Una aproximación marxista a la biopolítica y el advenimiento de las sociedades de control

Cogiendo el hilo de mi anterior artículo sobre el poder soberano, el poder disciplinario, el biopoder y la biopolítica en Foucault seguimos tejiendo y pensando sobre nuevas articulaciones para una teoría política liberadora.

El filósofo italiano Paolo Virno retomó el concepto de biopolítica creado por Foucault en los años 70 y le dio un nuevo giro más aproximado al marxismo (completamente marxista de hecho). De esta manera, la biopolítica se referirá exclusivamente al gobierno de la fuerza de trabajo que cada uno de nosotrxs poseemos en nuestro cuerpo.

Marx define la fuerza de trabajo como la suma de todas las aptitudes físicas e intelectuales que residen en la corporalidad. Se hace pues referencia a todas las facultades que cada uno de nosotrxs posee, ya sean lingüistícas, comunicativas, afectivas, corporales (fuerza física bruta) etcétera. La relación capitalista de producción siempre establece la diferencia entre fuerza de trabajo y trabajo efectivo. La fuerza de trabajo es pues pura potencia, pura dynamis (como gusta decir a Virno) y se mueve en un campo indeterminado pues no se plasma en algo concreto. Si toda mercancía es un producto finalizado puesta en circulación en el mercado, la fuerza de trabajo es algo no presente, no real, como toda potencia. Este elemento es el que ponemos en el mercado a la hora de trabajar y el que está sujeto a la ley de oferta y demanda. El capitalista compra la capacidad de producir en cuanto tal, no una o más prestaciones determinadas. Una vez la compraventa realizada, el capitalista utiliza dicha potencia como más le plazca, en palabras de Marx: “el comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar a su vendedor. Es así que este último convierte en acto aquello que primero era potencia” (Marx; el capital, 209).

El objeto de la compraventa no es pues una entidad real -prestaciones laborales efectivamente presentes- sino algo que, de por sí -y como sigue Virno (2003: 84), no tiene una existencia espacio-temporal autónoma: es la genérica capacidad de trabajar. En los cuadernos de los Grundrisse Marx escribe: “el valor de uso que el obrero tiene para ofrecer (en el intercambio con el capitalista) no se materializa en un producto, no existe fuera de él, ni siquiera existe en la realidad sino sólo en tanto posible, o sea, como capacidad” (Marx, Grundrisse, 244-245). Cuando se vende sólo una posibilidad, una capacidad, ese algo que se pone en el mercado capitalista no puede ser separada de la persona viviente que lo posee, del vendedor, es decir, del trabajador. Es el cuerpo vivo del trabajador de dónde se sustrae esa fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo no existe de forma independiente al cuerpo que la alberga. Para el capitalista pues, la simple vida, el bios es lo esencial pues es el elemento inseparable de la potencia, de la dynamis. Para el capitalista, el cuerpo del obrero es importante pues contiene esta potencia. Como asegura Virno: “El cuerpo viviente se convierte en objeto a gobernar, no tanto por su valor intrínseco, sino porque es el sustrato de la única cosa que verdaderamente importa: la fuerza de trabajo como suma de las diversas facultades humanas-potencia de hablar, de pensar, de recordar, de actuar, etcétera. La vida se coloca en el centro de la política en la medida en que lo que está en juego es la fuerza de trabajo inmaterial -que, de por sí, es no-presente. Por esto, sólo por esto, es lícito hablar de “biopolítica”. (Virno, 2003: 85).

La manera de aprehender la biopolítica que realiza Virno es interesante pues pone el acento en algo que Foucault nunca trató en profundidad. La fuerza de trabajo es, efectivamente, una capacidad, una potencia, uno puede servir cafés en un bar, colocar piezas en una cadena de montaje o investigar sobre la física nuclear. Todas estas capacidades, potencias, residen en nuestro cuerpo y si es tan importante gobernarlo es básicamente porque esas potencias no son separables del mismo. Sin embargo, este concepto es limitado en cuanto la biopolítica no puede ser únicamente reducida al gobierno de la fuerza de trabajo para su integración en el mercado laboral. Hay más opresiones que las de clase. Por ejemplo las de género o raza. De hecho sigue siendo bastante aberrante que olvidemos que en el capitalismo hay fuerzas productivas y fuerzas reproductivas (úteros que permiten fabricar más pequeños proletarios para seguir albergando la fuerza de trabajo). Cuando entramos en el gobierno de las poblaciones, de lo biológico y anatómico, de la vida,  también determinamos campos de lo que es pernicioso y de lo que es “el buen vivir”, entramos pues en lógicas excluyentes, de clínicas, de categorización, fragmentación y distinción entre lo normal y lo anormal (ser judío es una amenaza para la salud del pueblo alemán, la biopolítica quiere extirpar también elementos perjudiciales para esa “salud social”, el campo de concentración es la expresión extrema de la biopolítica).

De hecho tenemos que dar todavía un paso más allá. Pues en la sociedad sobre la que escribían Marx, Lenin o Gramsci, el trabajo industrial era hegemónico en la producción de valor. Pero, en la época contemporánea, el trabajo inmaterial y el sector servicios se han vuelto los principales productores de valor (ya volveré en otro momento pues genera controversia). Los procesos cognitivos se han ido aplicando a todos los sectores económicos, desplanzando al taylorismo y al fordismo como modelos de organización y extracción de plusvalor así como de producción. La nítida frontera entre trabajo manual y trabajo intelectual estalló para dar paso a una imbricación de los dos tipos de trabajo. Cuando el trabajo se vuelve cognitivo integramos en nosotros el capital fijo. Si, antes, en la fábrica, no disponías de las herramientas que te permitían producir (máquinas y útiles -objetos que había que sacar de entre el mundo de los muertos como diría Marx-) ahora tú eres el poseedor de los mismos (los saberes, los afectos, los conocimientos, la información están en tu cerebro, en tu cuerpo). Esto cambia completamente la relación que establecemos con los capitalistas pues la contradicción capital-trabajo cambia de naturaleza. Además de que la producción inmaterial es, por naturaleza, la producción de mercancías no cuantificables. Todo lo abstracto está sujeto a las leyes de oferta y demanda. No es casualidad que sea el sector financiero el hegemónico en la época en la que vivimos y desde hace más de 20 años.

Cuando el gobierno sobre la vida (por ser la que contiene la potencia que interesa al capitalista, la potencia de trabajar) y la producción cognitiva se combinan damos un paso más allá en relación a las sociedades disciplinarias que nos precedieron (aunque, evidentemente, siguen estando vigentes) para adentrarnos en las sociedades del control. La disciplina es bastante inoperante cuando lo que produces es inmaterial, pues se te debe exigir ser creativo. Las órdenes claras y verticales que te designan una tarea concreta no son suficientes. Al obrero de la fábrica, aunque aplicara también sus saberes a la producción (saberes de los que el capitalista se beneficia y nunca son remunerados), se le dirigían órdenes claras y concisas. La cadena de montaje es el paradigma de este tipo de trabajo, estás encerrado y con tareas claras y sencillas (diseñadas por los ingenieros, de ahí la separación entre trabajo intelectual y trabajo manual). En la empresa contemporánea, donde eres un empleado siempre a disposición del capitalista, se te exige ser móvil y creativo. La forma de ejercer el poder es pues distinta: se te quiere vigilar todo el rato y establecer mecanismos de control continuos pero no se te quiere disciplinar de la misma manera que antaño.

