Mentiras y falacias habituales del argumentario liberal/capitalista

A raíz de la propuesta de CiU de reducir el 18% de la masa salarial de TV3 y Catalunya Ràdio, diversas reflexiones pueden llevarse a cabo.

Se han ofrecido dos posibles alternativas para ejecutarse esta reducción: o bien despedimos al 18% de la plantilla o bien reducimos a todos por igual un 18% su salario. No se ha propuesto reducir un 50% el salario a los altos directivos y un 5% o nada al resto de empleados. Algo parecido ocurrió en Telemadrid, donde se despidió a un millar de trabajadorxs, entre los cuales no se encontraban altos directivos. A través de estos ejemplos (pero hay muchos más, actualmente las cúpulas directivas de las empresas del IBEX-35 cobran más que hace unos años, o la estafa de las preferentes, impuesta desde arriba y que se traduce por el despido de los bancarios que las ejecutaban) se puede vislumbrar una de las mayores falacias del pensamiento liberal, que enmascaran la lucha de clases inherente al sistema capitalista.

Para justificar salarios muy elevados, los liberales suelen recurrir al argumento de la meritocracia así como a la especialización y puestos de responsabilidad. De esta forma, los trabajadores más especializados, más preparados, más “aptos”, suelen ocupar puestos de dirección. Esas variables legitiman su mayor remuneración. Aparte de ellxs, están los que propiamente crearon la empresa en cuestión (mención aparte de los inversores).

Cuando se llevan a cabo procesos de reestructuración en el seno de las empresas, cuando la empresa ha ido mal, cuando se deben bajar salarios para ganar en competitividad y que la empresa no quiebre, prácticamente de forma sistématica todo el peso recae sobre los trabajadores menos preparados y con menor salario. Este significativo e ilustrativo hecho revienta en la base todo el sistema por el cual se legitiman los salarios elevados de los puestos de dirección. En efecto, si entramos en la lógica liberal/capitalista, el principal culpable de que una empresa no funcione bien es el que ocupa un puesto de mando y responsabilidad. Cobra más y tiene más libertad, entre otras cosas, porque tiene más responsabilidades. Qué curioso que sean los que menos responsabilidades se atribuyen cuando las cosas vienen mal dadas. Son los últimos en ser despedidos, son los que nunca se autoimponen (o les imponen) bajadas salariales que proporcionalmente deberían ser mucho más severas, pues para eso tienen más responsabilidad de que la cosa haya ido mal (dieron malas órdenes, no diseñaron bien las estrategias empresariales, no supieron innovar o inventar para que la empresa no quebrara, etcétera).

¿Quién tiene más culpa de que una empresa vaya mal? ¿El trabajador que únicamente obedece órdenes de arriba o el que dictamina esas órdenes? De hecho, el trabajador debería ser siempre el último en ser despedido, o el último al que se le impone una bajada salarial (siempre menor a los altos mandos), pues es el que menos responsabilidades tiene de que una empresa haya ido mal. Pero claro, es el más prescindible, el eslabón más débil. La lucha de clases se manifiesta de esta forma, unos cuantos con grandes cuotas de poder en las empresas imponen siempre su criterio, muchas veces de forma arbitraria, a sus subordinados.

Siempre nos toca pagar los platos rotos.

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