Prostitución:¿Regulación o abolición?

(en este post profundizo en el tema de la legalización del trabajo sexual que ya comenté en otro artículo –clic aquí para acceder–  ya que necesitaba de una justificación más o menos fundamentada, el trabajo está basado en un imprescindible y muy detallado y bien argumentado artículo de Daniela Heim, clicar aquí para acceder al mismo)

Entre las feministas existe un intenso debate en torno a la problemática de la prostitución. Dos posiciones irreconciliables (el abolicionismo y el regulacionismo) pugnan por intentar ser la posición hegemónica que mejor defienda la precaria situación de la mujer en nuestros días. Tienen un punto en común: la prostitución es la manifestación más brutal del patriarcado -que el capitalismo alimenta- y la feminización de la pobreza. Ahora bien, sabiendo que siempre ha existido y que actualmente sigue sin ser extinguida, ¿Cómo le hacemos frente? Dividiré este breve artículo en dos partes, por un lado la posición abolicionista y todos los argumentos esgrimidos por ésta y por el otro la posición regulacionista.

Ilustración de Patrick Thomas para el periódico Público

 Las abolicionistas (no confundir nunca con las prohibicionistas) consideran la prostitución como violencia de género y ocio masculinizado que reproduce las relaciones de poder y dominación del hombre en nuestra sociedad. Realizan siempre la analogía entre las mujeres maltratadas por sus maridos y las mujeres que se ven obligadas a prostituirse. A través de esta analogía intentan justificar el hecho de que las prostitutas no llegan nunca a ejercer una libertad de elección real, incluso en entornos no-violentos el simple hecho de utilizar tu cuerpo como una mercancía –perdiendo tu integridad física- significa que ha sido violentado. Algunas feministas contemporáneas, como Jane Anthony, consideran que las mujeres están tan acostumbradas a la explotación y a la violencia que reportan menos la violencia de género intrínseca a la prostitución en relación a la violencia habitual de golpes y violaciones. Esta equiparación es la razón por la cual jamás podrá ser considerado como un trabajo el hecho de ejercer la prostitución. Este fenómeno implica que no se pueda reivindicar los derechos laborales de las prostitutas (ya que no pueden ser consideradas como trabajadoras) ni que pueda ser legalizada esta actividad. Las abolicionistas suelen añadir que la legalización fomenta, legitima y anima a la prostitución, así como significa la legitimación del “putero” (el que maltrata a las mujeres al penetrarlas).

A diferencia de las prohibicionistas, las abolicionistas tienen un discurso bastante profundo que va mucho más allá de la mera prohibición de esta práctica. Propugnan una abolición de la prostitución como institución social que siempre tendrá que ir acompañada de la superación del sistema capitalista. Hay un discurso estructuralista neo-marxista muy marcado y rechazan, al igual que éstos en el campo económico y político, un cambio gradual, reformas en el sistema vigente como posible vía para eliminar la prostitución. La reforma/regulación es poco práctica para acabar con la misma y además es una aberración moral. La posición es perfectamente resumida por Andrea Dworkin:

Prostitution is intrinsecally abusive. Let me be clear. I am talking to you about

prostitution per se, without a woman being pushed. Prostitution in and of itself is

an abuse of a woman’s body” (Andrea Dworkin, 1993, cita extraída del trabajo de Daniela Heim).

Uno de los problemas esenciales de la posición abolicionista es que parece tener, al igual que el resto del cuerpo social, ciertos prejuicios que estigmatizan a la meretriz. En efecto, para empezar y como ya señaló Pheterson (1989), hace prevalecer este estigma por encima de otras circunstancias vitales para crear categorías diferenciadas de mujeres (“putas y no putas”) y establece la diferencia entre lo que es la mujer y lo que debería ser. Además de ello, pone demasiado acento en el simple intercambio monetario (una mujer puede tener sexo con mil hombres y no pasa nada pero si cobra alguna vez por ello ya es opresión) que caracteriza al trabajo sexual obviando que existen otros mecanismos de opresión y subyugación más sutiles e igualmente violentos.

Otra cuestión delicada es el de la subjetivización política de la trabajadora sexual. Legalizar o regular la prostitución conlleva que la trabajadora pase a ser un sujeto político-jurídico, un agente más del cambio social y una normalización de su vida. La inclusión de este colectivo en la vida social debería ser un imperativo para acabar con el estigma que recae sobre el mismo, además de que deben decidir sobre lo que les atañe como el resto de sectores sociales. Sabemos que la pobreza es la principal causa de que las mujeres acaben prostituyéndose, también sabemos que la revolución socialista que extirpará la pobreza de nuestras sociedades parece lejana, lo mínimo que podemos hacer es proteger a los más débiles en la medida que sea posible. El trabajo sexual está remunerado porque existe una demanda que no se va a eliminar de hoy para mañana, lo mínimo es que esas personas que estén trabajando en ese sector puedan disponer de los derechos laborales de los que disfrutan el resto de los trabajadores (prestación por desempleo, pensión de jubilación, baja por maternidad, protección ante los jueces de los abusos etc…).

