso destituyente, de una profunda ruptura con la gramática política clásica y con las formas de funcionamiento en la política convencional. El 15M era irreductible e irrepresentable, su propio movimiento expansivo, abierto, no permitía el secuestro, ni la captura, ni el liderazgo a través de las estructuras clásicas, de partido y/o de sindicato. El 15M huía y se escapaba de cualquier intento de burocratización o institucionalización. No seguía una cadena de mando jerarquizada, anteponía y antepone el rizoma al árbol de Porfirio. Todas estas virtudes y elementos hacían del 15M un sujeto de vida propia, producción propia y no subsumible bajo otros dispositivos de control y encauzamiento o capitalización de tipo institucional o derivados (aquellos que buscan la acción institucional como los partidos).

Era un breve éxodo, una interrupción, una locomotora de la historia que ha sido detenida para reflexionar y generar un nuevo sentido común, un nuevo relato, una nueva concienciación. Multitudes atravesadas de contradicciones recuperaron espacios comunes generando una institucionalidad propia, al tiempo que se producía un gran proceso deliberativo colectivo. El emblema o consigna más simbólica del 15M fue el “no nos representan”. Es decir, se toca el punto más sensible de legitimación de un régimen liberal-democrático. La representación no sirve, se nos presenta como una impostura. Escisión y apertura y distanciamiento cada vez mayor y difícilmente recuperable entre la gente y las instituciones.

A raíz del 15M, hubo multitud de resignificaciones, redefiniciones, recombinaciones y modalidades, mutaciones y expresividades distintas del mismo movimiento popular, ciudadano, hacia adelante. La PAH, las mareas, las marchas de la dignidad, Gamonal, Can Vies e incluso la movilización soberanista en Catalunya son distintas reformulaciones, expresiones, intensidades y rearticulaciones de un movimiento profundo que estaba y está zarandeando al sistema de arriba abajo. Todas ellas apuntando a un mismo objetivo desde diferentes frentes. Si bien los movimientos sociales y los movimientos autónomos y populares suelen nacer siempre a raíz de una resistencia, a consecuencia de una agresión que exige de una respuesta defensiva y de autodefensa, las características en las que se suelen constituir –el apoyo mutuo, la solidaridad, la producción de relaciones sociales nuevas, de afectos, de espacios de encuentro afuera del dispositivo del mercado y de la institución estatal- permiten que, más adelante, se produzca siempre un movimiento propositivo productivo y constituyente.

El ejemplo más paradigmático de esto es la PAH y su maravillosa obra social la PAH(las acciones de ocupación de bloques nuevos en manos de bancos para realojo de familias desahuciadas). La PAH nace como víctima, afectada –lo lleva en su nombre- es decir, como resistencia a un poder abusivo y como mecanismo de defensa y protesta. Aun siendo constituida por los efectos de los poderes establecidos, la composición del movimiento, como tantos otros, permite siempre pasar de las acciones defensivas a las acciones productivas y que generan institucionalidad alternativa. Allí donde no llegaban los mecanismos de oferta y demanda de bienes inmuebles regulados bajo el dispositivo mercado y allí donde no llega la acción de las instituciones públicas para garantizar una vivienda digna, llega la PAH y la gente, un movimiento social con autonomía y autogestión para garantizar esa vivienda. Si todos los movimientos sociales y autónomos fueran capaces de generar esta institucionalidad alternativa de forma segura, consistente, estable y con capacidad de mantenerse en el tiempo, no haría falta ni Podemos ni el asalto institucional por arriba.

El movimiento del 15M -como tantos otros movimientos sociales y políticos- nunca aspiró a ocupar parcelas de poder institucional. En su impugnación y ruptura democrática radical iba aparejado el proyecto, aunque inconsciente, de constituir y desplegar en el cuerpo social todo lo necesario para poder producir esa institucionalidad que sobrepase y desborde a la institución establecida. No únicamente existía la voluntad explícita de presionar a las instituciones desde fuera para que éstas cambiaran, sino que hay la perspectiva de sustituirlas en el largo plazo.

Podemos no es un fin en sí mismo, como podría serlo o caer en ello el 15M y tantos otros movimientos populares interconectados y que siempre, para no ser esa agua estancada que siempre termina podrida, siguen fluyendo en continuas trayectorias, desplazándose y mutando. Podemos recoge la reflexión lanzada por el 15M y la traduce a nivel político-institucional, sin voluntad de suplantar ni de sustituir a éste. Podemos es una herramienta de asalto por arriba al Estado y se vale e introduce en las reglas para lograr conquistar un espacio de poder que nunca hemos tenido. Para poner a trabajar las instituciones para las mayorías sociales, es decir, para intervenir democráticamente desde el estado y, valiéndose de sus instrumentos hacia la sociedad y empoderarla en ese momento y a través de esos instrumentos. Aplicar e implementar una política del movimiento atreviéndose a salir a ganar y no a mantener una estructura de partido más.

Podemos supone la cristalización de lo que sería el ciclo de movilizaciones en una mayoría que actúa políticamente a través de las instituciones. Esto es producto de la falta de edificación sostenible de esa institucionalidad alternativa latente y que emergía del 15M y del resto de movimientos de este ciclo. Un agotamiento que provocaba efectos boomerang de frustración y bloqueo, con el peligro de descomposición social y encuentros que alimentan las pasiones tristes. Una terrible sensación de estar dándose de bruces contra un muro institucional infranqueable. Había que cambiar la estrategia popular sin perder todo lo conquistado en este periodo, que ya no daba más de sí. Y sin mancillarlo ni pretender subsumirlo o sustituirlo. Es en este contexto donde se siembra la estrategia populista de Mover Ficha.

La relación entre Podemos y los movimientos sociales debería responder a este doble esquema que responde a una doble estrategia. Desde abajo y desde arriba. El poder no está únicamente en el congreso, también está en la calle. El híbrido entre movimiento y partido dentro de Podemos adoptó la insuficiente forma del círculo, que carece de capacidad de decisión. Aunque la figura del círculo como punto de encuentro, deliberación y viralización es innovadora no acaba de contemplar ese espacio intermedio entre participar hacia afuera y el decidir en el adentro.

Sin embargo, a Podemos le falta todavía aprender algunas de las lecciones que se extrajeron del 15M y admitir que una máquina incorpórea es incapaz de luchar materialmente por un cambio profundo. Sofisticar y mejorar los mecanismos de participación y democracia sigue siendo necesario para ganar. La sed de democracia desde aquel 15 de mayo tiene repercusiones en todos los niveles, las personas también exigen que los partidos sean internamente democráticos. En el 15M había una fuerte crítica dirigida a toda la estructura de aparato de partido que generó amplios consensos y cuyo viento sopló con extremada fuerza en las sedes de los distintos partidos, que se quedaban acorralados e incrementaban su descrédito a pasos agigantados. Si se percibe desde fuera que hay verticalismo, el proyecto se daña. Y esto no tiene que ver con ser movimentista, ni con entender erróneamente como hacen ciertas corrientes internas que Podemos debe ser o es un movimiento asambleario reconvertido a partido político institucionalizado y parlamentario (como si fuese por “imperativo legal”). Ser un partido con mecanismos internos democráticos, garantistas y participativos es simplemente instalarse en la normalidad de funcionamiento institucional al que aspiramos, dentro de los límites de actuación que permite.

La brecha en el régimen sigue abierta. El ciclo de movilizaciones, intensas, duras, sacrificadas, trabajadas se va a cerrar el próximo 20D. El ciclo electoral ha cambiado la dinámica de las movilizaciones y mientras una aumenta la otra disminuye. Hubo un punto de intersección, durante las marchas de la dignidad en las que Podemos, ya como partido, formó parte activa. Tras eso, llegaron las europeas y la entrada de lleno en el ciclo de contiendas y movilización electorales.

Por la rendija de la otra ventana, asoman la mirada los soldados del IBEX y sus candidatos. Nos quedan pocos cartuchos y existe una amenaza real de fin de ciclo con un cierre de clase nacional-identitario pactado entre las elites catalanas y españolas. En este sentido, las posibles confluencias por las diferentes autonomías deben servir comoaire fresco y como síntesis y equilibrio para el encuentro entre más actores, más gente y más complicidades, trabajando la corporalidad democrática de la herramienta sin perder la eficacia y teniendo los objetivos y los medios bien definidos. Es la hora de recuperar la centralidad del tablero desde la ruptura democrática y la apertura de un proceso constituyente.

