Llegaron los brotes verdes. Cuando el paro “disminuye” en España…

Hoy hemos conocido las cifras de la nueva encuesta de población activa. Los datos que nos desvela dicha encuesta serían muy esperanzadores para todos nosotros: se han creado 192 000 puestos de trabajo en el último año. Se ha roto la tendencia que desde hace 6 años marcaba la pauta. La tasa se situaría actualmente en el 24,45% de la población activa. Podemos gritar hurra y tirar petardos y cohetes tras seis años y un devastador panorama de miseria y precariedad. Es una lástima que en la noticia no se nos acalare que la población activa se redujo en 232 mil personas en el mismo periodo y que llevamos dos años con récord de turistas (“gracias” a la inestabilidad política en otras zonas del mundo).

Jorge Moruno a través de su perfil de facebook nos aporta algunas aclaraciones extra. Si miramos la EPA de julio de 2012 observaremos que había 5.693.100 desempleados, ahora la cifra es de 5.622.900 desempleados: La diferencia entre una y otra es de 70,200 desempleados menos en 2014:

“La población activa en la EPA de julio 2012 era de 23.110.400 y en la EPA de julio 2014 es de 22.975.900. La diferencia entre ambas cifras es de 134.500 personas menos activas en la actualidad. La tasa de actividad en julio 2012 era del 60,08% y en julio 2014 del 59,63%.

Es decir, con menos personas dispuestas a ser empleadas (134.500) el número de desempleados ha descendido en 70,200 personas. El empleo parcial pasa de ser el 14,93% en julio 2012 al 16,39% en julio 2014. La temporalidad pasa de ser del 23,66% en julio 2012 a 23,95% en julio 2014. En el primer trimestre de 2012, España recibió 9,2 millones de turistas y el primer trimestre de 2014, 10,1 millones.”

Lo que nos queda es un aumento de los contratos a tiempo parcial y un aumento de la tasa de temporalidad, que aumenta en casi un punto percentual hasta situarse en casi el 24% de la población activa.

Más allá de los números, lo más inquietante es la celebración de una ilusoria dismunición del paro que ya nos empieza a dibujar el paisaje post-crisis. Con las devaluaciones salariales -que se mantendrán- y la creación de puestos de trabajo basuras nos espera un prometedor futuro por tierras españolas. El paradigma del nuevo sistema de producción se nos empieza a aparecer en toda su crueldad. Los datos de la EPA nos aclaran que se ha seguido destruyendo empleo en los sectores de la construcción (destrucción de 55 200 puestos de trabajo en este sector), de la agricultura (13 800 puestos menos) y de la industria (2400 menos). Bye bye mister Ford.

Pueden seguir celebrando estos datos desde sus despachos. El problema ya ni siquiera es el paro (que sigue siendo altísimo pese a toda esta propaganda) sino las condiciones laborales en las que nos encontramos. Una vez pasada la crisis nos topamos con la esencia del sistema, con el núcleo duro de todo esto: precariedad intensificada, pobreza y desigualdades sociales a un nivel estratosférico. Hoy más que antes es un imperativo el seguir organizándonos y el seguir luchando, pues hoy se descubre ante nosotros las primeras pinceladas de lo que nos espera tras el duro reajuste y tras la dura reestructuración capitalista de los últimos años.

Sistema productivo y puestos de trabajo low-cost. Ni sanidad ni educación públicas. Estamos asistiendo al amenecer de la sociedad post-industrial en su versión hispana. Bienvenidos a la era de la producción biopolítica y del capitalismo cognitivo, en su versión pobre y con sus contradicciones internas más acentuadas.

Nos queda una larga lucha por delante para reapropiarnos de la producción común que no están robando cada día.

Seguimos.

Guanyem Barcelona o cómo recuperar nuestras ciudades y barrios

Las ciudades son circuitos de circulación de las mercancías del capital. Cada vez de forma más intensa asistimos a unos configuraciones y distribuciones espaciales únicamente destinadas a que las personas consuman, produzcan y a que las mercancías puedan circular. De esta forma, no es nada extraño que hayamos vivido en los últimos años una despiadada desaparición de los lugares comunes así como de aquellos sitios en los que las circulación se detiene. Pienso por ejemplo en la progresiva desaparición de los bancos (los de verdad, no los cajeros) en nuestras calles. Los distintos ayuntamientos buscan tanto la limitación de la pernoctación en los bancos como la supresión de elementos que permiten que reposes sin que tengas que pagar nada. El ayuntamiento de Londres llegó al extremo, en este sentido, de poner pinchos en aquellos sitios proclives a que un clochard pudiese dormir allí.

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Pinchos debajo de los puentes en Londres. Agresión contra las personas para que no puedan ni deternerse ahí ni reunirse ni pernoctar. Cada lugar debe de ser un lugar de paso, de consumo o de producción capitalistas.

Las carreteras y aceras son funcionales. Tienen como objeto que te desplaces para producir en una empresa o para que consumas. En ningún caso permiten que puedas detenerte y perjudicar así los fluidos del capital. Si sales a la calle, tendrás muchísimos comercios a nivel de las aceras para que puedas ir entrando y saliendo de los mismos, para que puedas consumir, para que las mercancías puedan moverse sin parar. Cualquier espacio que detenga este flujo constante debe ser aniquilado.

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Reconstrucción de can vies tras la demolición parcial, parada por la respuesta vecinal y ciudadana. Autogestión de los escasos sitios comunes que nos quedan.

Can vies, por ejemplo, era un obstáculo en esta construcción y concepción del urbanismo capitalista. Es un lugar que ya no es de paso o de consumo o de producción capitalistas, sino un lugar común en la que los vecinos y no vecinos pueden pararse a hacer cosas improductivas como escuchar música, ensayar, hablar, debatir o simplemente encontrarse e intercambiar experiencias, afectos, sentimientos, ideas etcétera sin pagar ni un sólo euro. El capital se detiene en este punto, no puede circular. Las personas de Can vies ni siquiera pagan un alquiler para una persona privada o un impuesto al ayuntamiento de Barcelona. Lugar pues de estancamiento capitalista (aunque se podría analizar la producción de valor inmaterial que se llevaba a cabo allí y que luego sería expropiado por otros métodos en otras zonas y contextos de la misma ciudad).

Nuestras ciudades y metrópolis han sustituido a la fábrica como lugar hegemónico y principal de la creación del valor. Parece pues normal que los distintos planes urbanísticos se hayan hecho únicamente en vistas a la producción biopolítica. Barcelona hace tiempo que dejó de ser aquella bohemia ciudad en la que artistas y vecinos normales hacían su vida cotidiana en las calles y parques para convertirse en una marca de consumo turístico y de encuentros internacionales entre compañías que producen mercancías de alto valor añadido (pienso en el Barcelona mobile world congress). Esto ha provocado, en parte, la gentrificación de nuestros barrios. Tanto en Gràcia como en el Raval, la llegada de una nueva burguesía en busca de elementos originales y característicos ha ido aumentando progresivamente los precios de las viviendas, expulsando a los vecinos de esos barrios y, por ende, a la desnaturalización de los mismos.

