Poder soberano, poder disciplinario, biopoder y biopolítica en Foucault

 

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El biopoder es una forma de poder “que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola” (Hardt y Negri, 2000). Foucault fue el primero en acuñar el neologismo “bio” a poder para darle el carácter específico que tiene, que es el de administrar la vida, ya que la vida se habría vuelto un objeto del poder. El objetivo primario sería el de administrar la vida, producir y reproducir la vida misma. Foucault asegura que el pasaje a la modernidad vino aparejado a la disciplina (el derecho sobre la vida y la muerte que tenía el soberano puede ser interpretado en esta dirección, de vida incluida en lo político). Una famosa citación de Foucault dice que si bien antes el soberano daba muerte y dejaba vivir, actualmente el “soberano” da vida y deja morir. La anatomía y la biología, la emergencia del individuo como inteligibilidad posible y las tecnologías que lo encierran dan cuenta de un poder cuya función ya no es matar, sino invadir la vida en su totalidad.

En la lógica soberana la relación entre gobernante/príncipe y súbditos es estática. Cuando el poder se vuelve biopolítico todo el cuerpo social se ve comprendido en la máquina del poder y se desarrolla en su virtualidad.

En su curso en el Collège de France titulado El poder psiquiátrico Foucault realizó una aproximación al poder soberano y del pasaje al poder disciplinario (más que pasaje, imbricación de ambos poderes, pues no son excluyentes y cohabitan entre sí). De esta manera, el poder soberano es descrito como un poder que no hace referencia a singularidades somáticas sino a singularidades situadas por encima de la individualidad corporal. Sin embargo, este poder soberano sí que hará referencia a una individualidad situada arriba: el cuerpo del soberano. Es hacia este punto soberano situado por encima hacia el cual convergen todos las relaciones múltiples e inconcibiables del poder. La relación de soberanía establece un enlace: un poder político sobre el cuerpo pero que no hará aparecer la individualidad (idea del reino, del rey múltiple). Por el contrario, y casi en un movimiento inverso, el poder disciplinario -que desplaza progresivamente al poder soberano sobre todo a lo largo del siglo XVIII- va a fijarse hacia el punto de abajo. Se difuminará la individualización de parte de la cima para dibujar una fuerte individualización a la base (aparecerá el individuo, el preso, el loco, al que habrá que estudiar, dar una identidad, una importancia capital, en los juzgados, al lado del fiscal, aparecerá el psicólogo que intentará analizar las características mentales y personales del acusado). Una de las características de este poder es que la presión no será ejercida sobre el daño o la falta sino en la virtualidad del comportamiento. Antes de que el gesto sea realizado, se intervendrá.

Para clarificar un poco más la manera en la cual opera el poder disciplinario podemos hacer un hincapié en la obre Vigilar y Castigar. En efecto, podemos observar ahí como a través del desarrollo del poder carcelario una nueva lógica es puesta en marcha. Observamos que en la cárcel hay una toma exhaustiva del cuerpo, de los gestos, del tiempo y del comportamiento del individuo dentro de la prisión. Hay un procedimiento de control continuo, no estamos a disposición de alguien sino bajo la mirada perpetua del poder. Estamos en la situación de ser observados continuamente pero sin saber si realmente alguien nos está  mirando (siguiendo el esquema del panóptico de Bentham). El panóptico permite ver sin ser visto. El poder quiere que sepamos que está presente, pero no nos permite verlo a él directamente. Vemos el artilugio (la cámara, el panóptico en la prisión) pero no sabemos si hay alguien detrás que nos esté realmente mirando. Es una técnica de control que se combina y aparece con la disciplina. Ésta quiere domesticar el cuerpo y el individuo. A la imagen del soldado en la caserna militar. Nos enseña como caminar, como comer, como pensar. Instaura una norma y a ella nos tenemos que ajustar.

Anteriormente, ante el poder soberano, una afrenta a la ley era una provocación al soberano mismo (pues de él nace esa ley) y, como respuesta, se infligía un suplicio al que osó enfrentarse al soberano. No hay ningún proyecto detrás de esta lógica de querer “redimir” al individuo, de hecho el “individuo” como tal no aparece exactamente. En cambio, con el surgimiento de las técnicas disciplinarias, se busca reintegrar al individuo (que ya aparece como tal) a la norma preestablecida. De forma análoga, en el cambio del discurso y las prácticas psiquiátricas, observamos como hay un poder que enuncia una verdad de la cual no se puede escapar. Antes del siglo XVIII, si estabas loco, simplemente tenías una característica personal con un discurso de verdad diferente. Muchas técnicas del pasado simplemente hacían el movimiento de ponerse en el delirio del “loco” para anularlo desde su interior. Esa técnica se abandonó para siempre pues se estableció un discurso de verdad oficial, de verdad sobre la norma social.

