El capitalismo uniformiza el comportamiento y el pensamiento del ser humano

Siempre me ha llamado la atención que en el país donde más se fomenta el individualismo exacerbado y la libertad individual más pautas comunes de comportamiento y de pensamiento se establecen.  En EE.UU., el ejemplo más clarificador de este fenómeno son los planos urbanísticos y arquitectónicos. En efecto, las ciudades son todas ellas prácticamente iguales, que decir de los barrios residenciales donde absolutamente TODAS las casas son idénticas:

Muchos pueden argumentar que el hecho de que los planos urbanísticos sean idénticos en cada ciudad americana (cuadrículas, distrito financiero, barrio residencial etc..) se debe a una acción intencionada por parte de los distintos gobiernos para aumentar la eficiencia y la eficacia de la vida en grandes aglomeraciones. Puede ser, pero aún así no justifica que todas deban ser iguales ya que hay otros modos de organizar una ciudad que también pueden ser muy eficientes. Filósofos como Bertrand Russell ya señalaron hace 100 años que la arquitectura podría haber solucionado problemas sociales. Justificaba esta afirmación demostrando que se podrían haber construido dentro de los bloques de pisos, por ejemplo, patios y comedores comunes que fomentaran la convivencia social y ayudaran a las familias a gestionar mejor su escaso tiempo libre. Decía Russell que separar a las familias de un mismo bloque con 60 cocinas distintas no tenía porque ser eficiente, con un comedor común se liberaba trabajo de la mujer (en aquella época explotada por el hombre fruto del patriarcado, cuyos resquicios continúan hoy en día) ya que no debería ni cocinar ni limpiar. Al mismo tiempo planteaba establecer guarderías en las comunidades de vecinos (en aquella época no existían para la mayoría de la población). No existe una razón fuerte para justificar el hecho de que todas las ciudades se construyeran siguiendo las mismas pautas, podrían haberse desarrollado de alguna otra manera, que hubiesen incentivado y fomentado la vida en comunidad (o, por el contrario, haber acentuado la vida laboral, construyendo oficinas-casas).

Esta organización urbanística y arquitectónica es a su vez fruto del individualismo (desear vivir tu vida solo en tu casa alejado de los demás) pero no deja de ser un buen reflejo de como estas pautas individualistas alimentadas desde los poderes fácticos nos conducen a una extraña situación de uniformidad colectiva.

La paradoja individualismo-uniformidad puede ser vislumbrada en muchas otras situaciones. Actualmente, al estar -en el mundo occidental- en una época postfordista en la cual todas aquellas necesidades materiales ya están cubiertas (en teoría) y que se centra en lo inmaterial (pensamientos, comportamientos, creencias, valores…) es en los comportamientos dónde observamos las pautas comunes actitudinales. Así, aunque tengamos un amplio abanico de oportunidades para desarrollarnos individualmente más nos asemejamos unos de otros. Utilizamos todos facebook (los porcentajes de personas con perfiles en la red social son enormes para los menores de 30 años), vemos los mismos programas televisivos y sentimos preocupación por las mismas cosas. ¿Por qué ocurre este fenómeno? Para intentar responder a esta complicada cuestión dejaré un poco de lado la antropología humana y las dinámicas colectivas para centrarme en la dinámica productivista del capitalismo como variable explicativa.

En el sistema capitalista (sustentado en la teoría neoliberal) si has escogido la vía empresarial para hacerte rico necesitas vender una gran cantidad del o de los producto/s que produzcas. Si vendes pocos tu empresa quiebra (siempre de forma relativa, cuando hay escasez del bien que produces aunque cuantitativamente vendas poco puede representar mucho para el mercado en el que te encuentres y ser por lo tanto rentable) o eres simplemente un pequeño productor que no se enriquecerá a través de su empresa.

Para poder vender una gran cantidad del producto que produces (sea un bien o un servicio) necesitas llegar a amplios sectores sociales. Para llegar a amplios sectores sociales debes pues identificar el mínimo denominador común de los seres humanos. En el momento que más especialices el producto para una minoría de consumidores menos oportunidades de expandir tu mercado tienes, debes en ese supuesto producir un producto de muy alta calidad y que sea exclusivo. La gracia del capitalismo reside en este punto, los bienes de consumo ordinario deben ser estandarizados  para que sean aceptados por una gran cantidad de seres humanos y, para ello, deben ser reducidos al mínimo denominador común, aquellos escasos puntos en los que todos podemos estar de acuerdo. Aquí entra en juego el consumismo de masas.

Puede que no necesitemos tantos productos inocuos pero sí unos pocos que nos ayuden en nuestro día a día y permitan desarrollar aquella faceta nuestra en la cual nos gustaría especializarnos (puede ser cualquier cosa). La potencialidad del ser humano se ve sustancialmente reducida a medida que se expande el capitalismo y, más concretamente, el nuevo capitalismo financiero que necesita de trabajadores cognitivos.

