El 15M y la emergencia de la multitud; ¿Cambio de paradigma?

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Algunas de las reflexiones y citas están inspiradas y/o extraídas del imprescindible blog de John Brown, http://iohannesmaurus.blogspot.com.es/,  sobre la violencia revolucionaria hablé en un post anterior (click aquí)

La irrupción del movimiento 15M -o de los indignados- el pasado 15 de mayo de 2011 en el estado español ha supuesto un nuevo desafío para la teoría política. El éxito de las movilizaciones, el respaldo de los ciudadanos (más de un 70% de apoyo[1]) y la ruptura en la forma de hacer política pueden ser indicadores de que algo nuevo se está gestando en el seno de la comunidad política occidental.

Los elementos que han dado nacimiento a este movimiento son completamente novedosos. Por una parte está la organización ciudadana a través de las redes sociales (Internet), horizontal, anónima y fuera de las estructuras de partidos o sindicatos. Por otra parte, está el fenómeno de la espontaneidad (así como la manifestación del 15 de mayo fue convocada, la acampada del primer día no lo fue). Además de ello, la propia acción política  -ocupar espacios públicos como las plazas, las asambleas, la ausencia de banderas políticas, de una ideología determinada, los mensajes enviados al exterior, la autonomía del movimiento etcétera- supone un punto de inflexión y de ruptura con los viejos repertorios tanto de la acción colectiva como de los mensajes políticos. Emergen con más fuerza que nunca los conceptos de multitud, enjambre o democracia absoluta spinoziana. Etiquetas éstas típicas de la teoría posmoderna de izquierdas. El fin de los metarrelatos, de ideologías mesiánicas (como el comunismo) pueden ser un factor explicativo del surgimiento del 15M y de su posible pervivencia en el futuro.

Sin embargo, no son pocos los críticos y escépticos hacia el cauce verdaderamente revolucionario del movimiento 15M. Desde múltiples perspectivas se critica la dimensión transformadora que pudiese tener, su capacidad revolucionaria o de verdadera ruptura con la modernidad política. Tenemos, por ejemplo, al sociólogo Bauman que afirma que el movimiento es fundamentalmente emocional y, por lo tanto, destructivo y nada constructivo (y, por ende, es imposible que sea constituyente), además de carente de pensamiento político[2]. Desde posturas más conservadoras se afirma que cae en las mismas dinámicas que la democracia representativa. Por último, encontramos a los marxistas (sobre todo a los marxistas-leninistas) que critican ferozmente al movimiento tildándolo de reaccionario (por negar el eje izquierda-derecha) y por su inoperatividad real y potencial de poder romper tanto con el capitalismo como con la democracia representativa (entre otras cosas, por cambiar el discurso de clases, por renegar de una vanguardia política, por su utopismo ingenuo etcétera). Aparte de esta crítica frontal encontramos un discurso que afirma que el 15M no es en absoluto novedoso, es una expresión más de luchas parecidas que ya se llevaron en el pasado.

El objeto de este artículo  es indagar en las características del 15M para poder apreciar con algo de sustento si es, primeramente, un movimiento novedoso que supera en alguna medida las tradiciones de la teoría política y que es la expresión material del agotamiento del Estado moderno. En segundo lugar, si es un movimiento revolucionario capaz de superar las teorías marxistas-leninistas y, de forma más amplia, al capitalismo financiero y al sistema de democracia liberal. En tercer lugar, las capacidades reales de supervivencia en el futuro. Para ello, recurriré a diferentes textos de distintos teóricos. Principalmente, me centraré en Lenin y en Negri, pero también utilizaré a Spinoza. Soy consciente de que el 15M nace en un momento de extrema convulsión y de agotamiento de un régimen político-económico determinado (por culpa del estallido de la crisis económica del 2008). Esta variable explicativa se tendrá en cuenta a lo largo del artículo pero no será su eje central.

En la tradición de la teoría política suele haber unanimidad en el principio básico de que solo “uno” puede gobernar, de que la soberanía recaiga en un único ente (nación, pueblo entendido como un uno, Estado o Partido). Además de ello y como ya señaló Negri (2004; 383) se suele realizar la analogía entre el cuerpo social y el cuerpo humano200px-Leviathan_gr en el que una cabeza racional dirige siempre al resto del organismo. Este último concepto es muy importante pues configura el propio imaginario acerca del sistema político que debemos adoptar. Así, se nos presenta como caótico e irrealizable cualquier sistema que carezca de ese ente/soberano que dirija al resto de la sociedad. La crítica clásica al anarquismo realizada desde el comunismo, por ejemplo, es que la sociedad no está preparada para poder auto-organizarse. No es posible un cambio tan radical y tan súbito. Es necesario un proceso (Marx y Lenin lo denominan socialismo), una transición, que “agote la misión histórica del Estado” (Lenin, 2009, 39).