Si en la universidad observados el advenimiento de la educación del seguimiento (obligación de asistir a clase y de hacer trabajos y exámenes de manera continua) es porque se sigue esta lógica. Ya se nos recuerda cada día desde los medios de comunicación y desde los poderes fácticos  que la formación debe ser continua. Durante toda nuestra vida deberemos seguir formándonos  y obteniendo nuevos diplomas (eso sí, para una movilidad laboral horizontal, no hay que hacerse ilusiones, nunca es para subir puestos en la escala social).

Cada vez tendemos y tenderemos más hacia un sistema penal basado en las multas y en el seguimiento de los “delincuentes”, desplazando así el sistema de encierro disciplinario de la prisión. La lógica del control de las deudas soberanas (la excusa para imponer recortes) o el sistemático endeudamiento al que nos vemos sometidos siguen esta lógica de la sociedad del control. Mantenemos bajo vigilancia perpetua a los individuos y gestionamos la información.

¡ La conspiración judeo-masónica vuelve a sus pantallas !

Dos desternillantes artículos publicados en el ABC y La Razón nos están devolviendo a esa gloriosa época en la que habían tramas ocultas, movimientos secretos internacionales que buscan destruir la patria y peligrosos judíos/masones que buscarían implantar un orden propio contra toda la comunidad cristiana y de bien que compone ésta nuestra Nación.

Dentro de una conspiranoia bien encaminada a crear enemigos ficticios y extremadamente peligrosos, el ABC nos presenta un panorama en el que unos 3500 “radicales” en españa operan día sí y día también para desestabilizar al país. Se articularían a través de distintos movimientos y partidos y hasta grupos de ultras del fútbol y tendrán, como no (en todo discurso soberano hay que canalizar todo hacia un ente superior, vertical y unitario) una convergencia hacia arriba, en la cual uno o dos grupos y una o dos personas lo dirigen todo. Ya tenemos pues al malo de la película, sentado en un sillón y acariciando un gato, sumergido en una tenebrosa semi-oscuridad con una sonrisa de medio lado y diabólica.

Más allá de lo esperpéntico de los artículos de la Razón y del ABC hay un elemento que es realmente muy fascista. Para empezar, el establecer el mundo en binarios opuestos (Estado “democrático” versus Estado autoritario representado en “anarquistas de ultraizquierda e insurrecionalistas”) que conlleva un relato de unidades basado en “amigo-enemigo”. Tanto el abc como la razón están construyendo un enemigo del Estado al que la comunidad no se pueda reconocer y al que, por lo tanto, tiene que excluir y exterminar. Es muy importante para cualquier Estado (pues su existencia es, en sí misma, injustificada ante la multitud) el buscarse su legitimidad mediante el establecimiento de enemigos, reales o imaginados. Reagrupar bajo su mando a los “amigos” (a sus súbditos) para excluir a supuestos enemigos (que son, simplemente, todo aquel que luche por transformarlo, pues el Estado defiende unos intereses y ya bastante ha quedado demostrado durante el transcurso de la crisis).

Debemos ir con cuidado pues el entrar en el discurso y en esta arena es caer en su juego. La excepción soberana es el siguiente paso. Es el objetivo que se busca con estos discursos. Pues soberano, como diría Carl Schmitt, es aquel que decide del Estado de excepción. Y el soberano establece un campo de batalla, una guerra, entre amigos y enemigos, siempre desde su propia fuente y productividad, desde su visión. Tanto el ABC como La Razón buscan exactamente esto, forzar la excepción -verdadero nomos del Estado moderno, como diría Agamben- para suspender el Derecho (en su propio nombre, graciosa contradicción nunca resuelta por los juristas, “el estado se vea amenazado”, claro el que determina esto es el soberano, por ejemplo, con la ayuda del ABC y de la Razón) y quedar al descubierto: poder reprimir como quiera, poder encarcelar y torturar etc etc. Ya lo hace, pero aun tiene que justificarse ante ello. La cosa es abrir el campo de la excepción soberana y poder aplicar cualquier tipo de medida que contradiga todo ordenamiento jurídico que se hubiera auto-impuesto.

Ojo también con los discursos conspiranoicos que están saliendo en la izquierda. El Estado no es omnipotente (de ahi que tenga que sacar la excepción o ayudarse de la razón o el ABC). No hemos descubierto nada, infiltrados los ha habido y los hay siempre y comprendo bien el miedo de la izquierda a esta apertura de la excepción soberana a raíz de los disturbios. Pero, he aquí también la auténtica fuerza, no unifiquemos nada, no somos gobernables ni podemos ser ordenados. Ni para el Estado, ni para el partido de Izquierda revolucionaria, ni para la Derecha mediática. Estallamos siempre en explosividades creativas y revolucionarias, desde todos los puntos, con todas las intensidades y con todas las expresividades posibles. Nos quieren controlar y reprimir, ya sea a través del cumplimiento de la legalidad en la manifestación y la huelga y la protesta (“no sobrepaséis esto”), ya sea a través de la represión cuando hay desbordamientos.

Autodeterminación de cada cual. Ni el poder es unitario ni la resistencia es unitaria. Estalla por todos lados contra una red de poderes que se extiende por toda la sociedad. No hay amigos ni enemigos, hay estructuras de opresión, dominación y procesos de maquinización que atraviesan los cuerpos y que generan antagonismos.  Por eso no hay ningún grupo secreto en la sombra que siembre el caos y que tenga una estrategia para destruir al bueno del Estado Español (esto podría ser místico tanto de un lado como del otro) como tampoco hay un Estado que se cuela por todos lados y genera todo lo que él quiere (en plan, pone siempre infiltrados que son encapuchados que rompen cosas, pone unos cuantos de vez en cuando, pero no siempre y no son todos iguales). No generemos paranoias en nosotrxs mismxs, seremos (somos ya) muy fuertes en la no exclusión de expresividades por mucho que nos puedan parecer divergentes o contraproductivas. Cada acto de resistencia es un acto en sí y son siempre distintos, hay personas que pintan, otras que escriben, otras que resisten a los desahucios, otras que hacen política institucional, otras que hacen sindicalismo, otros que lo hacen todo a la vez, otras que hacen ciberactivismo, otras que piensan, otras que hacen música…todo son actos de resistencias y todas las lógicas soberanas, unificadoras y proto-fascistas querran encontrarles un nexo común y una trascendencia vertical y jerárquica. Pero no somos amigos y enemigos, somos multitudes, y luchamos de forma coordinada, heterogénea, con multiplicidades expresivas, contra toda dominación, contra toda explotación. Y también va para esa izquierda que quiere englobar a todo bajo su propia lógica y su propia manera de concebir las cosas. Como si hubiera descubierto una verdad inamovible y tuviera la clave de todo proceso revolucionario. Eso le hace el juego al Estado capitalista y también ayuda a alimentar la paranoia, pues cuando algo se “escapa del guión” ya se empieza con la conspiración. No hay guión preestablecido, lo hacemos y autoconstituimos todos de forma común, divergente e inmanente. No caigamos en juegos de conspiraciones y paranoias estatalistas. No caigamos en miedos (ni de un lado ni de otro).

