Liberando sexualidades

La clásica teoría de Lévis-Strauss asegura que los seres humanos tendemos y solemos dividir el mundo de forma simplista en binomios opuestos. De esta forma, se construye una realidad propia (que parte del yo en primera instancia y más tarde del nosotros) identitaria en relación a una alteridad opuesta: cultura/naturaleza, hombre/mujer, razón (Yo Soberano)/pasión (emociones, inconsciente…), blancos/negros, bueno/malo, izquierda/derecha etcétera. Con la sexualidad ocurre lo mismo, se suele oponer heterosexualidad/homosexualidad. De esta manera, solemos construir nuestra identidad sexual en relación a lo que no somos, muchas veces suprimiendo la amalgama de opciones intermedias. Además de ello, el concebir el mundo de forma binaria nos suele conducir al esencialismo (base de los debates en el mundo homosexual sobre el eterno “se hace o se nace”).

Este esencialismo fortifica las opiniones que muchas veces escuchamos en la calle tales como “la homosexualidad no es natural” o “la heterosexualidad garantiza la supervivencia de la especie por lo tanto es lo natural” (y, yo añadiría, “lo correcto”). Muchos científicos y biólogos se han entretenido en buscar los genes que determinan la homosexualidad o el ser femenino si se es hombre o masculino si se es mujer (normalmente sólo con el argumento de la testosterona). Una completa estupidez, primero habría que determinar si existe realmente una “esencia” femenina o una esencia “masculina” (y, por extensión, una esencia “homosexual”). Son puras construcciones sociales, dinámicas, relacionales e inmanentes. Que esto no quita que sea la biología humana la que dé una receta de salida, ahora bien, deberá ser efectuada o no (las combinaciones son infinitas, la biología únicamente nos presenta las potencialidades).

La gran pregunta para un científico neodarwinista es el porqué, según su razonamiento esencialista y evolucionista, siguen existiendo homosexuales. ¿Qué extraña estrategia de supervivencia y adaptación al medio sería esa? ¿Cómo se transmitiría genéticamente la homosexualidad a lo largo de miles de años si no pueden tener descendencia? Todo ello nos lleva a lo anteriormente mencionado, que tanto la heterosexualidad como la homosexualidad son construcciones sociales. Las personas humanas, dentro de su diversidad y multiciplidad, adoptan distintas formas de relacionarse con el resto de su entorno.

Vivimos en un mundo heteropatriarcal, donde la norma es la heterosexualidad que se naturaliza y se interioriza ejerciendo una dominación y opresión sobre el resto de relaciones afectivo-sexuales. Aunque precede al capitalismo, éste alimenta este modelo de organización social que  hace de la mujer una máquina de fabricar niños para la siguiente generación y un hombre que gana el pan (aunque esto, por suerte, ha ido cambiando a lo largo de los últimos 30 años). La heteronormatividad perpetúa el sistema de privilegios impuesto y la dominación masculina. Asegura el camino hacia la pareja monógama y establece las bases potenciales de seguir con la mitología del héroe masculino (hombre seguro, racional, fuerte, valiente, espectacular y protagonista de la vida pública).

Poner en duda la heterosexualidad es cuestionar los cimientos de la familia nuclear y de las estructuras de dominación vigentes. Por ello el movimiento homosexual tuvo un carácter emancipador tremendo y políticamente podía haber subvertido muchas normas establecidas. Es un movimiento que se ha ido diluyendo a lo largo del tiempo y, con la equiparación al matrimonio heterosexual, ha sido incluido y categorizado dentro del sistema (aunque siguen estando oprimidos, se ha generado un sistema de relaciones, valores y roles muy semejante al de la pareja heterosexual tradicional).

Tanto la heterosexualidad como la homosexualidad son construcciones sociales identitarias y por ello cerrarse en banda tanto en un bando como en el otro -retornando al esencialismo- es un error. Los seres humanos no somos ni heterosexuales ni homosexuales ni todo lo contrario. Es por ello que es necesario un trabajo de deconstrucción profundo aunque también de lucha contra el heteropatriarcado.

Un día señalado como hoy es un día de reivindicación de las sexualidades disidentes. Un momento de expresividad de todas aquellas sexualidades ocultas y oprimidas por la heteronormatividad.

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Un pensamiento en “Liberando sexualidades

  1. A mi entender, si el rol femenino es tener hijos, el masculino, no es principalmente ganar el pan, sino ir a la guerra. Y si esto está cambiando creo que no es precisamente para mejor, ahora son las mujeres las convencidas para “emanciparse” y morir como buenas patriotas defendiendo la bandera.
    En cuanto a la homosexualidad, igualmente se ha descafeinado, se ha equiparado en ¿derechos?
    al matrimonio hetero y ambos se han orientado a servir al estado. Ahora es el estado quien nos indica como ser un buen “gey” o una lesbiana decente, olvidémonos de aquellos simples maricones y bolleras tan ordinarios como mal vistos, el estado por fin los ha “liberado” y ha fijado las bases, “el protocolo”, a seguir en caso de tomar esa opción, que además es subvencionada en cuanto permite destruir el modelo de familia extensa tan temido por el estado.

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