Anuncios

La razón populista contra el racionalismo liberal-burgués

podemos

Escribo este artículo a colación del recientemente publicado ¿Qué es realmente el populismo? del compañero Albert Borras. Aprovecho así también para publicar mi primer artículo sobre el nuevo movimiento con capacidad de generar brechas definitivas en el régimen.

Si Albert ha escogido una perspectiva analítica, descriptiva y explicativa del concepto de populismo, yo escogeré una perspectiva política del mismo.

Muy en boga en los medios de comunicación masivos y en las elites políticas y empresariales de nuestro país para intentar desprestigiar a Podemos, el denostado populismo parece volver a la orden del día. Se ha hablado mucho del populismo de extrema derecha en Europa y ahora parece que los vientos políticos del populismo de izquierdas de América Latina soplan con fuerza en nuestro territorio.

¿Por qué se critica tanto al populismo? Como bien explica Albert, se le suele equiparar a la demagogia (=ganarse apoyos políticos a través de favores al pueblo) pero tiene, evidentemente, un componente muy distinto. Hay algo común a los populismos de extrema derecha y de extrema izquierda que suele pasarse por alto: ambos nacen de las pasiones políticas del “pueblo”. ¿A qué se ha opuesto tradicionalmente las pasiones? A la razón, y, más concretamente, a la razón científica y burguesa nacida de la Iluminación francesa. El debate de pasión/razón o racionalidad versus irracionalidad hace tiempo que fue superado pero todavía sufrimos sus impactos. Si se critica tanto al populismo desde las elites financieras y políticas de nuestro país es por una estructura de pensamiento que viene de lejos: las pasiones serían lo “más bajo” del ser humano y la razón sería lo más elevado, casi la esencia misma de la condición humana, aquello que nos distinguiría de las “bestias”, de los animales. Para mí, uno de los ensayos más abyectos que refleja con claridad este pensamiento es Psicología de masas de Le Bon. Las masas siempre se han asimilado a la irracionalidad y a las pasiones políticas bajas. A ello siempre se ha opuesto una elite de privilegiados, una elite de personas que se posicionarán por encima de la muchedumbre y que se creerán los poseedores de la Verdad y de la Razón, siempre alejados y forzosamente independientes de las multitudes. Y que, por ello, se erigen como nuestros soberanos y como nuestros gobernantes (y yo añado, para controlarnos).

Cuando leemos e interpretamos la sociedad siguiendo el esquema clásico y moderno de un pueblo inculto, pasional, bajo contra/opuesto a una elite racional, “meritocrática” y separada de las multitudes nos encontremos con el núcleo duro del debate que ahora mismo tenemos en torno a los populismos. Es el esquema mismo de la soberanía moderna que también encontremos en los análisis de nuestra propia psique (la voluntad de que nuestra “conciencia”, nuestra conciencia “racional” sea soberana sobre el cuerpo, sobre nuestras decisiones, sobre nuestros “instintos” a los que se opondría).

¿Qué tiene de fascinante el Frente Nacional? ¿Por qué tiene tanta fuerza entre las clases trabajadoras francesas? La argumentación convencional para explicar estos fenómenos es: “a problemas complejos se ofrecen soluciones sencillas y milagrosas”. Tenemos que rehuir de este tipo de explicaciones por dos razones que, en mi opinión, refuerzan la estructura de dominación vigente.

Primera razón: Al afirmar que se convence a la gente con cosas sencillas frente a problemas complejos se está afirmando, implícitamente, que la gente es imbécil y que no es capaz, por si sola, de comprender este mundo y lo que ella misma sufre. Es decir, estás diciendo que tú, como buen iluminado, eres más listo que el resto y que deberíamos dejar el espacio de decisiones políticas a tecnócratas que sí que comprenderían la complejidad de nuestro mundo. Esto es un paternalismo de derechas muy clásico, que se utilizó como argumento para prohibir votar a pobres, afroamericanos, mujeres y niños durante los siglos XIX, XX y XXI

Segunda razón: Cuando la sabiduría convencional afirma que “a problemas complicados, soluciones sencillas” está afirmando más su propio marco de análisis que no la idea que está transmitiendo. Este marco sigue siendo el de la racionalidad burguesa: hago una observación de la realidad, yo siendo un elemento externo a ella, y puedo clasificar, describir, ciertos problemas. Se reproduce así la ilusoria posición del observador que observa sin influir en el propio proceso (idea que la física cuántica ya desmintió).

Las personas sufrimos en nuestras carnes los efectos y las opresiones de este sistema. Nadie tiene que venir a decirnos como o cuanto de oprimidos estamos, es una cosa que ya sabemos. Si el Frente Nacional ha ganado unas elecciones no es porque ofrezca soluciones, tiene que ver con una racionalidad política distinta que parte del propio demos, de la propia gente, aunque en este caso tenga un carácter de descomposición social. Marine Le Pen hace una cosa a la que no nos tienen acostumbrados el resto de políticos: habla con pasión. Habla como muchos hablamos en nuestras calles y barrios. Es agresiva. Muchas personas de las clases populares se pueden sentir identificadas con ella pues utiliza las mismas expresiones, la misma fuerza pasional que ya existe en las calles. Esto no es ni malo ni bueno per se, tiene un componente muy trasgresor, que es el de combatir el racionalismo burgués, ese falso juego de intereses y personas universitarias y bien domesticadas que se sentarían alrededor de una mesa a debatir sobre los males de mundo mientras dan sorbos a sus tacitas de café o té caliente.

Sea cual fuere la procedencia social de Marine Le Pen es indiferente, se enuncia y habla como se habla en las clases populares, al tiempo que genera un nuevo marco de opresión. Y por ello es un peligro, por ello tiene fuerza y por esas razones en Francia van a tener un enorme problema. Pocas personas, y menos aún en el ámbito político, parecen reconocerle a Le Pen que tiene el mérito de haber creado un lazo aterrador con las clases populares, medias y altas de Francia. Siempre se la ataca desde una posición de elitismo liberal en vez de reconocerla como una adversaria, como un partido y unas ideas que van de igual a igual. No debemos ponernos jerárquicamente o intelectualmente por encima de Marine, porque volvemos a caer en el juego y en el terreno del parlamentarismo liberal, debemos combatirla desde las clases populares y oprimidas. Es una amenaza real, una amenaza que reside en las pasiones tristes (en el sentido spinozista) de la multitud.

Podemos, por su lado, va mucho más allá que eso. No hace una exaltación pasional de los trapos y de un odio hacia las minorías sociales. Podemos crea y se realiza mediante una racionalidad populista, una racionalidad que surge del demos, de las multitudes. Si el Frente Nacional se queda en el populismo del pueblo moderno -de UN pueblo, con UNA idea, que toma UNA decisión, que está cerrado y limitado en sí mismo, que crea una separación entre su pueblo y el resto de pueblos- Podemos abre al pueblo para que devenga multitud, para que no haya repliegues soberanos, para que se tomen muchas decisiones y surjan muchas racionalidades. Además de ello, refuerza las pasiones alegres, generando composición social y aumento de potencia colectiva.

El populismo del Frente Nacional aspira a volver a hacer de los muchos una unidad estatal primera, pre-conflictual (pre-lucha de clases constitutiva del orden capitalista). En cambio, como asegura Paolo Virno en Gramática de la multitud:  “la multitud está surcada por antagonismos, no puede ser nunca una unidad. Los muchos subsisten como muchos sin aspirar a la unidad estatal”.

Canalizar e intentar recluir las pasiones de las multitudes hacia un juego de intereses liberal y burocrático es un burdo intento de las elites para poder gestionar y subyugarnos con el subterfugio de la Razón burguesa (cartesiana, iluminista, elitista). Para que todo pueda volverse identificable y se pueda fijar, para que todo entre en sus reglas, para que sean ellos los que determinan esas reglas y para los que puedan utilizarlas sin cambiarlas los que sigan decidiendo desde arriba como gobernarnos. Es una actualización de la Idea platónica. Razón y pasión están siempre encadenadas y yuxtapuestas. El problema no es nunca qué es racional o qué es irracional sino quién determina lo que es racional o irracional y en vistas a qué objetivos o en vistas a justificar qué estructura social.

Nosotros, los ciudadanos, las multitudes, generamos razón política desde abajo, una nueva “razón” alejada de los habituales mecanismos de represión libidinal. Nos separamos de los viejos ejes: razón/pasión, racional/irracional, izquierda/derecha. Queremos constituir un nuevo mundo de los comunes y por ello también realizamos y continuamos la pertinente crítica a aquellas estructuras que arbitrariamente se erigen por encima de nosotros, sean reyes y monarquías absolutas que se realizaban por razón divina, o sea por un posicionamiento jerárquico de un tipo determinado de Razón, de razón pura que impone una falsa dicotomía entre razón y pasión pero que en verdad sigue siendo su razón burguesa contra nuestra razón del pueblo, de las multitudes.

