La “crisis” vino para quedarse

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El estallido de la burbuja immobiliaria hace más de cinco años unido a la crisis financiera internacional nos ha despertado del sueño del “bienestar” generalizado, rompiendo el espejismo de una realidad edulcorada. En estos años, se ha hablado de forma reiterada de que el “capitalismo está en crisis” y en numerosas ocasiones se nos ha dicho que el final del túnel estaba a la vuelta de la esquina. Tras las nuevas “predicciones” tanto del gobierno como de otros organismos internacionales, que sitúan el final de la crisis de cara a los años 2017-2020 ya empezamos a hacernos a la idea de que esto va para muy largo. Además de ello, pocas personas se están preguntando de qué manera estaremos cuando salgamos de este atolladero, con un “estado del bienestar” que está siendo lapidado, dinamitado y unas condiciones laborales que rozarán la esclavitud.

Antes de entrar en materia, me gustaría comentar que hay que desechar la idea según la cual el capitalismo está en crisis. Nada más lejos de la realidad. El capitalismo se está reforzando, sus redes de poder, de dominación y de subyugación se están extendiendo a lo largo del mundo y están superando los pocos puntos de cortafuegos que todavía quedaban en Europa. La reconfiguración que el sistema está ejecutando para su fortalecimiento no encuentra oposición y está sentando las bases para un nuevo periodo de acumulación capitalista. Todavía queda mucho planeta por conquistar, zonas en dónde los capitalistas podrán continuar su saqueo. El capitalismo no está en crisis, la crisis es la propia esencia del sistema. Desde su nacimiento, se han sucedido muchísimas crisis de menor o mayor intensidad con algunos periodos de bonanza (la más duradera fue la del periodo 45-70). No debe interpretarse de forma automática que las crisis sean negativas o positivas, son la característica de un sistema que no deja de rearticularse, de reconfiguarse, para su propia supervivencia.

La lógica del mercado mundial y de la globalización capitalista es implacable. Los países del Sur de Europa vamos a tener que empezar a competir con el resto de países del mal denonimado “mundo en vías de desarrollo” o de los países emergentes. Las políticas que se van diseñando y aplicando al conjunto de la ciudadanía van en ese camino, cambiar las reglas del juego para equiparar nuestras condiciones laborales y sociales a las de los países emergentes. Así, se va abarantando el despido (que siempre ha sido libre como gusta decir a los liberales, aunque no era gratis y van a intentar que lo sea) y se va consolidando un ejército de reserva enorme que fuerza a la baja los salarios del resto de trabajadores. La apuesta por un modelo productivo basado en I+D hace tiempo que fue “desestimada” por nuestros gobernantes, la construcción de un Outlet en Viladecans en lugar del parque aeroespacial es ilustrativo a este respecto, así como la apuesta por Eurovegas o Barcelona World en otros lugares del territorio. Reporta mayores tasas de ganancia el tener una mano de obra barata centrada en el sector turístico que no en sectores de alto valor añadido.

De esta forma, podremos empezar a salir de la “crisis”, devaluación interna para ser más “competitivos” (= más explotados). Algunos economistas han argumentado que, siendo la demanda interna la que representa un 70% de nuestra economía, todo esto es un suicidio. En efecto, es un suicidio para los trabajadores precarios que vivimos aquí pero no para un economía en un contexto globalizado que tiende a fortalecer los lazos de interdependencia e integración en el mercado mundial. Opino que los que están implementando y diseñando las políticas económicas ya saben que este proceso lleva a un decrecimiento de nuestro PIB y a un estancamiento generalizado de nuestra actividad productiva a corto plazo pero a medio y largo plazo, aunque sea en detrimento de nuestras condiciones de vida, ya no habrá una vuelta atrás y estaremos “preparados” para afrontar las exigencias del capitalismo global.

Cada vez entiendo mejor los discursos de los ultraliberales, siempre me sonaron ridículos (cosas como que es el tamaño del Estado es el culpable de la crisis, o su elevada deuda y déficits públicos -cuando todos sabemos que en el año 2007 la deuda pública era bajísima, en torno al 37% del PIB así como el Déficit -que era superávit- o de que hay que bajar impuestos e intervención estatal en la economía cuando era evidente de que si se quería salir en las mismas condiciones había que aumentar ésta última) pero entiendo su sentido último, en el fondo el sistema es tan fuerte a escala global que las condiciones de nuestra existencia aquí les viene a dar un poco lo mismo. La cosa es alimentar un discurso que no aporta soluciones a nuestra situación particular pero que sirve para la expansión del capital. No son pocos los economistas que hace ya 3 años señalaron que la austeridad nos llevaría al colapso y al estancamiento, la estrategia parece ser esa; expandir la lógica mercantilista y capitalista a todas las esferas de nuestra vida.

Frente a esto debemos empezar a realizar ejercicios de empoderamiento colectivo. Crear nuestras instituciones autónomas, reforzarnos y apoyarnos mutuamente, formarnos más para intentar contrarrestar la atroz lógica y sistema que se cierne sobre nosotros. Intentar construir nuestras alternativas. Identificar bien a un enemigo difuso y que se escurre entre nostros, que ya no tiene un centro de mando como antaño (sino que es una lógica global, imperial). Señalar a los culpables pero también acusar al sistema capitalista. Debemos olvidar poner parches o pensar que cuando el PIB vuelva a crecer y se vuelva a generar empleo viviremos como en el mundo de cristal de los años 2000-2007, nos encontraremos que ya no hay sanidad o educación públicas, que ya no hay ningún tipo de red social y que nuestras condiciones laborales serán muy precarias.

No caigamos en la desesperanza o el pesimismo(no es mi intención), se abre ante nosotros un periodo revolucionario, de cambios sustanciales. Debemos continuar movilizándonos, organizándonos, pensando y creando nuestras instituciones. Tejer redes de resistencia global con otros países en nuestra situación (en Latinoamerica pasaron por algo parecido y están saliendo).