La figura del encapuchado es esa figura anónima, es una sombra, un invisible al que todo se le puede atribuir. Al que quieren siempre dar una identidad para saber porqué hace lo que hace. Por eso está imbricado en un juego de sombras y puede ser fruto de cualquier relato. Desde el fetichismo de la capucha, hasta la imagen de la conspiración personificada en la misma (ya sea del Estado, de la Derecha o de la Izquierda).  Menos hablar de ellxs y más seguir luchando cada cual como pueda. Y siempre sabiendo que los medios del capital nunca serán simpáticos con nosotrxs, es decir, no es el contenedor ardiendo el que ha jodido la manifestación (y su posterior exposición mediatizada), el que la joderá siempre es el Estado y sus medios (ya sea haciendo caso omiso, ya sea ignorando, ya sea criminalizando de otra manera, por ejemplo hablar de perroflautismo en el 15M). A veces da la impresión de que es el contenedor ardiendo el que impediría un aumento de la participación social en el evento o el que ha impedido que la manifestacion triunfe (como si no hubiera ese contenedor ardiendo sí que se hubiera hecho caso a la manifestación). El contenedor ardiendo es un elemento más, como tantos otros, en sí mismo no es revolucionario ni acerca el triunfo de anda. Tampoco lo aleja. Es una expresión de rabia, o de piromanía, en el fondo no es importante, es simbólico. La policía pega siempre, seas pacífico o seas violento. Punto, dejemos de darle vueltas pues entramos en todo este juego sucio de conspiranoias entrecruzadas entre la izquierda y la derecha para determinar campos “neutros” (liberales) de desconfianza mutua y configuración de marcos soberanos represivos.

 

Poder soberano, poder disciplinario, biopoder y biopolítica en Foucault

 

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El biopoder es una forma de poder “que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola” (Hardt y Negri, 2000). Foucault fue el primero en acuñar el neologismo “bio” a poder para darle el carácter específico que tiene, que es el de administrar la vida, ya que la vida se habría vuelto un objeto del poder. El objetivo primario sería el de administrar la vida, producir y reproducir la vida misma. Foucault asegura que el pasaje a la modernidad vino aparejado a la disciplina (el derecho sobre la vida y la muerte que tenía el soberano puede ser interpretado en esta dirección, de vida incluída en lo político). Una famosa citación de Foucault dice que si bien antes el soberano daba muerte y dejaba vivir, actualmente el “soberano” da vida y deja morir. La anatomía y la biología, la emergencia del individuo como inteligibilidad posible y las tecnologías que lo encierran dan cuenta de un poder cuya función ya no es matar, sino invadir la vida en su totalidad.

En la lógica soberana la relación entre gobernante/príncipe y súbditos es estática. Cuando el poder se vuelve biopolítico todo el cuerpo social se ve comprendido en la máquina del poder y se desarrolla en su virtualidad.

En su curso en el Collège de France titulado El poder psiquiátrico Foucault realizó una aproximación al poder soberano y del pasaje al poder disciplinario (más que pasaje, imbricación de ambos poderes, pues no son excluyentes y cohabitan entre sí). De esta manera, el poder soberano es descrito como un poder que no hace referencia a singularidades somáticas sino a singularidades situadas por encima de la individualidad corporal. Sin embargo, este poder soberano sí que hará referencia a una individualidad situada arriba: el cuerpo del soberano. Es hacia este punto soberano situado por encima hacia el cual convergen todos las relaciones múltiples e inconcibiables del poder. La relación de soberanía establece un enlace: un poder político sobre el cuerpo pero que no hará aparecer la individualidad (idea del reino, del rey múltiple). Por el contrario, y casi en un movimiento inverso, el poder disciplinario -que desplaza progresivamente al poder soberano sobre todo a lo largo del siglo XVIII- va a fijarse hacia el punto de abajo. Se difuminará la individualización de parte de la cima para dibujar una fuerte individualización a la base (aparecerá el individuo, el preso, el loco, al que habrá que estudiar, dar una identidad, una importancia capital, en los juzgados, al lado del fiscal, aparecerá el psicólogo que intentará analizar las características mentales y personales del acusado). Una de las características de este poder es que la presión no será ejercida sobre el daño o la falta sino en la virtualidad del comportamiento. Antes de que el gesto sea realizado, se intervendrá.

Para clarificar un poco más la manera en la cual opera el poder disciplinario podemos hacer un hincapié en la obre Vigilar y Castigar. En efecto, podemos observar ahí como a través del desarrollo del poder carcelario una nueva lógica es puesta en marcha. Observamos que en la cárcel hay una toma exhaustiva del cuerpo, de los gestos, del tiempo y del comportamiento del individuo dentro de la prisión. Hay un procedimiento de control continuo, no estamos a disposición de alguien sino bajo la mirada perpetua del poder. Estamos en la situación de ser observados continuamente pero sin saber si realmente alguien nos está  mirando (siguiendo el esquema del panóptico de Bentham). El panóptico permite ver sin ser visto. El poder quiere que sepamos que está presente, pero no nos permite verlo a él directamente. Vemos el artilugio (la cámara, el panóptico en la prisión) pero no sabemos si hay alguien detrás que nos esté realmente mirando. Es una técnica de control que se combina y aparece con la disciplina. Ésta quiere domesticar el cuerpo y el individuo. A la imagen del soldado en la caserna militar. Nos enseña como caminar, como comer, como pensar. Instaura una norma y a ella nos tenemos que ajustar.

Anteriormente, ante el poder soberano, una afrenta a la ley era una provocación al soberano mismo (pues de él nace esa ley) y, como respuesta, se infligía un suplicio al que osó enfrentarse al soberano. No hay ningún proyecto detrás de esta lógica de querer “redimir” al individuo, de hecho el “individuo” como tal no aparece exactamente. En cambio, con el surgimiento de las técnicas disciplinarias, se busca reintegrar al individuo (que ya aparece como tal) a la norma preestablecida. De forma análoga, en el cambio del discurso y las prácticas psiquiátricas, observamos como hay un poder que enuncia una verdad de la cual no se puede escapar. Antes del siglo XVIII, si estabas loco, simplemente tenías una característica personal con un discurso de verdad diferente. Muchas técnicas del pasado simplemente hacían el movimiento de ponerse en el delirio del “loco” para anularlo desde su interior. Esa técnica se abandonó para siempre pues se estableció un discurso de verdad oficial, de verdad sobre la norma social.

De esta forma, asistimos a la fabricación de los cuerpos “assujettis” (término intraducible, subyugados, pero a través del propio sujeto): “el individuo es el efecto producido, resultado de esta fijación por las técnicas disciplinarias del poder político sobre la singularidad somática” (Foucault, 2003: 58).

Panóptico de Jeremy Bentham - New Illinois State Penitentiary - Descontexto

Panóptico

El desarrollo del poder disciplinario tiene como objetivo el volverse autónomo, independiente, a hacer de la disciplina una costumbre (a través de la vigilancia virtual). Esto implica que los sujetos deban ejercer el poder en ellos mismos, por ellos mismos, en ellos mismos.

En la lógica soberana hay una relación estática y vertical de poder. Esto genera el establecimiento de binarios claros y facilita la identidad (yo abajo contra tu arriba, obrero-patrón). El poder disciplinario, sin embargo, es dinámico y  horizontaliza las relaciones de poder individualizando y aplanándose. Individualizamos hacia abajo y el poder en la cima se nos presenta como anónimo y sin rostro (ya no hay un soberano con un nombre y una cara claramente identificables). Por este efecto, se demultiplica y atraviesa todos los cuerpos desde su interior. Es por esta razón que Focault siempre criticó a las personas que pensarían el poder como vertical y unitario y que la oposición al mismo sería, a su vez por antagonismo simétrico, unitario y trascendental. La resistencia está siempre en múltiples puntos y es múltiple ella misma, estalla de manera impresivible. Allí dónde hay poder hay libertad y resistencia. La relación de poder siempre es precaria, pero el campo social está atravesado de poderes y de resistencias. El poder disciplinario al ser móvil e individualizando genera sujetos, crea subjetividades. Subjetividades que también resisten.