Contra la teoría de la conspiración

Proliferan en internet multitud de blogs que difunden y promueven la llamada ” teoría de la conspiración”. Son variopintos y contradictorios entre sí. Las conspiraciones suelen ir desde un gobierno de humanos-sionistas-francmasones en la sombra que lo dominaría todo hasta el hecho de que haya un grupo de extraterrestres -Annunakis- que adoptan forma humana y que, a su vez, también lo dominaría todo en la sombra (teorías del nuevo orden mundial en general).

mason

Imagen que reúne todas las conspiraciones en una: illuminati, nuevo orden mundial, masonería, judaísmo, sionismo, banqueros con la característica unificación e interpretación de los signos y símbolos hacia un determinado fin.

En la política hay y se producen tramas complotistas. Desde la conspiración de Bruto contra Julio César hasta el asesinato de Kennedy o incluso el siempre extraño suceso del 11 de septiembre (sobre todo por lo del Pentágono), encontramos sucesos históricos que están siempre envueltos en tramas secretas y de dudosas finalidades. Ahora bien, de conspiraciones concretas y específicas en momentos dados* a hacer un todo conspiranoico coherente hay un trecho, y es un trecho enorme. Las implicaciones de creer en La Gran Trama, el gran relato de la conspiración mundial son tremendas. Nadie olvida que la antesala de cualquier fascismo es siempre la creencia en una determinada conspiración (los nazis se basaron enormemente en la conspiración judía mundial para promocionarse y para justificar la eliminación de los judíos en su totalidad). Los regímenes totalitarios y autoritarios siempre indexan sus políticas en base a una conspiración, los estalinistas hablaban de la conspiración troskysta-contrarrevolucionaria, los franquistas en la de la judeo-masonería y los nazis, como ya he comentado, en el judío. También en nuestras “democracias” pequeño-burguesas y liberales vuelven de vez en cuando los relatos conspiranoicos: en Estados Unidos la del yihadista internacional, en España, la de la extrema izquierda que quiere reventar el país (aunque no es algo tan sistemático y mediatizado y público como en los casos de otro tipo de regimenes).

En el mundo de los blogs hay tres o cuatro que parecen ser los referentes en cuanto a teoría de la conspiración: Despertares, la revolución pacífica, Mundo desconocido , Rafapal, Todo está relacionado. Clicando sobre los nombres podréis acceder a los blogs. Me baso en el número de visitas para catalogizarlos como “referentes”, al tener varios millones cada uno de ellos así como numerosas referencias y enlaces en google he pensado que puede que sean de los más importantes. Es curioso que incluso entre los autores de esos blogs se acusen de ser agentes de la conspiración los unos a los otros. Es curioso, pero no es un azar: siendo la teoría de la conspiración un todo unificado coherente, un mínimo desvío sobre la misma te va a llevar a ser cómplice y partícipe de la conspiración global. También está el tema de la competición entre los blogs, la teoría de la conspiración no deja de ser un suculento negocio (los libros y conferencias se pagan, y se pagan “generosamente”).

Me gusta y leo todo aquel pensamiento que sea disidente, así como todo aquel pensamiento que sea original. Si algo tiene la conspiración son elementos de ambos tipos de pensamiento, aunque sea para, más tarde, hacer repliegues fascistas.

La conspiración tiene, de todos modos, un claro elemento de desmotivación y de imposibilidad fáctica de cambiar las cosas. Por ello, es en sí misma contra-revolucionaria (no es de extrañar que ataquen duramente todo movimiento revolucionario, sea del color y característica que sea, pues acabará, para ellos, formando parte de la conspiración global). Muy pocas fallas y grietas encontraremos en el gobierno mundial en la sombra, parece que al final lo único que podemos hacer sería saber que existe tal trama y ya está. De hecho, todo autor de blog conspiranoico se erige como un iluminado que ha descubierto el “detrás de las cosas”, el “detrás de las apariencias”, siguiendo esquemas hegelianos en ese sentido (la esencia escondida detrás de la apariencia). Una vez descubiertas esas cosas, poco más se puede hacer. Es normal, el grupo secreto, la elite mundial, los annunakis, los judíos, los masones, los illuminati son omnipresentes y omnipotentes. Lo saben todo, se avanzan a las jugadas y están en un constante trabajo de financiar tanto al sistema imperante actual como a sus detractores (es paradigmático, en este sentido, una entrada que leí y en la cual comenté de un blog que se llama Conspiracionista: durrutista y sionista, en la que a todo intelectual de izquierdas se le acusaba de ser agente de la conspiración internacional –Click aquí para acceder-).

Resistencia

Esta imagen de llamada a la lucha anti NWO es clarificadora ante la forma en la que deberíamos enfrentarnos a la conspiración: conocimiento, justicia, libertad. Recogiendo la mítica frase de Jesucristo “la verdad os hará libres”, aquí vemos como es el conocimiento el que parece que es uno de los tres pilares básicos para resistir al nuevo orden mundial. Por lo tanto, tenemos que hay UNA verdad, una y única. Segundo: tenemos que conocerla y reconocerla y despertar la conciencia (como si la conciencia fuera soberana sobre el cuerpo y demás, esquema cartesiano clásico). Tercero: ¿Qué conocimiento? Parece monopolizado por un grupo.

La construcción teórica en la que se basa un conspiranoico es teológica, en épocas de secularización absoluta (tanto de las ideas religiosas clásicas propiamente como de los metarrelatos modernos -comunismo, iluminismo, racionalismo, nacionalismo etc etc) no es sorprendente que aparezcan nuevas formas de re-significación religiosa para aproximarse a nuestro mundo. La teoría de la conspiración establece una estrecha relación con todo lo New Age. Intenta así llenar el vacío dejado por la muerte de Dios. Hay campos de fuerzas buenas y malas opuestas y en constante lucha, somos todos humanos y estamos gobernados, dominados y oprimidos por una entidad de carácter diabólica y todopoderosa (annunakis, elites capitalistas, judíos..). La moralidad es un elemento imprescindible de todo conspiranoico, cada cosa que ocurra en el mundo es interpretada siguiendo el patrón de algo que sería ya ideado, concebido, planificado en un secreto despacho por personas que son directamente los agentes del Diablo. Malos per se. En esos blogs nunca se hacen análisis estructurales de las cosas que pasan, siempre se basan en voluntades (buenas o malas). De ahí que también tengan que basar su supuesta lucha en un “despertar” generalizado de conciencias. Desde este punto de vista, pues, la teoría de la conspiración es estratégicamente inoperante y falaciosa. Pero todavía más, siempre refuerza a los poderes establecidos.

Escribe Zizek en El acoso de las fantasías que “La teoría de la conspiración proporciona una garantía de que el campo del gran Otro no es una inconsistente fachada: su premisa básica es que, detrás del Amo público (quién es, desde luego, un impostor) hay un Amo oculto que mantiene, efectivamente, todo bajo control. Los regímenes totalitarios eran particularmente hábiles para cultivar el mito de un poder secreto paralelo, invisible, y, por esta razón, todopoderoso, una especie de organización dentro de la organización –KGB, francmasones o lo que sea- que compensaba la absoluta ineficiencia del poder público legal y así aseguraban el suave funcionamiento de la maquinaria social: este mito no sólo no es en ningún modo subversivo, sino que funciona como el máximo apoyo del Poder. Su perfecta contraparte americana –el mito de Edgar Hoover- la personificación del “otro poder” obsceno detrás del presidente el sombrío doble del poder legítimo. Se aferró al poder mediante archivos secretos que le permitían mantener controlada a toda la elite política y del poder, mientras él mismo se permitía regularmente orgías homosexuales, vestidos de mujer.” En este pasaje tenemos varias claves para observar como toda teoría de la conspiración trabaja para reforzar al poder establecido. Aunque no se den cuenta, los conspiranoicos están presuponiendo que el poder es unitario y absoluto y que, por ello, la forma en la que se nos presenta mundanamente (que suele ser con brechas, fisuras y contradicciones) no puede sino más que ser una grosera representación de lo que realmente hay detrás. Detrás está todo siempre atado y bien atado. Es el detrás del “gran otro” público (que ya sabemos que es un vacío), siempre tienen que haber grandes otros detrás del gran otro para no vernos abocados ante una angustia vital y constitutiva. De ahí que muchos se congratulen y parecen estar ya satisfechos con el mero hecho de “saber” (de saber que hay esa trama de conspiración, ese grupo secreto detrás). Hay un funcionamiento perverso en este punto, hay una tranquilidad espiritual al saber que sabemos (aunque no podamos hacer nada ante ello, más que “despertar la conciencia”).

