Luchar contra el fanatismo islámico es luchar contra el Frente Nacional

Tras el criminal atentado perpetrado ayer contra los periodistas de Charlie Hebdo, el terrorismo de corte religioso vuelve a estar a la orden del día.

Se han escrito muchísimos artículos sobre este brutal asesinato. #JesuisCharlie era ayer Trending Topic nacional en Francia y en España. El grito de condena ha sido bastante unánime desde distintos sectores aunque el espíritu crítico también se ha dejado escuchar ante tanto postureo. Desde el #jenesuispascharlie (resumido en el cartel de un poco más abajo) hasta las polémicas pero acertadas declaraciones de Willy Toledo: “Occidente asesina diariamente y sin ruido”. Recomiendo también este artículo Yo no soy Charlie

jenesuispascharlieEl tema es delicado. El fanatismo religioso ha atentado contra la libertad, contra la libertad de satirizar y de prensa. De esto no cabe duda y es un hecho que hay que condenar sin tapujos ni complejos. El fanatismo mata y es enemigo de la libertad y de la democracia. Ahora bien, tampoco nos dejemos eclipsar por la sorprendente toma de partido por parte del establishment y de los medios masivos de comunicación en favor de la democracia y la libertad.

Libertad de expresión que condenaron y que censuraron cuando El Jueves en el año 2007 publicó una portada caricaturizando al actual rey de españa (La Razón, que tanto defiende ahora la libertad, llegó a escribir que “La monarquía no puede ser objeto de mofa y escarnio”). O la libertad que le siguen negando a Otegui, encarcelado en el año 2011 por sus ideas y que continúa en la prisión. Por no hablar de la poca repercusión mediática que ha tenido la aberrante condena hecha pública hoy contra Alfon, 4 años de prisión por un montaje policial contra una idea concreta (el antifascismo combativo). Tampoco hablaremos de la reciente imputación de Facu Díaz por un sketch satírico (semejante a las caricaturas de Mahoma pero contra el PP). Mucho cinismo es lo que tenemos.

No cabe duda de que este atentado está siendo y seguirá siendo instrumentalizado por la extrema derecha y por la sabiduría convencional para reivindicar una supuesta superioridad moral y cultural de Occidente contra el “salvaje y bárbaro musulmán, árabe, oriental.” No cabe duda de que la islamofobia se incrementará hasta límites insospechados.

Escribía ayer Jorge Moruno:  “Un asesinato criminal y un ataque brutal a la libertad de expresión, no se combate alimentando otro tipo de fanatismo. Quienes buscan construir esa idea pareciera que desean equiparar “árabe” con “fanático islámico”, tal y como otros quieren equiparar “occidental” como “hereje”; los dos culpan al otro por “ser”. Las dos caras de la moneda se retroalimentan, ambas parten de las mismas pasiones tristes del ser humano, porque los fanáticos alimentan a más fanáticos, pensar que la barbarie de esta gente justifica otra barbarie, es también propio de bárbaros. No se puede caer en eso, deja escuálidas a las sociedades, a la democracia y engorda a la reacción de la extrema derecha. Quien gana en esta lógica es el miedo, quien pierde es la democracia.”

Y da en el clavo, las dos caras de la moneda se retroalimentan. Hoy justamente leía a los siempre curiosos teóricos de la conspiración, complotistas y conspiranoicos. Siempre argumentan lo mismo:”esto es un auto-atentado provocado por el gobierno francés -o la masonería o los promotores del nuevo orden mundial- para justificar mayor represión, mayor control y monitoreo social, de cara adentro y para, de cara afuera, justificar intervenciones militares en oriente medio y forzar una guerra de culturas”.  Opino que los conspiranoicos aciertan, aunque por razones equivocadas (hay que aplicar la navaja de Occam)

No hace falta que haya ningún auto-atentado concebido desde altas esferas del poder. El Estado Islámico busca exactamente esto:  tensar la cuerda del conflicto étnico/religioso para que todo acabe estallando y la guerra santa se extienda por todo el mundo. Buscar esa acción / reacción.

El ISIS no atacó primero, el integrismo islámico es consecuencia directa de los proyectos estadounidenses de reventar el panarabismo de los años 60 y 70 (Nasser en Egipto como ejemplo notable aunque no único), socialista, para que todo se lleve hasta un terreno más propicio para fortalecer la propia hegemonía ideológica: desplazar el campo de resistencia anti-imperialista de lo político a lo religioso (donde las complicidades y afinidades no se pueden producir).

El ISIS  tiene su propio proyecto político y atacando una sede de humoristas que hicieron mofa de la religión musulmana apuntan hacia un objetivo claro: incrementar la conflictividad religiosa, generar trincheras, reclutar nuevos “yihadistas”, apelando directamente a la población musulmana francesa, marginada, humillada, hacinada en los guetos de las ciudades francesas. Señalando a un enemigo: el blanco católico de clase media francesa y europea. Del mismo modo, busca alimentar al fanatismo cristiano y nacionalista del Frente Nacional.