En sus últimos años de vida, Foucault empezó a introducir la idea de las sociedades de control, superando -aunque siempre coexistiendo- las lógicas del poder soberano y las del poder disciplinario.

El poder disciplinario se propaga por todo el entramado social, con centro de reclusión y domesticación para subyugar al individuo (psiquiátricos, cárceles, escuelas, fábricas…) al mismo tiempo que crea subjetividades. En su curso Seguridad, territorio, populación Foucault nos dice que la normalización disciplinaria consiste en poner un modelo, un modelo óptimo que es construido en función de un cierto resultado y la operación de la normalización disciplinaria consiste a intentar moldear a las personas, los gestos, los actos para que estén conformes a dicho modelo. Lo normal será aquello que es capaz de realizar y conformarse a la norma y el anormal el que no puede.  Hay una constante virtualidad, el individuo, la vida es objeto de poder. Debemos reformar y adecuar a todo individuo “a la norma”, de ahi que el poder nos atraviese, que el poder genere y cree su propio sujeto (y crea subjetividades, también disidentes claro está, pues es su primer cometido, separar, categorizar, patologizar..). En el poder disciplinario se masifica y se individualiza al mismo tiemp, Foucault hacía la analogía con el poder pastoral (relación del pastor con el rebaño y con cada oveja en particular.

Para introducir lo biopolítico, Foucault resalta la aparación de la estadística y de la “población”, éste último, nuevo objeto del poder (tasas de mortalidad, de natalidad, epidemias etc etc, lo biológico entrará dentro de las estrategias del poder político). Lo que en la modernidad es externo, trascendente, ajeno a las relaciones productivas y sociales es, actualmente, inmanente, nace en el interior de los poderes, en sus entrañas mismas. Es por ello que las nuevas lógicas imperiales y del poder -como aseguran Hardt y Negri- no se constituyen desde una afuera hacia un adentro, desde algún afuera del cuerpo social, pero que nace en su seno. Y, como asegura Foucault, “el control de la sociedad sobre los individuos no se hace solamente con la conciencia o la ideología, sino también con el cuerpo y en el cuerpo. Para una sociedad capitalista, lo más importante es la biopolítica, lo biológico, lo somático, lo corporal”. No hay poder soberano o gobierno, sino gobernanza. El nexo de la producción biopolítica es el lenguaje, la comunicación y lo simbólico de las redes de comunicación.

Ahora estamos ya viendo amanecer las nuevas sociedades de control, que superan los encierros disciplinarios (familia, escuela, cuartel, fábrica) para extender una lógica distinta que cohabita con la disciplinaria que empieza a ser cosa del pasado….

Ser vegano…una moda para tiempos de crisis

Artículo aparecido en Courrant Alternatif el viernes 15 de octubre del 2010. He reproducido partes de forma íntegra y reformulado otros apartados. Una traducción libre (sin traicionar las ideas que lo guían) del artículo y aportando algunas cosillas más. El enlace al artículo original en francés CLICLANDO AQUÍ 

En los movimientos sociales y anticapitalistas nos encontramos muy a menudo personas autoproclamadas como veganas y antiespecistas. Pocas veces entramos a debates de fondo con este tipo de militantes que suelen creerse puros e imponen su particular criterio ideológico al resto de los presentes, siempre en un tono moralista y pedante bastante molesto. Que quede claro, el veganismo y el anti especismo han denunciado y señalado un problema anclado en nuestras sociedades. Es evidente que el modelo de producción capitalista de alimentos es una aberración y que deberíamos disminuir el consumo de carne en los países del Norte. Del mismo modo que es preferible comprar carne a granjas ecológicas en las cuales los estándares de producción alimentaria suele generar menos sufrimiento a los animales. Sobre la forma de lucha escogida por los veganos volveré al final del artículo.

Sobre el argumento vegano de que podemos vivir sin comer carne simplemente diré que no solo estamos aquí para sobrevivir y que también podemos tener placer a la hora de comer. Ya estamos bastante infantilizados con el bombardeo mediático de lo que tenemos que hacer para vivir correctamente (qué y cuánto ejercicio al día, qué tipo de sexualidad nos conviene, etc etc) para que nos vengan en los medios combativos y anticapitalistas personas a decirnos cómo comer bien. De hecho, en este sentido, no hay una vuelta atrás. En el momento que se ha introducido un modelo de placer en el consumo de ciertas mercancías -movimiento que ha hecho siempre el capitalismo- no se puede volver atrás. Habrá que luchar con el elemento del surplus de placer que generan ciertos productos. No somos monjes ni debemos redimirnos ni volver a un estadio de existencia que se base en la mera supervivencia. No hay un ente trascendente a nosotros que justifique tal movimiento regresivo y tal sufrimiento.

Los veganos y antiespecistas basan toda su argumentación y posición en torno al hecho de que debemos tratar igual a los animales que a los seres humanos. Esto es debido a que los animales no humanos tendrían los mismos intereses que nosotros (dotados de un sistema nervioso, los animales sufren). De ahí se deriva la exigencia de extender el Derecho al conjunto de los animales y de las especies. Aquí surge la primera falla del argumentario anti-especista: una sola especie -la nuestra- elaboraría todo este Derecho extensible a todas las especies existentes. Los animales humanos, al ser los únicos que pueden elaborar derechos bajo la forma propia al ser humano, neutralizan la capacidad de responder del resto de especies. Se les impondría desde nuestra perspectiva. Es decir, desde la perspectiva dominante, del opresor. Subyace en el anti-especismo uno de los peores especismos: Yo, especie dotada de mayor moralidad y mayor poder que el resto, os voy a decir a todas las especies como deben regirse vuestras vidas. No solo te crees en superioridad (aquí estamos igual que el resto de explotadores humanos) sino que además sabes que es lo mejor para cada uno. Hay una autoproclamada vanguardia que actuará en nombre de la “igualdad”.

Como ya dijo Rancière, para que haya desigualdad entre los seres tiene que haber una igualdad a la base: el amo, para hacerse comprender por el esclavo, debe ponerse a su nivel y hablar su misma lengua. Y es porque existe esta igualdad a la base que hay potencialmente el lugar de una reivindicación igualitaria. La tensión entre desigualdad e igualdad tiene un potencial universal en el seno de lo que podemos llamar “humanidad”: aquellos que pueden y formulando tanto la idea como la voluntad. De otra manera, lo que hacemos, es posicionarnos por encima y ocuparnos de ese resto; piedad, caridad.

Si ponemos bajo un mismo plano igualitario a todas las especies animales tendremos que:

-O bien educar a todos los animales predadores a no comerse a nuestros hermanos animales. Esto es válido para los humanos y para el resto (lobos, leones..). Con la consiguiente catástrofe ecológica.

-O bien defender el mantenimiento de ciertos privilegios de comer carne de algunas especies. Esto es, evidentemente, muy injusto. ¿Por qué un león podría comer carne y nosotros no? Aquí los veganos intentarían decirnos que a nosotros no nos hace falta y a los leones sí.