Desde otra perspectiva, la conspiración también es extremadamente peligrosa. En efecto, ¿Qué presupone un conspiranoico para dar coherencia interna a su pensamiento? Presupone la univocidad de los hechos, actividades, fenómenos que ocurren a nivel físico y político; todo va encaminado y está enmarcado en una única dirección. De diversos y múltiples hechos internacionales y sectoriales hace un reduccionismo unitario para salvar el relato de la modernidad. ¿De qué es enemigo el conspiranoico? De la multiplicidad irreductible. Todo tiene que tender hacia un único punto fijado hacia arriba. Todo tiende hacia una única y diábolica mente posicionada arriba de nosotros. Una única mente, que puede ser representada en un único grupo de personas o extraterrestres, que todo lo decide. Es la estructura clásica de la soberanía moderna. Todo tiende hacia arriba, hacia arriba van todos los puntos irreconciliables del poder. No es posible que haya multitud de poderes desplegados horizontalmente por toda la sociedad (a los que se opone una multitud de resistencias) sino que todo debe tener hacia un uno arriba orgánico y coherente.

Si estudiamos conspiraciones concretas encontraremos siempre unos patrones y unas pautas muy similares. La conspiración clásica en el capitalismo es la de los judíos y la banca internacional. Conspiración que empezó, aunque no explícitamente, con las teorías de Proudhon sobre el dinero. Ya escribrí un post hablando sobre la misma, retomando la polémica entre Marx y Proudhon sobre este asunto (click para acceder).  Muchas veces, por no decir todas, lo que hacen los conspiranoicos es coger al capitalismo en sus formas epifenoménicas y no en su sustancia. De esta forma, realizan análisis del capitalismo en base a algunos de sus manifestaciones más fetichizadas lo que les lleva, al mismo tiempo, a poder establecer voluntades particulares detrás de esas mismas manifestaciones.

¿En qué medida la conspiración trabaja para el fascismo 2.0? Aunque tradicionalmente ya lo hacía, el patrón actual sigue siendo el mismo. En un sistema donde los antagonismos sociales y las distintas luchas están a la luz del día, además de ser un sistema en el que hay una desintegración social progresiva fruto de múltplies y caóticos problemas no reducibles los unos a los otros, lo que buscaba y sigue buscando el fascismo es la vuelta a un atrás orgánico en el que reinaba una supuesta paz social. De multitud de problemas, una vez más, se hace una reducción al uno y se materializa dicha reducción en algún ente particular, causa, origen de todos nuestros problemas (el judío, el inmigrante, el sionismo internacional, el masón etc etc).

No sorprende que la mayoría de conspiracionistas sean luego reconocidos militantes e integrantes de la extrema derecha. Todo el esquema de aproximación a la realidad política y social es teológica y bastante tradicional, por muy extravagantes que nos puedan parecer sus teorías. En sus alternativas al sistema capitalista, por ejemplo, lo que suelen promover es una intensificación del libre mercado (muchos son anarco-capitalistas o ultra-liberales). Tienen algunos problemas en este sentido pues no son abiertamente fascistas y muchas veces se declaran enemigos del estado, aunque les sirvan de apoyo al mismo.

La lógica de la conspiración siempre ha funcionado como núcleo duro para salvaguardar a los Estados de amenazas internas y externas. Del mismo modo, ha funcionado para justificar las aperturas de la excepción. Se pueden coger por la derecha o por la izquierda. Del mismo modo, los relatos de la conspiración están ahí y hay conspiraciones varias en nuestro día a día. El problema es siempre el querer hacer reducciones, el querer buscar los hilos que unen a todas ellas como si hubiera una gran mente omnipresente, omnipotente detrás de ellas. La casualidad no puede existir para un conspiranoico. El conspiranoico sigue siendo un racionalista y un clásico, una reconversión, una nueva modalidad del iluminado.

 *Y en este momento no puedo sino recordar lo que escribía Baudrillard en Cultura Y Simulacro sobre la precesión de los modelos y del simulacro. Es una corriente teórica específica, no me da tiempo en este post ni este espacio a entrar a discutirlo profundamente. Lo que viene a decir es que cuando el objeto y la realidad desaparecen nos encontramos ante la hiperrealidad (para intentar salvar el principio de realidad) y la simulación constante que es tangente al vacío, al agujero negro, de “lo real”. Esto tiene implicaciones específicas sobre los “hechos históricos” pues no existirían de forma “objetiva” y todos los relatos que se versarían sobre los mismos serían verdaderos y falsos al mismo tiempo. Reflexiona Baudrillard:

“Precesión del simulacro y de los modelos: Un atentado en Italia, por ejemplo, ¿Es obra de la extrema izquierda, provocación de la extrema derecha o un montaje centrista para desprestigiar los extremismos terroristas y reafirmarse en el poder? Más aún, ¿se trata de una farsa policíaca, de un chantaje a la seguridad pública? Todo ello es verdadero al mismo tiempo y la búsqueda de pruebas, es decir, la objetividad de los hechos, no es capaz de detener semejante vértigo interpretativo. La cuestión es que nos hallamos en medio de una lógica de la simulación que no tiene ya nada que ver con una lógica de los hechos. La simulación se caracteriza por la precesión del modelo, de todos los modelos, sobre el más mínimo de los hechos-la presencia del modelo es anterior y su circulación orbital, como la de la bomba, constituye el verdadero campo magnético del suceso. Los hechos no tienen ya su propia trayectoria, sino que nacen en la intersección de los modelos y un solo hecho puede ser engendrado por todos los modelos a la vez.”

El ajedrez y el Go desde los marcos teóricos

He sido y sigo siendo un aficionado al juego/deporte del ajedrez. Desde hace poco tiempo descubrí el go a raíz de un amigo y de la lectura de Gilles Deleuze y Felix Guattari (juego que oponían al ajedrez, éste último siendo un juego de Estado así como una semiología y el go una especie de “máquina de guerra”, un campo estratégico abierto). Las reflexiones que Deleuze y Guattari versan sobre ambos juegos nos sirven para visualizar con claridad como funcionan dos formas de concebir tanto el mundo como el campo filosófico y político. Las propiedades, reglas y formas de pensar que implica el jugar a uno u otro juego imponen marcos específicos y son buenos ejemplos de formas de funcionar de un Estado (ajedrez) -como aparato de captura y guerra codificada- así como de una máquina de guerra (go). Os dejo lo que escribieron Gilles Deleuze y Guattari en Capitalismo y esquizofrenia : Mil Mesetas (páginas 360-361)

ajedreztablero30483    índice

“El ajedrez es un juego de Estado de corte, el emperador de China lo practicaba. Las piezas del ajedrez están codificadas, tienen una naturaleza interna o propiedades intrínsecas, de las que derivan sus movimientos, sus posiciones, sus enfrentamientos. Están cualificadas, el caballo siempre es un caballo, el alfil un alfil, el peón un peón. Cada una es como un sujeto de enunciado dotado de un poder relativo, y esos poderes relativos se combinan en un sujeto de enunciación, el propio jugador de ajedrez o la forma de interioridad del juego. Los peones del go, por el contratio, son bolas, fichas, simples unidades aritméticas cuya única función es anónima, colectiva o de tercera persona. El avanza, puede ser un hombre, una mujer, una pulga o un elefante. Los peones del go son los elementos de un agenciamiento maquínico no subjetivado, sin propiedades intrínsecas, sino únicamente de situación. En su medio de interioridad, las piezas del ajedrez mantienen relaciones biunívocas entre sí y con las del adversario sus funciones son estructurales. Un peón del go, por el contrario, sólo tiene un medio de exterioridad o relaciones extrínsecas con nebulosas, constelaciones, según las cuales desempeña funciones de inserción o de situación, como bordear, rodear, romper. Un solo peón de go puede aniquilar sincrónicamente toda una constelación, mientras que una pieza de ajedrez no puede hacerlo (o sólo puede hacerlo diacrónicamente). El ajedrez es claramente una guerra, pero una guerra institucionalizada, regulada, codificada, con un frente, una retaguardia de batallas.