 

 

 

 

Opinión Pública y Opinión Publicada

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El pasado lunes 15 de abril, salió a la luz una encuesta realizada por obSERvatorio para la cadena Ser en la cual se afirmaba que un 59% de los españoles aprueba los escraches. Una vez más, podemos vislumbrar la tremenda brecha abierta hace ya 5 años entre lo que la multitud, los ciudadanos, los trabajadores de abajo opinan y creen y lo que opinan y creen los voceros del establishment.

Es prácticamente imposible hacer un recuento de la cantidad de artículos de opinión publicados en los mass media en contra de los escraches pero han sido una constante en las últimas semanas. Lo mismo sucede con las tertulias de televisión. Ha habido, al mismo tiempo,  una unánime condena por parte de los políticos (incluso Cayo Lara los ha criticado..). Todo ello es ilustrativo de la enorme distancia que se ha generado entre el mundo institucional, el de la burbuja política y la calle. Está claro que la derecha más rancia de este país –que no tuvo problemas en hacer escraches en hospitales o contra miembros de batasuna- intenta criminalizar de todas las formas posibles esta campaña de la PAH. Al fin y al cabo, es la contienda política de siempre, son los directamente señalados por los mismos (aunque no los únicos). Lo que es, sin embargo, chocante es la condena a esta campaña por parte de la izquierda. Sobre todo por esa izquierda biempensante, de salón, que dice que sí a las finalidades perseguidas por la campaña y apoya las reivindicaciones de la PAH pero no es capaz de asumir y de llegar hasta el final de su propio discurso. No nos vale eso de “el fin está bien pero los medios son equivocados”. El afirmar esta barbaridad es demostrar la desconexión total y absoluta de esas personas en relación a la calle. El Régimen no tiene contemplaciones a la hora de hacer escraches ultraviolentos contra las personas desahuciadas. Agentes uniformados y armados hasta los dientes destrozan a golpe de maza las puertas de las viviendas de las personas que van a ser echadas de sus casas. No nos venga con que “los medios son malos”, los medios son adecuados e incluso me atrevería a decir que son excesivamente pacíficos.

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Esto sí es violento y antidemocrático

 

Otra reflexión que se puede sacar de esa encuesta es que debemos empezar a  pasar olímpicamente de lo que los medios de comunicación dicen y nos quieren hacer creer. Al haber tantos tertulianos, líderes de opinión, periodistas y políticos que se oponen a los escraches da la impresión de que socialmente están siendo condenados. No obstante,  eso no se corresponde para nada con el sentir general de la población. La opinión pública nada tiene que ver con la opinión publicada en los diferentes medios puestos al abasto del establishment. Se está intentando construir una hegemonía ideológica (que en muchos aspectos, ha sido efectiva) desde arriba. Las opiniones expresadas en la prensa son las de una minoría, una minoría que no tiene ni idea ni puede imaginarse lo que son los desahucios (ya que son personas con buenos sueldos, bien posicionados, sin ningún tipo de peligro).

Debemos empezar a constituir y construir nuestras propias instituciones autónomas, seguir realizando muestras de empoderamiento, generando sinergias con todos los sectores sociales golpeados por la crisis económica (prácticamente todos). Y a la prensa y voceros del Régimen decirles que no tienen nada de democráticos, que sabemos bien que no apuestan por la diversidad ideológica, que intentan imponernos su particular visión del mundo y de las cosas desde arriba. Que sabemos que no tienen voluntad de diálogo, que sabemos y conocemos bien sus intenciones.

Reflexiones sobre la violencia (extendido)

El pasado 15 de diciembre del 2012 una nueva masacre fue perpetrada en Estados Unidos. En este caso, un joven mató a 27 personas en un colegio privado de Connecticut. No es la primera -ni parece que será la última- matanza de estas características. Aunque en los momentos que suceden a estos acontecimientos se suele reabrir el debate sobre la posesión de armas, esta vez parece que el presidente Obama va a intentar impulsar medidas que limiten la posesión de las mismas.

El debate sobre la posesión de armas es de un enorme calado político. La derecha más liberal ha sabido monopolizar este debate e incluso ha cambiado la primera intención de los padres de la constitución americana para llevarlo a un terreno propio. De esta manera, los términos en los que se suele plantear el debate han sido tergiversados. La Asociación Nacional del Rifle, así como la extrema derecha norteamericana, reivindica la defensa de la propiedad privada frente al Estado y frente a otros ciudadanos para justificar la posesión de armas. Del mismo modo, sus argumentos para neutralizar la crítica hacia la posesión de armas discurre a través del equilibrio del terror (si yo tengo armas defenderé a los que hacen un mal uso de ellas, “son las personas las que matan y no las armas”). La izquierda europea y americana ha caído en la trampa dialéctica propuesta por la derecha. De esta forma, se suele caer en un pacifismo acrítico y se propone la solución weberiana (Estado caracterizado por el monopolio del uso de la violencia) como mejor mecanismo para paliar los efectos negativos que conlleva la posesión de armas. Documentales como el de Michael Moore  Bowling for Columbine dan buena cuenta de ello. Cada vez nos alejamos más de debates con profundos trasfondos políticos ya que damos por supuesto que la violencia es siempre negativa. Es curioso que gran parte de la izquierda que se opone a la violencia no realice al mismo tiempo un discurso que preconice la disolución de nuestros cuerpos armados (policía y ejército), lo que daría una consistencia y coherencia a los planteamientos que proponen. ¿Por qué el Estado sí puede tener armas y los ciudadanos no?

