No necesitamos “concienciar a las masas” pues la multitud ya es consciente

Muchas veces escucho en las conversaciones y discursos de la izquierda que el problema actual es que falta una toma de conciencia por parte de la ciudadanía para poder cambiar las cosas. De hecho, este discurso elitista y vanguardista también lo he escuchado en sectores más moderados o en personas cercanas a la socialdemocracia clásica.

Me parece un tremendo error de análisis el concebir el estado actual de cosas desde esa perspectiva. Para empezar, el presuponer que la ciudadanía no ha cogido conciencia significa que ésta es en general una masa imbécil que debe ser iluminada por alguna vanguardia política e intelectual, reproduciendo de esta forma el esquema marxista-leninista de lucha. Por otro lado, cuando hablamos de “concienciación” de la multitud como factor determinante para el cambio social, como lubricante definitivo para reventar las estructuras de dominación y de poder establecidas, significa que estamos asegurando que es la conciencia la que determina al Ser. Al realizar este ejercicio estamos afirmando que la mera conciencia puede realmente constituir al ser y hacer del sujeto pasivo y dormido uno activo y despierto. Subyace aquí la idea de que hay una independencia entre la conciencia y la inconsciencia (y/o otros factores sociales, culturales, materiales…) y, además, que la primera debe ser soberana sobre el resto. Una vez más, caeremos en la gramática política de la modernidad, es decir, en los binarios, los espacios cercados, así como en la idea de trascendencia. No hay una cabeza pensante, racional, que sea soberana sobre un cuerpo muerto. No hay un afuera de la misma. No hay unas neuronas determinadas que constituyan la conciencia o al ser y que se postulen como líderes sobre el resto. El propio funcionamiento del cerebro (interconexión neuronal, toma de decisiones siguiendo la coordinación de miles de millones de neuronas independientes pero conectadas entre sí) ya nos da unos indicios de por donde van los tiros. Aparte, queda bastante claro que no hay ninguna separación “cuerpo-alma” (analogía que ha servido para formar muchos discursos políticos de la modernidad, dios, Estado o ente o partido o nación posicionado jerárquicamente por encima del cuerpo social y trascendente al mismo).

Fue Foucault quién aseguró que la conciencia de la opresión ya está dada y que los problemas políticos no son un asunto de la conciencia. Los oprimidos sabemos muy bien quién es nuestro enemigo, es una cosa que está clara. Del mismo modo, argumentaba que el discurso no tiene la capacidad de transformar al ser por sí mismo. En efecto, el discurso –político- no es un modo de conciencia sino un constituyente de su propio discurso. No podemos olvidar que un discurso determinado siempre es concebido dentro de los propios parámetros del sistema (en términos de Foucault, que se ha constituido siguiendo los dispositivos disciplinarios de veridicción y de saber ya dados).  Para avanzar en la lucha empezada tenemos que desprendernos de las clásicas lógicas que no parecen adecuarse al estado actual de cosas, además de que éstas últimas son políticamente cuestionables.

Cuantas veces habréis escuchado que “el problema es que la gente es imbécil”.  Curiosa afirmación realizada al mismo tiempo por toda la gente con la que yo me he encontrado, nunca me ha quedado muy claro quien es entonces esa “gente” restante, pues casi todas las personas con las que me he cruzado y con las que he debatido de política han terminado con esa coletilla (y aclaro que no todas del mismo color político ni con la misma formación académica y/o política). La gente no es imbécil, puede tener miedo, puede ser conformista, pero no es imbécil. De hecho, al afirmar que es imbécil ya te posicionas arrogantemente (casi incluso de forma fascista y autoritaria) por encima de ella. Nos puede faltar organización (que no es lo mismo que concienciación, ni ésta es necesariamente un paso previo para la otra) y creación de nuevas instituciones autónomas, pero no concienciación para realizar un cambio de fondo en el sistema. Ayudar solidariamente, constituirnos y reinventarnos constantemente, de forma inmanente, teniendo siempre muy en cuenta que es complicado encontrar el punto de intersección de las luchas locales con la globalización capitalista.

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Un pensamiento en “No necesitamos “concienciar a las masas” pues la multitud ya es consciente

  1. Reconozco que soy uno de aquellos que culpa a los demás de ser idiotas, a partir de ahora procuraré hacerlo de forma más especifica o reflexiva.
    Pero si has dejado claro que no podemos generalizar, por mi propia experiencia si que me atrevo a afirmar que hace falta concienciar a mucha gente y que otros tantos son imbéciles, aunque te doy la razón de que resolver esto no terminase con nuestras miserias, creo que se trata más bien de una excusa para entender o soportar que aun siendo conscientes de la situación que nos rodea no seamos capaces de resolverla, por falta de, lo dicho, organización.

    Salud!

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