Algunas cosas que los economistas neoliberales no entienden

A lo largo de este y tantos otros blogs se han ido analizando las falacias de los economistas neoliberales (mentiras como que el mercado financiero es eficiente, que es favorable al crecimiento económico o que hay que reducir gasto público para salir de la crisis), hoy nos centraremos principalmente en la concentración de las rentas nacionales y la ineficacia que provocan y algunos conceptos básicos con los que trabajan los neoliberales.

Como señala la Reserva Federal en 1997 en Estados Unidos el 1% de renta superior poseía un total del 11% de la renta nacional, hoy, 13 años después, ese mismo 1% concentra el 21% de la renta nacional. En España, en 2009, el 10% más rico dispone del 27% de la renta nacional. Esta deriva de la concentración de capital en unas pocas manos es fruto de la progresiva liberalización y desregulación de todos los sectores económicos, además de la complicidad del Estado con los grandes capitales financieros (en efecto, el Estado ha ido derivando hacia la protección total del interés privado en vez del interés general, el capitalismo se posiciona muy por encima del Estado).

El problema de esta falta de redistribución de la riqueza es fácil de entender: ese 1% no es capaz de consumir lo que consumirían una multiplicidad de individuos que dispusieran de parte de esa renta, la mayor parte de la renta disponible por ese 1% se va directamente a ahorros, no al consumo (es fácil de imaginar que si tu ganas 1 millón de euros al mes no dispones de tiempo para gastar todo ese dinero). Sin consumo baja la producción y por lo tanto la riqueza creada, esto se traducirá por más paro y menos bienestar. Es dinero que además  se va a un sistema financiero ineficiente (Manifiesto de los economistas aterrados, falsa evidencia nº1).

Cuando se deja al libre mercado operar libremente (aunque sea una utopía) el desequilibrio de poder creado entre los detentores de los medios de producción y los que sólo disponen de su fuerza como capital es tal que el trabajador no podrá nunca libremente decidir el salario que le corresponde, ya que cuando el hambre llama a tu puerta eres capaz de prostituirte. Eres esclavo de los deseos de los demandantes de trabajo, no puede haber libre mercado en el mercado laboral entre otras cosas porque es imposible calcular con JUSTICIA el valor creado por un trabajador (o la plusvalía realizada). Los neoclásicos o los de la nueva escuela austríaca argumentan que “una mano invisible” todo lo regula de forma justa, pero realmente no lo hace porque el valor surgido de muchas actividades no es cuantificable en dinero, por lo tanto el precio no puede equilibrar oferta y demanda.

Ejemplos sencillos para comprender este fenómeno: un basurero tiene un salario bastante bajo, se dice que la actividad que realiza es fácil de hacer y tiene poco valor añadido. Bien, analizemos el trabajo en sí: ¿Qué precio se le da a tener las calles limpias y por lo tanto libre de posibles infecciones y contagios? (en Haití la falta de higiene es la principal causa del brote de cólera). La actividad en sí no es muy complicada, aunque sí desagradable y con un coste físico elevado, pero los beneficios que se extraen de ella no pueden ser calculados con justicia. Ya que para empezar no son cortoplacistas, porque no somos capaces de calcular el tiempo que nosotros mismos perderíamos si limpiaramos por nuestra cuenta las calles (ni el coste de oportunidad que supondría). Gracias a ellos los residuos son potencialmente tratados de forma higiénica (y hasta ecológica), la calidad de vida que ganamos el conjunto de la comunidad al disponer de calles libres de basura y desechos no se puede calcular con un precio. No disponemos de la información necesaria para ello (no sabemos las consecuencias futuras de la no-existencia de basureros, ya sea la bajada del turismo por  lo desagradable que sería pasear por calles malolientes con la consecuente bajada de las actividades relacionadas con el turismo o los beneficios ecológicos inmateriales)