La segunda enmienda de la Constitución americana (que es la que permite la posesión de armas) dice, literalmente, lo siguiente: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un estado libre, no se restringirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas” , puede haber un debate etimológico sobre la palabra people (para esclarecer si se refiere a pueblo a personas) pero es bastante evidente que no se hace ninguna referencia a propiedad privada o a individuos que luchen contra otros individuos. La segunda enmienda está claramente enmarcada en la tradición republicana, en dónde la violencia es usada como resistencia. La insistencia en “milicia” y “estado libre” es ilustrativa.

El objeto de este trabajo es de indagar en las razones últimas del recurso a la violencia, a su legitimidad en estados democráticos (la violencia es, por definición, autoritaria) y, como corolario, a si debería estar permitido poseer armas.

El debate sobre la violencia se remonta muy atrás en el tiempo. La racionalización y limitación de la misma así como su monopolio por parte del Estado son, en realidad, consecuencias lógicas de la tradición hobbesiana. Hobbes decía “Creo que existe una inclinación general en todo el género humano, un perpetuo y desazonador deseo del poder por el poder, que sólo cesa con la muerte”.Éste creía que, debido a este innato anhelo de poder, la vida anterior (o posterior) al Estado constituía una “guerra de todos contra todos”, “solitaria, pobre, sórdida, bestial y breve”. Basándose en una antropología negativa del ser humano, debía erigirse un Leviatán, un soberano, capaz de garantizar la seguridad y la estabilidad de la sociedad humana. El estado de naturaleza del hombre es equivalente al estado de guerra (cosa que cambia con Locke, aunque las consecuencias prácticas acaben siendo las mismas; cesión de libertad en pos de un estado que garantice la seguridad a través de un contrato social vinculante, tácito o explícito).

Si bien Hobbes defendía el autoritarismo y desconfiaba de la democracia, el legado de su pensamiento sigue siendo extremadamente palpable. El miedo a que se libre una guerra de todos contra todos si, por ejemplo, las estructuras estatales fallasen, sigue estando a la orden del día. Se sigue creyendo que si hubiera “libertad” absoluta (nada de autoridad o estados) se desataría una violencia brutal e incontrolable. Este miedo es una de las bases para que se racionalice la violencia y ésta sea ejercida por un poder “neutral” –el Estado- al cual debemos cederle parte de nuestra libertad (para nuestro propio bien).

A través de esta base teórica y antropológica se configura la teoría de la legitimidad del Estado (de Derecho a partir de las revoluciones americana y francesa y democrático a partir del siglo XIX-XX) para ser el único que pueda ejercitar la violencia contra las personas. La teoría del uso de la fuerza por parte del Estado cambia significativamente con el advenimiento de las democracias representativas. En efecto, a partir de éstas, la violencia estatal deja de ser arbitraria y debe estar sujeta, por un lado, a las leyes (que emanan del pueblo) y, por otro lado, a la voluntad general expresada en unas elecciones libres. De esta forma, se intenta limitar lo máximo posible la violencia (que debe ser un último recurso) que, de por sí, es siempre autoritaria y, además, únicamente sería utilizada cuando así lo deseara la mayoría de la población o cuando las leyes –democráticas, pues emanan de un parlamento compuesto por personas escogidas por los ciudadanos- así lo indicasen.

Los teóricos de la democracia representativa suelen argumentar que las armas y la violencia entrañan la imposición del criterio de unos pocos (normalmente en beneficio propio) sobre los del resto. Los mecanismos institucionales puestos al abasto de la ciudadanía serían suficientes para poder promover y defender tus ideas, intereses…Suelen añadir que así como a lo mejor lo que actualmente impera no es de tu agrado, al existir la posibilidad de conquistar el poder político sin recurrir a la violencia (a través de la las elecciones), a lo mejor algún día te interesaría que ese mismo Estado que actualmente defiende una mayoría popular determinada pudiera, asimismo, defender tus ideas amparadas en otra mayoría futura. El juego y encaje de minorías-mayorías, intereses antagónicos o ideas opuestas queda de este modo armonizado y respetado en todas sus vertientes.

Por otra parte, asegurando la neutralidad del Estado se estaría, asimismo, asegurando la neutralidad del uso de la violencia. Es decir, ésta no sería ejercida como una herramienta de una minoría poderosa para subyugar al resto de personas o para promover sus propios intereses sino que simplemente se ceñiría a los imperativos legales acordados por todos (que, además, limitan ampliamente su utilización).

La legitimidad del uso coercitivo, violento, queda así bien definida y es aceptada por la mayoría de ciudadanos que viven en democracia.  Es por estas razones que la mayoría de ciudadanos, incluso entre los de izquierda y algunos de extrema izquierda, rechazan de raíz tanto la posesión de armas (que podría desestabilizar el monopolio estatal y, por ende, el ordenado sistema de derecho y democrático implantado) así como la utilización de la violencia para la transformación social.

Casi siempre nos asalta una duda en este crucial punto: ¿Quién controla al que nos controla? Es una pregunta relevante, el ceder el monopolio del uso de la violencia al estado (y la subsiguiente posesión de armas) puede permitir que un partido que, aunque llegue al poder de forma democrática, utilice esa gran maquinaria a su disposición para imponer un régimen autoritario. Algunos teóricos argumentan en este punto que el Estado ya ha dejado de ser de derecho y que la resistencia ciudadana puede ser legítima. De todas formas, poco se puede hacer contra un poder tiránico si no se dispone de armas. Los judíos en los guetos de Polonia o los españoles tras el golpe de estado de Francisco Franco pueden ser buenos ejemplos de lo que puede ocurrir cuando se limita la posesión de armas. Están a merced del poder tiránico recién erigido y no disponen de capacidad de respuesta. De todos es conocida la catástrofe humana que supusieron ambos regimenes para sus poblaciones.

