Londres en llamas

Parece el escenario de una de esas tantas películas apocalípticas que se han rodado en Londres. Cuando vi por primera vez las imágenes y se explicaron las posibles razones de los disturbios no podía sino pensar en la película Hijos de los Hombres (Children of Men) aunque la trama se parezca asombrosamente al film “La Haine”. Estamos atravesando épocas difíciles, empezamos a notar que ya no hay marcha atrás: el sistema agoniza. Roma, Paris, Atenas, Madrid, Londres…Las capitales de los estados europeos están albergando numerosas y, en algunos casos, violentas protestas. Los ciudadanos, el pueblo, la multitud, nos hemos cansado.

Los disturbios de estos días en Londres son catalogados como “violencia sin sentido de jóvenes problemáticos”. Nos intentan vender la idea de que es puro gamberrismo, diversión de jóvenes marginados. Ya claro. Hay una cuestión de fondo.Fácil respuesta a una complicada problemática. Invisibilización e imposición del marco de análisis.

 

Unos agentes de la policía  asesinaron a una persona de 29 años -Mark Duggan-  el jueves pasado en Tottenham, no he oído en ningún medio de qué raza era esa persona, pero en la manifestación primera habían muchas personas de raza negra. Ahora los medios dirán que la raza no importa…¿No será, como aquella vez que confundieron a un brasileño con un terrorista en el metro de Londres únicamente por el color de su piel, un caso más de violencia racial? No, dejemos correr un tupido velo sobre el asunto. El problema de fondo son todas esas personas de otros países que están siendo tratadas como pañuelos de usar y tirar, son el cuarto mundo. Nunca se les respeta, nada más llegar ya les estamos cuestionando, ya les exigimos que se integren. La integración es siempre movimiento de asimilación, no es lo mismo que la inclusión. Nada más llegar se les encierra en guettos y se les aparta de la vida cotidiana y “normal” del país.

Esos ciudadanos ya son formalmente británicos. No tienen las mismas oportunidades que el resto de personas blancas y están siendo marginadas. El estallido de violencia no es más que la punta del iceberg de una cuestión social mucho más amplia. No sólo con la inmigración, sino con la decadencia de nuestro modo de vivir y de nuestra sociedad. De unas desigualdades que no dejan de crecer, de un sistema obsoleto.La rabia contenida de todos estas personas estalla de vez en cuando y cuando estalla ocurren hechos como los de Londres. La rabia se retroalimenta entre los que están dentro y los que están fuera. Cada vez son más los que están fuera. Un problema latente continúa.

Dijeron que Breivik era un “loco psicópata”, ahora dicen que los jóvenes que están protagonizando los disturbios son “gamberros, vándalos..”. Intentan esconder los problemas que están aconteciendo e imponernos un marco determinado de análisis. ¿Saben por qué? Porque en el mejor de los mundos nadie puede estar tan descontento. Nadie puede cuestionar el sistema en sí. Los indignados españoles también hemos entrado en esa lógica, ya que se han tenido que declarar en muchas ocasiones”reformistas”  ante los medios. Sigue siendo el mejor de los mundos, pero con algún defectillo de fábrica. Terrorismo del lenguaje y manipulación. Breivik está tan loco o es tan terrorista como un integrista islámico y los gamberros más que gamberros son jóvenes sin futuro, sin esperanza y cabreados, muy cabreados con el sistema que los margina, los aparta y los asesina. ¿Quién empezó esta vez? ¿Quién mató a un ser humano? Las fuerzas de seguridad del estado inglés.

Las cosas no ocurren así porque sí, caídas del cielo. Son el fruto de multitud de circunstancias materiales, de las fuerzas sistémicas. Es en ese punto que nos tenemos que preguntar qué falla. Cameron ha dicho que blindará la ciudad con 16 000 policías. Las causas subyacentes de la violencia social continuarán, la represión nunca solucionó nada. La situación se vuelve insostenible. Veremos si hay juicios a los asesinos de Duggan. Si hay condenas. Nadie se escandalizó desde el establisment con la trágica muerte de Mark. Ahora se escandalizan pues pierden el control social. Les interesa seguir marginando y les gusta la posibilidad de poder encerrar a todos aquellos elementos molestos para el sistema.

Dice Zizek que los saqueadores de Londres son la última pieza del sistema consumista de occidente. Frente a las órdenes superyoicas de consumo obligatorio, cuando una clase social está excluída de esos imperativos deseantes, simplemente llegan al final, al umbral del razonamiento y consiguen sus mercancías, en este caso sin pagar. Era una fiesta consumista, una fiesta capitalista de la parte sin parte.

Se avecina otra crisis, otra recesión, del capitalismo. Es hora de cojer las riendas de nuestras vidas. Seguir con la lucha y no dar ni un paso atrás. No podrán con un pueblo consciente y combativo.

 

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Un pensamiento en “Londres en llamas

  1. Debe quedar claro que no se trata de gamberros (solo) ni de simples actos de vandalismo. Se trata de la lucha de clases, de que los de abajo ya no soportan el peso de los tienen encima y se revelan para intentar sobrevivir.
    Pero claro, eso no puede ser descubierto o se sumarán muchos más y habrá que cambiar las cosas.

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