Sobre la masificación del turismo os recomiendo fuertemente el visionado de este documental: Bye Bye Barcelona, pocas cosas a añadir:

Tampoco podemos obviar las redes clientelares que establecían los ayuntamientos con las distintas empresas constructoras y hosteleras. Cuando lo público está al servicio del interés privado asistimos a la subsunción material de todo aquello aquello que podría estar en los márgenes o en los afueras de los procesos de producción capitalistas.

Escribían Deleuze y Guattari en Mil Mesetas que: “La ciudad es el correlato de la ruta. Sólo existe en función de una circulación y de circuitos, es un punto extraordinario en los circuitos que la crean o que ella crea. Se define por entradas y salidas, es necesario que algo entre y salga de ella. Impone una frecuencia. Opera una polarización de la materia, inerte, viviente o humana, hace el filum, los flujos pasen aquí o allá, en líneas horizontales. Es una red puesto que está fundamentalmente en relación con otras ciudades. Representa un umbral de desterrioritalización. El máximo de desterritorialización aparece en la tendencia de las ciudades comerciales y marítimas a separarse de las regiones interiores, del campo (Atenas, Cartago, Venecia)”.

Oponían la ciudad al Estado, que funciona por estratificación, , es decir, a una estratificación que forma un conjunto vertical y jerarquizado que atraviesa en profundidad las líneas horizontales de la ciudad. Así pues, sólo retiene tales y tales elementos cortando sus relaciones con otros elementos que han devenido externos, inhibiendo, frenando o controlando esas relaciones, si el Estado tiene un circuito ese es un circuito interno que depende fundamentalmente de la resonancia, zona de recurrencia que se aísla del resto de la red sin perjuicio de controlar aún más estrictamente las relaciones con ese resto.

Sin embargo, lo que hemos vivido los últimos años es una estatalización y estratificación de la ciudad que vino unido a la intensificación capitalista. Una propiedad pública y una propiedad privada que han convenido y convergido para robarnos toda la riqueza y todos los espacios comunes. Incluso la Plaça de Catalunya fue privatizada y sigue privatizada en Navidad. Hay que pagar. Sólo tenemos flujos y circuitos de circulación del capital y de las mercancías (incluyo a los trabajadores como mercancías). Tampoco hay separación con los campos como nos describían Deleuze y Guattari, hay conquista completa del campo por parte de la ciudad y del Estado, no hay esos ilusorios puntos exteriores a los que agarrarse.

Las ciudades y sobre todo Barcelona han frenado, inhibido y estratificado sus espacios para crear un circuito interno coherente, completo y cerrado de circulación de las mercancías y de los flujos capitalistas.

La cuestión es recuperar todos los espacios comunes, devolver y recuperar nuestra ciudad y nuestros barrios para nosotros y los viajeros. Volver a horizontalizar las líneas que atraviesan la ciudad. Des-mercantilizar la ciudad, dejar de hacerla un mero producto de consumo visual y estético. Que deje de ser un lugar para consumo a corto plazo del turisteo ocasional.

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Acto de presentación de Guanyem Barcelona

Guanyem Barcelona es la propuesta ciudadana y de las clases trabajadoras. La propuesta que desde abajo quiere ser lugar de confluencia para ganar y recuperar una ciudad que nos han robado. La propuesta que hace tabla rasa y supone una ofensiva institucional complementaria de los movimientos sociales y políticos.

Entre todas y todos no sólo Podemos sino que también ganaremos.

Estado de excepción y revolución democrática

El pasado jueves 11 de julio, el PP le rindió su particular homenaje a Giorgio Agamben convalidando el decreto ómnibus que modifica de un plumazo 26 leyes en vigor.  Al aprobar esta Ley, el PP se ha ahorrado el debate sectorializado en las Cortes de cada una de las modificaciones propuestas y efectuadas. Este singular hecho unido a la Ley Mordaza recientemente aprobada (la ley que criminaliza y castiga a toda manfiestación democrática, hasta el hecho de hacer fotos a policías que estuvieran excediéndose en sus labores represivas podrá ser considerado delito) nos confirman que vivimos en un estado de excepción permanente.

Agamben

Giorgio Agamben

Recogiendo la idea lanzada por Walter Benjamin en Para una crítica de la violencia, Agamben asegura que la figura del Estado de exepción es el nomos del estado moderno y que éste estado de excepción siempre acaba siendo la regla. Agamben argumenta que las medidas de excepción suelen permanecer una vez pasada la denominada arbitrariamente situación de exepción. En su ensayo Homo Sacer II: El Estado de excepción, Agamben recopila todas aquellas veces en que los distintos estados de occidente han declarado el Estado de excepción y como los decretos que se iban aprobando durante el transcurso de los mismos se iban manteniendo a lo largo del tiempo. La forma de gobernar cuando se declara el Estado de excepción es siempre el decreto-ley. Siempre ha sido sorprendente como un Estado de Derecho se guarda para sí la posibilidad de suspender el Derecho -en nombre del propio Derecho- para poder aplicar y desplegar toda aquella medida y toda creación jurídica que escape a la normativa vigente. Agamben recuerda siempre -y es un hecho notorio que no podemos olvidar- que Hitler nunca rompió con la república de weimar. Técnicamente, el estado nazi fue un Estado de excepción que duró 12 años. Todas las leyes que el partido nacional-socialista fue aplicando se amparaban en la constitución de Weimar, siempre bajo el paraguas de las medidas excepcionales, de la aplicación extensiva e intensiva del estado de excepción.

El estado de excepción es siempre el resultado de una situación contradictoria: tenemos una exclusión integrada que genera un nuevo espacio que no existía en la normalidad. La norma se desustancializa.  Es interesante el reflexionar sobre esta noción de estado de excepción (muy pocas veces lo hacemos) y como el actual gobierno del PP gobierna en base al mismo. Habitualmente, el estado de excepción se declara cuando el Estado teme por su propia supervivencia, sea por una amenaza exterior (la guerra, el terrorismo) o sea por una amenaza interior (insurrección armada). La figura del estado de excpeción es muy contradictoria pues es muy complicado el saber determinar cuando un estado está realmente amenazado y cuando no lo está. La declaración de la urgencia, estado de sitio o estado de excepción siempre se debe a una contingencia y a una valoración de la misma realizada por el gobierno en cuestión, siempre de forma política y subjetiva. Y lo que pasa siempre es que nos encontramos ante un juez que al mismo tiempo es parte. Pues quién declara el Estado de excepción es aquel que lo va a aplicar (el gobierno). Las consecuencias no son irrisorias: no olvidemos que el estado de excepción suspende la legalidad, los derechos y las libertades civiles vigentes para desplegar todo un arsenal jurídico y político completamente arbitrario propio de cualquier dictadura. Estamos acostumbrados a que se declaren estados de excepción durante las guerras (primera guerra mundial, segunda guerra mundial, guerra de Argelia en Francia…) aunque actualmente el terrorismo es la mejor excusa para declararlo. La patrioct Act norteamericana eternaliza el estado de excepción: ante un enemigo invencible, difuso, que está por todas partes y que nunca podrá ser vencido siempre podremos mantener las medidas excepcionales que la patriot act estableció en el año 2001.