No sólo tenemos esa duda, tenemos la duda de hasta qué punto es posible la transformación social o el cambio utilizando únicamente mecanismos pacifistas y democrático-liberales en un contexto de violencia (estructural y directa). En la mayoría de países dónde se comenzaron procesos de cambio social profundo, de ruptura, en un contexto democrático se ha producido una respuesta violenta por parte del Estado. En España, tras el triunfo democrático del Frente Popular en el año 1936, hubo una reacción violenta –golpe de estado-, en Chile, tras la victoria de Allende en las elecciones de 1970, tres años después, también hubo la misma respuesta, en Venezuela, tres años después del triunfo de Hugo Chávez (abril de 2002) lo mismo, en Honduras en el año 2010 más de lo mismo. La lista es muy extensa y no se cierne únicamente a países en vías de desarrollo. La rápida victoria de las tropas alemanes en Francia en 1939 apunta a la misma dirección (generales franceses como Pétain, cómplices del régimen que se impondrá), el asesinato de Olof Palme en Suecia o de Kennedy en Estados Unidos –aunque puedan responder a lógicas distintas- parecen seguir el mismo camino. Los ejemplos en el mundo occidental son más escasos ya que tenemos pocos casos de victorias de partidos de la izquierda radical. Sin embargo, las pocas que se han producido o las amenazas de las mismas (Grecia en 19 y 2012, Italia en 1955) han recibido, efectivamente, respuestas violentas o antidemocráticas por parte de los regimenes vigentes.

Los argumentos y ejemplos anteriormente expuestos suelen ser utilizados por los marxistas-leninistas para legitimar la violencia revolucionaria y para imponer dictaduras del proletariado. Al partir de la premisa de que el Estado es un instrumento de la burguesía para oprimir a la clase trabajadora, la democracia representativa no es más una parte de la superestructura que deberá ser abolida para garantizar el triunfo de la clase obrera. Lenin dice al respecto: “el Estado es un instrumento del que se valen las clases dominantes para perpetuar su poder sobre las clases explotadas” (Lenin, 2009, 15), y añade, siguiendo un razonamiento lógico, que “el derrocamiento de la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía” (Lenin, 2009; 41). De esta forma, la violencia no solo sería deseable y necesaria, sino que es base constitutiva del nuevo mundo y emancipadora.

La experiencia soviética y del bloque del este viene, sin embargo, a poner en duda el carácter liberador o emancipador de la violencia revolucionaria. Orwell o Noam Chomsky así como Zizek (éste último, marxista-leninista confeso) han denunciado o denuncian actualmente el carácter opresor del régimen comunista. Zizek se pregunta en una entrevista[1] el cómo escapar a la relación de servidumbre, amo-esclavo, establecida en el mundo socialista. Los medios, autoritarios, pueden fácilmente degenerar hacia un régimen todavía más brutal que el de la democracia representativa. La crítica pacifista, que suele confundir medios y fin (si perseguimos la erradicación de la violencia no podemos utilizar ésta) intenta ofrecer una alternativa a la transformación social nacida de la violencia.

Entre los teóricos pacifistas destacan Gandhi y Luther King. El líder hindú, por ejemplo, asegura que “si aceptamos la grandeza del espíritu, nuestros deseos particulares nacerían de los deseos conjuntos –no violencia- y desaparecería el sufrimiento, la opresión y la muerte” (Gandhi; 1983; pag 8).  Según Gandhi, la naturaleza humana desea construir una sociedad basada en el principio de la no-violencia, la ahimsa (principio de no hacer daño a nadie) vinculado al principio de satyagraha (resistencia no violenta). Se persigue romper la lógica de oprimidos-opresores. Gandhi envuelve pues este principio entre la moral religiosa (hindú) y una antropología determinada y positiva del ser humano. La no-violencia funde de esta forma medios y fin (el fin y los medios son prácticamente equivalentes). Por su lado, Luther King, aborda el tema desde una perspectiva más estratégica[2] aunque también impregnada de un misticismo religioso (cristiano, tomar ejemplo de las enseñanzas de Cristo basadas en el amor y no en el odio). Tenemos pues, dos formas parecidas aunque ligeramente diferentes de utilizar la no violencia. Desde el dar ejemplo y ser consecuente con las creencias de uno mismo, hasta el uso estratégico de la no-violencia para no sembrar el caos social ni ser contra-productivo. Dar ejemplo moral. La historia parece haber, finalmente, dado parte de razón a esta ideología ya que los objetivos de estos dos líderes fueron finalmente conquistados.

De todas formas, el discurso pacifista está siempre integrado en la lógica de los opuestos. Como el poder es violento y se sustenta en la violencia para contrarrestarlo debemos situarnos en una oposición polar simétrica. Se propone entonces a la democracia como una fuerza absolutamente pacífica. El problema de esto es que no podemos obviar la otra cara de la realidad. Afirmar que eso es plausible es pensar que si realmente se produjera un cambio profundo no habría una respuesta violenta por parte del Estado (cuando el Estado es, efectivamente, violento), que lo neutralizaría. Hardt y Negri argumentan al respecto: “En la actualidad, las fuerzas emergentes de la democracia se hallan en un contexto de violencia que no puede ignorarse o descartarse a voluntad.” (Hardt y Negri; 388; 2004). La lógica de los opuestos se abstrae de esta realidad.

De hecho, hasta tenemos un ejemplo bíblico de que una huída, de que un éxodo (como el de la democracia), también es fuertemente reprimido. El faraón no permitió que los judíos se vayan en paz. Gilles Deleuze afirma: “Huye, pero al tiempo que huyes, coge un arma” (Deleuze y Parnet; 2002; 136). Es bastante ingenuo pensar que un soberano permitiría la huída de sus súbditos sin reprimir o intentar recuperarlos por la fuerza. A modo de ejemplificar este hecho también podríamos comentar un capítulo de la popular serie The Walking Dead, en el cual los habitantes de un pueblo ante el despotismo y violencia demostrados por el “gobernador” desean marcharse del mismo pero los hombres y las mujeres –armados- encargadas de la defensa no les dejan huir.