Por otra parte, los filósofos clásicos como Platón, Aristóteles o Cicerón ya denunciaron al sistema democrático por su degeneración hacia la anarquía. Cicerón aseguraba que provocaba un desgobierno y desencadenaba el proceso de anaciclosis. El legado de la filosofía política es de extrema importancia ya que sigue influyendo determinantemente en los pensadores contemporáneos, entre otras cosas, en esta crítica a la ausencia de gobierno y a la necesidad imperiosa de tener una cabeza capaz de mandar (con el consentimiento de los gobernados a partir de Maquiavelo) al resto del cuerpo social. Los defensores de la democracia liberal, aunque utilicen el subterfugio de la pluralidad de intereses, también recurren a este juego de gobernantes-gobernados. Bajo ninguna circunstancia conciben la posibilidad real y factible de que los seres humanos puedan pasarse de un gobierno (sea este explícito o tácito) o de una autoridad (la excepción en el liberalismo podría ser Nozick). La mayoría y más influyentes filósofos de la modernidad –Hobbes, Rousseau, Locke- se preguntan constantemente la legitimidad y los mecanismos en los que se realiza el contrato social que sirve para gobernar y para determinar quién detenta y porqué la soberanía.

Aparte de la analogía esbozada por Negri, podríamos añadir la del árbol de Porfirio. En este modelo descriptivo y epistemológico,  la organización de los elementos sigue líneas de subordinación jerárquicas. De esta forma, en la organización del conocimiento lo que se afirma de los elementos de mayor nivel es necesariamente verdadero de los elementos subordinados. Siempre se parte de unos primeros principios y se deriva por medios lógicos al conocimiento (escuela fundacionalista que se remonta a Aristóteles). Es relevante tener en cuenta estos dos conceptos (gobierno de uno y analogía del cuerpo humano y cuerpo social que necesitan de una mente racional que los domine así como la subordinación jerárquica del conocimiento del árbol de Porfirio) pues están íntimamente ligados y configuran nuestra manera de comprender al mundo.

Cuando Lenin habla de una vanguardia comunista (hacer un partido de vanguardia de las masas) en el fondo se está refiriendo a los dos modelos anteriormente citados. Tenemos un cuerpo social (el proletariado) que debe ser guiado por una mente racional (un ente, el Partido) que conoce la Verdad (modelo arbóreo de Porfirio). Es una expresión más de la modernidad y de la tradición filosófica clásica neoplatónica. La verticalidad, la autoridad, la teoría del conocimiento y la imagen que se tiene del cuerpo social es muy parecida a la presentada por muchos otros filósofos. ¿Son todavía válidos estos modelos en la actualidad? ¿Sirven para interpretar de forma adecuada a la sociedad y sus interacciones?

En su trabajo, Negri ya nos desvela alguna de las claves para superar estos dos supuestamente obsoletos modelos para comprender a la sociedad. Negri señala primeramente los avances en fisiología y psicología, que demuestran que la mente no es autónoma con respecto al cuerpo (Negri; 2004, 384). Mente y cuerpo se nos presentan como atributos de una misma sustancia y ambos intervienen e influyen en la producción del raciocinio. Además, en el campo de la ciencia y de la neurobiología se nos dice constantemente que el pensamiento es la coordinación de miles de millones de neuronas que siguen pautas coherentes y que carecen de un centro de mando unitario. La primera analogía realizada para justificar al soberano (cuerpo social y cuerpo humano que necesitan de una cabeza pensante) parece que puede ser negada, ya que no hay ninguna cabeza pensante en el ser humano. Podemos utilizar la misma analogía pero por distintas razones.

Por otro lado, Deleuze y Gattari han opuesto al modelo del árbol de Porfirio el modelo rizomático antifundacionalista que aprehende las multiplicidades. En éste, cualquier predicado afirmado de un elemento puede incidir en la concepción de otros elementos de la estructura, sin importar su posición recíproca. No hay tampoco un centro. Además de ello, una organización rizomática del conocimiento es un método para ejercer la resistencia contra un modelo jerárquico, que traduce en términos epistemológicos una estructura social opresiva (Deleuze & Guattari 1980:531).

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Estos nuevos conceptos pueden ayudarnos a comprender el cauce novedoso del movimiento 15M y como éste está siguiendo las mismas pautas y está siendo la traducción en la política de las nuevas teorías en los distintos campos del conocimiento humano. Es, en definitiva, la cristalización de la nueva era basada en el conocimiento, las nuevas tecnologías  y la comunicación.

El 15M es un movimiento que carece por completo de líderes y en donde la toma de decisiones se realiza mediante un proceso de puesta en común de una cantidad muy importante de singularidades que interactúan horizontalmente, recíproca y anónimamente. Reproduce en un cierto sentido el propio funcionamiento del cerebro humano.