¿Qué suele ocurrir cuando entramos en guerra con otro estado y se declara un estado de sitio, de urgencia, de alarma o de excepción? Pues que todos los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) se repliegan hacia el gobierno que puede utilizarlos libremente. Se suspende toda la legalidad y el estado se desnuda ante nosotros: no somos más que nuda vida ante él. Estamos a su disposición, no detentamos ningún derecho y se militariza a toda la sociedad. Se movilizan recursos (aumento de impuestos) y se gobierna en base al decreto ley. Ya no eres ciudadano, estás en una zona de indeterminación absoluta, que es la misma zona en la que se despliega el estado de excepción. Ya no hay exterior ni interior al Derecho. El Estado nos muestra su esencia, su naturaleza: aparato y máquina de guerra absolutas.

En la crisis que estamos viviendo y que no nos va a abandonar encontramos, aunque no se haya declarado públicamente, todas las características del estado de excepción. Recordemos que las medidas que se suelen aplicar y desplegar durante un estado de excepción dejan de ser excepción para devenir regla. Lo primero que hizo el gobierno de Zapatero para justificar sus medidas de recortes en el año 2010 fue la situación de excepcionalidad debido a la crisis. Fue la primera piedra que empezó a edificar el actual estado de excepción en el que nos encontramos ahora. La primera rueda de prensa del gobierno de Rajoy en el año 2012 nos anunciaba, escudados también en la excepcionalidad de la situación de nuestro país, medidas “temporales” y “excepcionales” para justificar subidas de impuestos y, más tarde, para justificar toda la sangría de recortes sociales.

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Imagen de cuerpos militares en el aeropuerto de Barajas, diciembre 2010. Durante 15 días, el gobierno del PSOE decretaba el Estado de Alarma por la huelga de controladores aéreos. Un ejemplo paradigmático de como se despliega de forma concreta un estado de excepción de baja intensidad, esta vez para parar una luchar laboral (aunque fuera compleja pues suscitó muchísimas animadversiones entre viajeros de clase trabajadores y media que no veían con buenos ojos que supuestos privilegiados como los controladores aéreos protestaran por sus derechos laborales). De todas maneras, puede que buen ensayo para futuras declaraciones de estados de alarma, urgencia o sitio si se quieren parar huelgas.

El estado de excepción se puede identificar de distintas maneras: una es la proliferación de los decreto-ley, dos y a consecuencia de esta primera es la confusión generalizada entre los tres poderes que fundan el estado moderno: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Cuando se legisla y se gobierna a base de decretazos ya no hay frontera posible entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Siempre que se declara un estado de excepción se produce un ensanchamiento del Estado, ensanchamiento que se suele tornar visible con subidas de impuestos continuadas.

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La valla de melilla y el asesinato de las personas que quieren acceder al territorio es también un ejemplo de esas zonas de indeterminación en las cuales ya no hay ningún derecho aplicable a la persona. La frontera intenta delimitar un adentro y un afuera pero ella misma es el punto ciego del estado moderno.

La tercera característica de los estados de excepción es la intensificación de los poderes de la policía. Se restringen las libertades públicas y se suspenden los derechos democráticos. No hay nada más evidente de este hecho que la recientemente aprobada Ley Mordaza. Se necesitan de estos mecanismos de militarización, seguimiento, control y policía para poder asegurar el despligue de la excepcionalidad. El debate no es tanto que estemos o no estemos en democracia, es saber hasta dónde llegará la intensificiación del estado de excepción que se está desplegando con una velocidad inaudita. Hemos naturalizado muchísimas formas de legitimar y justificar políticas anti-sociales y anti-populares (anti-democráticas, medidas que van en contra de lo que los ciudadanos quieren y sienten) que simplemente se resguardan bajo el paraguas de este estado de excepción. Estado de excepción cuyo paradigma son los campos de concentración y encierros, las zonas donde no hay legislación ni derechos, zonas en las que se  desvela este nomos de nuestros estados mal llamados democráticos (por ejemplo, las zonas de reclusión en los aeropuertos o los CIEs en España, auténticos campos dónde no eres ciudadano sino nuda vida ante los poderes establecidos).

 

 

En este largo camino en el que predomina la excepcionalidad, la ley ómnibus es un paso más para profundizar el estado de excepción. Gobernar a base de decretos leyes, de no debatir nada, de presentar la democracia representativa burguesa como lo que realmente es: un puro teatro, una ritualización.

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Y frente a esto ha emergido la política del movimiento. La profunda revolución democrática que está recorriendo el país desde hace 3 años (desde el 15m) y que ahora se expresa en su modalidad institucional con PODEMOS. Los círculos expansivos e inclusivos de podemos son la lucha y la reivindicación de una democracia radical, de una democracia que nos han robado y que siempre está suspendida por el estado de excepción (se ampare en cualquier acontecimiento en el que se quiera amparar…). Intentarán reabrir la excepcionalidad para pararlo pero ya no pueden. Los periódicos ya esconden las encuestas para intentar esconder algo ya inevitable: que la política de la modernidad y de la casta van a ser superadas. La persecución mediática y criminalización de Podemos no podrán parar la ilusión y las ganas de recuperación democrático-sociales que nos roban cada día. Deberemos ser inteligentes y seguir trabajando desde abajo, desde los barrios, desde la calle para reconfigurar y re-significar la institucionalidad democrática.

Una mirada crítica al anarco-primitivismo y a ciertas corrientes ecologistas

Acabo de terminar el  breve ensayo de John Zerzan Futuro Primitivo. índiceEn éste se señalan cuestiones muy interesantes y hay reflexiones pertinentes sobre nuestra condición y nuestro forma de ser en el mundo contemporáneo. A este respecto, me parecen de una enorme importancia las aportaciones sobre el estigmatizado y despreciado “salvajismo” de nuestra era prehistórica así como la deconstrucción de ciertos mitos. Mitos como la supuesta división sexual del trabajo o la precariedad existencial de aquellas modalidades de existencia humana, desprovista de las tecnologías contemporáneas y que, recordemos, duró 300 000 años como mínimo para el Homo Sapiens y 2 millones desde la aparición del primer ser humano. El sacar a la luz que las sociedades primitivas son sociedades de la abundancia y no de la escasez también fue mérito del etnólogo Pierre Clastres, que estudió y vivió con los indígenas de América Latina.