Los antiespecistas hacen, de hecho, de los animales no humanos un todo…sin embargo, los animales existen como un conjunto en relación a una visión humana que lo decide así, en función de una particular visión de lo que es lo “vivo”. El homo sapiens es también un animal, forma parte de este conjunto a liberar. Pero para que pueda haber una “mirada sobre” tiene que ser también parcialmente exterior a este conjunto y no totalmente parte integrante. En efecto, no hay UN mundo animal, sino un mundo de lo vivo, complicado de definir correctamente..y esto es una muy buena noticia pues desde el momento que fuera “científicamente”, y circonscrito de forma precisa, cesaría probablemente por este camino de ser un ser verdaderamente vivo.

Declarar los hombres y las mujeres como iguales a los animales, es adoptar el único punto de vista biológico que no nos dice nada sobre la humanidad del ser humano, que solo se dirige a su materialidad fisiológica, celular, a su ADN..Lo que es muy útil, sea dicho de paso, para esos humanos que encuentran en esta excusa la dominación, la utilización racional, económica, de los cuerpos y de las almas, las manipulaciones genéticas etc.

Ocupémonos para empezar de aquellos y aquellas que, en el seno de la humanidad, reclaman libertad, igualdad y justicia. Hay mucho por hacer.

Nuestro especismo (parte reproducida del artículo de Courrant Alternatif, aunque recortada en ciertos puntos).

Al decir de los antiespecistas, los especistas que seríamos se apoyaría sobre una concepción antropocentrista en la cual los humanos serían el centro del mundo, y sobre la existencia de un orden natural e inmutable.

Consideramos que la especie humana está en el mundo, que no es más que una ínfima parte, que no es ni el centro ni el top de cualquier jerarquía y que va a desaparecer… Nuestro “especismo” se apoya en la idea de que el mundo que nos rodea es también un recurso, para nuestra supervivencia y para nuestro placer, que debemos utilizar con parsimonia, creando los menos desgastes irreversibles posibles. Y esto no es en virtud de un respeto trascendente para nuestra señora Naturaleza, ni en nombre de una moral que nos vendría impuesta desde arriba: simplemente para no cortar la rama sobre la que estamos sentados y para reunir el máximo de condiciones permitiendo de volver posible la satisfacción de las necesidades y los deseos de los seres humanos en el cuadro de relaciones igualitarias entre ellxs (y no entre todas las especies), con el fin de disfrutar lo máximo posible y no de sufrir lo menos posible. Es en este sentido que nos separamos de las sectas como ecología profunda. Si esto es ser especista, seamos especistas. Nuestro especismo no se apoya tampoco sobre la existencia de un orden natural que querría que el hombre coma carne, “como siempre ha sido”. Sabemos bien que no hay ningún orden natural y que no hay nada más discutible que referirse a las pseudo-leyes de la naturaleza para aplicarlas a las relaciones sociales.

De hecho, nuestra oposición radical hacia los primitivista expresa bastante bien que no buscamos para nuestro proyecto comunista libertario en un estado de naturaleza, una edad de oro cualquiera, sino más bien un remodelage voluntario de las relaciones entre los seres humanos, entre ellxs por un lado y hacia el mundo por otro lado.

Y no es refiriéndose a un estado de naturaleza que podemos constatar que bastantes comunidades humanas sólo pueden vivir en su entorno cazando y comiendo los animales porque el suelo no puede producir los vegetales suficientes para alimentarlos: desde los Inuïts del Gran Norte a los Papous de la Nueva-Guinea. Puede que los antiespecistas consideren que estos pueblos deberían replegarse hacia zonas dónde se pudiera sembrar en gran cantidad, y, por ese mismo movimiento, desaparecer.

Según ciertos antiespecistas, el especismo es a la especie lo que el racismo es a la raza y lo que el sexismo es al sexo: una discriminación basada sobre la especie, casi siempre en favor de los miembros de la especie humana (homo sapiens). Esta aproximación constituye a sus ojos el argumento de choc para acreditar su teoría como derivada naturalmente de las luchas contra todas las opresiones y todas las discriminaciones que estructuran las prácticas libertarias. Se pone como una evidencia cuya vocación es esencialmente culpabilizadora: Si estás contra el racismo, el fascismo, el sexismo, no puedes más que estar contra el especismo (algunxs, por fortuna poco numerosos, llegan al final de esta lógica: tu comes carne, tu eres como un nazi.). Salvo que la lucha contra el racismo, como contra el sexismo, concierne a seres humanos que rechazamos de ponerlas bajo el mismo plano que los animales, y que, en lo más habitual, luchan por ellxs mismxs. No, el especismo, el racismo, el sexismo no son equivalentes en el pensamiento postmoderno.

Sí, es verdad, es posible de sobrevivir en Francia (en el estado español en nuestro caso), sin comer ni carne, ni pescado, ni queso, ni huevos, ni miel incluso sin beber alcohol. No hay ningún problema si nos quedamos en el terreno de lo necesario y de lo util. Y porqué no -ya que se trata de simplificar para evitar la complicación- comer sólo pastillas que contuvieran lo estrictamente necesario decidido por la academia de medicina, sin ningún rastro animal, y cuya producción sería confiada a empresas especializadas?

Hay un problema, una dimensión siempre olvidada en este debate sobre la comida: el placer. Siempre nos dicen nos podemos alimentar, aquello que los humanos necesitan.. pero no nos alimentamos únicamente para sobrevivir. Esta manera de evitar la pregunta del placer para llevarnos hacia “lo útil” es muy típico de este retorno hacia el puritanismo y a lo moral que observamos en los discursos mediáticos de nuestros días. Comer bien, hacer bien, luchar contra el mal etc..y ya que estamos, no tendríamos que hacer el amor que únicamente para reproducirnos?

El argumento según el cual el especista se escudaría detrás de una hipotética necesidad de carne para la supervivencia, cuando, nos dice el anti-especista, la sola realidad, es que somos simplemente capaces fisiologicamente de comerla, es una falacia. Cuando un especista come carne, lo hace porque le gusta y no porque se sienta “obligado a hacerlo” .

Algunas consideraciones más sobre el debate del veganismo

En el artículo se señala un aspecto que no he querido profundizar demasiado por darla como evidente: el vegano impone su receta y su menú, mientras que el omnívoro deja libertad. Tampoco me parece un aspecto esencial de las ideas expuestas.

Existe otro problema en el veganismo: el voluntarismo. Muchas veces, el vegano no lucha tanto contras las condiciones materiales de la existencia de industrias cárnicas sino que reduce la lucha a la conciencia y al boicot. Esto no siempre es así pero ocurre en muchísimas ocasiones. Se reduce toda una “lucha” (por llamarla de alguna manera) o forma de vida a la simple voluntad y a un “despertar” humano generalizado. Como ya comenté en otro artículo, la conciencia no es soberana (ni debe serlo). Además, el boicot reproduce y fortifica los mecanismos del mercado libre. Es una forma de lucha sesgada pues toma como punto de partida el axioma liberal de que sin consumo el mercado en cuestión se desintegra. Esto siempre es cierto a medias, el boicot es un acto que parte de la voluntad de las personas y no lucha contra las causas estructurales. Es decir, permite la existencia de ese mercado y reduce simplemente esa misma existencia a la voluntad de los individuos. Como forma de lucha suele ser bastante inoperante. Es como el boicot a los productos textiles fabricados por niños. Este boicot no va a solucionar el problema de la explotación infantil, pues no estás luchando contra las bases que permiten dicha explotación. Si todo el mundo realiza ese boicot, la explotación infantil simplemente derivaría de un mercado hacia otro. Y productos siempre consumiremos, así que hay muchos mercados donde se realiza y donde se podría acentuar dicha explotación.