De esta forma, asistimos a la fabricación de los cuerpos “assujettis” (término intraducible, subyugados, pero a través del propio sujeto): “el individuo es el efecto producido, resultado de esta fijación por las técnicas disciplinarias del poder político sobre la singularidad somática” (Foucault, 2003: 58).

Panóptico de Jeremy Bentham - New Illinois State Penitentiary - Descontexto

Panóptico

El desarrollo del poder disciplinario tiene como objetivo el volverse autónomo, independiente, a hacer de la disciplina una costumbre (a través de la vigilancia virtual). Esto implica que los sujetos deban ejercer el poder en ellos mismos, por ellos mismos, en ellos mismos.

En la lógica soberana hay una relación estática y vertical de poder. Esto genera el establecimiento de binarios claros y facilita la identidad (yo abajo contra tu arriba, obrero-patrón). El poder disciplinario, sin embargo, es dinámico y  horizontaliza las relaciones de poder individualizando y aplanándose. Individualizamos hacia abajo y el poder en la cima se nos presenta como anónimo y sin rostro (ya no hay un soberano con un nombre y una cara claramente identificables). Por este efecto, se demultiplica y atraviesa todos los cuerpos desde su interior. Es por esta razón que Focault siempre criticó a las personas que pensarían el poder como vertical y unitario y que la oposición al mismo sería, a su vez por antagonismo simétrico, unitario y trascendental. La resistencia está siempre en múltiples puntos y es múltiple ella misma, estalla de manera impresivible. Allí dónde hay poder hay libertad y resistencia. La relación de poder siempre es precaria, pero el campo social está atravesado de poderes y de resistencias. El poder disciplinario al ser móvil e individualizando genera sujetos, crea subjetividades. Subjetividades que también resisten.

En sus últimos años de vida, Foucault empezó a introducir la idea de las sociedades de control, superando -aunque siempre coexistiendo- las lógicas del poder soberano y las del poder disciplinario.

El poder disciplinario se propaga por todo el entramado social, con centro de reclusión y domesticación para subyugar al individuo (psiquiátricos, cárceles, escuelas, fábricas…) al mismo tiempo que crea subjetividades. En su curso Seguridad, territorio, populación Foucault nos dice que la normalización disciplinaria consiste en poner un modelo, un modelo óptimo que es construido en función de un cierto resultado y la operación de la normalización disciplinaria consiste a intentar moldear a las personas, los gestos, los actos para que estén conformes a dicho modelo. Lo normal será aquello que es capaz de realizar y conformarse a la norma y el anormal el que no puede.  Hay una constante virtualidad, el individuo, la vida es objeto de poder. Debemos reformar y adecuar a todo individuo “a la norma”, de ahi que el poder nos atraviese, que el poder genere y cree su propio sujeto (y crea subjetividades, también disidentes claro está, pues es su primer cometido, separar, categorizar, patologizar..). En el poder disciplinario se masifica y se individualiza al mismo tiemp, Foucault hacía la analogía con el poder pastoral (relación del pastor con el rebaño y con cada oveja en particular.

Para introducir lo biopolítico, Foucault resalta la aparación de la estadística y de la “población”, éste último, nuevo objeto del poder (tasas de mortalidad, de natalidad, epidemias etc etc, lo biológico entrará dentro de las estrategias del poder político). Lo que en la modernidad es externo, trascendente, ajeno a las relaciones productivas y sociales es, actualmente, inmanente, nace en el interior de los poderes, en sus entrañas mismas. Es por ello que las nuevas lógicas imperiales y del poder -como aseguran Hardt y Negri- no se constituyen desde una afuera hacia un adentro, desde algún afuera del cuerpo social, pero que nace en su seno. Y, como asegura Foucault, “el control de la sociedad sobre los individuos no se hace solamente con la conciencia o la ideología, sino también con el cuerpo y en el cuerpo. Para una sociedad capitalista, lo más importante es la biopolítica, lo biológico, lo somático, lo corporal”. No hay poder soberano o gobierno, sino gobernanza. El nexo de la producción biopolítica es el lenguaje, la comunicación y lo simbólico de las redes de comunicación.

Ahora estamos ya viendo amanecer las nuevas sociedades de control, que superan los encierros disciplinarios (familia, escuela, cuartel, fábrica) para extender una lógica distinta que cohabita con la disciplinaria que empieza a ser cosa del pasado….

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