La caridad desde una perspectiva crítica

Imagen del spot que denunció el pasado mes de mayo de 2011 la hipocresía de la Marató contra la Pobres

Imagen del spot que denunció el pasado mes de mayo de 2012 la hipocresía de la Marató contra la Pobresa

Desde hace unos días, se ha impulsado a lo largo del territorio catalán una iniciativa liderada por el Banco de Alimentos, grandes empresas y bancos (La Caixa) denominada “El Gran Recapte” destinada a recoger alimentos para las familias necesitadas. No en vano, los bancos de alimentos han asegurado que 9 millones de españoles han acudido a ellos para pedir comida en alguna ocasión (en el estado español se pasa hambre). En este post no quiero poner en duda la buena fe así como las ganas de ayudar de los ciudadanos que colaboran con este tipo de iniciativas. Es cierto que algunos hipócritas quieren lavar su conciencia pero no son la mayoría. Hay un deseo real de asistir a los que peor lo están pasando. Tampoco es mi intención hacer una crítica sangrante, algo hay que hacer con las personas que pasan hambre y no disponen de ninguna solución immediata a sus precarias situaciones. Sin embargo, no podemos quedarnos en lo superficial de este tipo de acciones y hay que destapar las hipocresías así como la forma de ayudar que alimentamos utilizando la caridad.

Ya de entrada, es chocante observar qué empresas colaboran con este tipo de iniciativas. No descubro nada a nadie asegurando que los cómplices y los culpables de que en este país se pase hambre son los que lideran esto. La Caixa es un banco que está echando a las personas de sus casas, empujándolas al suicidio como el sonado caso de Amaia, que ha estafado a centenares de miles de clientes con las preferentes (abocándolas, de esta forma, a la pobreza y a la miseria personal) y que ha sido uno de los causantes de la crisis que hoy provoca la pobreza que dicen combatir. Mercadona es una empresa que directamente criminalizó y denunció a activistas que entraron en sus supermercados para coger comida y dársela a los pobres. Por último, casi todos los propietarios de estas empresas tienen su dinero en paraísos fiscales, se oponen a medidas que puedan paliar la pobreza (ya sea oponiéndose a subidas de impuestos o en sus propias prácticas en el seno de las mismas, sin redistribuir los beneficios que generan entre sus trabajadores) y proponen muchas que acentúan nuestra situación (como las reformas del mercado laboral, la privatización de servicios públicos etcétera). Que luego pidan caridad es pura y desvergonzada hipocresía, un simple mecanismo de lavado de imagen.

Por otro lado, y ya de forma más general, debemos afrontar lo que significa e implica la caridad en sí (aunque, reitero, no quiero criticar a las buenas personas que participan de buena fe en ella). La relación que se establece entre el que dona algo y el que recibe algo no es en absoluto solidaria. Es una relación de dependencia, jerárquica que va de arriba a abajo y condescendiente. No trata como un igual al que necesita la ayuda ya que reproduce un modelo lineal unidireccional en el que uno tiene y otro no tiene y en el que éste segundo debe arrodillarse en el momento que recibe, verticalmente, la donación. Además, sirve para mantener el status-quo y legitima y mantiene los poderes estructurales de dominación. Cuando uno colabora con una campaña de este tipo, debe saber que está legitimando al sistema que provoca esa pobreza y además debe ser consciente de la imagen que da. Frente a la caridad está la solidaridad. Ésta es horizontal, establece sistemas de reciprocidad y no estigmatiza al otro. Se pone al lado del otro y le ayuda. Por ejemplo, una acción solidaria puede ser el parar un desahucio o el expropiar tierras para que todxs puedan trabajarla. El capital no distorsiona la acción en ningua de estas dos acciones. Un grupo de personas, en ambos casos, se posicionan en un mismo plano y se apoyan y ayudan mutuamente. Ser solidario en el caso de la comida no es comprar algo extra para otra persona, es compartir la tuya propia. Por otra parte, la denuncia al sistema debe ser constante y las propias acciones deben ser consecuentes con esto, por eso expropiar un supermercado es una acción solidaria (es un acto ilegal en el todxs colaboran) y de denuncia al sistema. Hay una doble vertiente. Aun así, visto que el Estado no da más de sí, las acciones caritativas pueden ser un remedio a corto plazo y tampoco, como ya he dicho, quiero denunciarlas al 100%. Es algo práctico que resuelve el problema del que pasa hambre hoy, aunque humille a quién la recibe.

Por último, me gustaría poner una visión economicista, para que también tengamos en cuenta una cuestión que a los liberales les puede resultar extraña. En efecto, la caridad es ineficiente económicamente hablando. Y no lo es por ese discurso de que subvencionando no damos incentivos a las personas para que por ellas mismas salgan del atolladoro en el que se encuentran. Lo es porque siempre se pierde dinero. Es fácil de comprender con un ejemplo. En La marató de TV3, el simple hecho de que veamos que muchas personas ya donan dinero y que la suma total de lo recaudado podamos observarlo ya nos supone un beneficio y una satisfacción personal. Aunque no hayamos colaborado. Nos produce un bienestar el observar que hay ya mucho dinero recaudado (somos felices al ver que las personas necesitadas o el colectivo al que va dirigida la donación tendrán, sí o sí, una gran donación) y, por lo tanto, dejamos de donar o donamos menos (ya que vemos que ya hay mucho dinero recaudado). Siempre se recaudará menos con la caridad que con un sistema de impuestos que luego se destinen a integración social o a asistencia a personas necesitadas. En este sentido, el Estado es más eficiente para arreglar las consecuencias de la pobreza que la caridad.

Por cierto, es curioso como esta sociedad elevada a l categoría de ángel, de santo, al que ayuda a los pobres pero demoniza y criminaliza al que lucha contra las causas de esa pobreza.

Anuncios

3 pensamientos en “La caridad desde una perspectiva crítica

  1. Completamente de acuerdo compañero, necesitamos más solidaridad, más fraternidad y menos caridad.

    El estado roba la plusvalía a los productores, evitando que estos puedan destinarla a ayudar a sus semejantes, dando luego un mínimo en forma de caridad, para evitar revueltas y demasiada mortalidad.
    Además se inculca desde pequeños a estos productores a que acepten este sistema y a que no pretendan buscar ningún otro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s