Lo propio del go, por el contrario, es una guerra sin línea de combate, sin enfrentamiento y retarguardia, en último extremo sin batalla, pura estrategia, mientras que el ajedrez es una semiología. Por último, no se trata del mismo espacio, en el caso del ajedrez se trata de distribuir un espacio cerrado, así pues, de ir de un punto a otro, de ocupar un máximo de casillas con un mínimo de piezas. En el go, se trata de distribuirse en un espacio abierto, de ocupar el espacio, de conservar la posibilidad de surgir en cualquier punto: el movimiento ya no va de un punto a otro, sino que deviene perpetuo, sin meta ni destino ni salida ni llegada. Espacio liso* del go frente a polis. Nomos del go frente a Estado del ajedrez. nomos frente a polis. Pues el ajedrez codifica y descodifica el espacio mientras que el go procede de otra forma, lo territorializa y desterritorializa (convertir el exterior en un territorio en el espacio, consolidar ese territorio mediante la construcción de un segundo territorio, adyacente desterritorializar al enemigo mediante ruptura interna de su territorio, desterritorializarse uno mismo renunciando, yendo a otra parte). Otra justicia, otro movimiento, otro espacio tiempo.”

*Espacio liso, vectorial, proyectivo o topológico.  Se diferencia de un espacio estriado (métrico): en un caso se ocupa un espacio sin medirlo y en el otro se mide para ocuparlo

No es de extrañar que el ensayo milenario que más se acerca a la conceptualización del ajedrez sea El Arte de la guerra de Sun Tzu. Guerra completamente institucionalizada, tácticas y estrategias de contención. El ajedrez reproduce la estructura del árbol arborescente, la lógica no deja de ser la de matar (“jaque mate”) y hay un punto estable, órganico, de comienzo, inicial así como un punto final. El go es rizoma, hay una tabla rasa de horizontalidad y heterogeneidad sin echar ni raíces ni ramificaciones que pudieran establecer órganos estables de gobierno (lo propio del Estado frente a las sociedades primitivas por ejemplo).

El aparato de Estado estratifica, organiza, distribuye en base a sistemas y circuitos cerrados, crea órganos estables para conservarse y conservar las relaciones de poder, codifica, disciplina. Establece jerarquías en base a unidades, a reducciones unitarias hacia arriba (un gobierno-una decisión) tiene miedo de la multiplicidad, de lo heterogéneo, de lo que nunca podrá ser soberano -la multitud- pero sólo gobernado. Es también aparato de captura (a través de los impuestos). Nada más aproximado en el framing a ello que el ajedrez.

A la reflexión teórico-filosófica podríamos añadir la que hizo Edgar Allan Poe en los crímenes de la calle morgue porque son pertinentes y pueden complementar esta visión sobre el aparato de Estado. Escribe Poe:

“Por tanto aprovecharé la oportunidad para asegurar que los poderes más altos de la inteligencia reflexiva se aplican más claramente y con más utilidad en el poco ostentoso juego de damas, más que en la elaborada frivolidad del ajedrez. En este último, en que las piezas tienen movimientos diferentes y extraños, con valores diversos y variables, lo cual lo hace sólo más complejo se malinterpreta como algo profundo (lo que es un error bastante común). Aquí juega un papel importantísimo la atención. Si se pierde por un momento, se comete un descuido que resulta perjuicio o derrota. Como los movimientos posibles no son sólo múltiples, sino además complicados, las probabilidades de descuido se multiplican, y en nueve de cada diez casos, gana el que más se concentra y no el más agudo. Por el contrario, en las damas, donde los movimientos son únicos y existen pocas variaciones, las probabilidades de inadvertencia disminuyen, lo cual deja a un lado la simple atención y las ventajas obtenidas por cada uno provienen de una perspicacia superior.”

Dejando de lado la diatriba sobre inteligencias superiores o inferiores, es muy interesante la intuición de Poe sobre el ajedrez que aquí se manifiesta en un posicionamiento estratégico en contra de éste. Podemos leer este famoso pasaje como un ataque frontal y directo a la estructura del ajedrez (complejo ¿acaso no nos viene a la imagen lo complejo de la burocracia estatal? dónde hay que estar muy concentrado para no confundirse de papeles, de formalidades etcétera) que es análoga a la estructura de un aparato de Estado. En una época donde se celebraba y propugnaba la superiodad del ajedrez sobre el resto de juegos del mundo, Poe hace una clara apuesta y combate desde la perspectiva dominante la realmente “baja inteligencia” que exige el ajedrez. Se pone en la perspectiva dominante de inteligencias en un juego y desde esa posición crítica al ajedrez. Lo contrapone a las damas, que no funcionan igual que el GO ni de lejos, pero que tiene alguna similitud (aunque haya jerarquías entre las piezas y no hay espacios abiertos). Ingenio de las damas contra la exigencia de concentración del aparato del Estado. Tablas rasas de ingenio frente a estratificaciones orgánicas de la “inteligencia”.

El ajedrez es visto como una “frivolidad”. Una frivolidad que estratifica y organiza la inteligencia, como se organiza en sus reglas y su propio tablero. No deja espacios al ingenio creativo, sino más bien a la concentración y atención de los movimientos, siempre comlejos, del contrincante.

Estado de excepción y revolución democrática

El pasado jueves 11 de julio, el PP le rindió su particular homenaje a Giorgio Agamben convalidando el decreto ómnibus que modifica de un plumazo 26 leyes en vigor.  Al aprobar esta Ley, el PP se ha ahorrado el debate sectorializado en las Cortes de cada una de las modificaciones propuestas y efectuadas. Este singular hecho unido a la Ley Mordaza recientemente aprobada (la ley que criminaliza y castiga a toda manfiestación democrática, hasta el hecho de hacer fotos a policías que estuvieran excediéndose en sus labores represivas podrá ser considerado delito) nos confirman que vivimos en un estado de excepción permanente.

Agamben

Giorgio Agamben

Recogiendo la idea lanzada por Walter Benjamin en Para una crítica de la violencia, Agamben asegura que la figura del Estado de exepción es el nomos del estado moderno y que éste estado de excepción siempre acaba siendo la regla. Agamben argumenta que las medidas de excepción suelen permanecer una vez pasada la denominada arbitrariamente situación de exepción. En su ensayo Homo Sacer II: El Estado de excepción, Agamben recopila todas aquellas veces en que los distintos estados de occidente han declarado el Estado de excepción y como los decretos que se iban aprobando durante el transcurso de los mismos se iban manteniendo a lo largo del tiempo. La forma de gobernar cuando se declara el Estado de excepción es siempre el decreto-ley. Siempre ha sido sorprendente como un Estado de Derecho se guarda para sí la posibilidad de suspender el Derecho -en nombre del propio Derecho- para poder aplicar y desplegar toda aquella medida y toda creación jurídica que escape a la normativa vigente. Agamben recuerda siempre -y es un hecho notorio que no podemos olvidar- que Hitler nunca rompió con la república de weimar. Técnicamente, el estado nazi fue un Estado de excepción que duró 12 años. Todas las leyes que el partido nacional-socialista fue aplicando se amparaban en la constitución de Weimar, siempre bajo el paraguas de las medidas excepcionales, de la aplicación extensiva e intensiva del estado de excepción.

El estado de excepción es siempre el resultado de una situación contradictoria: tenemos una exclusión integrada que genera un nuevo espacio que no existía en la normalidad. La norma se desustancializa.  Es interesante el reflexionar sobre esta noción de estado de excepción (muy pocas veces lo hacemos) y como el actual gobierno del PP gobierna en base al mismo. Habitualmente, el estado de excepción se declara cuando el Estado teme por su propia supervivencia, sea por una amenaza exterior (la guerra, el terrorismo) o sea por una amenaza interior (insurrección armada). La figura del estado de excpeción es muy contradictoria pues es muy complicado el saber determinar cuando un estado está realmente amenazado y cuando no lo está. La declaración de la urgencia, estado de sitio o estado de excepción siempre se debe a una contingencia y a una valoración de la misma realizada por el gobierno en cuestión, siempre de forma política y subjetiva. Y lo que pasa siempre es que nos encontramos ante un juez que al mismo tiempo es parte. Pues quién declara el Estado de excepción es aquel que lo va a aplicar (el gobierno). Las consecuencias no son irrisorias: no olvidemos que el estado de excepción suspende la legalidad, los derechos y las libertades civiles vigentes para desplegar todo un arsenal jurídico y político completamente arbitrario propio de cualquier dictadura. Estamos acostumbrados a que se declaren estados de excepción durante las guerras (primera guerra mundial, segunda guerra mundial, guerra de Argelia en Francia…) aunque actualmente el terrorismo es la mejor excusa para declararlo. La patrioct Act norteamericana eternaliza el estado de excepción: ante un enemigo invencible, difuso, que está por todas partes y que nunca podrá ser vencido siempre podremos mantener las medidas excepcionales que la patriot act estableció en el año 2001.