Dicho esto, el resto de axiomas, presupuestos ideológicos, epistemológicos y proyecto político que defiende Zerzan son, a mi modo de ver, altamente criticables. Muchas de las ideas que recorren el ensayo son ideas comunes a ciertos pensamientos ecologistas y a ciertas formas de afrontar nuestra realidad cotidiana. El principal axioma del que parte Zerzan -y que es común a muchas corrientes ecologistas- es la oposición entre la naturaleza y la cultura o mundo artifical humano. De esta manera, se nos presentará a la Naturaleza como ese ente equilibrado y con procesos y ritmos biológicos propios del cual formaba parte el humano prehistórico y  se nos presentará a la cultura/civilización como un elemento perturbador de esa armonía natural. Es interesante que Zerzan llegue hasta el final de su lógica argumentativa y que, al rechazar la civilización, rechace también las matemáticas (argumentará que los números son creaciones artificiales para poder contabilizar las cosechas, es decir, la numeración sería un instrumento para poder dominar a la Naturaleza) y el lenguaje (base de la cultura simbólica y de la domesticación tanto de la naturaleza como del ser humano).

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Zerzan y el ecologismo también tienen un punto de encuentro importante en la idea según la cual el hombre primitivo (y, por extensión, las tribus indígenas que todavía perviven en ciertos lugares del globo) viven respetando la naturaleza y que está en equilibrio con otras especies. Es bastante común hoy en día el seguir estableciendo el binario natural/cultural. En muchas conversaciones de bar se oye el “esto no es natural” o el “esto va contra la naturaleza”. Zerzan va hasta el final de dicha oposición de la modernidad -que propio es de nuestro pensamiento occidental y moderno el querer establecer todo el rato binarios opuestos: hombre/mujer, izquierda/derecha, homosexual/heterosexual, cultural/natural, bien/mal- para hacer una apología de una mistificada condición pre-civilización, pre-histórica.

El problema del planteamiento naturalista y primitivista es que quiere negar o se niega a reconocer que no hay ningún opuesto a la naturaleza. Pero, todavía más grave, es el querer otorgarle a la Naturaleza una categoría metafísica, trascendental y teológica. Tenemos la impresión de que hay una “voluntad” del dios naturaleza ante la cual nos habríamos sublevado, intentando imponer nuestro propio poder. Y ya sabemos que a los dioses no les gusta nada la pretensión y arrogancia humanas. Responderán con furiosa cólera, ya sea como cuando se erigió la torre de Babel en la tradición judeo-cristiana, ya sea como cuando Níobe ofendió a Apolo y Artemis o como cuando Prometeo desafió al destino en la mitología griega. Muchos mitos griegos dan buena cuenta de lo que ocurre cuando se desafía el poder de los dioses. Cada vez que Zerzan o algunos ecologistas hablan de que se alteran los ritmos y procesos naturales parece que nos estén amenazando como si fueran profetas del dios naturaleza: “cuidado, no despertéis ni enfadéis a dios, que entonces caerá sobre vosotros la maldición eterna”(la destrucción del planeta vamos). Ojo, no estoy haciendo apología de la destrucción de nuestros medios naturales, simplemente estoy criticando que haya tal cosa como una voluntad detrás de los procesos que se dan en nuestro entorno.*

Aquí radica una de las esencias conservadoras, siempre represivas: “puedes hacer todo lo que quieras hasta este punto”. Toda ideología conservadora te va a poner un límite. Por ejemplo, en la actualidad, puedes investigar las células madre y tal y tal pero CUIDADO hasta cierto punto, no me vayas a clonar un ser humano (en verdad, cuando se dice esto, parece que se quiera decir: “no investigues hasta este punto no vaya a ser que descubras el secreto de la vida“). Todo movimiento e ideología conservadora, que atraviesa a izquierdas y derechas, siempre busca  imponerte un límite en tu comportamiento y en tu pensamiento. Lo peor no es esto, lo peor es que dicho límite siempre se establece en base a un criterio que nos remite a una entidad supranatural y trascendente a nosotrxs (normalmente Dios, pero puede ser sus formas secularizadas y deformadas, tales como la Nación, la Historia o, en el caso que nos ocupa, la Naturaleza en sí).

Como matamos al dios cristiano le hemos tenido que sustituir por un nuevo dios. En el caso de Zerzan y de muchos ecologismos este nuevo dios se llama Naturaleza. No deja de ser gracioso que anarquistas confesos se deban tanto a entidades que ellos mismos constituyen como suprahumanas para justificar ciertas actitudes y formas de ser en la Tierra. En vez de partir de la base que formamos y somos parte de una única sustancia causa de sí misma, parece que se nos presente como a parásitos externos a la naturaleza, como si fuéramos extraterrestres que hemos venido desde un afuera para contaminar un adentro de la madre Tierra. En sus formas más sofisticadas se dirá que evidentemente sí que somos parte de la Tierra y parte de una misma y única sustancia, pero nuestra cultura y civilización serán entonces el elemento externo, ese afuera, esa alteridad que tanto contamina y extermina a la identidad pura de la Tierra.

Si el pensamiento de Zerzan, mal que le pese, es puramente postmoderno es por una razón muy sencilla: Zerzan construye un pasado perfecto, puro, en el cual, además, descubrimos la esencia de la Natureleza (pues los ordenadores y demás son tecnologías artificiales que nada tienen que ver con la naturaleza), descubrimos la identidad pura de la natureleza. Es un movimiento de regresión histórica. Establece un punto en el pasado, como hacen los fundamentalistas religiosos, no contaminado por la civilización (eje del mal). No quiero caer en un binario más (humano prehistórico-humano civilizado), opino que no hay tal cosa como un humano pre-social o pre-civilizado. Opino que hay modalidades distintas de la existencia social del ser humano en la Tierra. No hay ningún progreso en cuanto especie, aunque haya sofisticación tecnológica. Para cada momento histórico dado y específico se dan una serie de contextos, circunstancias y potencialidades distintas. Coincido con Zerzan en que no habría que hablar del pasado pre-revolución del neolítico como algo inferior, atrasado o peor. El problema de Zerzan es que recoge por la mano derecha aquello que soltó por la izquierda. Cae de esta manera en el mismo juego del pensamiento hegemónico contemporáneo.

Zerzan invierte las dos partes de la ecuación. Si el pensamiento dominante nos dice que hay dos eras bien distintas y diferenciadas (era pre-histórica y era histórica que nace con la revolución neolítica) y que la segunda era es el progreso, lo bueno y el “bien”, Zerzan deconstruye y crítica esta visión para hacer un movimiento simétrico pero invertido : hay dos eras -la prehistórica y la post-neolítico- pero la segunda es la mala y la primera es la buena y a la hay que volver. Esta primera era se caracteriza por ese supuesto respeto a una naturaleza endiosada.