Los otros ejemplos típicos son los del profesor o los del médico, el salvar una vida gracias a un buen diagnóstico ¿Cómo se puede cuantificar? Si dejáramos actuar libremente al mercado probablemente sería muy costoso (aunque irreal, ya que una vida salvada no tiene precio, no disponemos de la información futura del paciente salvado para elaborar un estudio correcto sobre lo que aportará en un futuro al conjunto social). Si es muy costoso, ¿el dinero es un discriminante de quién merece la vida y quién no? eso parece ser lo que defienden los liberales (por ejemplo con la privatización de la sanidad). Siguen habiendo cosas por encima del dinero, y que ni siquiera es calculable por él ya que no disponemos de la información necesaria para elaborar juicios justos, aunque tiempo atrás perdimos esa concepción.

Otro ejemplo del caso contrario, un publicista reconocido (o director creativo) suele tener remuneraciones muy elevadas. ¿Qué ha aportado a la sociedad para justificar tal remuneración?¿Ha producido algún bien o servicio?¿Ha contribuido al bienestar de la sociedad?¿Ha producido algún bien inmaterial de valor cultural? No, no ha hecho nada de eso. Ha sido el mejor a la hora de engañar al consumidor para que compre un cierto producto o para dar a conocer una cierta marca. Es decir, en términos reales, no ha producido nada, no ha aportado nada. Aún así dispone de grandes salarios. El libre mercado no ha sido eficiente a la hora de equilibrar el valor producido por el director creativo. Se podría argumentar que al haber dado a conocer cierta marca ésta ha aumentado su producción (por mayor demanda) y por lo tanto puestos de trabajo y riqueza. No, perdone, esa ES tarea del libre-mercado que tanto defiende: si esa marca era la mejor de entre sus competidoras ya hubiese crecido de forma natural creando esa riqueza que atribuye a la labor del publicista (que lamentablemente es cierto en el mundo actual, pero que no corresponde ante las enseñanzas de esos mismos economistas liberales).

Es, una vez más, como en el caso del mercado financiero, el error de trasponer la teoría habitual del mercado de bienes ordinarios a todos los mercados existentes (en este caso el error está en la imposibilidad de valorar con exactitud el valor de la “cosa” y por lo tanto el equilibrio es irreal).

Esto simplemente lo añado como defensa del sector público, que si bien puede ser ineficiente en algunos sectores no lo es en otros (donde sí lo es el sector privado). La televisión pública española ha sido siempre la que más audiencia ha tenido (y de ahí las presiones de las cadenas privadas para acabar con los anuncios, que el pastel se lo repartan solo las cadenas privadas), esto quiere decir, aunque sea un ejemplo anecdótico, que el sector público puede ser muy eficaz y saber responder ante las expectativas y demandas creadas por los consumidores.

También lo añado en defensa de la negociación colectiva, que desde los poderes fácticos quieren que dejemos de lado, ya que el sistema capitalista polariza clases sociales antagónicas (ya nadie habla de clases sociales) demostrado por los diferentes índices de desigualdad establecidos (como el cociente de Gini, que destaca la aparición de desigualdades agrandadas desde los años 50 aunque aumentara la riqueza total) y que nunca se comenta en los medios. La capacidad de influencia del empresario sobre el trabajador es tal que se hace imposible por simple “libertad” el establecer salarios justos (el trabajador quiere un salario más alto y el empresario pagar un salario más bajo, pero ¡es el empresario el que crea ese puesto de trabajo!). El hecho que se impone es que no hay libertad allí dónde hay dominación, y el empresario por ser poseedor de los medios de producción es dominador sobre el trabajador que no posee nada más allá que su fuerza o su intelecto. El trabajador como ni siquiera es consciente de su pertenencia a su clase (la clase subjetiva) no puede equilibrar la balanza de dominación. Es su objetivo si quiere salir de la esclavitud a la que se dirige en estos días el recuperar esa concienca y actuar consecuentemente como tal. Los burgueses ya lo han hecho, se unen a través de ciertos clubs y lobbies para imponer su interés de clase. Y lo han conseguido.

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