Cada cual puede no comer carne si así lo decide (¡faltaría más, muchísimo más!) pero hay que tener cuidado con el tipo de agenciamiento político que realizamos cuando escogemos esa postura personal. El vegano no puede olvidar que no ha escapado al especismo y antropocentrismo que pretende combatir. Y, sobre todo, le exigimos que no nos venga con moralismos infantilizantes y culpabilizadores. El vegano no debe tampoco olvidar que en el proceso de recogida por parte de la gran maquinaria de la industria agroalimentaria de cereales se matan decenas de miles de pequeños roedores de los campos, además de dejar mutilados a otro gran número. No nos vale el argumento utilitarista (cuantos menos mejor, pues justifica la existencia de esos menos). Y, más allá, tampoco valen las visiones trascendentales que justifican todo sufrimiento infligido al ser humano.

Anotaciones en torno al anuncio Set Yourself Free (contra las pellas en el colegio)

Un anuncio australiano para “concienciar” a los jóvenes de no hacer campana, realizado por Henry Inglis y Aaron McCann, se está extendiendo de forma viral por las redes sociales. Ya se han producido más de 12 millones de visualizaciones en youtube. El anuncio es el siguiente:

La estructura del comercial es simple pero impactante y efectista. Tenemos un planteamiento feliz, con una agradable y dulce melodía de fondo, unos paisajes de ensueño, unos jóvenes atractivos gozando de su libertad (caminos entre naturelza virgen, líbido liberada, cortejos sexuales idílicos etc etc) hasta la irrupción y la ruptura de la entrada en lo real: la música se corta de pronto y los explosivos destrozan en mil pedazos los cuerpos libres de los jóvenes pijo-rebeldes. Tenemos un festival de sangre y carne cruda. La playa, símbolo de la libertad recién conquistada, deviene entonces el campo de muerte, ¿Moraleja? Si te escapas del colegio, de la institución forjada para domesticarte (o para iluminarte y hacerte un humano cívico, con porvenir, etc etc ya conocéis el discurso humanista y buenista en relación a la educación), solo te espera la autodestrucción y la muerte. Ningún futuro. Es tan exagerado el desenlace del anuncio que parece que haya una burla hacia el propio mensaje que transmite. Al principio, he pensado que así era: un gracioso anuncio que ridiculiza las posiciones pro-escuela. Luego, al visitar la página de la fundación que lo ha producido, he descubierto que el mensaje era serio. Es por esta razón que me ha parecido tan curioso y digno de unas breves reflexiones.

El anuncio, aunque tenga un clásico mensaje paternalista, es interesante por varios motivos. Para empezar, acierta con la elección del elemento supuestamente “rebelde”. Las chicas y el chico que se escapan  son atractivxs y tienen un aura burguesa y pija que tumba de cabeza. Al espectador medio que sufre cada día la explotación y la opresión de esa clase social y que se enfrenta cada día a una dura realidad después de haberse sometido a todas las reglas que le impusieron (y que, como bien sabe, no le sirvieron para escapar de su condición miserable), le produce cierto placer el convencerse de que lxs hijxs de esas personas tampoco pueden disfrutar de una libertad completa. Es decir, sirve para autoconvencerse de que tus sacrificios y tu sufrimiento tuvo un cierto sentido y que ni siquiera los más privilegiados pueden escapar a esos mismos dolores y sacrificios que tú has vivido. De hecho puedes pensar: sí, lo pasé mal en la escuela o en el trabajo, pero al menos sigo con “vida”.

Evidentemente, el miedo y el saber inconsciente que todos tenemos es que eso nunca ocurre y que realmente esas personas no murieron al ir a la playa.

El mensaje de doble filo del anuncio es aterradoramente conservador por varias razones. La imposible escapada a la institución de represión (la forma de escaparse y la imagen de los que están “dentro”, detrás de una valla,reja, de estilo presidiaria ya nos está mostrando simbólicamente lo que es esa escuela, además del detalle de los uniformes) es la guía del anuncio.

Aunque, en otro plano de análisis, la cosa se vuelve mucho más interesante. Es clarificador que la muerte sobrevenida en la playa sea totalmente independiente de la escapada del colegio. En efecto, en el anuncio se podía haber puesto cualquier otra excusa en el planteamiento. Podía haber sido la escapada a una prisión literal o la escapada a un puesto de trabajo que el resultado final no cambia pues se nos presenta el campo de minas de la playa como un elemento del azar. De esta forma, la escuela es simplemente una excusa ideológica que opera de forma independiente al desenlace de la escapada de las alumnas.  Podrían ser simplemente unas hijas de clases acomodadas que se van de vacaciones a esa misma playa, entonces el mensaje hubiese sido muy interesante: el azar gobierna el mundo. Pero esto carecería de un mensaje ideológico que sirviera para mediar nuestra realidad y controlar nuestros cuerpos.

Todavía podemos tirar más allá la reflexión para llegar a una raíz última relacionada con el psicoanálisis y que invertiría incluso el mensaje del anuncio. La escuela podría ser interpretada como una entidad superyoica que pide cosas imposibles -la represión de las pulsiones- y que ante la rebelión de unos sujetos impone la violencia más destructiva, caótica e impotente. Las minas en la playa no son un producto del azar, ¡han sido puestas allí por las autoridades académicas para reprimir la liberación libidinal! De hecho, la primera vez que se visualiza el anuncio, uno no puede sino sentir una extraña sensación entre la risa (por lo absurdo de la situación) y de terror. Es la violencia explosiva de la represión de algo que no se puede reprimir, de esa impotencia para poder controlar completamente a los sujetos libres que se representa en este concierto de sangre y explosiones que tanto nos sorprende y que tanto efecto da al anuncio. El mensaje escrito final es imprescindible para la construcción ideológica, de otra forma simplemente tenemos una clásica confrontación entre pulsiones, represión y liberación -violenta-.

Cuando fallaron todos los mecanismos y dispositivos disciplinarios y de control para mantener en los márgenes del sistema educativo a los sujetos surge, igualmente, un “azar” que ¡oh! ¡casualidad! también está al servicio de la institución de poder y represión. En el fondo, es la propia aceptación del fracaso del sistema: únicamente dando muerte se consigue el fin último, aquellos que no son integrados deben de ser eliminados.

El anuncio es absurdo porque realmente nadie entiende que tiene que ver el quedarse en la escuela. Opino que está ahí el elemento de su éxito, disfrutamos con la puesta en escena y con la explosión de las pulsiones pero debemos siempre mantener una línea trascendente y que rellene de sentido nuestras existencias. En este caso, el sentido es la escuela, aunque podría haber sido cualquier otra cosa. Es contra este elemento ideológico que intenta trascendernos y someternos contra el que tenemos que luchar. Este elemento que ordena y que garantiza una existencia en arreglo a unas normas, que nos protegería del azar incontrolable (la playa plagada de minas) y que, evidentemente, perpetúa y reproduce todo el sistema de dominación social establecidos. Con la ilusoria creencia de que realmente se puede ser soberano sobre el mundo.

Las disculpas de Pablo Iglesias en el diario Público…

Pablo Iglesias se ha retractado de las opiniones versadas en el video publicado por el diario.es y que yo mismo compartí en mi blog. Lo ha hecho a través del siguiente artículo: Lúmpenes y gentuza   (Click en el título del artículo para acceder al mismo). Por mi parte, reconozco y acepto las disculpas que Pablo Iglesias ha hecho públicas el día de ayer 1 de febrero. Es de una gran honestidad intelectual y política el reconocer un error mayúsculo. No obstante, en el artículo que Pablo Iglesias ha publicado a modo de disculpa seguimos observando un preocupante sesgo clasista. Para empezar, personas como yo mismo no queremos ni pretendemos pugnar contra Pablo Iglesias en particular, queremos señalar un problema enquistado en gran parte de la tradición de la izquierda revolucionaria y que sería necesario extirpar de una vez por todas.

