Primera interpretación: La crisis, manifestación de las contradicciones inherentes e inaguantables del sistema capitalista

Estamos en un momento muy delicado (no hace falta ni recordarlo) y seguimos perdiendo la lucha ideológica. Voy a ponerme en dos ópticas distintas frente a la actual crisis, la que da por válida lo que nos están diciendo (es decir, que no habría ningún grupo secreto ni ningún poder oculto que detentaría mucha más información que los ciudadanos de a pie), cuyos límites serán los de mi propio entendimiento de la situación actual. La otra óptica sugiere que esta crisis es una estafa, óptica plausible que comentaré en el siguiente post y que deja espacio a la especulación intelectual (por lo tanto, desde un punto de vista científico, no es tan demostrable como la primera).

Primera interpretación: La actual crisis es una crisis sistémica que manifiesta las contradicciones inherentes al sistema capitalista, a saber, la apropiación sistemática del valor creado por los trabajadores por parte de una minoría de capitalistas que en otras épocas nos llevaba a las crisis cíclicas (de la demanda, falta de consumo) y que ha provocado en la actualidad el estallido del sistema financiero. Me explicaré, a partir de los años 80-90 se desregulariza el mercado financiero para responder a esta contradicción (los trabajadores en su conjunto creaban, y siguieron creando, mucho valor añadido pero sus salarios nunca fueron en concordancia con ese valor creado, pues el que detenta los medios de producción se llevaba una parte demasiado importante del pastel), el problema que surgía es que podría crearse un estancamiento del consumo que arrastraría a la economía en su conjunto, para solucionar este problema se dejó libertad absoluta al sistema financiero para que pudiese otorgar créditos a mansalva a los trabajadores y empresarios para que mantuvieran o aumentaran su consumo. Se partía del axioma que el crecimiento económico sería ilimitado, nunca más volveríamos a entrar en recesión y por lo tanto a la larga el sistema se podía mantener. Es más, para ese crecimiento se necesitaba del consumo irresponsable por parte de todos (trabajadores, empresarios etc etc ). De la mano de esto, el poder económico forzó que se rebajaran impuestos a las rentas altas (aquí hay más ideología e intereses personales que otra cosa) para incentivar la inversión y creación de empresas. Resultados: si en el año 98 el 1% de la renta superior poseía el 9% de la renta nacional norteamericana, en el año 2008 ese 1% posee el 20% de la renta nacional (datos de la Reserva federal). Por otro lado, las empresas acabaron destinando gran parte de sus beneficios al pago exclusivo de la financiación que obtuvieron de los accionistas, llevándonos a otra contradicciones que fue perfectamente explicada en el Manifiesto de los economistas aterrados:

“El proyecto era que la finanza de mercado sustituyera a la financiación bancaria de los inversores. Proyecto que, además, ha fracasado porque hoy, globalmente, son las empresas las que financian a los accionistas en vez de lo contrario. En adelante la gobernanza de las empresas se ha transformado profundamente para alcanzar las normas de rentabilidad del mercado. Con el aumento en potencia del valor accionarial se ha impuesto una concepción nueva de la empresa y de su gestión, pensadas como puestas al servicio exclusivo del accionista. Ha desaparecido la idea de un interés común propio de las diferentes parte interesadas vinculadas a la empresa. Los dirigentes de las empresas que cotizan en Bolsa tiene en adelante la misión primera de satisfacer únicamente el deseo de enriquecimiento de los accionistas. En consecuencia, dejan ellos mismos de ser asalariados, como demuestra el desmesurado aumento de sus remuneraciones. Como avanza la teoría de “la agencia”, se trata de hacer de modo que los intereses de los dirigentes sean en adelante convergentes con los de los accionistas.”

La explosión de las burbujas y del sistema financiero era inevitable, las contradicciones del sistema capitalista se acentuaron hasta límites inaguantables. Es la situación en la que nos encontramos hoy, acentuada en España por la burbuja inmobiliaria.

La respuesta del establishment a esta crisis ha sido la de salvar con fondos públicos al sistema financiero. Esto disparó las deudas soberanas (también fruto de la bajada de ingresos), en el año 2007, España tenía un superávit del 0,2% del PIB y una deuda pública del 36% del PIB. Cataluña un déficit del -0,28% del PIB y una deuda pública del 11,1% del PIB (ambos sobre el PIB catalán). Está en la lógica sistémica esta salvación, no puedes dejar hundir un sistema del cuál depende toda la economía global.

El incremento excesivo de las deudas soberanas y de los déficits públicos a partir del año 2009 hacen peligrar a los sistemas públicos y por lo tanto se entra en el dogma del ajuste presupuestario para salvar los diferentes estados y asegurar los pagos, de los cuáles también depende el sistema financiero (bancos, fondos de inversión…). Al no poder cuestionar el poder económico y al dogma neoliberal se apuesta por los recortes en vez de los ingresos (de las rentas altas) para equilibrar las cuentas. Esto provoca que se acentúe la recesión pues por un lado pierdes un actor económico vital para la reactivación económica -el Estado, que podría haber hecho planes de estímulo- y por el otro creas una merma en la capacidad de consumo de los ciudadanos (pues subes los impuestos regresivos, tales como el IVA o las tasas sobre luz, agua, gas, universitarias, transporte, etc etc). Esto provoca, como hemos observado en el caso griego y portugués, una recesión aún más profunda (Portugal, último trimestre del 2011 -3% crecimiento del PIB después de un año de ajustes, Grecia más de lo mismo), que a su vez exige (al haber menos ingresos) todavía más recortes que, a su vez, provocan más recesión. Esto hasta el momento que estalle la deuda soberana y se produzcan impagos, que hundirá definitivamente al sistema financiero.

Si las cosas son como nos las han contado, el sistema capitalista no se levantará de esta, y si lo hace lo hará a través de una dictadura (ya comenzada) brutal y atroz. Pues los postulados neoliberales son erróneos y no son capacidades de dar solución, pues son parte del problema. Por lo tanto, no debemos preocuparnos del auge de la derecha en España, simplemente acentuará la catastrófica situación y a la larga legitimará la acción de los de abajo y el cambio de modelo productivo y de sistema (también de valores). Debemos preocuparnos que la transición, en esta óptica, no sea demasiado dramática para los más débiles. He omitido una visión keynesiana para salir de la crisis del capitalismo pues considero que tampoco daría todas las soluciones para poder salir de la misma, pues los estado ya están muy endeudados, nada que ver con los años 30, en los cuales los estados tenían deudas públicas entre el 12% y el 25% del PIB y por lo tanto había margen de maniobra para salvar al capital metiéndole mano. Ahora esta opción es complicada.

Segunda visión: La crisis es una estafa (Siguiente Post)

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