Desde una perspectiva democrática, no deja de ser chocante el hecho de que se de por supuesto que la mayoría de decisiones y poderes sean, efectivamente, democráticos pero no el más esencial: el de la violencia. Al ser ésta autoritaria per se, no queda del todo claro porqué no debería ser también democratizada. Si tenemos libre acceso a las armas, uno de los poderes estatales más fundamentales sería, de esta forma, repartido entre los ciudadanos. El poder sería más democrático y se evitaría un posible despotismo gubernamental sustentado en su monopolio de la fuerza. Aun así, y como señalan Hardt y Negri (2004), tampoco se puede pecar de inocencia. Hoy en día, los fusiles no pueden nada contra una bomba atómica o contra el poderío técnico-militar del Estado (aviones de combate, misiles…). Sin embargo, puede que el ejemplo de las guerras de Irak y Afganistán (en donde milicias, grupos armados y terroristas han podido vencer al poderío armamentístico norteamericano) indique un sentido contrario.

Otro problema que presenta la violencia es el mencionado en algún párrafo de arriba: si se considera a ésta emancipadora o si se cae en la misma retórica que la impuesta por la soberanía (guerra contra guerra) es fácil volver a reproducir los mismos esquemas y mecanismos de dominación (pero de forma más brutal) en los que nos podemos ver sumidos actualmente. Ante esta disyuntiva, podemos proponer la solución zapatista, en la cual la democracia no debe recurrir a la violencia sino como instrumento para perseguir finalidades políticas. Subordinación de lo militar a lo político. Democratizar el uso de la violencia, que ésta sea horizontal y siempre sometida a las decisiones de la comunidad. Siguiendo esta lógica, la violencia no es creadora de nada –una vez más como señalan Hardt y Negri- “sino que únicamente se limita a preservar lo ya creado” (Hardt y Negri; 391; 2004). La violencia se limita entonces a defender a la sociedad frente a un posible abuso despótico del poder soberano. Esto se opondría, por ejemplo, a lo que Walter Benjamín afirmaba en Critiques of Violence (1978), es decir, que la violencia tiene capacidad de generar la ley.

De esta forma, la violencia se convierte en una herramienta más del pueblo para la autodefensa, como lo puede ser una manifestación o una huelga y nunca inicia un proceso revolucionario sino que sobreviene al final.

En conclusión y para recapitular, hay una fuerte creencia extendida en la ciudadanía la cual asegura que la violencia es siempre autoritaria y arbitraria, además de desencadenar un proceso de anarquía y caos si se extendiera en el cuerpo social. Esta creencia, heredera de la tradición hobbesiana, es la base a través de la cual se justifica el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado (democrático) y que rechaza de raíz la posesión de armas por parte del pueblo. Sin embargo, esta creencia puede ser cuestionada desde una lógica democrática (de repartir el poder entre la ciudadanía) y queda también fuertemente en entredicho cuando un poder despótico secuestra el gobierno (no hay capacidad de defensa sin armas, además de sacar a relucir las contradicciones más elementales presentes en una sociedad determinada).

Por otro lado, la crítica pacifista a la utilización de la defensa para la autodefensa suele estar desprovista de realismo, ya que vivimos en un contexto de violencia estructural y directa. El éxodo propuesto por el pacifismo, enmarcado en la lógica de los opuestos (estado capitalista violento, nosotros demócratas y pacifistas), omite la posible reacción del soberano y tiene un gran coste humano.

Una posible solución a los dos problemas anteriormente expuestos y para eludir la utilización autoritaria de la violencia puede ser la propuesta por los zapatistas en Chiapas. Ésta se configura a través de tres principios: subordinación del poder militar al político, uso democrático de la violencia (horizontal y subordinado a un proceso político democrático) y violencia como herramienta defensiva.

Hay que tener en cuenta que no partimos de la misma base antropológica –negativa- que utilizan tanto Hobbes como los partidarios del monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado.

Como último punto y para dar respuesta a la pregunta de investigación ¿Es legítima la posesión de armas? Mi respuesta, basada en las reflexiones del paper, es afirmativa. Como garantía de no dominación y como posible vía para la autodefensa ante un poder tiránico o un abuso de poder por parte del Estado. El coste de decir que sí puede ser alto; el elevado número de muertos por armas de fuego en EE.UU., aunque no tenga parangón en el resto de países donde se permite el llevar armas –como Suiza- puede ser un dato alarmante y que invite a la reflexión. Aun así, y citando a Thomas Jefferson, “es preferible el tumulto de la libertad que la tranquilidad de la servidumbre”. El hecho de que en EE.UU. haya un número tan elevado de muertos por armas de fuego y que no sea el mismo caso en otros países elimina el factor armas de fuego como principal variable explicativa. De otro modo, habría un número similar de muertos en Canadá, Finlandia o Suiza. Además de ello, en EE.UU. siempre se ha garantizado el derecho a portar armas y el auge de matanzas estilo Colombine es muy reciente.

 

Bibliografía:

 

Benjamín, Walter, (1978) Reflections, Schocken.

Deleuze , G.; Parnet, C. (2002) Dialogues II, Columbia University Press.

Gandhi, M.K. (1983) La no-violència en la pau i en la guerra. Barcelona Ahimsa.

Hardt,M; y Negri, A. (2004) Multitud: guerra y democracia en la era del Imperio, Debate.

Hobbes, T. (1996), Leviatán, Alianza Editorial

Lenin, V. (2009)  El Estado y la Revolución, Diario Público.

Luther King, M. (2010) Un sueño de Igualdad, Diario Público.