De la equiparación violencia machista de los maridos contra sus mujeres y la violencia sexual que supuestamente sufren las trabajadoras sexuales así como con el trabajo infantil subyace un paternalismo y una voluntad moralizadora ciertamente preocupante. Se reniega de la capacidad de autogobierno de esas trabajadoras (es ilustrativo que se las compare con los menores, que por definición son los que carecen de esa capacidad ya que no han desarrollado el raciocinio ni son maduros, aparte de que la abolición del trabajo infantil también responde a la necesidad de la igualdad de oportunidades, la prostitución es el último y desesperado recurso de la adulta a la que no le queda otra) tratándolas como sujetos carentes de conciencia lo que es, en sí mismo, un postulado bastante machista. Además, hay trabajos -como el de boxeador- que también implican violencia física aunque consentida y controlada (nadie habla de violar a las trabajadoras sexuales).

Por otro lado, no es incompatible la legalización con programas de integración de las trabajadoras sexuales. Programas de reinserción laboral, de ayuda a ese colectivo para que puedan escapar de esa profesión. Luego estaría el tema de la lucha contra la trata de blancas que se complementaria con el resto de programas.

Para concluir, si bien a largo plazo y como objetivo ulterior la abolición es el camino no podemos abandonar a las trabajadoras sexuales que actualmente están sufriendo una opresión y explotación de género además de la legal y la social (triple castigo) y por ello defiendo que el trabajo sexual deba ser legalizado. Gradualmente y combatiendo los mecanismos estructurales que lo provocan se podrá llegar a una abolición real y efectiva, pero por el momento hay que intentar ser más prácticos y reconocerlas como sujetos políticos-jurídicos para su inclusión social y su autoprotección. Por último, no hay que olvidar los diferentes contextos. Legalizar o regularizar en algunos países (los del Tercer Mundo) no es lo mismo que regularizar en el primer mundo (como en Holanda).

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4 pensamientos en “Prostitución:¿Regulación o abolición?

  1. Populismo, los hombres también se prostituyen, ¿es violencia de genero? y por hambre, por supuesto que las hay pero no todas y casi ninguna en los países ricos, más bien por necesidad de lujos que impone la propia sociedad (hablo de las putas de clase media, que no lo necesitan para comer pero si para caprichos no necesariamente caros).
    Al final lo que se persigue (el estado) es que paguen impuestos, ni más ni menos, quieren su tajada.

    Para terminar con todo esto, lo único efectivo es educar al pueblo, que de ese modo no recurrirá a ejercer ni ha requerir de esta “profesión”.
    Lo demás son parches como digo para chulearlas/os legalmente.

    • Los hombres que se prostituyen son una minoría casi insignificante y además lo suelen hacer para otros hombres asi que el argumentario no cambia demasiado..

      Por otro lado, lo de educar al pueblo..sí sí no lo niego, pero en este momento hay un problema y educar significa como mínimo pues 20 años y varias generaciones..que hacemos mientras tanto? hay un problema que debe ser solucionado y proteger a un colectivo que está siendo explotado de muchas maneras (violencia física, social y de género)

  2. Me gusta tu planteamiento pragmático, realista y posibilista. Lo que hay que hacer es mejorar su situación inmediata, preocupándose por sus necesidades y carencias reales, y quizá en un futuro llegaremos a una sociedad muy distinta. Pero por el momento lo que hay que hacer es implementar medidas que no “recastiguen” a estas personas como sucede en la práctica con las propuestas abolicionistas.

  3. No te comprendo, la estigmatización de las mujeres como objetos sexuales es la que hace que exista la prostitucion y la parte mas negativa que esta conlleva, la sociedad patriarcal es la que estigmatiza dividiéndonos en putas y santas, y mientras exista una, existirá la otra, porque se retroalimentan.

    Si consideras que es un trabajo, no tiene sentido ayudarlas a escapar de el, hay te contradices, no es un trabajo, es un problema social y hay que buscar todas las alternativas posibles para mitigarlo. La única forma de explotación que hay no es el trabajo asalariado, hay muchas otras, como la esclavitud, la servidumbre, etc. Y no creo que la prostitucion sea precisamente trabajo asalariado.
    Defiendo aquí, ahora y cuando y donde haga falta, que la prostitución es una manifestación sociocultural fruto del patriarcado y del entendimiento de la sexualidad como una relación de dominación. Por lo tanto, simpatizo con iniciativas que trabajen para que esta desaparezca. Se deduce que, lógicamente, no estoy de acuerdo con aquellas personas que defienden su existencia como algo normal fruto de acuerdos libres entre personas libres. La lucha práctica libertaria carga contra realidades socioculturales que muchas personas (tal vez una mayoría) aseguran realizar libremente, así que me parece hipócrita echarle en cara eso a la crítica a la prostitución.

    Lo del paternalismo no lo comprendo, una cosa es paternalismo y otra solidaridad. Recocer la alineación no es tratar a la prostituta como seres carentes de conciencia, es reconocer la alineación y la vulnerabilidad a la que están sometidas (porque decir que la vulnerabilidad no existe es algo bastante reaccionario). Es como decir que cuando Marx hablaba de la alineación de proletariado los estaba infantilizando y tratándolos como seres sin conciencia. Luchar contra la estigmatización de las meretrices es nuestra obligación pero no tiene que conllevar que consideremos esa actividad legitima ni un trabajo. Tampoco que no sea regulada como un trabajo debe significar que no este legislada.

    Saludos.

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