No es de recibo el seguir alimentando discursos que refuerzan al sistema y que estigmatizan a una parte de la población. No nos vale el argumento de que atacar a Pablo Iglesias es hacerle el juego a la derecha, nada más lejos de la realidad, el reduccionismo unitario que establece campos contrarios cerrados y dicotómicos neutraliza el debate en profundidad y legitima actitudes autoritarias de una parte o de otra. Por lo tanto, en la primera parte del artículo, yo observo un problema cuando Pablo Iglesias argumenta que “En la política y en el periodismo la limpieza y la elegancia son poco frecuentes y cuando uno sale a la palestra debe asumir que el campo de batalla está plagado de minas”. Pablo, no queremos jugar sucio contra ti, muchas personas no tenemos nada en contra de ti como persona en particular. De hecho, ni entramos en el juego institucional y parlamentario como así lo has hecho tú (cosa que no me parece “mala” en sí misma), simplemente no estamos en el mismo plano de debate. Sin embargo, no quiero decir con esto que no exista un anhelo por parte de ciertas personas de querer jugar sucio contra Pablo Iglesias, pero este juego de la aritmética electoral no nos permite llegar al fondo de la cuestión. De hecho creo que, de todas formas, en este artículo, Pablo Iglesias continúa con una actitud arrogante y despreciativa. Esta vez, contra las personas que le atacamos por sus declaraciones. Toma así una distancia y se burla de sus detractores, supongo porque cree en la mala fe de las críticas que se le han dirigido. Puede que mi posición sea inocente y entraré simplemente a seguir cuestionando los planteamientos de Pablo desde un plano igualitario, político, obviando la parte burlesca y caricaturizadora que parece guiar su artículo.

El problema, Pablo, es que sigas insistiendo en el origen social de las personas que entraron a robar en el centro social. Es todavía más humillante el que te escudes en -casi aseguraría yo, irónicos- eufemismos para referirte a los lúmpenes. Para mi, por ejemplo, supone un insulto a mi inteligencia el que quieras cambiar los términos que tú has utilizado para volverlos más suaves y enmarcarlos así en lo “políticamente correcto”, esa patraña pseudoprogresista y tolerante fruto de un buenismo infantil y condescendiente. Durante todo el artículo observamos un tono arrogante y menospreciativo todavía peor que en el de las declaraciones. Pasamos del clasismo explícito y directo a un clasismo descafeinado, que se esconde detrás de la condescendencia propia de la burguesía (“sin duda víctima de una sociedad injusta”, “siguiendo con la corrección, gente quizá llevada por la necesidad” etc etc). No hace falta que juegues a esto. Preferimos el lenguaje claro y directo, el que se reconoce a sí mismo como lo que es: clasismo abyecto. Por el tono del artículo parece que te estés burlando de las personas que te criticaron por el hecho de que utilizaras el término lumpen. El problema no es el término que utilices, sino la actitud arrogante y clasista que adoptas en cada momento (separando claramente tu clase social de la inferior y dándole un valor moral superior a tu clase socioeconómica). No arreglas nada, sino que empeoras la situación al referirte a los lumpenes como VICTIMAS del orden social y no como sujetos con capacidad de razonar y con una libertad intrínseca (siempre, claro está, condicionada por las circunstancias sociales, pero éstas solo podrían explicar cierto comportamiento desde la distancia y no debemos caer nunca en la victimización).

Cuando en el artículo que publiqué ayer hablé de que los lumpenes tienen su propio discurso y su propio modo de actuar lo decía con todas sus consecuencias, sin condescendencis, sin victimización de dicha subclase social (en términos marxistas). Es decir, si esa gente defiende el robo de material a personas que luchan por el cambio social sus razones tendrán para ello. Yo defiendo una autodefensa por parte de los revolucionarios frente a dichas agresiones, pero también se puede defender el robo que ejerce esa clase (pues también necesitan comer esa noche). Lo que nunca defenderé es la condena a una actitud de una clase que hace también hace lo que puede y a su propia manera para salir del paso. El robo es el mayor crimen en la sociedad capitalista (sobre todo si lo ejercen los pobres, pues los empresarios lo ejercen cada día) y estos lúmpenes tienen al menos el mérito de reventar desde la base uno de los pilares de nuestra sociedad y de nuestro sistema de privilegios. Las consecuencias de ello y la forma que pueda tomar pueden ser totalmente cuestionables no lo niego, pero el hecho está ahí. Yo también hubiese defendido la tabla de mezclas. Ahora bien, nunca hubiera condenado a la persona que quiso robarla por su origen social (es una lucha en un momento determinado por situaciones sociales contradictorias y que entran en colisión) y nunca me hubiese vanagloriado por ello. Tampoco hubiera puesto el acento tan marcado en la clase social del “ladrón”.¿Por qué? Porque son detalles insignificantes. En la vida dentro de la sociedad capitalista y no capitalista siempre nos encontremos con problemas de este tipo y siempre vienen de todos lados. ¿Robó porque era un lúmpen? También roban en igual o mayor cantidad (en el fondo me da igual la cantidad) personas de otras clases sociales. Lo que choca de todo este asunto es el acto inconsciente de querer marcar y estigmatizar el origen social del que quiso robar la tabla de mezclas. Este fenómeno es la punta del iceberg de algo mucho más arraigado en la propia mente de muchas personas domesticadas por el sistema y que reproducen su ideología.

Comparto ciertas reflexiones de la última parte del artículo de Pablo Iglesias. Es cierto, hay contradicciones en la izquierda, hay situaciones difíciles de gestionar (como esta propia expuesta por él mismo). En mi mismo artículo se pueden vislumbrar ciertas contradicciones. Sin embargo, el problema para mi es más de fondo, es el simple hecho de no reconocer como a iguales a los que son denominados como “lúmpenes”. El problema reside en la actitud elitista y vanguardista. El problema subsiguiente a los mencionados es el tipo de agenciamiento político que se deriva de dicha aproximación a nuestra realidad social.

De todas formas, las declaraciones y posteriores disculpas de Pablo Iglesias son ilustrativas en relación al hecho de que los universitarios, en nuestra gran mayoría, procedemos de clases acomodadas. Y que hemos sido impregnados y contaminados hasta la médula por la ideología dominante. Es complicado deconstruir todas las actitudes impuestas por la institución universitaria. Es un trabajo que debemos hacer día a día. No caigamos nunca más en la arrogancia intelectual. No olvidemos nunca de dónde venimos y seamos humildes en relación a lo que otras clases sociales oprimidas tienen que decirnos y que decir por ellas mismas.

Mis dos artículos no pretenden tanto atacar a Pablo Iglesias como sí atacar ciertos tics que muchas personas tienen y demuestran cada día en relación a como debe ser la revolución, quién debe ser el sujeto revolucionario, siempre envueltos en un elitismo y clasismo despreciables. Y quiero, para finalizar este artículo, acentuar y agradeceder el muy honrado gesto de Pablo Iglesias de querer disculparse por sus declaraciones, aunque la disculpa no parezca del todo sincera (aunque puede que muchas críticas tampoco lo fueran y se hayan centrado en el personaje para deslegitimarlo). Seguimos estando en el mismo lado de la barricada.

