Podemos y el 15M nunca fueron pareja, pese a compartir habitación

Artículo publicado en Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/blogs/fundaciondeloscomunes/podemos-y-15m-nunca-fueron-pareja-pese-compartir-habitacion.html

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Podemos: ¿Política de movimiento o movimiento reconvertido en forma-partido?

El artefacto Podemos no nació de una evolución natural o de una apuesta institucional del 15M. De hecho, jamás Podemos ha reclamado ser la expresión político-partidista del 15M. Como, de hecho, jamás en las asambleas del 15M se apostó por impulsar un partido o una candidatura que concurriera a unas elecciones de ningún tipo. La relación entre Podemos, los movimientos y la política del movimiento es compleja pero no intercambiable ni de sustitución. Aunque Podemos sea una modalidad más de ese gran terremoto que hizo que nada volviera a ser como antes, es deseable ydebemos celebrar que Podemos y el 15M nunca hayan sido lo mismo ni hayan perseguido lo mismo al tiempo que ambos forman parte de un mismo proceso de empoderamiento colectivo.

Podemos nació con la voluntad de transformar las movilizaciones sociales del ciclo 2010-2014 en mayorías políticas nuevas que permitan ese cambio por el que tanto llevamos luchando. Podemos no es un movimiento popular y ciudadano y habría que celebrar, parcialmente, que esto sea así. Podemos es un ariete que golpea con fuerza para derribar las puertas blindadas de las instituciones. Es un instrumento al servicio de la gente que busca asaltar al Estado por arriba mediante el uso de las reglas y procedimientos establecidos. Es decir, Podemos no es un fin para sí ni un movimiento hecho partido, sino que se introduce en las dinámicas institucionales y en campo de juego contrario para que el Estado y sus mecanismos se pongan a funcionar de manera y con efectos positivos para la vida cotidiana de la gente. Que se intervenga materialmente desde el Estado y sus instrumentos para producir efectos democráticos en nuestro país. Podemos hace política institucional a partir de las demandas de movimiento y eso conlleva sus riesgos y desventajas y sus aciertos y posibles victorias.

El 15M fue acontecimiento, primero irrupción y después movimiento popular masivo, desde abajo, que impugnó desde fuera y al mismo tiempo en sus entrañas, al régimen del 78. Plaza del Sol, Plaça Catalunya, son palancas multitudinarias de un proceso destituyente, de una profunda ruptura con la gramática política clásica y con las formas de funcionamiento en la política convencional. El 15M era irreductible e irrepresentable, su propio movimiento expansivo, abierto, no permitía el secuestro, ni la captura, ni el liderazgo a través de las estructuras clásicas, de partido y/o de sindicato. El 15M huía y se escapaba de cualquier intento de burocratización o institucionalización. No seguía una cadena de mando jerarquizada, anteponía y antepone el rizoma al árbol de Porfirio. Todas estas virtudes y elementos hacían del 15M un sujeto de vida propia, producción propia y no subsumible bajo otros dispositivos de control y encauzamiento o capitalización de tipo institucional o derivados (aquellos que buscan la acción institucional como los partidos).

Era un breve éxodo, una interrupción, una locomotora de la historia que ha sido detenida para reflexionar y generar un nuevo sentido común, un nuevo relato, una nueva concienciación. Multitudes atravesadas de contradicciones recuperaron espacios comunes generando una institucionalidad propia, al tiempo que se producía un gran proceso deliberativo colectivo. El emblema o consigna más simbólica del 15M fue el “no nos representan”. Es decir, se toca el punto más sensible de legitimación de un régimen liberal-democrático. La representación no sirve, se nos presenta como una impostura. Escisión y apertura y distanciamiento cada vez mayor y difícilmente recuperable entre la gente y las instituciones.

A raíz del 15M, hubo multitud de resignificaciones, redefiniciones, recombinaciones y modalidades, mutaciones y expresividades distintas del mismo movimiento popular, ciudadano, hacia adelante. La PAH, las mareas, las marchas de la dignidad, Gamonal, Can Vies e incluso la movilización soberanista en Catalunya son distintas reformulaciones, expresiones, intensidades y rearticulaciones de un movimiento profundo que estaba y está zarandeando al sistema de arriba abajo. Todas ellas apuntando a un mismo objetivo desde diferentes frentes. Si bien los movimientos sociales y los movimientos autónomos y populares suelen nacer siempre a raíz de una resistencia, a consecuencia de una agresión que exige de una respuesta defensiva y de autodefensa, las características en las que se suelen constituir –el apoyo mutuo, la solidaridad, la producción de relaciones sociales nuevas, de afectos, de espacios de encuentro afuera del dispositivo del mercado y de la institución estatal- permiten que, más adelante, se produzca siempre un movimiento propositivo productivo y constituyente.

El ejemplo más paradigmático de esto es la PAH y su maravillosa obra social la PAH(las acciones de ocupación de bloques nuevos en manos de bancos para realojo de familias desahuciadas). La PAH nace como víctima, afectada –lo lleva en su nombre- es decir, como resistencia a un poder abusivo y como mecanismo de defensa y protesta. Aun siendo constituida por los efectos de los poderes establecidos, la composición del movimiento, como tantos otros, permite siempre pasar de las acciones defensivas a las acciones productivas y que generan institucionalidad alternativa. Allí donde no llegaban los mecanismos de oferta y demanda de bienes inmuebles regulados bajo el dispositivo mercado y allí donde no llega la acción de las instituciones públicas para garantizar una vivienda digna, llega la PAH y la gente, un movimiento social con autonomía y autogestión para garantizar esa vivienda. Si todos los movimientos sociales y autónomos fueran capaces de generar esta institucionalidad alternativa de forma segura, consistente, estable y con capacidad de mantenerse en el tiempo, no haría falta ni Podemos ni el asalto institucional por arriba.