¿Qué suele ocurrir cuando entramos en guerra con otro estado y se declara un estado de sitio, de urgencia, de alarma o de excepción? Pues que todos los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) se repliegan hacia el gobierno que puede utilizarlos libremente. Se suspende toda la legalidad y el estado se desnuda ante nosotros: no somos más que nuda vida ante él. Estamos a su disposición, no detentamos ningún derecho y se militariza a toda la sociedad. Se movilizan recursos (aumento de impuestos) y se gobierna en base al decreto ley. Ya no eres ciudadano, estás en una zona de indeterminación absoluta, que es la misma zona en la que se despliega el estado de excepción. Ya no hay exterior ni interior al Derecho. El Estado nos muestra su esencia, su naturaleza: aparato y máquina de guerra absolutas.

En la crisis que estamos viviendo y que no nos va a abandonar encontramos, aunque no se haya declarado públicamente, todas las características del estado de excepción. Recordemos que las medidas que se suelen aplicar y desplegar durante un estado de excepción dejan de ser excepción para devenir regla. Lo primero que hizo el gobierno de Zapatero para justificar sus medidas de recortes en el año 2010 fue la situación de excepcionalidad debido a la crisis. Fue la primera piedra que empezó a edificar el actual estado de excepción en el que nos encontramos ahora. La primera rueda de prensa del gobierno de Rajoy en el año 2012 nos anunciaba, escudados también en la excepcionalidad de la situación de nuestro país, medidas “temporales” y “excepcionales” para justificar subidas de impuestos y, más tarde, para justificar toda la sangría de recortes sociales.

1882-620-282

Imagen de cuerpos militares en el aeropuerto de Barajas, diciembre 2010. Durante 15 días, el gobierno del PSOE decretaba el Estado de Alarma por la huelga de controladores aéreos. Un ejemplo paradigmático de como se despliega de forma concreta un estado de excepción de baja intensidad, esta vez para parar una luchar laboral (aunque fuera compleja pues suscitó muchísimas animadversiones entre viajeros de clase trabajadores y media que no veían con buenos ojos que supuestos privilegiados como los controladores aéreos protestaran por sus derechos laborales). De todas maneras, puede que buen ensayo para futuras declaraciones de estados de alarma, urgencia o sitio si se quieren parar huelgas.

El estado de excepción se puede identificar de distintas maneras: una es la proliferación de los decreto-ley, dos y a consecuencia de esta primera es la confusión generalizada entre los tres poderes que fundan el estado moderno: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Cuando se legisla y se gobierna a base de decretazos ya no hay frontera posible entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Siempre que se declara un estado de excepción se produce un ensanchamiento del Estado, ensanchamiento que se suele tornar visible con subidas de impuestos continuadas.

índice

La valla de melilla y el asesinato de las personas que quieren acceder al territorio es también un ejemplo de esas zonas de indeterminación en las cuales ya no hay ningún derecho aplicable a la persona. La frontera intenta delimitar un adentro y un afuera pero ella misma es el punto ciego del estado moderno.

La tercera característica de los estados de excepción es la intensificación de los poderes de la policía. Se restringen las libertades públicas y se suspenden los derechos democráticos. No hay nada más evidente de este hecho que la recientemente aprobada Ley Mordaza. Se necesitan de estos mecanismos de militarización, seguimiento, control y policía para poder asegurar el despligue de la excepcionalidad. El debate no es tanto que estemos o no estemos en democracia, es saber hasta dónde llegará la intensificiación del estado de excepción que se está desplegando con una velocidad inaudita. Hemos naturalizado muchísimas formas de legitimar y justificar políticas anti-sociales y anti-populares (anti-democráticas, medidas que van en contra de lo que los ciudadanos quieren y sienten) que simplemente se resguardan bajo el paraguas de este estado de excepción. Estado de excepción cuyo paradigma son los campos de concentración y encierros, las zonas donde no hay legislación ni derechos, zonas en las que se  desvela este nomos de nuestros estados mal llamados democráticos (por ejemplo, las zonas de reclusión en los aeropuertos o los CIEs en España, auténticos campos dónde no eres ciudadano sino nuda vida ante los poderes establecidos).

En este largo camino en el que predomina la excepcionalidad, la ley ómnibus es un paso más para profundizar el estado de excepción. Gobernar a base de decretos leyes, de no debatir nada, de presentar la democracia representativa burguesa como lo que realmente es: un puro teatro, una ritualización.

juego_roto

Y frente a esto ha emergido la política del movimiento. La profunda revolución democrática que está recorriendo el país desde hace 3 años (desde el 15m) y que ahora se expresa en su modalidad institucional con PODEMOS. Los círculos expansivos e inclusivos de podemos son la lucha y la reivindicación de una democracia radical, de una democracia que nos han robado y que siempre está suspendida por el estado de excepción (se ampare en cualquier acontecimiento en el que se quiera amparar…). Intentarán reabrir la excepcionalidad para pararlo pero ya no pueden. Los periódicos ya esconden las encuestas para intentar esconder algo ya inevitable: que la política de la modernidad y de la casta van a ser superadas. La persecución mediática y criminalización de Podemos no podrán parar la ilusión y las ganas de recuperación democrático-sociales que nos roban cada día. Deberemos ser inteligentes y seguir trabajando desde abajo, desde los barrios, desde la calle para reconfigurar y re-significar la institucionalidad democrática.

Una mirada crítica al anarco-primitivismo y a ciertas corrientes ecologistas

Acabo de terminar el  breve ensayo de John Zerzan Futuro Primitivo. índiceEn éste se señalan cuestiones muy interesantes y hay reflexiones pertinentes sobre nuestra condición y nuestro forma de ser en el mundo contemporáneo. A este respecto, me parecen de una enorme importancia las aportaciones sobre el estigmatizado y despreciado “salvajismo” de nuestra era prehistórica así como la deconstrucción de ciertos mitos. Mitos como la supuesta división sexual del trabajo o la precariedad existencial de aquellas modalidades de existencia humana, desprovista de las tecnologías contemporáneas y que, recordemos, duró 300 000 años como mínimo para el Homo Sapiens y 2 millones desde la aparición del primer ser humano. El sacar a la luz que las sociedades primitivas son sociedades de la abundancia y no de la escasez también fue mérito del etnólogo Pierre Clastres, que estudió y vivió con los indígenas de América Latina.

Dicho esto, el resto de axiomas, presupuestos ideológicos, epistemológicos y proyecto político que defiende Zerzan son, a mi modo de ver, altamente criticables. Muchas de las ideas que recorren el ensayo son ideas comunes a ciertos pensamientos ecologistas y a ciertas formas de afrontar nuestra realidad cotidiana. El principal axioma del que parte Zerzan -y que es común a muchas corrientes ecologistas- es la oposición entre la naturaleza y la cultura o mundo artifical humano. De esta manera, se nos presentará a la Naturaleza como ese ente equilibrado y con procesos y ritmos biológicos propios del cual formaba parte el humano prehistórico y  se nos presentará a la cultura/civilización como un elemento perturbador de esa armonía natural. Es interesante que Zerzan llegue hasta el final de su lógica argumentativa y que, al rechazar la civilización, rechace también las matemáticas (argumentará que los números son creaciones artificiales para poder contabilizar las cosechas, es decir, la numeración sería un instrumento para poder dominar a la Naturaleza) y el lenguaje (base de la cultura simbólica y de la domesticación tanto de la naturaleza como del ser humano).

images

Zerzan y el ecologismo también tienen un punto de encuentro importante en la idea según la cual el hombre primitivo (y, por extensión, las tribus indígenas que todavía perviven en ciertos lugares del globo) viven respetando la naturaleza y que está en equilibrio con otras especies. Es bastante común hoy en día el seguir estableciendo el binario natural/cultural. En muchas conversaciones de bar se oye el “esto no es natural” o el “esto va contra la naturaleza”. Zerzan va hasta el final de dicha oposición de la modernidad -que propio es de nuestro pensamiento occidental y moderno el querer establecer todo el rato binarios opuestos: hombre/mujer, izquierda/derecha, homosexual/heterosexual, cultural/natural, bien/mal- para hacer una apología de una mistificada condición pre-civilización, pre-histórica.