La naturaleza en esa era es entonces cambiante, sí, espontánea, sí, pero tiene unos ritmos y unos procesos muy determinados que ayudan a mantener un cierto equilibrio. La pregunta que nos asalta es evidente…¿Equilibrio de qué? La idea de equilibrio es puramente ficcional, es una representación que nosotrxs mismxs nos forjamos para construir maneras de interpretar el mundo. A Zerzan habría que recordarle que la naturaleza y la Tierra se caracterizan por un desequilibrio bastante permanente, en el cual movimientos tectónicos, inversión de polos, erupciones volcánicas, tsunamis, lluvias de meteoritos, extinciones, son bastante bastante comunes. La formación de los continentes es algo tan tremendo que cuesta de imaginar, mucho más bestia que cualquier transformación que los humanos hayamos podido hacer en nuestro entorno. De todas maneras no entro en este campo, no me interesa tanto el grado y la intensidad en la cual modificamos nuestro entorno pues todas las especies lo hacen. Lo interesante es saber nuestro umbral, no lo niego, para nuestra propia supervivencia, que no la supervivencia del planeta como argumentan ciertos ecologistas. Ya podemos tirar miles de bombas atómicas que simplemente destruiremos nuestro hábitat natural pero la Tierra continuará, una mutación y una extinción más, que se sumará a las 5 que ya ha habido. Seremos la herramienta de la sexta gran extinción, la Tierra, la Naturaleza no sabía como provocar una nueva extinción y nos creó a nosotrxs para poder realizarla. Muy bien. Este argumento sería simétrico y paralelo al de Zerzan, aunque para Zerzan la voluntad natural es vista como buena, equilibrada y positiva.

La naturaleza, de la cual el ordenador en el que escribo emana, es pura multiciplidad y pura transformación continua. NO hay ningún orden preestablecido de como deben de ser las cosas. Todo cambia, se adapta o no, todo muta, todo se transforma, aunque se sigan ciertos patrones en ciertos casos, las reglas cambian de un día para el otro. El oxygeno fue sintetizado por bacterias y era muy tóxico, ahora es la base de nuestra vida.

La tecnología, la arficialidad, la cultura simbólica, el lenguaje, las matemáticas, los cyborgs, los robots, los coches etcétera son otras modalidades y expresiones de la naturaleza múltiple en la que vivimos. No hay una frontera entre lo cultural y lo natural. Aunque haya habido un salto tecnológico, no se entiende muy bien porque para Zerzan es tan clara la distintición entre herramientas que utilizaban los antiguos humanos y las que utilizamos ahora. Antes y ahora cambiamos el entorno. Las abejas cambian el entorno, polinizan (y si dejan de existir cambiará nuestra modalidad de existencia irreversiblemente) las avispas son capaces de construir y erigir algo tan complejo como un enjambre, o las hormigas un hormiguero, o los pájaros un nido. Todo ello son efectuaciones de potencias animales, son cambios en los entornos, que a veces los “desequilibran” y provocan pequeños y grandes colapsos. Otras veces no. La pregunta es porqué una estructura tan compleja como una colmena sería más natural que un edificio de una gran capital. Aunque la forma de sintetizar los materiales puestos a nuestra disposición sea distinta la pregunta creo que suele apuntar y se torna más interesante en lo estético y lo habitable para nosotros mismos de dicho edificio. No es que sea natural o no, la pregunta es si queremos y si realmente deseamos vivir en ellos (pero porque las arquitecturas y los planes urbanísticos están inscritos en tecnologías específicas del poder).

Placentas artificiales del futuro

Imagen que actualiza e intensifica lo que ya está en marcha. Hace tiempo que nacemos en hospitales como también hace tiempo que hay reproducción asistida. Hacemos un devenir-cyborg. Lo que puede asustar es la revelación, el punto ciego, de nuestra ilusoria esencia humana. Las prótesis y los cyborgs nos descubren la verdad de nosotros mismos: somos cuerpos sin órganos. Los órganos no son la verdad de nuestro ser.

Zerzan cae en una especie de contra-mitificación humana. Se cree tanto la fuerza y el poder del ser humano que lo mitifica igual que lo mitifica un neoliberal contemporáneo. Lo que cambia es la forma moral de esa mitificación. Para Zerzan, el humano es tan fuerte y tan potente que habría ganado temporalmente una batalla contra la naturaleza (hasta que colapsemos, pero le hecho es el mismo, la habríamos ganado, total colapsar colapsaremos tarde o temprano, ya sea por acción propia o por omisión y entonces el Sol se encargará del trabajo con una espectacular y magnífica supernova). En cierta medida, la civilización humana sería el mismo cuerpo de Satanás.

Por otro lado, aunque la crítica a como la civilización se ha construido en base a ciertos tipos de poderes y en beneficio de ciertas personas privilegiadas, no hay un único centro del poder y una relación estática y que fuera de arriba a abajo del mismo. Las resistencias se han dado siempre y se siguen dando y nos seguimos reapropiando y seguiremos luchando por lo expropiado. Son nuestras luchas políticas.

Hemos entrado en una etapa de artificialidad intensificada, con más prótesis y con más extensiones tecnológicas que intensifican la relación del humano con la máquina. Entramos en pura convergencia y síntesis, al igual que estamos en simbiosis con el resto de especies y plantas. Comparto la crítica que se debe realizar al uso de las tecnologías, que nacen en estructuras de poder determinadas y en modelos de producción, reproducción y circulación capitalistas. Pero la estrategia de Zerzan que es de rechazo absoluto es contradictoria con su propia experiencia y acción aunque puede señalarnos ciertos límites y ayudarnos a deconstruir muchos conceptos e ideas que damos por válidas acríticamente. Si una revolución anarco-primitivista triunfara sería una de las mayores producciones culturales y tecnológicas que habríamos visto nunca.

 

*El ecologismo me parece un movimiento político imprescindible en los tiempos que nos ha tocado vivir. El respeto al medio ambiente, de todas maneras, no se debe indexar en base a una moral o a un respeto a algo que estuviera jerárquicamente posicionado por encima de nosotros (la Naturaleza por ejemplo), sino en base a una lucha política contra una estructura de producción, reproducción y distribución/circulación que destruye nuestro propio hábitat como especie. Esto implica también algo tan fundamental como el respeto hacia otras especies, sin las cuales nosotros no existimos (el caso paradigmático sería el de las abejas, luchamos por ellas porque estamos luchando por nosotros mismos). La máquina capitalista, la producción del valor por el valor, se ha posicionado por encima de nuestros intereses como especie y es en este punto donde la lucha política por el medio ambiente me parece primordial. Este posicionamiento está lejos de querer hacer esta lucha por una moral ecológica, como si la Tierra tuviera un espíritu o una voluntad superior a nosotros, ni nosotros estamos por encima de ella ni ella por encima de nosotros, estamos en completa sintonía (de ahí que la hayamos transformado y que sigamos con vida, de ahí que ella misma se transforme y nosotros nos adaptemos a ella, como el resto de especies, y si nosotros desaparecemos por causas nuestras -que puede ser- será por culpa del capitalismo y no de la civlización o del ser humano.