El movimiento del 15M -como tantos otros movimientos sociales y políticos- nunca aspiró a ocupar parcelas de poder institucional. En su impugnación y ruptura democrática radical iba aparejado el proyecto, aunque inconsciente, de constituir y desplegar en el cuerpo social todo lo necesario para poder producir esa institucionalidad que sobrepase y desborde a la institución establecida. No únicamente existía la voluntad explícita de presionar a las instituciones desde fuera para que éstas cambiaran, sino que hay la perspectiva de sustituirlas en el largo plazo.

Podemos no es un fin en sí mismo, como podría serlo o caer en ello el 15M y tantos otros movimientos populares interconectados y que siempre, para no ser esa agua estancada que siempre termina podrida, siguen fluyendo en continuas trayectorias, desplazándose y mutando. Podemos recoge la reflexión lanzada por el 15M y la traduce a nivel político-institucional, sin voluntad de suplantar ni de sustituir a éste. Podemos es una herramienta de asalto por arriba al Estado y se vale e introduce en las reglas para lograr conquistar un espacio de poder que nunca hemos tenido. Para poner a trabajar las instituciones para las mayorías sociales, es decir, para intervenir democráticamente desde el estado y, valiéndose de sus instrumentos hacia la sociedad y empoderarla en ese momento y a través de esos instrumentos. Aplicar e implementar una política del movimiento atreviéndose a salir a ganar y no a mantener una estructura de partido más.

Podemos supone la cristalización de lo que sería el ciclo de movilizaciones en una mayoría que actúa políticamente a través de las instituciones. Esto es producto de la falta de edificación sostenible de esa institucionalidad alternativa latente y que emergía del 15M y del resto de movimientos de este ciclo. Un agotamiento que provocaba efectos boomerang de frustración y bloqueo, con el peligro de descomposición social y encuentros que alimentan las pasiones tristes. Una terrible sensación de estar dándose de bruces contra un muro institucional infranqueable. Había que cambiar la estrategia popular sin perder todo lo conquistado en este periodo, que ya no daba más de sí. Y sin mancillarlo ni pretender subsumirlo o sustituirlo. Es en este contexto donde se siembra la estrategia populista de Mover Ficha.

La relación entre Podemos y los movimientos sociales debería responder a este doble esquema que responde a una doble estrategia. Desde abajo y desde arriba. El poder no está únicamente en el congreso, también está en la calle. El híbrido entre movimiento y partido dentro de Podemos adoptó la insuficiente forma del círculo, que carece de capacidad de decisión. Aunque la figura del círculo como punto de encuentro, deliberación y viralización es innovadora no acaba de contemplar ese espacio intermedio entre participar hacia afuera y el decidir en el adentro.

Sin embargo, a Podemos le falta todavía aprender algunas de las lecciones que se extrajeron del 15M y admitir que una máquina incorpórea es incapaz de luchar materialmente por un cambio profundo. Sofisticar y mejorar los mecanismos de participación y democracia sigue siendo necesario para ganar. La sed de democracia desde aquel 15 de mayo tiene repercusiones en todos los niveles, las personas también exigen que los partidos sean internamente democráticos. En el 15M había una fuerte crítica dirigida a toda la estructura de aparato de partido que generó amplios consensos y cuyo viento sopló con extremada fuerza en las sedes de los distintos partidos, que se quedaban acorralados e incrementaban su descrédito a pasos agigantados. Si se percibe desde fuera que hay verticalismo, el proyecto se daña. Y esto no tiene que ver con ser movimentista, ni con entender erróneamente como hacen ciertas corrientes internas que Podemos debe ser o es un movimiento asambleario reconvertido a partido político institucionalizado y parlamentario (como si fuese por “imperativo legal”). Ser un partido con mecanismos internos democráticos, garantistas y participativos es simplemente instalarse en la normalidad de funcionamiento institucional al que aspiramos, dentro de los límites de actuación que permite.

La brecha en el régimen sigue abierta. El ciclo de movilizaciones, intensas, duras, sacrificadas, trabajadas se va a cerrar el próximo 20D. El ciclo electoral ha cambiado la dinámica de las movilizaciones y mientras una aumenta la otra disminuye. Hubo un punto de intersección, durante las marchas de la dignidad en las que Podemos, ya como partido, formó parte activa. Tras eso, llegaron las europeas y la entrada de lleno en el ciclo de contiendas y movilización electorales.

Por la rendija de la otra ventana, asoman la mirada los soldados del IBEX y sus candidatos. Nos quedan pocos cartuchos y existe una amenaza real de fin de ciclo con un cierre de clase nacional-identitario pactado entre las elites catalanas y españolas. En este sentido, las posibles confluencias por las diferentes autonomías deben servir comoaire fresco y como síntesis y equilibrio para el encuentro entre más actores, más gente y más complicidades, trabajando la corporalidad democrática de la herramienta sin perder la eficacia y teniendo los objetivos y los medios bien definidos. Es la hora de recuperar la centralidad del tablero desde la ruptura democrática y la apertura de un proceso constituyente.

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