El problema del planteamiento naturalista y primitivista es que quiere negar o se niega a reconocer que no hay ningún opuesto a la naturaleza. Pero, todavía más grave, es el querer otorgarle a la Naturaleza una categoría metafísica, trascendental y teológica. Tenemos la impresión de que hay una “voluntad” del dios naturaleza ante la cual nos habríamos sublevado, intentando imponer nuestro propio poder. Y ya sabemos que a los dioses no les gusta nada la pretensión y arrogancia humanas. Responderán con furiosa cólera, ya sea como cuando se erigió la torre de Babel en la tradición judeo-cristiana, ya sea como cuando Níobe ofendió a Apolo y Artemis o como cuando Prometeo desafió al destino en la mitología griega. Muchos mitos griegos dan buena cuenta de lo que ocurre cuando se desafía el poder de los dioses. Cada vez que Zerzan o algunos ecologistas hablan de que se alteran los ritmos y procesos naturales parece que nos estén amenazando como si fueran profetas del dios naturaleza: “cuidado, no despertéis ni enfadéis a dios, que entonces caerá sobre vosotros la maldición eterna”(la destrucción del planeta vamos). Ojo, no estoy haciendo apología de la destrucción de nuestros medios naturales, simplemente estoy criticando que haya tal cosa como una voluntad detrás de los procesos que se dan en nuestro entorno.*

Aquí radica una de las esencias conservadoras, siempre represivas: “puedes hacer todo lo que quieras hasta este punto”. Toda ideología conservadora te va a poner un límite. Por ejemplo, en la actualidad, puedes investigar las células madre y tal y tal pero CUIDADO hasta cierto punto, no me vayas a clonar un ser humano (en verdad, cuando se dice esto, parece que se quiera decir: “no investigues hasta este punto no vaya a ser que descubras el secreto de la vida“). Todo movimiento e ideología conservadora, que atraviesa a izquierdas y derechas, siempre busca  imponerte un límite en tu comportamiento y en tu pensamiento. Lo peor no es esto, lo peor es que dicho límite siempre se establece en base a un criterio que nos remite a una entidad supranatural y trascendente a nosotrxs (normalmente Dios, pero puede ser sus formas secularizadas y deformadas, tales como la Nación, la Historia o, en el caso que nos ocupa, la Naturaleza en sí).

Como matamos al dios cristiano le hemos tenido que sustituir por un nuevo dios. En el caso de Zerzan y de muchos ecologismos este nuevo dios se llama Naturaleza. No deja de ser gracioso que anarquistas confesos se deban tanto a entidades que ellos mismos constituyen como suprahumanas para justificar ciertas actitudes y formas de ser en la Tierra. En vez de partir de la base que formamos y somos parte de una única sustancia causa de sí misma, parece que se nos presente como a parásitos externos a la naturaleza, como si fuéramos extraterrestres que hemos venido desde un afuera para contaminar un adentro de la madre Tierra. En sus formas más sofisticadas se dirá que evidentemente sí que somos parte de la Tierra y parte de una misma y única sustancia, pero nuestra cultura y civilización serán entonces el elemento externo, ese afuera, esa alteridad que tanto contamina y extermina a la identidad pura de la Tierra.

Si el pensamiento de Zerzan, mal que le pese, es puramente postmoderno es por una razón muy sencilla: Zerzan construye un pasado perfecto, puro, en el cual, además, descubrimos la esencia de la Natureleza (pues los ordenadores y demás son tecnologías artificiales que nada tienen que ver con la naturaleza), descubrimos la identidad pura de la natureleza. Es un movimiento de regresión histórica. Establece un punto en el pasado, como hacen los fundamentalistas religiosos, no contaminado por la civilización (eje del mal). No quiero caer en un binario más (humano prehistórico-humano civilizado), opino que no hay tal cosa como un humano pre-social o pre-civilizado. Opino que hay modalidades distintas de la existencia social del ser humano en la Tierra. No hay ningún progreso en cuanto especie, aunque haya sofisticación tecnológica. Para cada momento histórico dado y específico se dan una serie de contextos, circunstancias y potencialidades distintas. Coincido con Zerzan en que no habría que hablar del pasado pre-revolución del neolítico como algo inferior, atrasado o peor. El problema de Zerzan es que recoge por la mano derecha aquello que soltó por la izquierda. Cae de esta manera en el mismo juego del pensamiento hegemónico contemporáneo.

Zerzan invierte las dos partes de la ecuación. Si el pensamiento dominante nos dice que hay dos eras bien distintas y diferenciadas (era pre-histórica y era histórica que nace con la revolución neolítica) y que la segunda era es el progreso, lo bueno y el “bien”, Zerzan deconstruye y crítica esta visión para hacer un movimiento simétrico pero invertido : hay dos eras -la prehistórica y la post-neolítico- pero la segunda es la mala y la primera es la buena y a la hay que volver. Esta primera era se caracteriza por ese supuesto respeto a una naturaleza endiosada.

La naturaleza en esa era es entonces cambiante, sí, espontánea, sí, pero tiene unos ritmos y unos procesos muy determinados que ayudan a mantener un cierto equilibrio. La pregunta que nos asalta es evidente…¿Equilibrio de qué? La idea de equilibrio es puramente ficcional, es una representación que nosotrxs mismxs nos forjamos para construir maneras de interpretar el mundo. A Zerzan habría que recordarle que la naturaleza y la Tierra se caracterizan por un desequilibrio bastante permanente, en el cual movimientos tectónicos, inversión de polos, erupciones volcánicas, tsunamis, lluvias de meteoritos, extinciones, son bastante bastante comunes. La formación de los continentes es algo tan tremendo que cuesta de imaginar, mucho más bestia que cualquier transformación que los humanos hayamos podido hacer en nuestro entorno. De todas maneras no entro en este campo, no me interesa tanto el grado y la intensidad en la cual modificamos nuestro entorno pues todas las especies lo hacen. Lo interesante es saber nuestro umbral, no lo niego, para nuestra propia supervivencia, que no la supervivencia del planeta como argumentan ciertos ecologistas. Ya podemos tirar miles de bombas atómicas que simplemente destruiremos nuestro hábitat natural pero la Tierra continuará, una mutación y una extinción más, que se sumará a las 5 que ya ha habido. Seremos la herramienta de la sexta gran extinción, la Tierra, la Naturaleza no sabía como provocar una nueva extinción y nos creó a nosotrxs para poder realizarla. Muy bien. Este argumento sería simétrico y paralelo al de Zerzan, aunque para Zerzan la voluntad natural es vista como buena, equilibrada y positiva.

La naturaleza, de la cual el ordenador en el que escribo emana, es pura multiciplidad y pura transformación continua. NO hay ningún orden preestablecido de como deben de ser las cosas. Todo cambia, se adapta o no, todo muta, todo se transforma, aunque se sigan ciertos patrones en ciertos casos, las reglas cambian de un día para el otro. El oxygeno fue sintetizado por bacterias y era muy tóxico, ahora es la base de nuestra vida.

La tecnología, la arficialidad, la cultura simbólica, el lenguaje, las matemáticas, los cyborgs, los robots, los coches etcétera son otras modalidades y expresiones de la naturaleza múltiple en la que vivimos. No hay una frontera entre lo cultural y lo natural. Aunque haya habido un salto tecnológico, no se entiende muy bien porque para Zerzan es tan clara la distintición entre herramientas que utilizaban los antiguos humanos y las que utilizamos ahora. Antes y ahora cambiamos el entorno. Las abejas cambian el entorno, polinizan (y si dejan de existir cambiará nuestra modalidad de existencia irreversiblemente) las avispas son capaces de construir y erigir algo tan complejo como un enjambre, o las hormigas un hormiguero, o los pájaros un nido. Todo ello son efectuaciones de potencias animales, son cambios en los entornos, que a veces los “desequilibran” y provocan pequeños y grandes colapsos. Otras veces no. La pregunta es porqué una estructura tan compleja como una colmena sería más natural que un edificio de una gran capital. Aunque la forma de sintetizar los materiales puestos a nuestra disposición sea distinta la pregunta creo que suele apuntar y se torna más interesante en lo estético y lo habitable para nosotros mismos de dicho edificio. No es que sea natural o no, la pregunta es si queremos y si realmente deseamos vivir en ellos (pero porque las arquitecturas y los planes urbanísticos están inscritos en tecnologías específicas del poder).

Placentas artificiales del futuro

Imagen que actualiza e intensifica lo que ya está en marcha. Hace tiempo que nacemos en hospitales como también hace tiempo que hay reproducción asistida. Hacemos un devenir-cyborg. Lo que puede asustar es la revelación, el punto ciego, de nuestra ilusoria esencia humana. Las prótesis y los cyborgs nos descubren la verdad de nosotros mismos: somos cuerpos sin órganos. Los órganos no son la verdad de nuestro ser.