Otro elemento a tener en cuenta es que el 15M también supera la clásica distinción/oposición marxista-leninista del trabajo intelectual frente al trabajo manual. La terciarización de la economía ha obligado a la masa trabajadora a desempeñar tareas de índole intelectual en detrimento de las puramente manuales. Esto, además, ha venido acompañado de la alfabetización casi total en las sociedades occidentales. Según Hegel es el trabajo el que genera la cultura. Siguiendo esta premisa, podemos afirmar que la cultura de las clases populares ha cambiado significativamente. Se ha sustituido al ejército uniforme de la clase obrera –ilustrada magníficamente en el corto de los hermanos Lumière- por una difusa clase de difícil identificación y auto-subjetivización que además está atomizada. Los trabajadores actuales suelen realizar diferentes oficios a lo largo de su vida y suelen producir cosas más intangibles. Podemos afirmar que nos encontramos en una sociedad postfordista, con nuevas necesidades y nuevos desafíos. En este marco parecen haber quedado un poco desdibujados las viejas organizaciones sindicales (articuladas en torno al sector industrial) así como algunos partidos. El capitalismo ha mutado así como su organización social. Es en esta tesitura que el 15M aporta una nueva configuración de la respuesta de la ciudadanía. La crítica a este respecto podría venir en la escasa implantación del movimiento en los centros de trabajo.

La crítica marxista-leninista e incluso de la izquierda institucional viene a cuestionar por distintos flancos al 15M. Para empezar, señalan la ausencia de una estrategia política determinada. Las instituciones existen y en el 15M no hay indicios de ninguna estrategia (¿Cómo se desmantela al Estado capitalista actual?) enfocada a abolir al capitalismo en sí y a sustituir a éste por otro sistema (¿Cuál es el sistema que proponen?). Siguiendo algunas demandas del movimiento, ya sea la mayor inversión pública, más democracia o la promoción de viviendas públicas, no encontramos ni aspectos novedosos que no hayan sido dilucidados por algún partido ya existente ni una ruptura radical.

Por otro lado, parece que el 15M haya querido empezar “por el tejado” (cambiar al sistema político en vez de a la economía en una primera instancia). Esto puede ser bastante inocente ya que presupone que la clase dominante permitiría cambiar la política (la superestructura) y que, además, esto podría ser realmente operativo (para cambiar la política hay que cambiar el sistema económico). Además, existe el peligro de la organización de los empresarios y banqueros, que atacarían irremediablemente un nuevo poder constituyente desde abajo que pudiera frustrar sus intereses. La falta de formación y militancia de los sujetos que componen al 15M es un elemento que juega a favor del sistema que se supone pretende superar. La ausencia de una retórica científica de la lucha de clases y de la subsiguiente organización de las mismas es un impedimento para poder avanzar en la dirección adecuada. Y es que para poder hacer un frente de masas efectivo es un imperativo la formación política que derribe los muros de la alineación de la clase trabajadora (fruto del trabajo, de los medios de comunicación, de la educación…) así como su subjetivización (clase para sí). Lenin afirma en este sentido que “el marxismo educa a la vanguardia del proletariado, vanguardia capaz de tomar y conducir a todo el pueblo al socialismo, de dirigir y organizar al nuevo régimen” (Lenin, 2009; 41).El_Estado_y_La_Revolucion  Al negar la existencia de una lucha de clases, el 15M comete un error de base y una errónea lectura de las relaciones sociales, de poder y de dominación del sistema capitalista en el que seguimos inmersos (aunque haya mutado). No sólo hay un error en la interpretación, sino que este error impide una praxis real y verosímil de toma del poder.

Según Lenin, “el Estado es un instrumento del que se valen las clases dominantes para perpetuar su poder sobre las clases explotadas” (Lenin, 2009, 15), en la misma línea, asegura “el derrocamiento de la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía” (Lenin, 2009; 41). Tenemos, por lo tanto, una estrategia política para tomar el poder además de un sistema que lo sustituye (tanto político como económico). El 15M rompe con todas estas teorías y, por lo tanto, su inoperatividad sería inequívoca y no supone ninguna amenaza para el sistema en sí. Es la expresión de un descontento que debería ser retomado por una vanguardia (para su formación política) para constituirse como una alternativa real.

Los marxistas-leninistas apuestan por una vanguardia política capaz de guiar a las masas trabajadoras hacia la conquista del poder político. El sistema capitalista puede ser más democrático y más “humano”  pero se seguiría sin acabar con su sustancia.