Facebook, smartphones y el Gran Otro lacaniano

El título de esta entrada puede asustar a más de uno. Estamos bastante acostumbradxs a que cualquier crítica a las nuevas tecnologías sea tachada de reaccionaria, enemigadel “progreso” o de una supuesta voluntad de volver al paleolítico. Nada más lejos de la realidad. Compartiré esta entrada en mi perfil de facebook y el soporte en el que escribo en este instante forma parte de todo el entramado cibernético y de la red. De todas formas, estamos todxs dentro y las reflexiones y críticas son un imperativo para subvertir todos aquellos mecanismos y dispositivos que reproduzcan y produzcan la estructura social vigente.

La idea de algunas reflexiones sobre como Facebook modera y media en nuestra propia realidad me ha venido leyendo un texto de Zizek en el cual habla -un poco por encima- sobre el e-book. La forma en la que aborda el tema del e-book puede ser también retomada y trasladada para Facebook.

Zizek nos dice que el e-book actúa como un Gran Otro en lo que respecta a la lectura. En el e-book puedes tener 1 000 o 2 000 o 20 000 libros. Evidentemente, nadie tiene el tiempo para poder leer tal cantidad de novelas y ensayos pero nos gusta poder decir que al menos están ahí, que están siempre a nuestra disposición. Zizek argumenta entonces que es el e-book el que lee los libros por nosotrxs, a modo de ese Gran Otro lacaniano que nos sirve para mediar nuestras existencias. El Gran Otro viene a rellenar el vacío que hay detrás de las cosas, de los objetos. Tú no lees todos los libros que tienes en tu e-book, pero el objeto físico e-book, investido de todo un relato, nos apacigua ante la angustia vital de saber que no vamos a leerlos. Nos apacigua de tal modo que pensamos que es ese artilugio el que está leyendo todos esos libros por nosotrxs. Nos tranquilizamos por el simple hecho de saber que el objeto está ahí y es nuestro. Muchas veces diremos que no he leído libro, pero haré como si lo hubiera leído pues el libro está en mi e-book.

¿Qué ocurre en Facebook? De modo análogo, parece que, en Facebook, la propia red social sea la que mantenga nuestras relaciones personales en nuestro lugar. De esta forma, al estar mi perfil siempre disponible y accesible para todas las personas (y en todo espacio y tiempo) con las que tengo “amistad”, la plataforma hace el trabajo de mantener mi vida social por mi. Tengo una tranquilidad al saber que cualquier perfil puede consultar mi muro o ver mis fotos (o que se le aparezcan en la página principal de entrada). Del mismo modo, cualquier persona que quiera hablarme o ponerse en contacto conmigo puede enviarme un mensaje con sólo uno o dos clicks. Esto permite, en parte, evitar la angustia que nos puede ocasionar el saber que en realidad no hay nada detrás tanto de las personas como de nuestra propia vida social. La fachada del perfil sirve de esta manera de interfaz ante la angustia del vacío. Podemos pensar que hemos perdido el contacto y tal con alguna amistad del pasado o con alguna persona que conocimos hace poco tiempo y con la que hubo un encuentro alegre y placentero. La forma de eludir la tristeza de la pérdida de contacto humano (sea por la razón que sea) es el saber que lo seguimos teniendo de amigo en Facebook y pensar entonces “ah no, sigue allí, está aquí”. Facebook opera a este nivel como el Gran Otro lacaniano que nos permite seguir con nuestra cotidianidad y nuestra rutinaria vida sabiendo que no por recluirme en tal o tal sitio o irme a tal o cual lugar perderé mi vida social (sea más auténtica o no). Me evito también esfuerzos que pudieran empujarme a encontrarme o verme realmente con tal persona y descubrir que ella no es, en realidad, como yo había proyectado que fuera.

Se puede estirar un poco más la reflexión. Si el e-book y Facebook reproducen al mismo tiempo toda la ideología del capitalismo es también porque nos permiten acumular libros y amigos (y, también, porque muchas veces parece ser el fin último de ambos). Existe una lógica acumulativa en los dos soportes que va de la mano de la ideología dominante. ¿Acumular para qué? Para seguir acumulando, para mantener el “valor”. Para que la máquina productiva y reproductiva del capital siga alimentando el valor, para acumular relaciones sociales y contactos que permitan también aumentar nuestro “valor humano” en el capitalismo cognitivo. Además de nuestra popularidad y nuestra “cuota de mercado”.

No descubro nada a nadie cuando digo que la forma de organizarse y de operar en Facebook reproduce el imaginario social de la utopía neoliberal. Individuos atomizados que se juntan unos con otros pero siguiendo esquemas de autismo pre-político y pre-social.

Con la aparición del smartphone se da un paso todavía más allá. El smartphone no me permite únicamente el estar todo el día conectado y que internet me siga a todas partes, metido en el bolsillo de mi pantalón, sino que me permite estar tranquilizado ante todo aquello que se me pueda escapar por haber apagado el ordenador de mi cuarto o de mi estudio. Las barreras del tiempo y del espacio se difuminan y se nos aparece la inmediatez del mensaje instantáneo del whatsapp. La máquina virtual se nos presenta como omnipresente y como guardián de nuestra vida social.

 

 

 

Abolir el dinero no destruirá el capitalismo (sobre la polémica entre Marx y Proudhon)

Escuchamos de vez en cuando en los medios anticapitalistas que una posible manera de destruir el sisema económico imperante sería la de destruir o abolir el dinero. Esta idea surgió, en sus comienzos, de los textos de Proudhon. Basándome en los escritos del marxista Moische Postone sobre la cuestión -que recupera la crítica de Marx sobre este asunto- voy a intentar exponer y resumir el porqué del error en la que cae esta concepción del capitalismo y de la peligrosidad de la misma (tanto a nivel epistémico como a nivel de consecuencias políticas directas, que son esencialmente el antisemitismo y la inoperancia). Detrás de la idea de abolir el dinero, muchas veces suele seguir un silencio o una apología directa del capitalismo industrial así como de la tecnología y del trabajo concreto en oposición al capitalismo financiero o ciertos aspectos “abstractos” del capital y del trabajo.

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En el capitalismo, el trabajo no es únicamente una actividad social productiva -trabajo concreto- sino que sirve, al mismo tiempo, de mediación social (trabajo abstracto). Por consecuente, su producto, la mercancía, no es solamente un objeto de uso en el cual se objetiviza el trabajo concreto sino que es, al mismo tiempo, una forma de relaciones sociales objetivadas. Al ser la mercancía una forma de objetivación de las dos dimensiones del trabajo en el capital (del concreto y del abstracto) es su propia mediación social y tiene pues un doble carácter: el valor y el valor de uso. En tanto que objeto, la mercancía disimula las relaciones sociales que fuera de ella no tienen otro modo de expresión (aquí radica una de las alienaciones).