[2] “Si sus emociones reprimidas no encuentran escape en actuaciones no violentas, buscarán una manifestación violenta […] Si esta filosofía –no violencia- no hubiese surgido, estoy convencido de que actualmente muchas calles del Sur norteamericano estarían inundadas de sangre […] si se niegan a apoyar nuestros esfuerzos no violentos millones de negros, presa de la desesperación y la frustración, buscarán refugio en las ideologías nacionalistas negras, lo cual, de acontecer, conduciría inevitablemente a una aterradora pesadilla racial” (Luther King; 2010; pag 83-92).

Mentiras y falacias habituales del argumentario liberal/capitalista

A raíz de la propuesta de CiU de reducir el 18% de la masa salarial de TV3 y Catalunya Ràdio, diversas reflexiones pueden llevarse a cabo.

Se han ofrecido dos posibles alternativas para ejecutarse esta reducción: o bien despedimos al 18% de la plantilla o bien reducimos a todos por igual un 18% su salario. No se ha propuesto reducir un 50% el salario a los altos directivos y un 5% o nada al resto de empleados. Algo parecido ocurrió en Telemadrid, donde se despidió a un millar de trabajadorxs, entre los cuales no se encontraban altos directivos. A través de estos ejemplos (pero hay muchos más, actualmente las cúpulas directivas de las empresas del IBEX-35 cobran más que hace unos años, o la estafa de las preferentes, impuesta desde arriba y que se traduce por el despido de los bancarios que las ejecutaban) se puede vislumbrar una de las mayores falacias del pensamiento liberal, que enmascaran la lucha de clases inherente al sistema capitalista.

Para justificar salarios muy elevados, los liberales suelen recurrir al argumento de la meritocracia así como a la especialización y puestos de responsabilidad. De esta forma, los trabajadores más especializados, más preparados, más “aptos”, suelen ocupar puestos de dirección. Esas variables legitiman su mayor remuneración. Aparte de ellxs, están los que propiamente crearon la empresa en cuestión (mención aparte de los inversores).

Cuando se llevan a cabo procesos de reestructuración en el seno de las empresas, cuando la empresa ha ido mal, cuando se deben bajar salarios para ganar en competitividad y que la empresa no quiebre, prácticamente de forma sistématica todo el peso recae sobre los trabajadores menos preparados y con menor salario. Este significativo e ilustrativo hecho revienta en la base todo el sistema por el cual se legitiman los salarios elevados de los puestos de dirección. En efecto, si entramos en la lógica liberal/capitalista, el principal culpable de que una empresa no funcione bien es el que ocupa un puesto de mando y responsabilidad. Cobra más y tiene más libertad, entre otras cosas, porque tiene más responsabilidades. Qué curioso que sean los que menos responsabilidades se atribuyen cuando las cosas vienen mal dadas. Son los últimos en ser despedidos, son los que nunca se autoimponen (o les imponen) bajadas salariales que proporcionalmente deberían ser mucho más severas, pues para eso tienen más responsabilidad de que la cosa haya ido mal (dieron malas órdenes, no diseñaron bien las estrategias empresariales, no supieron innovar o inventar para que la empresa no quebrara, etcétera).

¿Quién tiene más culpa de que una empresa vaya mal? ¿El trabajador que únicamente obedece órdenes de arriba o el que dictamina esas órdenes? De hecho, el trabajador debería ser siempre el último en ser despedido, o el último al que se le impone una bajada salarial (siempre menor a los altos mandos), pues es el que menos responsabilidades tiene de que una empresa haya ido mal. Pero claro, es el más prescindible, el eslabón más débil. La lucha de clases se manifiesta de esta forma, unos cuantos con grandes cuotas de poder en las empresas imponen siempre su criterio, muchas veces de forma arbitraria, a sus subordinados.

Siempre nos toca pagar los platos rotos.

El amor “romántico” es patriarcal

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Antes de empezar el artículo me gustaría clarificar que cuando hablo de “amor romántico” me remito al sentido que comúnmente, en la calle, se le atribuye a “romántico”. Es decir, a toda esa palabrería, juego de conceptos y frases vacías estilo “siempre te querré”, “eres la mujer de mi vida”, “sólo tengo ojos para ti” alimentados hasta la saciedad por el fuego a discreción de una artillería de películas made in Hollywood. Este tema suele tocar la fibra sensible de muchas parejas y admito que es muy delicado. En la cultura latina, extremadamente machista, nos ha costado mucho introducir debates de este calibre y hemos asimilado actitudes y códigos de dominación e interacción muy complicados de superar. Sin embargo, me parece muy importante fomentar debates en torno a esta problemática. El denominado amor romántico suele ser utilizado como pretexto para subyugar a las mujeres, para encadenarlas a relaciones impregnadas de violencia machista.

Los pseudocientíficos neo-darwinistas actuales intentan buscar en la biología la explicación de la diferencia de roles y comportamientos en el ser humano. A través de la explicación evolutiva, se intentará entonces justificar porqué existen los celos, la monogamia o la posición de la mujer en nuestras sociedades. De esta forma, argumentarán cosas del estilo: “una mujer siempre sabe que el hijo que lleva en el vientre es suyo (pues lo lleva ella, no hay equivocación posible) mientras que el hombre nunca puede estar 100%  seguro (las pruebas de ADN son muy recientes), esto ha provocado que los celos del hombres estén enfocados al sexo y no al aspecto emocional. Por el contrario, la mujer quiere tener un hombre que cuide de ella y sus hijos, para mantenerlo es necesaria la conexión emotiva y por ello sus celos siempre estarán centrados en aspectos emocionales” (D.Stamos; Evolución: Los grandes temas). Este tipo de afirmaciones, que presuponen una cadena de factores entrelazados inimaginable, son las que intentan justificar la sumisión de la mujer además de suponer, aunque de forma implícita, una legitimación de la institución del matrimonio vigente. No tengo mucho espacio para rebatir de forma científica la afirmación ahora expuesta (no quiero hacer un tratado) pero hay algo ilustrativo: si bien ambos géneros pueden tener celos, las legislaciones occidentales (y casi mundiales) siempre han sido en favor del hombre y no de la mujer (por ejemplo, la mujer infiel podía ser ahorcada, el hombre infiel de ninguna manera).  La explicación evolutiva desprovista del construccionismo social o de la dominación de género como posibles teorías explicativas de las relaciones queda así claramente limitada.