Patinada de Pablo Iglesias: clasismo despreciable

La iniciativa política promulgada por Pablo Iglesias de cara a las elecciones europeas -Podemos- despierta en mi sentimientos encontrados. He mantenido silencio en espera al desarrollo de la propia candidatura y del propio movimiento ya que, por un lado, ésta supone una bocanada de aire fresco necesario en los tiempos que corren pero, por otro lado, sufro una inquietante sensación de déjà vu. Un video que está empezando a recorrer la red confirma las sospechas que muchas personas tenemos en relación a dicha candidatura. Os dejo el enlace del mismo:

No sé si Pablo Iglesias se retractará de las palabras y opiniones versadas en estas declaraciones.

“Un grupo de lúmpenes, de gentuza”. Tenemos en este insulto clasista dos problemas de base. El primero es el tratamiento jerárquico y despreciativo en relación a aquellas personas pertenecientes a una clase social “inferior” -en realidad distinta, más baja en la estructura social generada por el capitalismo a la de la persona privilegiada que pudo estudiar y que se reconoce a sí misma, objetiva y subjetivamente, como superior en la mencionada estructura social (tal como se reconoce Pablo Iglesias). Este hecho reproduce todo el mecanismo de la ideología dominante para mantener el orden social y de privilegios establecidos. Demarcándote de los “nada” (aquí denominados “lumpens”, como lo hiciera Marx), refuerzas el discurso según el cual esos están en esa situación por su propia conducta “indigna” y, además, los excluyes -al igual que el sistema- de la propia sociedad civil así como del supuesto sujeto revolucionario puro (que sería la clase obrera). El menosprecio mostrado hacia la clase social más baja es una actitud abyecta, protofascista, y que desvela lo peor de una persona; a saber, el creerte superior al resto cual noble en la sociedad medieval.

El segundo problema de este insulto es que desenmascara al propio Pablo Iglesias en su relación hacia las multitudes. En efecto, si existe un grupo de “gentuza”, determinado por la estructura social generada por el capitalismo, ¿Qué haremos con ellos una vez tomemos el poder político? La respuesta es aterradora en cualquiera de los sentidos que tome, ya que el problema reside en la propia enunciación del discurso. Si hay un grupo de “lúmpenes”, o bien hay que eliminarlos o bien hay que normalizarlos, integrarlos, domarlos para que tengan cabida en la “nueva” sociedad. Habrá que recuperar pues la famosa ley franquista contra “vagos y maleantes”.

La patinada de Pablo Iglesias es mayúscula y debería alertarnos sobre el cariz que pudiese tomar el movimiento Podemos. Cuando una persona se posiciona por encima de una parte de la sociedad no solo comete un tremendo error en el plano ético, sino también en el analítico. Por una parte, tenemos la actitud vanguardista, moralista y pedante de una persona que se cree por encima de una parte de la sociedad simplemente por su propio origen social. No todos han tenido la oportunidad de estudiar en universidades ni han tenido la vida solucionada desde su nacimiento. Pero todavía hay más, el hecho de haber tenido esas oportunidades y de haberlas aprovechado no te da ningún derecho a creerte por encima del resto de personas. Políticamente esto se traduce por el ya clásico agenciamiento desde fuera y vertical de un grupo de iluminados defensores del Bien que se erigen como portavoces de la Verdad y que, de forma paternalista, se dirigen a sus pretendidos inferiores.

La igualdad está a la base y ésta es una idea que parece díficil de aceptar por ciertos sectores de la izquierda. El simple hecho de disponer del logos es la que nos iguala a la base. La desigualdad social presupone nuestra igualdad de base. Cuando un patrón ordena a sus obreros lo que deben hacer lo hace presuponiendo que éstos le entenderán, por lo tanto la igualdad entre patrón y obrero es implícita. Son la estructura social y las dinámicas de lucha las que posibilitan que éste último deba obedecer.

El término “lumpen” fue acuñado por Marx para intentar resolver su propio esquema científico de la organización social del capitalismo así como de la dialéctica de lucha de clases inherente al mismo. Siempre ha sido muy molesto para el intelectual biempensante y burgués (no incluyo necesariamente a Marx en esta categoría) el tener que lidiar con esas personas que no cuadran con ninguna descripción objetiva de lo que debiera ser la lucha social y el nuevo mundo a venir. Sin querer entrar en mistificaciones (no voy a hacer una apología del yonki, del ladrón o del asesino como sujeto revolucionario puro), debo decir que son estos “excedentes” del orden social los que dejan al descubierto el régimen establecido y son el elemento irreductible de toda domesticación social. Si bien pudieran servir como punto de apoyo a los poderes esparcidos por el entramado social, no dejan de ser ese elemento que no pudo ser integrado al mismo. Se mueven en una zona de indeterminación (a la vez excluidos por la sociedad e incluidos en la misma a través de las penalizaciones judiciales) y su propia existencia es molesta y necesaria para el sistema.

No buscamos la sociedad perfecta. No queremos presentar un ideal trascendente al ser humano que lo redima y cuadre su comportamiento. La revolución y la transformación social no pasan por la exclusión de aquellos que por definición ya están excluídos del sistema. Éstos son tan conscientes y tan revolucionarios como Pablo Iglesias y no deben ser ni guiados, ni estigmatizados, ni infantilizados, ni condenados por la moral y la ideología burguesa. Tienen su propia manera de relacionarse con la sociedad y de construir sus propios discursos. EL movimiento democrático siempre ha sido el movimiento de aquellos que no tenían lugar en el espacio político y social para ser integrados en el mismo, para poder decidir, para poder ser reconocidos como iguales. Y ser integrados no como personas que deban adoptar la ideología que impera en cualquier momento histórico -es decir, subsumidos- para ser aceptados, sino como propio grupo que enuncia su propio discurso.

El burgués que pudo permitirse comprarse una mesa de mezclas no puede llamar sinvergüenza a aquél que quería robarla para hacer el mismo uso que él hace de la misma ¿Acaso tiene más derecho que otra persona a utilizar ese artilugio? Y si el fin del robo era vender el objeto para sacar dinero entramos en otro debate igualmente interesante.

Yo me reconozco como esa clase de personas privilegiadas que han tenido el tiempo y la oportunidad de estudiar en la universidad. No por ello olvido que si así ha sido es porque existen esos “lumpens”, esas personas explotadas y oprimidas por el sistema que han posibilitado que yo me encuentre en mi privilegiada situación. No por ello olvido que son mis iguales y que lucho a su lado (nunca por encima de ellos, nunca diciéndoles lo que tienen que hacer, son diferentes a mi y son de un origen social distinto, ellos mismos sabrán que deben hacer y, en cierta medida, ya hacen su particular rebelión contra los poderes establecidos, empezando por la renuncia a todo el sistema de valores y normas establecido). No por ello olvido que, por mucho que tenga y defienda una ética, ésta no es absoluta y que parte de una situación social distinta. Por último, nunca tendré la bajeza y la cobardía de meterme y despreciar a los que socialmente han sido posicionados por debajo de mi clase social.

Pablo Iglesias, ha sido una tremenda decepción el tener que observar, una vez más, como un intelectual al servicio de la transformación social se ve contaminado por el clasismo más ruin.

PD: no vale la pena ni entrar a valorar el vanagloreo protomachista que realiza Pablo Iglesias durante toda su intervención. Es puramente abyecto.