El doble carácter de la mercancía se exterioriza materialmente en la forma-valor: en tanto que dinero (forma fenoménica del valor) y en tanto que mercancía (forma fenoménica del valor de uso). Aunque la mercancía es una forma social que integra y lleva en sí tanto el valor de uso como el valor, el resultado de esta exteriorización es que la mercancía se nos aparece únicamente en su dimensión de valor de uso, como puramente material, como cosa. El dinero aparece entonces como único depositante del valor, como manifestación del abstracto puro en lugar de la forma fenoménica de la dimensión-valor de la mercancía misma. Es en este nivel,  en la forma de las relaciones sociales objetivadas específica al capitalismo, que se nos aparece  la oposición entre el dinero -en tanto que abstracto-  y la naturaleza material en tanto que concreto.

Encontramos en este punto uno de los aspectos más problemáticos del fetiche pues las relaciones sociales capitalistas se nos presentarán ante nosotrxs no como lo que son, sino de forma antinómica, como la oposición del abstracto y del concreto.

La immediatez en la que se nos aparece esta antinomia entre abstracto y concreto suelen coger al capitalismo solamente en función de las manifestaciones de su dimensión abstracta y el dinero se volverá entonces la raíz del mal y lo que es concreto y material será presentado como lo “natural” u ontológicamente humano y se situaría fuera del capitalismo. Proudhon se fijará justamante en este momento en el cual el trabajo concreto, material, sería pre-capitalista y que se opondría a la dimensión abstracta del dinero. Es en este preciso instante en el que Proudhon da un paso más y asegura que la abolición del dinero es suficiente para abolir las relaciones capitalistas. El problema es que el capitalismo se caracteriza por relaciones sociales mediatizadas, objetivadas, cosificadas, en formas categóricas de las que el dinero es una expresión y no la causa. Se confunde pues una forma fenoménica del capital (el dinero en tanto que objetiviza y “materializa” el abstracto) con la esencia del capitalismo.

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El error a la hora de afrontar la lucha contra el capitalismo es considerable y desencadena toda una serie de consecuencias preocupantes. SI el trabajo concreto es considerado como pre-capitalista y todo aquello que se nos presenta como material (capitalismo industrial, tecnologías…) caeremos en la apología, al igual que los fascistas, del progreso material y  la opondremos a la supuestamente “anti-natural” dimensión abstracta del capital (capitalismo financiero y dinero). El paso siguiente, que es personificar este abstracto en el judío que maneja el dinero, se produce de forma rápida. Las dos dimensiones, concreta y abstracta, material y financiera, son parte de una misma sustancia que no puede ser fragmentada. Una debe la existencia a la otra y forman un uno coherente. La base de ambas no es la propiedad privada, como ciertos marxistas tradicionales defienden, sino el trabajo. No se puede separar el trabajo concreto, como si fuera creativo, puramente material, de las relaciones sociales capitalistas. No hay una oposición entre el capitalismo industrial, como si fuera descendiente directo de modos artesanales de producción, puros, concretos, materiales y el capitalismo financiero (como si éste fuera “parásito” o “sin raíces).

Hemos podido escuchar durante todo el transcurso de esta crisis que “debemos volver al trabajo industrial, palpable, al capital productivo, al capital industrial” o que el sector financiero estaba desconectado del mundo material real. Desde la izquierda se han recogido en numerosas ocasiones este discurso. Deberíamos plantearnos algunas reflexiones en torno a esto y a este retorno al fetiche del trabajo y la mercancía como presentadas de forma pura y concretas, separadas y opuestas al capital financiero. Una crítica radical al capitalismo nos lo exige.

 

 

 

 

 

El antisionismo es, muchas veces, antisemitismo enmascarado

Tras la victoria del Maccabi frente al Real Madrid, una oleada de tweets antisemitas se expandió por la red. Las asociaciones judías han afirmado que 17 500 tweets antisemitas fueron escritos después de la final de la euroliga.

Nada nuevo por la “civilizada” Europa.  El antisemitismo y el racismo siguen a la orden del día. En Francia,  por ejemplo, el antisemitismo está resurgiendo con mucha virulencia a través del humorista Dieudonné. Antes de la creación de Israel, el antisemitismo apuntaba directamente al carácter nómada de ese pueblo sin tierra y sin patria que es el judío. Actualmente, se quiere devolver a los judíos a su originaria y tradicional condición de pueblo nómada, apátrida, sin raíces (destruyendo al Estado de Israel). Es en este punto en el cual se centra el antisionismo. Intentando eludir el carácter antisemita de muchos postulados, se suele recurrir al “yo no soy antisemita, sino antisionista”. En las izquierdas europeas arrastramos algunas cuestiones que deben ser replanteadas. Soy de la opinión de que el antisionismo es, en muchas ocasiones, antisemitismo disfrazado. Nos permitimos evitar la conexión directa que provoca enunciarse como “antisemita” con el nazismo para declararnos “antisionistas” y poder así gozar del antisemitismo sin tener remordimientos de conciencia.

Israël es un Estado, y como Estado que es, es imperialista y asesino, no hay dudas en torno a esto. Mi problema  y mi pregunta viene del hecho de la centralidad del debate y la posición en el conflicto de Israël-Palestina en las izquierdas europeas, ¿por qué nos estamos concentrando tantos esfuerzos en este conflicto en particular, que es esencialmente idéntico a tantos otros en la misma zona? ¿Cuál es la especificidad del Estado de Israël? Muchas personas de izquierdas me dicen: “es que Israël es imperialista y asesina palestinos”. Afirmación con la cuál estoy completamente de acuerdo, es un estado poderoso y ejerce su fuerza de manera despiadada. Bien, y ¿qué Estado no lo hace? ¿Acaso China es más simpática con sus vecinos asiáticos o con las guerras que está llevando a cabo en África?o Rusia? o Ucrania? o la UE? o Turquía? o Estados Unidos?  todo estado es imperialista, no hay ninguna especifidad en Israël, como estado que es busca la expansión de su territorio y/o de sus intereses en distintas zonas del mundo. No es nada particular a Israël, es la condición general de todo Estado, y mucho más en el mundo capitalista.

Creo que todo este anti-imperalismo infantil y bastante estúpido encuentra sus raíces en otro imperialismo, el soviético. Toda esta obsesión con el imperialismo judío o americano es claramente fruto de la propaganda soviética. LA URSS apoyó en un primer momento la creación de Israël, y éste en un primer momento también tuvo acuerdos amistosos con la URSS. Después de distintos roces geopolíticos, la URSS prefirió aliarse con los países árabes del entorno (por puro interés).