Zerzan cae en una especie de contra-mitificación humana. Se cree tanto la fuerza y el poder del ser humano que lo mitifica igual que lo mitifica un neoliberal contemporáneo. Lo que cambia es la forma moral de esa mitificación. Para Zerzan, el humano es tan fuerte y tan potente que habría ganado temporalmente una batalla contra la naturaleza (hasta que colapsemos, pero le hecho es el mismo, la habríamos ganado, total colapsar colapsaremos tarde o temprano, ya sea por acción propia o por omisión y entonces el Sol se encargará del trabajo con una espectacular y magnífica supernova). En cierta medida, la civilización humana sería el mismo cuerpo de Satanás.

Por otro lado, aunque la crítica a como la civilización se ha construido en base a ciertos tipos de poderes y en beneficio de ciertas personas privilegiadas, no hay un único centro del poder y una relación estática y que fuera de arriba a abajo del mismo. Las resistencias se han dado siempre y se siguen dando y nos seguimos reapropiando y seguiremos luchando por lo expropiado. Son nuestras luchas políticas.

Hemos entrado en una etapa de artificialidad intensificada, con más prótesis y con más extensiones tecnológicas que intensifican la relación del humano con la máquina. Entramos en pura convergencia y síntesis, al igual que estamos en simbiosis con el resto de especies y plantas. Comparto la crítica que se debe realizar al uso de las tecnologías, que nacen en estructuras de poder determinadas y en modelos de producción, reproducción y circulación capitalistas. Pero la estrategia de Zerzan que es de rechazo absoluto es contradictoria con su propia experiencia y acción aunque puede señalarnos ciertos límites y ayudarnos a deconstruir muchos conceptos e ideas que damos por válidas acríticamente. Si una revolución anarco-primitivista triunfara sería una de las mayores producciones culturales y tecnológicas que habríamos visto nunca.

*El ecologismo me parece un movimiento político imprescindible en los tiempos que nos ha tocado vivir. El respeto al medio ambiente, de todas maneras, no se debe indexar en base a una moral o a un respeto a algo que estuviera jerárquicamente posicionado por encima de nosotros (la Naturaleza por ejemplo), sino en base a una lucha política contra una estructura de producción, reproducción y distribución/circulación que destruye nuestro propio hábitat como especie. Esto implica también algo tan fundamental como el respeto hacia otras especies, sin las cuales nosotros no existimos (el caso paradigmático sería el de las abejas, luchamos por ellas porque estamos luchando por nosotros mismos). La máquina capitalista, la producción del valor por el valor, se ha posicionado por encima de nuestros intereses como especie y es en este punto donde la lucha política por el medio ambiente me parece primordial. Este posicionamiento está lejos de querer hacer esta lucha por una moral ecológica, como si la Tierra tuviera un espíritu o una voluntad superior a nosotros, ni nosotros estamos por encima de ella ni ella por encima de nosotros, estamos en completa sintonía (de ahí que la hayamos transformado y que sigamos con vida, de ahí que ella misma se transforme y nosotros nos adaptemos a ella, como el resto de especies, y si nosotros desaparecemos por causas nuestras -que puede ser- será por culpa del capitalismo y no de la civlización o del ser humano.

Abolir el dinero no destruirá el capitalismo (sobre la polémica entre Marx y Proudhon)

Escuchamos de vez en cuando en los medios anticapitalistas que una posible manera de destruir el sisema económico imperante sería la de destruir o abolir el dinero. Esta idea surgió, en sus comienzos, de los textos de Proudhon. Basándome en los escritos del marxista Moische Postone sobre la cuestión -que recupera la crítica de Marx sobre este asunto- voy a intentar exponer y resumir el porqué del error en la que cae esta concepción del capitalismo y de la peligrosidad de la misma (tanto a nivel epistémico como a nivel de consecuencias políticas directas, que son esencialmente el antisemitismo y la inoperancia). Detrás de la idea de abolir el dinero, muchas veces suele seguir un silencio o una apología directa del capitalismo industrial así como de la tecnología y del trabajo concreto en oposición al capitalismo financiero o ciertos aspectos “abstractos” del capital y del trabajo.

Imagen

En el capitalismo, el trabajo no es únicamente una actividad social productiva -trabajo concreto- sino que sirve, al mismo tiempo, de mediación social (trabajo abstracto). Por consecuente, su producto, la mercancía, no es solamente un objeto de uso en el cual se objetiviza el trabajo concreto sino que es, al mismo tiempo, una forma de relaciones sociales objetivadas. Al ser la mercancía una forma de objetivación de las dos dimensiones del trabajo en el capital (del concreto y del abstracto) es su propia mediación social y tiene pues un doble carácter: el valor y el valor de uso. En tanto que objeto, la mercancía disimula las relaciones sociales que fuera de ella no tienen otro modo de expresión (aquí radica una de las alienaciones).

El doble carácter de la mercancía se exterioriza materialmente en la forma-valor: en tanto que dinero (forma fenoménica del valor) y en tanto que mercancía (forma fenoménica del valor de uso). Aunque la mercancía es una forma social que integra y lleva en sí tanto el valor de uso como el valor, el resultado de esta exteriorización es que la mercancía se nos aparece únicamente en su dimensión de valor de uso, como puramente material, como cosa. El dinero aparece entonces como único depositante del valor, como manifestación del abstracto puro en lugar de la forma fenoménica de la dimensión-valor de la mercancía misma. Es en este nivel,  en la forma de las relaciones sociales objetivadas específica al capitalismo, que se nos aparece  la oposición entre el dinero -en tanto que abstracto-  y la naturaleza material en tanto que concreto.

Encontramos en este punto uno de los aspectos más problemáticos del fetiche pues las relaciones sociales capitalistas se nos presentarán ante nosotrxs no como lo que son, sino de forma antinómica, como la oposición del abstracto y del concreto.

La immediatez en la que se nos aparece esta antinomia entre abstracto y concreto suelen coger al capitalismo solamente en función de las manifestaciones de su dimensión abstracta y el dinero se volverá entonces la raíz del mal y lo que es concreto y material será presentado como lo “natural” u ontológicamente humano y se situaría fuera del capitalismo. Proudhon se fijará justamante en este momento en el cual el trabajo concreto, material, sería pre-capitalista y que se opondría a la dimensión abstracta del dinero. Es en este preciso instante en el que Proudhon da un paso más y asegura que la abolición del dinero es suficiente para abolir las relaciones capitalistas. El problema es que el capitalismo se caracteriza por relaciones sociales mediatizadas, objetivadas, cosificadas, en formas categóricas de las que el dinero es una expresión y no la causa. Se confunde pues una forma fenoménica del capital (el dinero en tanto que objetiviza y “materializa” el abstracto) con la esencia del capitalismo.

Imagen

El error a la hora de afrontar la lucha contra el capitalismo es considerable y desencadena toda una serie de consecuencias preocupantes. SI el trabajo concreto es considerado como pre-capitalista y todo aquello que se nos presenta como material (capitalismo industrial, tecnologías…) caeremos en la apología, al igual que los fascistas, del progreso material y  la opondremos a la supuestamente “anti-natural” dimensión abstracta del capital (capitalismo financiero y dinero). El paso siguiente, que es personificar este abstracto en el judío que maneja el dinero, se produce de forma rápida. Las dos dimensiones, concreta y abstracta, material y financiera, son parte de una misma sustancia que no puede ser fragmentada. Una debe la existencia a la otra y forman un uno coherente. La base de ambas no es la propiedad privada, como ciertos marxistas tradicionales defienden, sino el trabajo. No se puede separar el trabajo concreto, como si fuera creativo, puramente material, de las relaciones sociales capitalistas. No hay una oposición entre el capitalismo industrial, como si fuera descendiente directo de modos artesanales de producción, puros, concretos, materiales y el capitalismo financiero (como si éste fuera “parásito” o “sin raíces).

Hemos podido escuchar durante todo el transcurso de esta crisis que “debemos volver al trabajo industrial, palpable, al capital productivo, al capital industrial” o que el sector financiero estaba desconectado del mundo material real. Desde la izquierda se han recogido en numerosas ocasiones este discurso. Deberíamos plantearnos algunas reflexiones en torno a esto y a este retorno al fetiche del trabajo y la mercancía como presentadas de forma pura y concretas, separadas y opuestas al capital financiero. Una crítica radical al capitalismo nos lo exige.