El despilfarro de las guerras y la interiorización de la esclavitud

Fue entre 1933 y 1936 que Bertrand Russell escribió unos cúantos ensayos recopilados en una obra denominada Elogio de la ociosidad. Entre sus revolucionarias ideas se encontraban las de reducir la jornada laboral a 20 horas semanales (en España, casi 80 años después, estamos por encima de las 40), establecer guarderías gratuitas para los niños de entre 0-3 años (este objetivo más o menos se ha cumplido) o el de establecer éticas basadas en la razón y no en la fe. Importante también fue la burla a la creencia del ” trabajo es una virtud”.

Es hora de recordar ciertos puntos, argumentos, que se han perdido para siempre de ese interesante trabajo. Decía Russell que la experiencia de la guerra y de la movilización de la economía de guerra era una de las pruebas de que los hombres trabajan en exceso en sus jornadas laborales. Pues durante la guerra aproximadamente (durante la Gran Guerra) la mitad de la economía estaba dirigida a tareas improductivas.  La mitad de la población activa  (más de la mitad) se concentró sólo en la guerra, soldados, propagandistas de la guerra, los obreros de las industrias armamentísticas etc.. Es decir, no producían ni bienes de consumo para la población, ni se concentraban en el bienestar general. Tampoco estaban concentrados en la producción de víveres. Durante aproximadamente 6 años, y después en los años 30 aproximadamente 10 años, los hombres y mujeres de Europa seguían sobreviviendo ( disponían de comida, ropa y ciertos bienes de primera necesidad) aún cuando más de la mitad de la población activa desempeñaba tareas destinadas a la aniquilación del resto de los países, tareas lejos de garantizar el bienestar general. Cierto es que la calidad general no era la más deseable, pero recordemos que la mayor parte del PIB y la economía estaba destinada a la guerra.

Russell señala acertadamente  ” A pesar de ello (de la movilización económica de la guerra) el nivel general de bienestar físico entre los asalariados no especializados de las naciones aliadas fue más alto que antes y que después. La significación de este hecho fue encubierta por las finanzas: los préstamos hacían aparecer las cosas como si el futuro estuviera alimentando al presente. Pero esto, desde luego, hubiese sido imposible; un hombre no puede comerse una rebanada de pan que todavía no existe”.

Aún hoy en día en el estado español 7 mil millones de euros de los presupeustos se destinan a gastos militares, en EEUU la cifra es de 400 000 millones. Establecer un mundo sin guerras (sin guerras de los ricos dónde los pobres ponen la sangre) es un camino para recuperar tal despilfarro de dinero (eso sí que es tirar dinero y no las prestaciones sociales).

Es sólo un pequeño apunte histórico que demuestra que una sociedad aun cuando su economía no está a su servicio es capaz de mantenerse en vida. Otro dato, mucho más actual, es la cantidad de movilización de recursos que se destinan a la publicidad, es decir, a otra tarea que en sí no es nada productiva.  No se crea absolutamente nada con la publicidad, está hecha para engañar mediante distintos mecanismos al consumidor, para luchar contra tu competidor de forma desleal (generalmente la propaganda es engañosa, no explica las características del producto en cuestión). No entraré en los males de la publicidad y su tiranía en esta entrada, pero es interesante el pararse a pensar la cantidad de dinero que mueve y la cantidad de trabajadores que moviliza para nada, para crear ilusiones, ficciones.

En la sociedad actual, gracias a la gran producitividad de las máquinas, podría haber pleno empleo y los mismos salarios con jornadas laborales de 4 horas diarias. Pero existe una moral de estado esclavista, se nos dice desde las clases pudientes -y ya ha calado en toda la sociedad- que el trabajo es una virtud,” el trabajo es un deber, y un hombre no debe recibir salarios proporcionados a lo que ha producido, sino proporcionados a su virtud, demostrada por su laboriosidad”.  La idea de que el pobre, el trabajador, deba disponer de tiempo libre siempre ha sido escandalosa para los ricos. Ya en la Inglaterra del siglo XIX, cuando la jornada laboral era de 15 horas y se luchaba para rebajar tal exceso, desde las clases altas  se afirmaba que ” el trabajo aleja al hombre de la bebida y a los niños del mal”.  Una duquesa inglesa a  principios de siglo XX ante la implantación por ley de las fiestas públicas declaró: ” ¿Para qué quieren las fiestas los pobres? Deberían trabajar”.  Ese sentimiento persiste 100 años después. No lo van a declarar públicamente pero después de miles de años disfrutando del trabajo del resto (y, ellos sí, teniendo tiempo para el ocio y el goce de sus bienes y de sus seres queridos o amistades) no van a permitir que los trabajadores reivindiquemos 4 horas de trabajo al día para tener tiempo para el ocio. Nos volverían con las mismas, es insostenible, económicamente inviable, haríamos el mal, nos drogaríamos..

El sistema está montado así, los sumisos de abajo aceptamos los mandatos de las élites. Nos da miedo reivindicar nuestros derechos (como el derecho al ocio). Se puede hacer una división científica y una organización determinada del trabajo para tener jornadas laborales de 4 horas diarias. Me imagino que escándolo provocaría luchar por este derecho. Yo pensaba que los avances técnicos estaban destinados al bienestar de la humanidad y a ir liberándonos progresivamente de la dura carga del trabajo. Existe un prejuicio a pensar que no sabríamos aprovechar el tiempo libre que nos proporcionaría tal jornada laboral . Se podría dedicar al arte, a la cultura, a desempeñar distracciones activas (como practicar deporte) y pasivas ( mirar la televisión o como otros practican deporte).  Da igual, somos seres humanos, disponemos de avances tecnológicos que nos permiten rebajar la jornada laboral (que al mismo tiempo permitiría que todos dispusiéramos de empleo), pero hay gente arriba a la que esto no  gusta nada, ya que evidentemente perderían muchos de sus privilegios, sobre todo los económicos.

Seguimos teniendo conciencia de esclavos, de que el trabajo es un fin en si mismo, de lo bueno que es. El trabajo es un medio para nuestro bienestar, y eso nunca lo hemos interiorizado.

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