En la nueva era postindustrial la uniformidad está basculando desde una estandarización de bienes de consumo hacia una uniformidad en el pensamiento que ve cada vez más cercenados sus márgenes. Actualmente el capitalismo ofrece más servicios que antaño, tales como la televisión, empresas de ocio etc…En los programas televisivos se revela esta uniformidad que, forzosamente, nos idiotiza: para llegar a un gran público recurrimos al mínimo denominador común, éstos suelen ser, los instintos (sexo y violencia). Además, se debe utilizar un lenguaje poco técnico y deben aparecer historias sencillas. Así todos los comprendemos, más público.

Es el proceso de Macdonalización que autores como Ritzer ya describieron hace unos años. Algunas empresas pueden cambiar las pautas culturas y uniforman a las personas recurriendo a lo más vil, bajos precios asequibles a todos y sabores no demasiado elaborados pero tampoco vomitivos.

La dinámica se convierte en desastrosa, trágica, cuando comprendemos la lógica capitalista, en la cual el grande siempre se come al pequeño. No descubro nada nuevo al decir que las pequeñas empresas se han visto fuertemente reducidas en los últimos 20 años, superadas por las grandes multinacionales. A la que un centro comercial se instala en un barrio determinado, todo el pequeño comercio sucumbe ante los precios ultracompetitivos de las grandes marcas y centros de compras.

Cuando toda esta lógica se traslada al campo político llegamos al encarcelamiento de las mentes humanas. Efectivamente, los grandes partidos políticos (actualmente analizados como cartel parties) intentan ganarse al mayor número de votantes y, para ello, deben recurrir, ellos también, al mínimo común denominador. De esta forma, no es de extrañar que la distancia ideológica entre los grandes partidos políticos europeos y americanos no deje de reducirse (es también debido a otros factores, pero este es importante) con el paso del tiempo. Sucumben a las dinámicas sistémicas y colectivas, lo que antes era izquierda ahora es socioliberalismo y lo que antes era derecha conservadora, fascista, católica, tradicional o liberal es simplemente neoconservadora o neoliberal. Se van constituyendo grandes bloques  que intentan acaparar todo el mercado de votantes, con todos los problemas que ello conlleva, a saber, la ambigüedad ideológica (también consecuencia de la aceptación del neoliberalismo y del capitalismo como inevitables e insuperables) y la ausencia de alternativas.

La formación de grandes bloques humanos, uniformes, como si de un escuadrón militar se tratase, propias al fascismo y al régimen soviético también se produce en el capitalismo. Responde a otra lógica (o no..) pero cada vez nos parecemos más, nos comportamos igual y pensamos lo mismo. La alienación también tiene su papel en este proceso. Se estandariza el conocimiento, nos tratan a todos como puras mercancías y como meros consumidores. El capitalismo conquista todas las facetas de nuestra vida diaria, no podemos escapar de él. Nos vampiriza, nos uniformiza y encarcela el pensamiento humano limitando nuestra potencialidad individual y colectiva.

Y estas son, entre muchas otras, algunas de las razones por las que hay que hacer huelga el próximo 29 de marzo. Una huelga del 99% que supera el eje izquierda-derecha y que es política, que debe ser revolucionaria y continuada. Huelga de consumo, huelga en la cual reivindiquemos nuestra humanidad. En la que nos oponemos a ser neoesclavos, a la socialización por el trabajo y al autoritarismo liberal.

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4 pensamientos en “El capitalismo uniformiza el comportamiento y el pensamiento del ser humano

  1. Un buen argumento para hacer huelga… Empezando el día 29 y continuándola de por vida, negándonos a no pensar y a actuar como marionetas de un sistema antihumano.

  2. Se podrá insultar al urbanismo, pero en la casa de uno hay un factor muy importante para la calidad de vida…El silencio, poder disfrutar sin ruido de vecinos, sin golpes, sin ruido de coches, poder concentrarse, relajar los músculos, sin tacones de la vecinas… ¿habeis pensado en eso?

  3. La humanidad ya no es dueña de su destino, tal vez nunca lo fue, pero hoy es evidente que no decidimos nuestras vidas: El futuro del ser humano está en manos del capital que lo controla y se ha transformado en un ente gigantesco, monstruoso y poderoso que domina su voluntad. La Prueba de ello está en que caminamos rápidamente hacia nuestra propia extinción sin inmutarnos siquiera. Tal nivel de pasividad ante el desastre inminente es producto de nuestra incapacidad para dirigir nuestras propias vidas. Ahora somos las marionetas que un titiritero invisible controla con los hilos de la codicia, el consumismo desaforado y el egoísmo despiadado. El Capital nos ha cegado y ha nublado nuestra inteligencia; nos ha convertido en maquinas individualistas de producir y consumir basura. Nuestras vidas se han reducido al mercado y el amor difícilmente supera el nivel de aquel que sentimos por uno mismo. La inconsciencia es tan grande que raya en la estupidez. Como en la novela de Mary Shelley, Frankestein es un monstruo que se rebela contra su creador y lo destruye; así mismo el capital se ha liberado y se ha convertido en nuestro esclavista; amo y señor de nuestras vidas. La humanidad ya no es dueña de su destino.

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