El Frente Nacional, por su lado, recoge la pelota lanzada por el ISIS pues es su mejor aliado para su particular agenda política. Ambos son grupos fascistas, uno vestido de azul, otro vestido de verde. Y ambos se necesitan el uno al otro. Marine Lepen ya ha pedido que se restituya la pena de muerte. El FN ya ha convocado manifestación para este sábado: “islamistas fuera de francia”. Entramos en la espiral del odio, que se retroalimenta. El FN está encantado con estos atentados como también lo está el ISIS. Ambos tienen un objetivo común: que la guerra religiosa, étnica y santa sea la prioridad política de nuestras sociedades.

Malos augurios para nuestra maltrecha democracia. No perdamos de vista quienes son nuestros enemigos: tanto el fanatismo islámico como el fanatismo nacional y cristiano son nuestros enemigos. No podemos erradicar el integrismo islámico sin erradicar la islamofobia.

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“Democracia” a la americana

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Era un secreto a voces. Un tema que solía ser tocado y analizado en profundidad por conspiranoicos. El escándolo del espionaje en Estados Unidos no tiene ningún precedente -a nivel mediático y con el permiso del macarthismo– en lo que se denominó “El mundo libre”. Estados Unidos siempre se ha erigido como el abanderado de la libertad y de la democracia. Miles de artículos de opinión, trabajos académicos, editoriales, políticos etcétera han salido siempre en la defensa de la pureza del sistema norteamericano. Hasta en la izquierda se le han reconocido sus méritos. Guardián acérrimo de la libertad, habría combatido por ella a lo largo y ancho del planeta, liberando países de crueles dictadores para instaurar la democracia.

El mundo orwelliano en el que está sumido Occidente y especialmente Estados Unidos, viene a reventar en su base a todo el bombardeo mediático que sufrimos día sí y día también. Programas secretos, tribunales secretos...millones de llamadas espiadas por la Agencia de Seguridad Nacional, compañías privadas como Verizon confabuladas, servidores de Google, Facebook o Apple controlados directamente por el FBI y la NSA para obtener información de los usuarios. El escándolo es mayúsculo, NADIE ESCAPA A LAS REDES DEL PODER.

¿Dónde está la privacidad? ¿Dónde está la ideal y utópica separación de poderes preconizada por la ideología liberal? No se ven por ninguna parte. Todo escapa al poder legal, todo escapa al poder ciudadano. El Congreso era consciente de las escuchas telefónicas así como del control de los servidores cibernéticos y tampoco dijo nada (de hecho, los congresistas habían jurado no hablar del tema). Se derrumba ante nuestros ojos el edificio de la perfecta democracia.

Un puñetazo de realidad. No es el primer escándolo de la era Obama (aunque esto es una constante del resto de gobiernos), viene a sumarse al de los drones (aviones no tripulados que escapan a todo control y que se van cargando a objetivos determinados, entre los que se encuentra a ciudadanos estadounidenses, que, evidentemente, no tuvieron la oportunidad a un juicio justo o a la presunción de inocencia). El cristal del “mundo libre” se ha roto para siempre.

La masiva vigilancia de todos los ciudadanos y el control indiscriminado únicamente puede responder a una estrategia y se traslada al pantonoso terreno de los poderes ocultos. No sabemos nada de esos programas secretos y, lo que es peor, que exista toda esta maquinaria parajudicial, oculta, nos devuelve a los peores años de las dictaduras fascistas y del bloque del Este. Al fin y al cabo, tan distintos no son…cambia el “enemigo” al que combatir y a través del cual se justifican los mayores atropellos a la libertad: en un caso era el enemigo judío, comunista, en otro el burgués, imperialista, capitalista y, en el actual, es el peligroso  terrorista islámico.

Esta lógica del poder responde, al mismo tiempo, al cambio de paradigma del nuevo mundo. Una dictadura ya no es explícita, ya no ejerce el poder disciplinario. Respondería al panóptico de Bentham analizado por Foucault en Vigilar y Castigar. Actualmente, el poder se esconde y se escuda con la “Democracia” otorgándonos la ilusión de poder escoger a nuestros gobernantes. Del mismo modo, no ejerce su poder de forma brutal, violenta (al menos dentro de sus fronteras), no nos permite identificarlo como algo material. Es una red difusa, escondida detrás del aparato y caras visibles de nuestro sistema. Nos convierte a todos en agentes del poder y del control. Tampoco es trascendente, es como si se hubiera aplanado. Es un poder que ve sin ser visto, que controla sin que nosotrxs podamos verlo y que, por ello, ejerce un efecto de intimidación . Todo esto empieza a devenir estremecedor, la distopía ya está tocando a nuestra puerta.

Estoy esperando a que salga la manada de tertulianos, profesores etcétera en defensa de la bondad y perfección del sistema yankee. A ver como tragan con todo esto, a ver como justifican que absolutamente todos los movimientos de los ciudadanos norteamericanos y de todo el mundo sean controlados por el gobierno, hasta en lo más íntimo de sus vidas (como puede ser Facebook o una llamada telefónica). Intentarán llevarlo al terreno de la paranoia terrorista, un muy flojo argumento para justificar algo tan sistemático e indiscriminado.

Bienvenidos al Imperio, el gran hermano te vigila.