El problema evidente de la crítica marxista-leninista es que reproduce los mismos conceptos y los mismos patrones de la teoría moderna (Partido, Estado, Pueblo, Clase) y que ya tuvo una experiencia histórica fallida (¿El análisis pudo ser erróneo?). El 15M ha opuesto a las viejas nomenclaturas nuevos conceptos: “asamblea abierta”, “no representación”, “multitud”, “sin miedo” (contra democracia representativa, parlamento, pueblo, violencia legítima[3]). Es complicado pensar que utilizando las mismas herramientas ofrecidas por el actual sistema y sus pensadores podamos escapar a su lógica interna. Además, es excluyente y dudoso que el único sujeto revolucionario sea el proletariado.

Peter Linebaugh ha señalado también el componente público y transformador de la multitud que defiende la res publica frente a la república de los propietarios[4] (ésta última, común a liberales y comunistas, aunque para éstos sólo sea a modo de transición). El advenimiento y consolidación de las redes sociales y de Internet van de la mano de la proyección del movimiento 15M, que sigue patrones e imaginarios similares. Difícilmente se puede renegar de la influencia y de la propia composición de las redes. El marxismo-leninismo e incluso las críticas vertidas por la izquierda más institucional parecen ir un poco separadas del potencial de la red y de su lógica interna.

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Por otro lado, el movimiento 15M sí que tiene una estrategia política encaminada a superar al sistema capitalista. Aunque no esté escrita o explicitada sí que se traduce en acciones. Así, por ejemplo, el 15 de octubre del 2011 se ocupó un edificio en Barcelona que todavía, a día de hoy, sirve de vivienda para 32 familias necesitadas. También han parado numerosos desahucios y los propios mecanismos utilizados por el movimiento sirven a otras plataformas y partidos. Tampoco podemos obviar la influencia que ha tenido en la agenda mediática y política (se habla de reformar al sistema democrático, se denuncian las prácticas financieras así como el desmantelamiento del Estado del bienestar). Además tenemos una persistencia del 15M en el imaginario colectivo e interiorizado en cada uno de nosotros. Se mantiene a lo largo del tiempo y por ello no sorprende nuevas expresiones del mismo como el 25S rodea el congreso. Las propias asambleas y la ocupación del espacio público suponen una reinterpretación de lo que es común e incluso de las libertades republicanas. Frente a la mercantilización absoluta de todos los aspectos de nuestras vidas y de las privatizaciones se erige el movimiento para reivindicar aquello que es de la comunidad, aquello irreducible a la simple comunidad de propietarios. Las 30 000 manifestaciones que se han producido en el estado español durante el pasado año 2012 dan cuenta de esta persistencia del movimiento, la marca no es -ni debe ser- tan importante. Reinventarse, innovar son imperativos.

En conclusión, el 15M es una expresión del “Imperium omnino absolutum” de Spinoza, en el que la democracia no se concibe como poder del pueblo sino como un gobierno de la multitud por sí misma[5]. Los avances en los campos de la fisiología, psicología y neurobiología vienen a apoyar las analogías entre el cuerpo social y el cuerpo humano, rompiendo con las antiguas interpretaciones mecanicistas y sus traducciones políticas. El fin de la organización fordista en occidente no hace sino intensificar la transición de la época moderna hacia un nuevo tipo de sociedad basada en el conocimiento, la información y las nuevas tecnologías. Parece extinguido el ejército uniforme de obreros manuales productores de bienes materiales (no podemos volver a filmar a obreros saliendo de una fábrica, inexistente en occidente) y con él, la unificación y la necesidad de un “Partido de masas”.  El 15M, horizontal, anónimo, sin ideologías determinadas, sin líderes, recíproco, espontáneo, asambleario viene a romper con las tradiciones políticas tradicionales.

Ahora bien, todavía quedan ciertas dudas a la hora de valorar la posibilidad real y factible de sustituir al actual sistema capitalista por otro sistema que el 15M (más allá de la teoría del régimen de lo común) no parece haber perfilado todavía. La crítica marxista-leninista, aunque insuficiente, es interesante en el sentido de que señala la falta de rumbo del 15M a la hora de proponer un sistema alternativo. Se proponen alternativas (banca ética, más democracia, inversión pública, impuestos progresivos, cooperativismo…) pero no parecen llegar al fondo de la cuestión. De ahí que tenga dificultades de pervivencia en el futuro, aunque la nueva forma de hacer política así como la propia política del movimiento, la praxis, puedan sostenerse en el tiempo. Ilustrativo a este fenómeno es la entrada de las CUP en el Parlamento catalán, un partido –partidos- que reproduce el modus operandi del 15M y que parece disponer de una gran proyección de futuro.

 

 

 

Bibliografía:

Deleuze & Guattari, F., Capitalisme et Schizophrénie 2, Mille Plateaux, 1980, Paris : Minuit

Lenin, V., El Estado y la Revolución, 2009, Diario Público

Negri, A., Multitud; guerra y democracia en la era del Imperio, 2004, Debate


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