Todo esto no lo digo por decir, hay una extendida creencia entre los partidarios del “amor romántico” que asegura que “los celos son positivos, ya que significa que el otro piensa en mí y que le importo mucho”. Los celos, la “fidelidad” (mal entendida) son la columna vertebral de las relaciones de pareja vigentes. Desde un punto de vista neutro (sin tener en cuenta el género), los celos son en sí mismos una enajenación pues nacen del deseo de posesión. El simple hecho de querer poseer la voluntad de la otra persona, es, para empezar, una cuestión quimérica pero, todavía mucho más grave, lleva en sí la lucha de poder y la voluntad de querer someter a una persona a tus propios deseos, de esclavizarla. Esto es para ir abriendo boca (no tengo en cuenta el género). Pero el hecho es que además, la posición dominante del hombre en nuestras sociedad (no entraré en la genealogía de ésta en el artículo) acaba por imponer su criterio que se ha manifestado de forma brutal con la violencia machista en nuestras sociedades. Los celos operan como un mecanismo de dominación por parte del hombre hacia la mujer. El asesinato que muchos hombres perpetran contra las personas con las que están casados -o no- es la última fase de este deseo que nunca puede satisfacerse: querer poseer la voluntad de la mujer a toda costa, hay un momento que la proyección que ellos mismos realizan del mismo hacia la otra persona, al ser inalcanzable, se traduce en la eliminación física de la otra persona. Muchas veces suele continuarse por el suicidio del hombre, que se da cuenta que una vez muerta la otra persona tampoco podrá ser dominada. Éstos son los casos más extremos, pero el querer controlar a tu pareja en todo momento es simplement el comienzo de este fatal camino, cuyo origen son los celos y el deseo de poseer y dominar voluntades ajenas.

El “amor romántico” está contaminado completamente por los celos. Cuando el hombre afirma “siempre te querré” “eres la mujer de mi vida”, suspendiendo al tiempo, haciéndolo inmutable, confundiendo fase de enamoramiento con amor está inoculando la semilla de los celos en ti misma. Establece de entrada códigos de dominación. Al ser la mujer de su vida -y no de la tuya propia- ya está, de forma subyacente, asegurando que te posee (pues eres de SU vida). Cuando esta afirmación la realiza la mujer (“eres el hombre de mi vida”), la situación puede ser todavía peor. Idealizando la posición del “príncipe azul” estás a la merced de su voluntad (no por nada, tal como están las cosas, al llevar el patriarcado en nostrxs mismxs, la relación de entrada ya es desigual y vas a otorgarle y concederle todo lo que él quiera). Desintoxicarse de siglos de supremacia masculina en unos pocos años es siempre empresa complicada.

Muchas personas han interiorizado de tal manera los valores dominantes que pueden ver positivo que su pareja sea celosa.  Viene después todo el discurso pseudoromántico para afianzar la posición hegemónica del hombre en las relaciones personales. Podéis hacer la comprovación vosotrxs mismxs en vuestras relaciones cotidianas, muchas veces el hombre muy celoso es violento y agresivo (y así se lo hará ver a su pareja, a la que intentará dominar como pueda a través de distintos mecanismos; violencia verbal o física, códigos disciplinarios que crean poder etcétera). La mujer celosa, por su lado, muchas veces suele intentar cambiar su actitud en el sentido: ¿Qué quieres que haga? “eres un cabrón, ¿por qué me haces esto?, ¿No me quieres?”para complacer todavía más a su pareja. Nótese la diferencia de trato. EL hombre celoso más que buscar complacer a su pareja, por su posición dominante lo que hace es ejercer su autoridad y su control. La mujer no ejerce su autoridad sino que manifiesta e intensifica su sometimiento. El “amor romántico” lleva aparejado todo este sistema de poder.

Ya me he extendido mucho más de lo que quería. El tema trae mucha cola la verdad pero es que queda mucho trabajo por hacer (en todos los niveles, laboral, social..). El patriarcado, alimentado por el capitalismo, se manifiesta en nuestra vida diaria de múltiples formas. Las actitudes machistas son nuestro pan de cada día, desde la mujer sometida a la dictadura de la imagen (impuesta por los hombres), maquillaje como burka occidental (como dirían los chikos del maíz) hasta la distribución de tareas o los valores predominantes en nuestra sociedad (competencia, violencia, lucha de poder..). El alba de la sociedad que elimine las desigualdades de género está todavía lejos aunque vamos haciendo camino.

Desde aquí hacer una apología del amor libre, el amor que respeta la autonomía de la otra persona, que no intenta ni busca dominarla, que no es celoso, que no es posesivo, que ama la propia imperfección y que reconoce que estamos todos interconectados y al mismo tiempo tenemos nuestros márgenes de libertad. Que busca romper con las estructuras impuestas por el patriarcado para encontrar la igualdad y el mutuo reconocimiento. Es un camino complicado, desprenderse de muchos códigos culturales (ya sabemos que la mujer que se acuesta con diversos hombres tendrá la desaprovación y la condena social, todo lo contrario que el hombre) es muy duro. Debemos colaborar juntxs y promover del amor libre en todas las faceta de nuestra vida.