A mi lo que realmente me choca de la centralidad de este conflicto en numerosos espacios alternativos, anticapitalistas (no sabemos todavía porque este conflicto sí y no el de los kurdos por ejemplo) y de la izquierda en general es que se tiene una posición muy clara en contra del Estado de Israël. Muchas veces con ausencia o silencio de lo que se está oponiendo a ese Estado -Hamas-, es decir, ausencia de crítica a las políticas que lleva a cabo Hamas en sus escasos territorios.

La lucha contra el Estado de Israël y contra el sionismo la deben de llevar los propios judíos, que es a los que les oprime su particular Estado capitalista, así como los palestinos que directamente sufren su opresión y colonización. Y, en todo caso, nosotrxs acudir solidariamente a luchar junto a ellxs. Sin olvidar nuestra responsabilidad colonial en la zona (como volveré más abajo a la luz de ciertos historiadores y de un comentario en relación a esta entrada).

No entro en debates fáciles y maniqueos. NO soporto a los voceros del establishment que defienden a Israël, son una panda de neoliberales, ultracapitalistas y  de dudosa afinidad política, muchas veces islamófobos como el caso de Pilar Rahola, que defiende Israël simplemente como punto de resistencia al mundo islámico.

Sin embargo, el antisionismo es, muchas veces, una pantalla para poder gozar de un odio irracional y fetichista contra los judíos. No va mucho más allá de eso. No es casualidad que haya una extraña pero firme alianza entre todas las teorías de la conspiración y el antisemitismo/antisionismo.  El complotismo es muy fan del rollito antisionista (siempre intentan poner de relieve que “antisionismo no es antisemitismo” y todos contentos, una vez hecha esta distinción ya podemos despotricar contra todo el pueblo judío o contra los judíos israelís).

Nosotrxs nos deberíamos concentrar en luchar contra nuestras propias burguesías nacionales y contra nuestras propias estructuras de dominación y de opresión transnacionales. “El antisemitismo es el anticapitalismo de los imbéciles”, esta frase deberíamos recordarla al comenzar nuestras asambleas.

El antisionismo llega a límites muy muy peligrosos. Numerosos grupos de punk y heavy metal en España no han escatimado en lanzar mensajes puramente antisemitas en sus canciones, con la excusa de la defensa del pueblo palestino. Recuerdo y resuena con fuerza en mi cabeza, los versos de Soziedad Alkohólika en las que se dice “judío cabrón” (canción: nos vimos en berlín). Pero no es el único grupo de música dentro de la extrema izquierda que se permite  esta vehemencia.

Canción de Soziedad Alkohólika con letra (minuto 2 en adelante)

El antisionismo que escapa al antisemitismo

No debemos olvidar la enorme lucha por un mundo distinto y el proyecto utópico que supuso la creación del Estado de Israël. Los kibutz, hasta la guerra de los seis días, estaban por todas partes y eran una esperanzadora experiencia puramente comunista. Tranquilxs, los pro-Estado de Israël de extrema derecha nunca nos cuentan esta experiencia ni le suelen dar valor.

Opino que nos queda todavía mucho trabajo por hacer en esta cuestión. Sigue sobrevolando en nosotros la imagen del judío asimilado a la burguesía y al capitalismo. Esa imagen tan explotada por el nazismo y que nos intenta materializar la lucha contra el capital con la lucha contra el judío. La obsesión con el odio hacia el Estado de Israël sigue el mismo esquema ideológico: asimilación de Israël con el capitalismo en la zona de oriente medio (claro, evidentemente, Arabia Saudí no es nada capitalista) y con el imperialismo americano (una vez más, claro, Arabia Saudí o Emiratos Árabes no reproducen el imperialismo yankee, claro que no, ni Egipto, ni Túnez antes de las revoluciones). Pero toda esta obsesión, obcecación y concentración en Israël puede tornarse antisemita y se buscan muchísimos malabares argumentativos para eludir el nodo y sobre la que se edifican estas obsesiones: el antisemitismo anclado en toda la tradición y cultura occidental judeo-cristiana.

La pregunta siempre vuelve, ¿Por qué esta mediatización del conflicto de Israël y Palestina? Israël crea guetos en Gaza, sí y hay que luchar contra ello sin duda, también Hungría ahora , en este instante, está creando campos de concentración para gitanos. ¿Por qué pues dentro de la izquierda alternativa seguimos dando tanta importancia al conflicto de Israël y nos callamos o dejamos en un segundo plano otros conflictos?

La cuestión es reventar todo Estado-nación, no uno en particular. Y no quiero olvidar ni poner en un segundo plano el sufrimiento del pueblo palestino, y la injusticia y matanza sistématica a la que se ven sometidos por el gobierno de Israël que es un estado poderoso. Las intifadas y las luchas palestinas siguen siendo un ejemplo de dignidad humana frente a un estado que coloniza  impúnemente y somete a una humillación continuada a las personas que habitan en Cisjordania y la Franja de Gaza (y a las que ya les han quitado sus tierras y sus vidas, las ocupaciones progresivas de territorios palestinos se han realizado mediante matanzas y desplazamientos masivos de población). Del mismo modo, no hay que invisibilizar la enorme crítica al sionismo que los propios judíos realizan, críticas que suelen dar en el clavo. Recomiendo en este sentido la lectura de los nuevos historiadores israelís que han ido desmontando los mitos en torno a la creación del Estado de Israël así como la brutal manera en la que se realizó. Ilan Pappé, Benny Morris o Idith Zertal, os dejo enlazado un artículo relacionado con ésta última (click)

Juan Domingo Sánchez ha comentado y respondido a la pregunta planteada en esta entrada y que puede estar en lo cierto. Si se mediatiza el conflicto de Israël y Palestina sería ya que “gracias a Israel, la memoria del colonialismo europeo queda reivindicada, pues Israel es “la única democracia de Oriente Medio” y un país de víctimas que reivindica la unicidad de la Shoah como dogma de fe. Israel es un síntoma de Occidente. El colonialismo y el imperialismo occidentales pueden presentarse no como lo que son: regímenes bárbaros de los que el nazismo fue un momento particular, sino como antifascistas y antinazis que defienden a las víctimas del Holocausto y a sus descendientes de la barbarie…de los colonizados. Es un maravilloso dispositivo de justificación de la barbarie que Idith Zertal e Ivan Segré han analizado magistralmente”.

Trabajemos juntxs por derribar al capitalismo. Y, sobre todo, dejemos de reproducir todo el fetichismo del capitalismo que se encarna en el judío malo y banquero, de ese judío que supuestamente conspira a nuestras espaldas para su propio enriquecimiento personal y que es el elemento nocivo del sano cuerpo social alemán, español o europeo. Y tampoco olvidemos el proyecto que se esconde y que ahora parece hegemónico en la política israelí, colonial y basado en la victimización.