Torturas en Grecia

Poco se está hablando en los medios de comunicación oficiales del bombazo de Amnistía Internacional. Os recomiendo que os paséis por este blog que explica alguna cosa con algo de detalle:

Censura dictatorial en la Unión Europea

Me he puesto a investigar algo por medios alternativos griegos e internacionales y he encontrado diversos vídeos y fotos de las torturas perpetradas por la policía griega contra anarquistas griegos. Diferentes grupos autónomos están atracando bancos para repartir el dinero entre las personas necesitadas y para autofinanciación (un poco al estilo Robin Hood). La policía detuvo a 3 de ellos y esto es lo que les pasó:

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Las imágenes son duras pero es la cruda realidad. Ninguna denuncia a nivel internacional sobre estos hechos. Nos llenamos la boca de que somos la civilizada europa, la de los derechos humanos. Con noticias e imagénes de este estilo todo queda en papel mojado. En España también ha habido muchas denuncias por torturas. Es la historia de siempre. La crisis aprieta, el conflicto social está explotando y no saben como pararlo. Las medidas de la troïka se imponen con sangre. Siempre damos el beneficio de la duda a la democracia liberal, aceptamos jugar su juego y llegamos a creer que la transformación social o la defensa ante las agresiones que estamos sufriendo podrán ser neutralizadas a través de sus instituciones. El caso griego empieza a ser clarificador a este respecto, el ilusorio consenso liberal de juego de intereses y de acuerdos entre partidos sólo se produce si éstos forman parte del establishment. Cuando se presentan proyectos alternativos o radicales (aunque se juegue a la democracia liberal) y tienen posibilidades de triunfar nos encontramos siempre con una oposición violenta y autoritaria por parte del Estado (cada vez dando más razón a la tesis marxista de que éste es una herramienta de la clase dominante para oprimir y subyugar a las clases oprimidas).

El sistema se desploma, se empieza a vislumbrar la verdadera cara de este Régimen.

Desde aquí toda nuestra solidaridad para el pueblo griego y su lucha por la libertad.

Cleptocràcia

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En els últims mesos han esclatat diversos casos de corrupció. Els tractes de Crespo amb la màfia russa, Bustos al ajuntament de Sabadell, el cas Pallerols que torna a la llum pública,la imputació de Oriol Pujol per el cas de les ITVs i l’escàndol Bárcenas vénen a sumar-se a una interminable llista (Urdangarín, Palau, Pretòria, EROs a la Junta..). Des de els mitjans i personalitats afins al règim es continua insistint en què tots aquests casos són l’excepció. Llàstima que cada setmana haguem de augmentar una miqueta més el marge del terme “excepció”, cada cop més proper al de “norma”.

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Els discursos contra la corrupció han estat monopolitzats tradicionalment per l’extrema dreta. I és normal, la dreta més moralista utilitza la corrupció com una eina, com un subterfugi per imposar el seu propi règim. És fa un discurs d’antipolítica típic dels feixismes. Hem se ser clars en aquest punt: nosaltres condemnem la corrupció però no perdem de vista l’origen d’aquesta i l’hem d’interpretar com un fenomen del capitalisme. En efecte, la corrupció no es més que una expressió més d’un règim que és caracteritza per robar als treballadors de forma sistemàtica, comença en el si de les empreses (plusvàlua) i termina en las privatitzacions de les empreses públiques que vàrem pagar entre totes.  Quan un polític fica directament la mà per emportar-se els diners dels ciutadans o una empresa fa generoses donacions a partits i polítics (per desprès obtenir privilegis, concessions…) simplement s’està estalviant els intermediaris.

Moltes de nosaltres tenim un esbiaix a l’hora de fer anàlisis sobre la corrupció: partim de la base de que vivim en una democràcia. Cada dia es fa més clara l’evidència de que vivim en un règim cleptocràtic, on la norma i la base del sistema és l’expoli i el robar als ciutadans. Un govern, un règim, de lladres que viuen en la impunitat. Des de la casa reial fins al govern espanyol passant per els governs de les autonomies, el poder judicial i la patronal estan salpicats per aquesta xacra. Institucionalment sembla ser que només és pot funcionar d’aquesta manera. Entrar i jugar en el seu joc implicarà contaminar-se.

Els alts càrrecs dels governs del PSOE i PP durant els anys noranta i principi dels 2000 són actualment assessors de les grans empreses públiques que van privatitzar. Avui en dia, l’anterior president de la patronal de les mútues catalanes –Boi Ruiz- és l’actual conseller de salut, a l’estat espanyol, executius de Goldan Sachs –De Guindos- són ministres d’economia. La porta giratòria entre sector públic i sector privat funciona de meravella. El capitalisme no vol democràcia, mai l’ha volgut i quan en la teva gènesis portes la corrupció i el robatori es normal que la seva traducció política –la cleptocràcia- operi de la mateixa forma.

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Resulta bastant ridícul escoltar als detractors de Hugo Chávez, Correa etcètera acusant-los de corruptes i no sentir-los parlar mai de que aquí, al paradís occidental, des de el president del govern i el cap d’estat fins als jutges estan corromputs fins a les tranques. No vull utilitzar la fal·làcia ad hominem, és cert que en aquells règims existeix la corrupció però no podem donar exemple de res. Aquí ni tan sols tenim separació de poders (una de les màximes del sistema liberal), la figura dels indults –més de 10 000 des del 2003- és il·lustrativa.

Ara més que mai hem de lluitar contra el capitalisme i el seu apèndix cleptocràtic. Reivindicar i lluitar per la democràcia es lluitar contra el capitalisme i contra la seva expressió corrupte en la política. Sabent sempre que qualsevol règim autocràtic (com els del “socialisme real”) són corruptes per definició. Que mai més ens tergiversin, nosaltres volem més política i més democràcia..i per obtenir això hem d’acabar amb el capitalisme.